Bajo la Niebla de Blue Ridge CAPÍTULO 15 #2
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CAPÍTULO 15 #2

Sus palabras me dejaron perpleja. Desde la llegada de Georgina le habíamos ofrecido todo nuestro apoyo.

Greg había estado pendiente de ella en cada detalle: la ayudamos a instalarse, a equipar su apartamento, a resolver asuntos financieros y a adaptarse a su nueva vida.

¿Cómo era posible que hubiéramos llegado al punto de ser señalados por no preocuparnos por algo tan básico como su alimentación?

Georgina tenía trabajo y, de hecho, vivía en un apartamento más amplio y costoso que nuestra propia casa.

Todo aquello me parecía absurdo, pero decidí no desviarme hacia esa discusión.

—¿Cómo podría haber sabido algo así si ya no nos vemos y dejaron de invitarme a cualquier cosa?

—pregunté con amargura—. Y, pese a eso, Natalie, Greg y yo hemos hecho cuanto ha estado en nuestras manos por ustedes y por Georgina.

De este lado también han ocurrido cosas muy duras, situaciones que desconocen por completo.

Sin embargo, jamás las he juzgado por no estar presentes, aunque las he necesitado más de lo que imaginas.

—Es que, Valerie, ese es parte del problema —replicó, elevando la voz—. Para ti, tus problemas siempre son los más importantes.

—No voy a contradecirte, Natalie, porque creo que, para cualquiera, la herida que le duele es la más grande —respondí con serenidad—. Pero, si vamos a comparar situaciones, tener un hijo que ha intentado quitarse la vida me parece algo bastante grave.

—¿Hablas de Jason? —preguntó.

Asentí.

—Entiendo que para ti eso sea enorme —dijo con una indiferencia que me heló la sangre—, pero yo lo he visto ir al colegio con normalidad. Quizá solo fue una forma de llamar la atención, porque al final no pasó nada realmente grave, ¿o sí? Además, Greg nos lo habría contado.

Sus palabras me golpearon con una fuerza inesperada. La facilidad con la que reducía el sufrimiento de mi hijo a una simple búsqueda de atención me revolvió el estómago. Y que utilizara el silencio de Greg como argumento solo empeoró las cosas.

En ese instante comprendí que aquella conversación no conduciría a ninguna parte.

Había llegado buscando respuestas, un puente o, al menos, un poco de empatía.

En cambio, me encontraba frente a alguien incapaz de reconocer el dolor ajeno.

Seguir intentando rescatar una amistad que comenzaba a parecerme artificiosa desde sus cimientos era un esfuerzo inútil.

—Ni siquiera Greg conoce todo lo que está ocurriendo, porque hasta ese punto nos ha arrastrado esta situación, Natalie —dije, incapaz de ocultar mi molestia y deseando poner fin a la discusión—.

Desde que Georgina llegó se ha creado una división enorme.

Han aparecido rumores, fotografías sacadas completamente de contexto, y hasta las relaciones más cercanas se han fracturado.

Ely y Greg están distanciados, igual que Julie y Jason.

En fin, creo que no vamos a llegar mucho más lejos con esta conversación.

Solo quería intentar aclarar las cosas. Gracias por tomarte el tiempo de escucharme.

—No, tranquila. Es solo que... bueno... —balbuceó, evitando mi mirada—. Si sigues notándome distante, espero que entiendas que yo... necesito tiempo para sanar.

No tenía idea de qué debía sanar Natalie ni por qué hablaba como si fuera ella la agraviada, pero no quise profundizar más. Lo único que deseaba era regresar a casa y dejar atrás aquel intento fallido de entendimiento.

—Y si ves publicaciones o estados donde estamos reunidos... no te lo tomes a mal.

—No te preocupes por eso, Natalie. Que tengas un buen día —respondí antes de darme la vuelta.

Regresé a casa con la cabeza hecha un caos. Las emociones se agolpaban unas contra otras, revolviéndome el estómago.

¿De verdad había estado tan ciega? ¿Era Natalie una persona tan vacía como comenzaba a parecerme?

Lo que más me atormentaba era otra cosa.

¿Cómo podía alguien restarle importancia a un intento de suicidio? Incluso si hubiese sido una llamada de atención, ¿acaso eso no era también una forma desesperada de pedir ayuda?

¿Y qué ocurría con Georgina? ¿Era posible que hubiera estado moviendo los hilos desde su llegada?

La idea me parecía absurda. Según todo lo que Greg me había contado, siempre había sido una mujer exitosa e independiente.

Sin embargo, ahora Greg destacaba más que ella e incluso más que Ely.

¿Podía tratarse de envidia? ¿De una necesidad de conservar cierta influencia sobre quienes la rodeaban?

Después de todo, si algo permanecía firme en mi familia pese a la tormenta que atravesábamos, era nuestra estabilidad económica.

Un maullido de Mía me arrancó de aquellas cavilaciones. Al mirar a mi alrededor, descubrí un charco de vómito en el suelo y el evidente agotamiento en los ojos de la gatita. La tomé en brazos y corrí al veterinario.

Le realizaron varios estudios y permanecimos allí durante horas.

Más tarde, Greg y Jason se reunieron conmigo tras recibir mi mensaje.

Finalmente, le dieron el alta con medicación.

El diagnóstico no era concluyente, aunque el veterinario sugirió que podía tratarse de una depresión derivada de algún evento traumático.

Según él, Mía había atravesado una situación de estrés lo bastante intensa como para afectar su comportamiento. Aquello me hizo sentir terrible.

Al regresar a casa, pedí a todos que intentáramos mantener la calma durante los días siguientes para ayudarla a recuperarse.

Nadie puso objeciones. Luego me dirigí al estudio y lo acondicioné para que estuviera lo más cómoda posible.

Incluso cambié el sofá por uno más cómodo, en L, para dormir allí con ella las noches que hicieran falta y hacerle sentir que estaba protegida.

No podía evitar preguntarme si aquellos ruidos inexplicables y las sombras que parecían rondar la casa también la estaban afectando.

Recordé las palabras de Cris sobre la magia oscura y un profundo temor me llenó por completo. Recé durante largo rato, aferrándome a aquello como quien busca un salvavidas en medio de la tormenta, hasta que el agotamiento terminó por vencerme.

Aquella noche tuve un sueño distinto.

En él, Jason podía hablar y escuchar. Me miraba con urgencia y me repetía que debíamos marcharnos de aquel lugar cuanto antes, antes de que fuera demasiado tarde.

Alrededor se extendía un amplio terreno y, en medio de este, una casa de dos plantas pintada en tonos tierra y azul.

En el segundo piso destacaba un enorme ventanal tras el cual podían distinguirse varios maniquíes.

Una fuerza irresistible me invitaba a entrar.

Para entonces, Jason ya había corrido lejos de allí.

Cuando me dispuse a cruzar la entrada, una mano se posó sobre mi hombro y me detuvo.

Me giré sobresaltada. Frente a mí había una mujer de piel muy blanca y cabello oscuro que me susurraba algo incomprensible.

Intenté descifrar sus palabras, pero solo cuando acercó el rostro al mío logré escucharla con claridad.

—¡Despierta!

Abrí los ojos de golpe.

La niebla me rodeaba por completo, aunque permanecía detenida a mitad de la habitación, como si hubiera trazado una frontera invisible. Del otro lado distinguí una sombra inmóvil junto a Mía. Ni la figura ni mi gatita se movían.

El miedo me paralizó por un instante, pero sin pensarlo más me levanté y avancé hacia ella.

Cuando la tomé en brazos, emitió un leve gemido que me devolvió el aliento.

La niebla, que seguía envolviéndome como un manto protector, se extendió también sobre Mía. La sombra retrocedió y terminó por desvanecerse.

Desde aquella noche, Mía comenzó a mejorar lentamente.

Yo procuré no dejarla sola ni un instante.

De algún modo, sentía que mientras permaneciera a mi lado, quienquiera que me protegiera también la protegería a ella, cobijándola bajo aquel vaho blanquecino que, para entonces, se había convertido en el único aliado en quien todavía confiaba.