Bajo la Niebla de Blue Ridge CAPÍTULO 21 #2
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CAPÍTULO 21 #2

Lola era una mujer atractiva, segura de sí misma y consciente del efecto que provocaba en los demás. Sin embargo, cada vez que intentaba compararla con Valerie, la comparación ni siquiera llegaba a existir.

Para mí, Valerie seguía siendo incomparable.

Su cuerpo parecía hecho para encajar en mis brazos; su inteligencia me fascinaba incluso después de tantos años, y jamás había contemplado un rostro capaz de eclipsar el suyo. Incluso en medio de todo aquel desastre, seguía profundamente enamorado de ella.

Ese pensamiento me arrancó una sonrisa involuntaria.

Lola pareció interpretarla como una invitación y dio un paso hacia mí, pero ya era demasiado tarde. Mis recuerdos habían ganado la batalla.

—¿A dónde vas? —preguntó al verme dirigirme hacia la puerta.

—A casa.

Lo dije sin vacilar.

No sé si fue el agotamiento, que ya no me permitía seguir luchando contra mí mismo, o si hubo algo más profundo, una fuerza que despertó entre los recuerdos de aquella Navidad. Lo único que sabía era que tenía absoluta claridad sobre el lugar donde quería estar.

Al llegar al hospedaje, abrí la laptop y busqué vuelos disponibles. Encontré uno para la mañana del día 27 y lo compré sin permitirme reconsiderarlo.

Después redacté un correo para mi jefe explicándole que debía regresar a Blue Ridge, aunque continuaría supervisando el proyecto a distancia. Todo había quedado debidamente encaminado y, si era necesario, volvería unos días el mes siguiente para realizar un seguimiento más cercano.

Haber tomado aquella decisión me devolvió una calma que llevaba semanas sin sentir.

Con la certeza de que en apenas dos días volvería a ver a Valerie y a mis hijos, mi cuerpo y mi mente cedieron por fin al agotamiento.

Me acosté y caí en un sueño profundo.

Desperté bien entrada la tarde del día siguiente. Al mirar la hora, pensé que en la oficina debían estar buscándome desesperadamente. Me duché a toda prisa y encendí el teléfono para pedir un taxi.

La pantalla se inundó de notificaciones.

Había mensajes de todas partes: de mis hijos, de Georgina, de Ely, de mi jefe, de varios compañeros de trabajo, de Lola e incluso de miembros de la familia de Natalie.

De todos. De todos menos de Valerie.

Aquello me golpeó devastadoramente.

Me obligué a concentrarme en los asuntos laborales y salí rumbo a la oficina. Ya tendría tiempo después para revisar el resto de los mensajes y disculparme por haber desaparecido de aquella manera.

No fue sino hasta muy tarde, de regreso en la habitación, cuando me senté finalmente a leerlos.

Acababa de salir de la ducha cuando abrí los mensajes de Jason y escuché los audios que Julie había dejado en mi buzón de voz.

El mundo se desplomó bajo mis pies.

Jason decía que su madre no estaba bien, que se encontraba enferma y que Julie había quedado incomunicada. También advertía que, ante mi silencio, él mismo iría a buscarla.

"Papá, hemos estado equivocados. Mamá tenía razón. Algo muy malo ha estado ocurriendo y no podemos permitir que siga destruyéndonos."

Sentí que el corazón se me desbocaba y que el aire abandonaba mis pulmones.

¿Había sido tan necio como para dejarme manipular de aquella manera? ¿Eran realmente capaces las personas en quienes había depositado mi confianza de destruir mi matrimonio y fracturar a mi familia? ¿Cómo no había visto lo que ocurría frente a mis ojos?

Por un instante, incluso recordé las palabras de Valerie y el extraño comentario de la suegra de Ed. Mi mente, desesperada por encontrar respuestas, comenzó a considerar explicaciones que antes habría descartado sin pensarlo.

Pero nada de eso importaba en ese momento. Solo pensaba en mis hijos.

Temiendo que la situación con mi hermana hubiera escalado demasiado, marqué su número de inmediato. Contestó al primer tono. Al otro lado escuché voces alteradas, movimiento, discusiones. Reconocí los quejidos de Jason y los gritos de Julie al instante.

—Georgina, ni siquiera voy a preguntarte qué está pasando —espeté con una furia que ni yo mismo sabía que era capaz de sentir.

—Pero, Greg... —balbuceó.

—¡No quiero escucharte! Deja que mis hijos se vayan ahora mismo.

—No creo...

—Lo que tú creas me tiene sin cuidado. No voy a repetirlo. Tienes diez segundos para dejarlos ir —añadí con una calma glacial que resultaba aún más intimidante que los gritos.

—Está bien.

Colgué sin esperar una respuesta adicional.

Tomé las maletas y empecé a empacar a toda velocidad. Apenas terminé, salí rumbo al aeropuerto con la esperanza de conseguir un vuelo anterior al que ya tenía reservado.

Durante la espera logré comunicarme con Julie. Me confirmó que ella y Jason ya estaban en casa junto a Valerie y que, por el momento, todo estaba bien.

También me contó lo que había escuchado entre Natalie y Georgina: una conversación sobre algo que, según mi hermana, había llegado demasiado lejos. Julie había regresado al apartamento con la intención de averiguar más, pero terminó siendo descubierta antes de obtener respuestas.

Me dolió escuchar la culpa en su voz.

Y me dolió aún más comprender que, de una forma u otra, yo también era responsable. No por haber provocado aquello, sino por no haber sabido verlo a tiempo y por no haber tenido la fortaleza necesaria para detenerlo.

Sin embargo, esa etapa terminaba allí. Nunca volverían a manipularme de aquella manera.

Haría lo que fuera necesario para protegerme y proteger a mi familia.

La certeza de que en pocas horas volvería a abrazarlos me sostuvo durante todo el trayecto. Era una fuerza inmensa, suficiente para devolverme el aliento y recordarme quién era.

Porque, si era sincero conmigo mismo, lo que había vivido durante los últimos meses no podía llamarse vida.