CAPÍTULO 7 #2
Intenté enfocarme en disfrutar el momento y, de alguna manera, lo conseguí. Ely y yo pasamos buena parte del tiempo recordando anécdotas de cuando éramos adolescentes, burlándonos de historias absurdas y compitiendo por quién pescaba más.
Terminamos atrapando varias truchas, y eso logró mejorarme un poco el ánimo.
Aun así, seguía inquieto.
Por Valerie. Por Jason. Incluso por los amigos de Jason, que habían preferido quedarse en el campamento en lugar de acompañarnos.
—¿Te pasa algo? —preguntó Ely de pronto—. No has dejado de mirar alrededor desde que llegamos.
Suspiré.
No tenía sentido intentar ocultarle nada a alguien que me conocía prácticamente toda la vida.
—Estoy preocupado por Valerie… y también por Jason —admití finalmente.
Ely negó apenas con la cabeza antes de colocar una mano sobre mi hombro.
—Relájate, Greg. No puedes pasarte la vida complaciéndolos.
Fruncí el ceño, confundido por el comentario.
—¿A qué te refieres?
Porque yo jamás había sentido que mi familia fuera una carga. Al contrario. Ver felices a Valerie y a mis hijos siempre había sido una de las cosas que más plenitud me daba.
—No quiero entrometerme, pero te conozco demasiado bien.
El silencio cayó entre nosotros durante unos segundos mientras nos sentábamos sobre unas piedras cercanas al río, esperando a que los demás terminaran de bañarse.
Entonces Ely habló otra vez.
—Greg… ¿eres feliz?
La pregunta me tomó desprevenido. Y antes de que pudiera responder, él continuó:
—Porque sinceramente no siento que lo seas. Y me preocupa, hermano.
Lo miré confundido.
—Yo sí soy feliz —respondí—. ¿Por qué dices eso?
Ely exhaló lentamente antes de contestar.
—Porque siempre terminas cediendo. Y tengo la impresión de que eres tú quien más se sacrifica en esa relación.
Aunque no estaba de acuerdo con lo que decía, preferí dejarlo hablar.
—Pasó con la mudanza a Nueva York para ayudar a Valerie después de lo de su mamá.
Pasa también con el hecho de que seas el único sosteneindo toda la carga económica…
pero no es solo eso —continuó—. Siento que Valerie y Jason necesitan controlar todo constantemente.
Nunca terminan de adaptarse, nunca parecen realmente dispuestos a compartir con los demás, y al final eso termina aislándote a ti también.
Negué apenas con la cabeza.
—No es tan simple. Para Jason muchas cosas son más difíciles porque no escucha —intenté explicarle.
Pero Ely me interrumpió enseguida.
—No, Greg. Jason ya está grande —sentenció—. Y también tiene que entender que tú tienes amigos, que tienes derecho a compartir con otras personas y que no todo el mundo va a aprender lengua de signos para acomodarse a él.
Hizo una pausa breve antes de añadir:
—Además, él puede leer labios, ¿no?
Asentí despacio, aunque algo dentro de mí se tensó al escuchar la manera en que hablaba de Jason.
Porque, aunque entendía el punto que intentaba expresar, también sabía lo agotador que podía ser para una persona sorda intentar seguir constantemente el ritmo y el contexto de conversaciones pensadas para oyentes.
—Entonces, ¿por qué nunca pone de su parte para que tú también tengas vida? —continuó Ely—. Porque, siendo sincero, Greg… eso que tienes no parece vida.
Sus palabras me golpearon más de lo que esperaba.
Y aunque no sentía que tuviera razón del todo, tampoco pude ignorar la incomodidad que dejaron dando vueltas en mi cabeza.
Porque, en cierta forma, Valerie sí tenía motivos para sentirse molesta: el viaje había cambiado completamente de rumbo.
Pero, al mismo tiempo, también era cierto que a ella le costaba muchísimo adaptarse cuando las cosas no salían exactamente como las imaginaba.
Los cambios de planes solían sacarla de su zona de confort y, muchas veces, prefería aislarse antes que intentar acomodarse a la situación.
Cuando regresamos al campamento, Valerie ya estaba allí con los chicos.
Jugaban UNO alrededor de una mesa plegable, riéndose a carcajadas por alguna trampa absurda que Jason intentaba justificar mediante señas exageradas.
Intenté dejar atrás la conversación con Ely, pero ya no pude hacerlo del todo. Porque, a partir de ese momento, empecé a observar pequeños detalles que antes habrían pasado desapercibidos y que ahora parecían alimentar silenciosamente el eco de las palabras de mi amigo.
Si Valerie quería el pescado más cocido que el resto, me fastidiaba tener que apartarlo y dejarlo más tiempo al fuego.
Si prefería comer con cubiertos, me irritaba que no quisiera ensuciarse las manos como todos los demás.
Y cuando Jason decidió que prefería prepararse unos sándwiches en lugar de comer pescado, por primera vez no lo vi como una simple preferencia, sino como un capricho que me molestó más de la cuenta.
Y cosas que jamás me habían incomodado comenzaron a salir de algún rincón escondido para llenarme de un fastidio que no lograba controlar.
Por eso, cuando Valerie se acercó para hablar conmigo sobre algo que le preocupaba, yo ya estaba demasiado cargado para escucharla con claridad.
—Estoy un poco inquieta, Greg —dijo en voz baja.
—¿Y qué sucede ahora? —pregunté con más brusquedad de la necesaria.
Ella respiró hondo antes de tomarme del brazo y apartarme unos pasos del grupo. Incluso comentó que Samuel parecía estar pendiente de nuestra conversación. Y, absurdamente, hasta eso me irritó.
No entendía por qué todo tenía que manejarse como si fuera un problema secreto.
—Callie propuso cambiar la noche de juegos por karaoke —susurró Valerie—. Trajeron una corneta enorme y todos quieren hacerlo.
—¿Y qué tiene eso de malo? —pregunté, sin entender a dónde quería llegar.
Valerie me miró con evidente molestia.
—Que Julie ama cantar y ya dijo que prefiere quedarse allá. Y además comentó que está cansada de tener que hablar todo el tiempo en lengua de signos para incluir a Jason. ¿De verdad te parece justo?
Algo dentro de mí terminó de romperse al escuchar eso. Y antes de poder detenerme, toda la frustración que llevaba acumulando durante el día explotó de golpe.
—¿Y a ti te parece justo limitar a Julie en todo solo porque Jason no escucha? —reclamé sin poder contenerme—. ¿Qué culpa tiene ella?
Vi cómo los ojos de Valerie se llenaban de lágrimas al instante. Y aunque una parte de mí se sintió culpable de inmediato, ya era demasiado tarde para echarme atrás.
—Llevamos años viviendo alrededor de Jason, intentando que tenga mejores oportunidades y que se sienta cómodo en todo momento —continué, dejando salir frustraciones que ni siquiera sabía que guardaba—.
Pero también tenemos que entender que el resto del mundo no tiene la culpa de su discapacidad.
Nadie está obligado a aprender otra lengua ni a adaptar cada situación para él.
Valerie me observaba en silencio, herida.
—No lo estamos preparando para la vida, Val —seguí diciendo, incapaz de detenerme—. Porque el mundo real no funciona así. El mundo no se adapta a nadie.
Ella respiró profundamente antes de responder. La voz le tembló, pero aun así logró sostenerse sin llorar.
—No me vengas a explicar cómo funciona el mundo ni lo que Julie necesita, porque nadie ha hecho más por ella que yo, Greg. Nadie ha sido más complaciente ni más cómplice con sus sueños que yo, y lo sabes perfectamente.
Tragó saliva antes de continuar.
—Julie siempre ha tenido exactamente las mismas oportunidades y atención que Jason.
Pero este viaje no era cualquier paseo. Era algo familiar, algo simbólico para nosotros.
Un espacio donde elegíamos el silencio para conectar entre todos…
y desde que decidieron convertir esto en otra cosa, perdió completamente el sentido.
—Claro… porque para ti adaptarte siempre resulta imposible, ¿no? —reclamé, dejándome llevar por la rabia—. Todo tiene que hacerse a tu manera. Siempre necesitas controlarlo todo.
Valerie me sostuvo la mirada apenas un segundo. Después negó suavemente con la cabeza.
—Olvídalo, Greg. Tienes razón… soy una egoísta.
Y se alejó hacia nuestra carpa antes de que pudiera responder algo más.
La dejé ir.
En parte porque seguía furioso y, en parte, porque sentía que ella tampoco estaba haciendo el menor esfuerzo por entenderme.
Yo llevaba años intentando ponerme en su lugar, entender sus miedos, adaptarme a sus necesidades y a las de Jason.
¿Tan grave era que, por una sola vez, una tradición cambiara un poco?
Necesitaba despejarme.
Me aparté unos metros del campamento intentando calmarme, pero entonces me crucé con Jason y su expresión terminó de empeorar mi humor.
No dijo nada. Ni siquiera hizo una seña.
Pero su mirada de desaprobación fue suficiente para hacerme sentir juzgado otra vez.
Afortunadamente, el sonido de Julie cantando logró distraerme un poco. Escucharla reírse, disfrutar con los demás y soltarse de aquella forma consiguió relajarme lo suficiente como para dejar de pensar por unos minutos.
Un par de horas después, terminé distrayéndome, observando a Jason conversar con sus amigos cerca de la fogata. Él no sabía que lo estaba mirando.
Hablaba con tranquilidad, relajado, probablemente porque asumía que nadie más aparte de ellos podía entender sus señas.
Y entonces lo vi decir algo que me destrozó por dentro.
Confesó que muchas veces se sentía culpable porque todo siempre terminaba adaptándose a él.
Que, aunque intentaba no demostrarlo, a menudo se sentía profundamente solo.
Aun así, decía que trataba de ser paciente, porque entendía que para los demás era imposible imaginar lo que significaba vivir sin comprender del todo lo que ocurría alrededor.
Habló de los chistes que perdían sentido al traducirse en señas. De las conversaciones rápidas donde todos se cansaban de explicarle y simplemente seguían hablando entre ellos. De esos momentos en los que dejaban de hacer signos y era como si lo abandonaran en completa oscuridad.
Luego añadió algo que terminó de destrozarme.
Jason nunca había escuchado realmente el mundo.