Bajo la Niebla de Blue Ridge CAPÍTULO 5 #2
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CAPÍTULO 5 #2

—Pues no sé cómo se lo habrá contado Ely a Natalie —murmuré, sintiéndome avergonzada—, porque ella me dio a entender algo completamente distinto.

Greg soltó una pequeña exhalación, más cansada que molesta.

—Jamás te ocultaría algo así si realmente estuviéramos pasando por problemas económicos, amor —susurró.

Luego llevó una mano hasta mi barbilla y levantó apenas mi rostro para obligarme a mirarlo. Sus ojos transmitían una sinceridad tan tranquila y familiar que sentí cómo parte de la tensión comenzaba a deshacerse dentro de mí.

Y, aun así, algo seguía incomodándome.

No sabía si era culpa por haber dudado de él tan rápido o la extraña sensación que me había dejado toda la conversación con Natalie desde el inicio.

Asentí despacio y me acerqué para besarlo, intentando convencerme de que todo había sido únicamente un malentendido. Aunque, por alguna razón que no lograba explicar, la incomodidad no terminó de desaparecer del todo.

La noche llegó envuelta en luces cálidas, música y el murmullo constante de conversaciones cruzándose en el jardín.

Y bastó ver la sonrisa de Julie al encontrarse con todos los invitados, la decoración y la mesa repleta de regalos para que cualquier sentimiento negativo desapareciera por completo de mi cabeza, aunque fuera por unas horas.

Parecía feliz de verdad.

La banda comenzó a tocar poco después, y verla bailar en medio del jardín, riendo con sus amigos y dejándose llevar por la música, me llenó los ojos de lágrimas.

Incluso Jason terminó uniéndose de vez en cuando, siguiendo el ritmo a través de las vibraciones y las expresiones de todos alrededor, arrancándonos carcajadas cada vez que improvisaba pasos exagerados solo para hacer reír a su hermana.

Durante buena parte de la fiesta nos dedicamos a tomar fotografías y grabar videos familiares antes de dejarlos disfrutar a su manera. Greg no soltaba la cámara del celular y yo sentía el pecho rebosante al observar algo tan simple como nuestros hijos siendo felices.

Más tarde, cuando llegó el momento de abrir los regalos, todos se reunieron alrededor de Julie entre gritos, bromas y música de fondo.

La reacción que tuvo al descubrir el iPad fue inmediata.

Sus ojos literalmente se iluminaron y enseguida buscó a sus amigas con una mezcla de emoción y complicidad que me enterneció profundamente. Empezó a hablar atropelladamente sobre aplicaciones, clases y cosas del instituto que apenas lograba seguirle el ritmo.

Y aunque verla así me hizo feliz, también sentí una pequeña punzada de culpa.

No había sabido que aquello significaba tanto para ella.

Me dolió darme cuenta de que, quizá sin querer, había comenzado a perderme pequeños detalles de la vida de mi hija mientras intentaba adaptarme a la mía.

Mentalmente me prometí acercarme más, escucharla más, antes de que la distancia silenciosa que a veces nace entre padres e hijos comenzara a instalarse entre nosotras.

Por eso, en ese instante, me sentí profundamente agradecida con Natalie por habérmelo mencionado.

Pero aquella gratitud desapareció de golpe apenas vi a Ely acercarse hacia Julie cargando una caja enorme entre los brazos.

Lo supe de inmediato.

El tamaño. La forma.

Sentí un vacío extraño abrirse dentro de mí.

—El teclado… —susurré casi sin aire.

El rostro de Julie se iluminó todavía más apenas comprendió lo que había dentro de la caja. Soltó un grito ahogado y corrió a colgarse primero del cuello de Ely y luego del de Natalie, incapaz de contener la emoción.

Greg, ajeno por completo a lo que ocurría dentro de mí, sonreía agradeciéndole a su amigo el gesto con genuina felicidad.

Pero algo en mi interior comenzó a revolverse.

Porque mi intuición me decía que Natalie no había confundido la conversación sobre el supuesto préstamo. No. Había decidido confundirme a mí. Y lo había hecho sabiendo exactamente lo que provocaría.

Sentí cómo la furia me subía lentamente por el pecho.

Debí reflejarlo en el rostro, porque Jason se acercó enseguida, preocupado, preguntándome qué sucedía.

Normalmente evitaba involucrar a mis hijos en tensiones o problemas de adultos, pero en ese momento me sentía demasiado descolocada para fingir normalidad, así que terminé contándole en voz baja lo ocurrido durante la tarde.

Jason entendió de inmediato por qué estaba molesta.

Su expresión cambió apenas terminé de hablar y me abrazó con suavidad, intentando calmarme.

Luego me pidió que respirara y tratara de no arruinarle el momento a Julie.

Y tenía razón.

Así que hice el esfuerzo de recomponerme, sonreír cuando debía hacerlo y seguir participando de la celebración, aunque por dentro continuara sintiéndome incómoda.

Un rato después, Natalie se acercó a hablar conmigo apartándonos un poco del resto.

—Sé cuánto querías regalarle ese teclado —dijo con aparente sinceridad, acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja—.

Y también sabía la ilusión que le hacía a Julie.

Cuando salimos de la tienda no pude dejar de pensar en eso, así que decidí volver más tarde y comprarlo con Ely. Solo queríamos darles una alegría.

La observé en silencio, todavía incapaz de decidir si aquello había sido realmente un gesto desinteresado… o algo mucho más calculado de lo que intentaba aparentar.

—No me pareció correcto, Nat —admití finalmente—. Era algo que yo quería regalarle a mi hija… y además me confundiste muchísimo con lo del dinero y el préstamo.

Su expresión se tensó de inmediato.

—Te juro que jamás fue mi intención hacerte sentir mal —respondió apresurada—. Solo… estoy tan feliz de que estén aquí que me aterra pensar que algún día quieran irse por problemas económicos o algo así. Supongo que intento ayudar y consentir a los chicos de la manera que puedo.

Había algo vulnerable en la forma en que lo dijo. Algo que parecía auténtico.

Y aunque la incomodidad seguía instalada dentro de mí, terminé asintiendo y dejé el tema hasta ahí. No quería discutir en medio de la fiesta ni convertir aquella noche especial en algo amargo.

Aun así, por más que intenté convencerme de que todo había sido un malentendido nacido de buenas intenciones, algo dentro de mí no terminó de quedarse tranquilo.

Cuando la fiesta terminó y los últimos invitados se marcharon, Greg y Jason se quedaron organizando la cocina, mientras Julie subió a su habitación todavía emocionada revisando sus regalos una vez más.

Yo, en cambio, no lograba sacudirme la incomodidad que llevaba horas creciendo dentro de mí.

Salí al jardín y me senté en silencio, intentando ordenar mis pensamientos antes de que cualquier emoción terminara contaminando el ambiente en casa.

Si pudiera llamar a mi madre, todo sería más sencillo, pensé.

Ella sabría decirme si estaba exagerando, si todo aquello solo existía en mi cabeza o si realmente había motivos para preocuparme. Quizá estaba siendo injusta. Quizá debía limitarme a agradecer que hubiera personas dispuestas a ayudar y consentir a mis hijos como lo hacían Natalie y Ely.

Pero algo no terminaba de sentirse bien.

Y fue entonces cuando la niebla volvió a aparecer.

Primero descendió lentamente sobre el jardín, envolviendo la grama y cubriendo mis pies con aquella blancura espesa que ya comenzaba a resultarme inquietantemente familiar. Esta vez no sentí miedo de inmediato. Permanecí quieta, observando cómo avanzaba a mi alrededor.

Hasta que los susurros comenzaron.

Eran voces bajas, incomprensibles, apenas fragmentos de sonidos imposibles de distinguir con claridad. Sentí el corazón acelerarse violentamente y un escalofrío me recorrió la espalda entera. Aun aterrada, intenté concentrarme, afinar el oído para entender qué intentaban decirme.

Entonces un pitido agudo atravesó el silencio.

El sonido fue tan intenso que me hizo levantarme sobresaltada y retroceder de inmediato hacia la casa.

Justo antes de entrar, miré por instinto hacia la vivienda de Ely.

Y la vi.

Natalie observándome detrás de la cortina del balcón.

La impresión que me provocó aquella imagen fue incluso peor que la niebla y los susurros. Entré cerrando la puerta con rapidez, sintiendo por primera vez una necesidad urgente de encontrar la manera de poner límites antes de que nuestros vecinos terminaran demasiado involucrados en nuestras vidas.

Ya en la habitación, le conté a Greg todo lo que había sentido durante la noche, incluyendo aquella constante sensación de estar siendo observada. También le dije que quería levantar la cerca del jardín de una vez por todas y aprovechar para impedir que el perro de Ely siguiera dañando mis flores.