CAPÍTULO 26 #3
Después continuamos inspeccionando la casa. Encontraron hierbas secas ocultas tras un marco y tierra oscura acumulada en un pequeño saco escondido en el ático.
Después continuamos inspeccionando la casa. Encontraron hierbas secas ocultas tras un marco y tierra oscura acumulada en un pequeño saco escondido en el ático.
Sin embargo, fue Runo quien descubrió lo más inquietante.
Apenas entró al estudio, el gato se tensó. Aquel había sido el lugar favorito de Mía, donde pasaba horas descansando junto a la ventana. Runo recorrió la habitación con paso lento, olfateando el aire, hasta detenerse frente a una de las ventilaciones inferiores de la pared.
Comenzó a maullar con insistencia.
—¿Qué le pasa? —preguntó Greg.
Chace observó al animal y frunció ligeramente el ceño.
—Está marcando algo.
Runo golpeó la rejilla con una pata y volvió a maullar. No se movió de allí.
Chace se agachó y retiró la cubierta metálica. Tras introducir la mano, extrajo una pequeña bolsita de tela cubierta de polvo, cuidadosamente escondida en el interior.
La abrió con cautela.
Dentro había tierra oscura, sal ennegrecida y varios fragmentos de cuarzo roto.
Cris se acercó apenas los vio, y su expresión se ensombreció.
—Esto es diferente.
—¿Qué significa? —preguntó Greg.
Cris sostuvo uno de los fragmentos entre los dedos.
—Los cuarzos suelen utilizarse para protección y equilibrio energético —explicó—. Romperlos y ocultarlos de esta manera busca exactamente lo contrario: debilitar la energía de un lugar y de quienes lo habitan.
Sentí un nudo cerrarme la garganta.
Mi mirada se dirigió al rincón donde Mía solía dormir.
Runo también observó aquella zona. Permaneció inmóvil, con las orejas erguidas y la cola balanceándose lentamente, como si comprendiera mucho más de lo que cualquiera de nosotros podía entender.
—Siempre ha sido muy bueno encontrando cosas —comentó Chace con una leve sonrisa—. Hay almas que nacen sabiendo cuál es su labor.
Bajé la vista hacia Runo. Cuando nuestros ojos se encontraron, algo se agitó dentro de mí. Fue como reconocer a alguien a quien había amado mucho tiempo atrás y de quien me había separado durante siglos.
Un par de imágenes fugaces cruzaron mi mente: una chimenea encendida, una ventana abierta hacia la niebla, unas manos acariciando un pelaje gris. Desaparecieron tan rápido como llegaron, pero dejaron una extraña sensación de plenitud.
Runo se acercó y rozó su cabeza contra mi pierna.
Sonreí sin entender del todo por qué, aunque una parte de mí sabía que acababa de reencontrar algo que había extrañado durante mucho tiempo.
Chace guardó la bolsita junto a los demás hallazgos.
Nadie dijo nada.
Cris parecía cada vez más preocupada.
—Esto lleva mucho tiempo aquí —murmuró.
Cuando terminaron de reunirlo todo, nos pidieron sentarnos en el suelo de la sala.
Chace esparció sal a nuestro alrededor formando un círculo incompleto y luego encendió varias velas blancas.
La limpieza comenzó en silencio.
Mientras Cris susurraba palabras apenas audibles y hacía pasar el humo a nuestro alrededor, Chace distribuía pequeños cuarzos en distintos puntos de la casa. Afuera, la niebla empezó a acercarse lentamente a las ventanas, envolviendo el exterior como una presencia atenta.
No sentí que quisiera entrar. Sentí que vigilaba. Que protegía.
De pronto, el aire cambió.
La presión se disipó con tal brusquedad que Greg alzó la cabeza de inmediato, sorprendido.
Incluso la casa parecía diferente. Más ligera. Más acogedora.
Cris exhaló despacio.
—Ya no está anclado aquí.
Greg se pasó ambas manos por el rostro, notablemente sobrepasado.
—¿Entonces se acabó?
Chace y Cris intercambiaron una breve mirada.
—No exactamente —respondió él con franqueza—. Limpiar una casa no elimina todo lo que existe alrededor. Solo rompe el acceso directo y debilita aquello que se estaba alimentando de ustedes.
Sentí un leve nudo en el pecho.
—Entonces puede volver.
—Puede intentarlo —corrigió Cris con suavidad.
—Pero ahora saben lo que ocurre, y eso cambia por completo el equilibrio —comentó Chace, clavando sus ojos en mí—. El verdadero problema nunca fue solo la casa, Valerie. El problema fue que te hicieron creer que estabas indefensa.
Guardé silencio, porque comprendía perfectamente lo que intentaba decir.
Entonces, Cris se acercó y tomó mis manos.
—Quiero que sigas haciendo todo aquello que te conecta contigo misma: el journaling, las oraciones, la gratitud, la manifestación… no como una moda espiritual, sino como una forma de fortalecer tu energía y tu intención.
Asentí despacio.
—La culpa, el miedo y el agotamiento debilitan profundamente —continuó—. Pero una persona consciente de su propia luz es mucho más difícil de alcanzar.
La niebla se deslizó suavemente sobre los ventanales a su espalda, y una serenidad auténtica me llenó.
Chace se incorporó con calma.
—Lo que sea que intentó destruirlos sigue existiendo —dijo—. No vamos a mentirles respecto a eso. Pero ya no están avanzando a ciegas.
Greg volvió a tomar mi mano, aunque esta vez fui yo quien estrechó la suya primero.
Cris esbozó una leve sonrisa.
—Y ahora, el poder también está de su lado.