Capítulo veinte #2
–Me alegro mucho por ti, pero… Ahora estarás más ocupada. ¿Qué va a pasar con nosotros?
Ella supo que su crecimiento personal, ese por el que tanto luchaba y estresaba para ser aplaudida y querida por sus padres, no fue felicitado por Archer. El chico que le prometió tanto, ya estaba rompiendo sus votos.
Se dio cuenta que llevaba tiempo viviendo con un único planteamiento en su cabeza: Quizá amar era sinónimo de encogerse para no perder a la otra persona.
Adrian explotó del todo al ver el rostro roto de su hermana, sus adorables ojos azules anegados de lágrimas.
En cuestión de segundos tenía a Archer apresado bajo su cuerpo, los nudillos escocidos y la cara del que pronto iba a ser ex-novio de Rebeka con una nariz rota y un ojo comenzando a hincharse.
La chica logró separarlos, llorando, y echó a Archer, pero el daño ya estaba hecho.
Aquella misma tarde, rompió con Archer, le bloqueó y eliminó de su vida al completo.
Vuelta al presente. Cafetería Luz de Tarde.
Aquella relación había dejado mella en Rebeka, hasta el punto en el que no había vuelto a salir con nadie para evitar volver a distraerse como lo hizo por Archer.
Sabía que Koen no se parecía en nada a su ex-pareja, pero ello no era sinónimo de que Rebeka, aún y tras haber podido tomar grandes decisiones gracias a la ayuda de sus seres queridos para sanar, fuera a conseguir la suficiente seguridad en sí misma para no sentir pánico.
Cuando se encontraba suspirando, agotada, la puerta de la cafetería se abrió y giró a saludar al nuevo cliente de la mañana con una forzada sonrisa.
En el momento en que unos cabellos rubios repeinados y unos ojos claroscuros se posaron en ella, todo su mundo colapsó.
Archer O’Brien.
En la cafetería, ocho años después de haber destrozado sin piedad su cabeza.
Sonriéndole como si nunca hubiese causado una ruptura en su cordura o forzado a su hermano a darle una paliza.
–Rebeka, cuánto tiempo –saludó tras llegar a sus pies, pegados al suelo sin manera de escapar–. Mira lo que has crecido. Estás preciosa.
–¿Qué coño haces aquí?
–Vaya. –La carcajada que Archer soltó ante su rudeza hizo que los pelos de la coronilla de Rebeka se encresparan–.
No recordaba que fueras tan malhablada. El tiempo de verdad cambia a las personas.
No te preocupes, estaba de paso por la ciudad y, pasando por aquí, te he visto.
Me he preguntado qué hace la inteligente Rebeka Noster trabajando en una cafetería de Andersonville.
Así que he entrado para tomar un café y tratar de ponernos al día.
–Largo –gruñó, señalando inmediatamente a la puerta por la que había entrado.
–No seas así, Beks –pidió el otro con pesadumbre. Con esa maldita mirada que le ponía cuando estaban juntos para manipularla a su antojo. Era asqueroso–. Sabes que tenemos una charla pendiente. Juro que no voy a hacer nada malo, ¿sí? Por favor, escúchame.
–He dicho que te largues –siguió gruñendo, la ansiedad que llevaba ya días sin sentir volviendo a aparecer en su pecho–. Largo. Quiero que desaparezcas de mi vista.
–Está bien –se rindió, su perfecta máscara rompiéndose en una mueca de disconformidad–. Pero esto no se acaba aquí, Rebeka. Pienso volver hasta que me escuches.
Archer se fue, dejando tras de sí un fantasma de pánico que Rebeka no sentía desde los dieciséis años.
Cuando volvió a casa, Koen trató de hablar con ella. De acercarse. Hasta que comprobó que los asentimientos contínuos de Rebeka eran significado de que algo había passado.
La miró, ceñudo. Preocupado.
¿Qué le pasaba?
Los dos días siguientes Archer cumplió su palabra. Siguió apareciendo, pidiendo poder hablar con Rebeka, quien se escondía tanto en la trastienda como tras su amiga, con quien compartía la mayor parte de turnos desde que Mikayla se enteró de lo sucedido con Jonas.
Demi, preocupada, mandó un mensaje a Adrian para preguntar quién era Archer y por qué Rebeka se portaba tan tensa a su alrededor.
Adrian, que se encontraba ocupado con el encargo del desarrollo de la app, se puso en contacto con Koen tras tranquilizar a Demi y explicarle la situación.
Koen leyó el mensaje mientras veía a una perdida Rebeka arrastras los pies por el piso sin fijarse ni al chocar con algún mueble en su camino.
Leyendo la amenaza que Archer había lanzado a Rebeka, el enturbiado pasado que compartían y las intenciones que Adrian se olía que el otro tenía con su hermana.
Koen tomó la decisión de proteger a Rebeka. No necesitaba que Adrian se lo pidiera, ya lo iba a hacer aunque ello le costara la vida entera.
A la mañana siguiente, Koen acompañó a una protestona Rebeka a su trabajo. Tomó sitio en una mesa cercana a la barra, explicando a Demi su plan de confrontación, y con el ceño aún más fruncido, esperó durante una tensa hora a que Archer apareciese por la puerta.
Supo que se trataba de él cuando un chico rubio, más bajo que él, apareció y Rebeka reaccionó yendo a la mesa de Koen para apegarse a él.
Buscando su protección.
Ante el gesto, sus instintos primarios entraron en acción.
Archer se acercó a Rebeka sin ser consciente de lo que le esperaba, y Koen se alzó de su asiento con un gruñido protector, peligroso, casi animal.
Con confusión e irritación enmascarada, Archer bufó antes de pasar sus ojos a Koen, quien tapaba con su cuerpo a una afectada Rebeka.
–¿Se puede saber quién eres? Tengo algo que hablar con Rebeka.
–Koen –respondió secamente. Rebeka notó que trataba del mismo tono que usó en la fiesta al enfrentarse a Jakob–.
El novio de Rebeka. Estás molestando últimamente a mi chica, así que he pensado que como pareces ser de los cabrones que no aceptan un no como respuesta hasta que viene de otro hombre, acompañaría a Rebeka en su trabajo para mandarte a la mierda.
–¿Disculpa? –Archer miró a Rebeka, sin creerse que dejara a alguien hablar de tal forma. Que se dirigiera a él con tales maneras–. Rebeka, ¿de verdad sales con este… neandertal? Llevo intentando tres días hablar contigo, joder. ¿Acaso este tío merece más la pena que yo?
Adrian no se había equivocado. Archer había vuelto para tratar de volver a salir con la rubia.
–No puede ser cierto –continuó el ex-novio de Rebeka sin darse cuenta de que hablaba a un pozo sin fondo–. Sabes que conmigo estabas tranquila, que éramos perfectos el uno para el otro. Yo te conozco mejor, este vulgar solo te traerá más problemas a tu vida.
Ella, aún con expresión atemorizada, con las manos apretadas entre sí, dio un paso al frente antes de que Koen volviera al ataque.
Con él a su lado, se sentía fuerte.
Sentía que podía luchar cualquier batalla sin salir herida.
–Tienes razón. Koen me ha metido en más problemas de los que nunca imaginé en los tres años que le conozco.
–Archer comenzó a sonreír, creyéndose vencedor, mientras lanzaba una mirada airosa que solo enfureció a Koen–.
Pero –añadió abruptamente–, él me hace feliz.
Él no es conveniente, sino que me reta. Me saca de mi zona de confort para que me enfrente a mis defectos, sin hacerme sentir inferior ante ellos.
Tú nunca me podrías hacer sentir la mitad de lo que siento por Koen.
–Rebeka, ¿es que aún no lo entiendes? La persona con la que estés debe de sacar lo mejor de uno mismo, no lo contrario. Yo sacaba lo mejor de ti misma.
–No lograrías sacar nada de nadie ni aunque una pitonisa lavase tu aura para que tengas suerte en la vida.
–Koen alzó una de sus manos, tal como hizo cuando encaró a Jakob, para arropar su cintura con ella.
La apegó a su cuerpo y fulminó con la mirada a Archer, quien dio un traspié–.
Una relación no se basa en ser solo tu mejor yo, sino en ser tu peor versión y mejorarla.
En que tu pareja abrace tus desperfectos y te guíe para saber cómo puedes arreglarlos.
Si piensas que en algún momento he deseado que Rebeka sea la mujer perfectamente construida artificialmente para mí, entonces eres tú el que tiene un problema del que encargarse.
»Rebeka es perfectamente imperfecta –continuó sin dar oportunidad de réplica a Archer–.
Es cabezota por todos los habitantes de Chicago, criticona y muchas veces se olvida de pensar antes de actuar.
Es impulsiva, y gruñona. Pero es amable, temerosa y tierna.
Se preocupa por los demás como muy pocos saben hacer, y aunque me duela en el alma ver cómo permite que la pisoteen, siempre antepone al resto a sus propios intereses.
Eso es lo que hace a una persona enamorarse.
No una mujer impoluta que siempre sonríe y lo logra todo, sino una que falla, tropieza y se levanta con la cara manchada pero con las lágrimas olvidadas.
Si no lo aprecias, tío, eres un gilipollas de manual.
»No voy a quedarme sentado mientras otro se lleva a Beka cuando este no se da cuenta de la gran persona que tiene a su lado.
O la adoras, o eres un necio. No pienso permitir que se vaya con alguien que sienta por ella mucho menos de lo que se merece.
Si no estás preparado para regalarle el mundo, entonces no te la mereces.
Todos se sumieron en silencio. Archer estupefacto ante la confianza y seguridad con la que Koen hablaba de Rebeka, de sus lados buenos y malos como si cada uno de ellos fuera la cosa más preciosa del mundo. Rebeka, en cambio, con ojos anegados en lágrimas.
Puñetero Koen Ashburn, siempre sabía cómo hacer que se enamorase más de él.
–Rebeka, no… No puedes dejarme. No otra vez –musitó ya desesperado Archer, sin encontrar la forma en que aprovecharse de la chica a la que creyó haber amoldado a sí mismo años atrás–. Por favor. Echa a este tío de aquí, hablemos y deja que te invite a cenar…
Rebeka le cortó con un firme:
–El que se va a ir de aquí eres tú. Ya sabes que no tienes oportunidad conmigo, así que búscate una mujer distinta a la que atormentar. Si es posible, a una psicóloga, para que superes ese gusto de manipular a las personas.
Archer frunció el ceño, lleno de ira.
–Me voy. Pero no porque no lo haya intentado. –Se dio la vuelta y, cuando la puerta se cerró a sus espaldas, Rebeka se dejó caer contra el fornido y seguro pecho de Koen.
Sus piernas estaban temblando cuando Koen la arropó con calidez y mayor fuerza entre sus brazos. Descansando su mejilla sobre su pelo, besando este antes de susurrarle que todo estaba bien.
–Estoy aquí, Beka –la forma en que decía su nombre como si fuera una tierna caricia calmó el agitado corazón de Rebeka–. Siempre voy a estar aquí.
«Siempre».
Rebeka sabía, mucho antes de aquella promesa, que Koen sería siempre un continuo.
Un precioso continuo.