CAPÍTULO 11 #2
Georgina parecía percibir, sin necesidad de que nadie se lo dijera, que las cosas no marchaban tan bien como aparentábamos.
Nunca hacía preguntas incómodas ni intentaba entrometerse, pero encontraba pequeñas formas de acompañarnos, y eso era algo que agradecía profundamente.
Quizá por eso comenzaron a surgir reuniones casi a diario: primero en casa, entre juegos de mesa, conversaciones ligeras y momentos destinados a aliviar la presión de los días; después, en su apartamento, donde el ambiente resultaba más íntimo y distendido, permitiéndonos escapar por unas horas de nuestras preocupaciones habituales.
—¿Cómo te has sentido? —me preguntó una noche, acercándose mientras terminábamos de cenar.
—Muy bien, la verdad —respondí con una sonrisa—. Gracias por preguntar.
Georgina me observó durante un instante antes de hablar de nuevo.
—Sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad? Somos familia.
—Claro que sí. Y te agradezco que me lo recuerdes.
Ella asintió lentamente.
—No me gustaría que termináramos como Beth y Natalie por culpa de malos entendidos.
—¿A qué te refieres? —pregunté, intrigada.
—He notado que Beth lleva tiempo intentando sembrar conflictos entre Natalie y Ely.
Al principio no entendía por qué actuaba así, pero Natalie me contó cómo comenzaron ellos su relación y ahora veo las cosas de otra manera.
Beth tiene una facilidad inquietante para alimentar resentimientos.
Es triste, pero a veces esas dinámicas aparecen incluso dentro de la propia familia.
No quisiera que algo así nos ocurriera a nosotros.
—No va a pasar —respondí, tomando su mano con afecto—. Nosotros no somos así.
Georgina sonrió, aunque la preocupación no desapareció del todo de su rostro.
—Me da mucha pena Natalie. Lo está pasando mal. He visto cómo Beth encuentra siempre la forma de tocar sus inseguridades y hacer comentarios que la hieren.
—¿De verdad? —pregunté, sorprendida—. No es la impresión que tenía de su relación.
Georgina bajó un poco la voz.
—¿Sabías que Natalie llegó a tener mucho más peso del que tiene ahora?
Negué con la cabeza. Aunque habíamos pasado algunos años sin vernos en persona, seguía viendo a Natalie de vez en cuando en videollamadas con Ely o a través de sus redes sociales, y jamás había notado un cambio tan significativo.
Tal vez unas mejillas un poco más redondeadas, pero nada que llamara realmente mi atención.
—Pues sí —continuó Georgina—. Por lo visto, un tratamiento médico le hizo ganar bastante peso durante una temporada.
Y Beth... bueno, Beth se encargó de recordárselo constantemente.
La avergonzaba, hacía comentarios hirientes y le insinuaba que Ely terminaría fijándose en ella otra vez.
Por eso Natalie se obsesionó tanto con cambiar sus hábitos y mejorar su imagen.
De allí nació también la idea de crear la tienda.
—Vaya... no tenía ni idea —admití, genuinamente sorprendida.
Aquella conversación me hizo comprender que entre Natalie y Georgina había surgido una amistad mucho más profunda de lo que imaginaba. Compartían confidencias, heridas y experiencias que yo desconocía por completo.
Y eso me hizo sentir mal.
Había estado tan concentrada en mis propios problemas que olvidé mirar a mi alrededor. Mientras yo lidiaba con mis tormentas, Natalie también cargaba con las suyas.
Aquella revelación me impulsó a acercarme más a ella. Quise escucharla sin prejuicios, entenderla mejor y ser más empática. De forma casi inevitable, ese acercamiento vino acompañado de una creciente distancia con Beth.
Comencé a pasar más tiempo con ellas. Natalie se fue abriendo poco a poco y empezó a contarme episodios de su historia familiar, muchas veces relacionados con Beth. Había un dolor antiguo en sus palabras, una acumulación de pequeñas heridas que jamás habían terminado de sanar.
Mientras tanto, la calma pareció regresar a casa.
Greg y yo entramos en una especie de tregua silenciosa.
Ninguno hablaba demasiado de lo ocurrido, pero ambos hacíamos un esfuerzo consciente por reconstruir lo que se había desgastado entre nosotros.
Jason, en cambio, se volvió cada vez más reservado.
Pasaba más tiempo solo y participaba menos en la dinámica familiar, aunque siempre insistía en que estaba bien.
Y yo, necesitada de estabilidad como alguien que lleva demasiado tiempo a la deriva, elegí creerle.
El grupo conformado por Natalie, Georgina, Ely, Greg y yo terminó volviéndose inseparable.
Nos reuníamos prácticamente a diario, encontrando cualquier pretexto para compartir tiempo juntos.
A veces era una cena improvisada; otras, una tarde de café o una simple conversación que se prolongaba hasta entrada la noche.
Julie solía acompañarnos con frecuencia, aunque para entonces su vida social había florecido considerablemente.
El grupo de danza ocupaba buena parte de su tiempo y parecía disfrutar de una independencia que antes no había tenido.
Aquella nueva rutina me fue alejando, poco a poco, de la tienda esotérica.
Seguía visitándola, pero ya no con la misma frecuencia.
Me limitaba a pasar una vez por semana, generalmente cuando iba sola al supermercado.
No sabía explicar por qué, pero había desarrollado una extraña necesidad de mantener aquellas visitas en secreto.
También relegué la fotografía a un segundo plano.
Continuaba generándome ingresos de manera pasiva, pero había dejado de dedicarle el tiempo y la pasión de antes.
Una mañana, después de hacer unas compras rápidas, me detuve en la tienda y terminé teniendo una conversación inusual con Cris.
—¿Qué tal va todo? ¿Cómo te va con tu cuñada? —preguntó mientras preparaba una infusión.
—Muy bien, la verdad —respondí con sinceridad—. Ha sido muy refrescante tenerla cerca.
—Entiendo... —murmuró, asintiendo antes de bajar la mirada.
Algo en su expresión me puso en alerta.
—¿Qué sucede? —pregunté.
No era la primera vez que notaba silencios extraños entre ella y Chace. Miradas cargadas de significado. Conversaciones interrumpidas apenas yo aparecía. Durante semanas había intentado ignorarlo, pero comenzaba a perder la paciencia.
—Nada —contestó rápidamente, ocupándose en ordenar algunos objetos del mostrador.
La observé durante unos segundos.
—No, Cris.
Mi tono salió más firme de lo que pretendía. Ella se detuvo.