Bajo el mismo techo Capítulo seis
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Capítulo seis

Capítulo seis

¿Compartir qué?

N o pudieron ponerse de nuevo en carretera hasta que pasaron casi tres horas tras la llamada de auxilio.

Al final, los temores de Carla sobre el tiempo que pasaría muy lento hasta que pudieran hacer el check-in en sus respectivas habitaciones de hotel habían desaparecido, pues llegaron a Oak Street Beach a buena hora para dirigirse a su alojamiento.

Los tres amigos que no estuvieron presentes en la discusión entre Koen y Beka notaron al vuelo que el tiempo que pasaron solos no obtuvo buenos resultados, ya que ninguno de los dos, muy a diferencia de cómo habían iniciado el trayecto, dejó de lanzarse pullas entre sí.

Carla, que había contado toda la historia al completo más allá de la perspectiva única de Rebeka sobre aquellos dos y los orígenes de su odio (que luego era amor, y pasaba a la indiferencia como si fuera un partido de tenis) a Demi, compartió una silenciosa mirada con Adrian, quien negó con la cabeza igual de contrariado.

Debían buscar la manera de que alguno de esos dos idiotas (sobre todo la rubia) dejasen a un lado el cinismo y se pusieran seriamente a hablar el uno con el otro.

Por ello, nada más depositaron sus maletas (principalmente bolsas deportivas con algún que otro cambio de ropa ya que se hospedarían únicamente un par de días) en recepción, Carla enredó uno de sus brazos con el de Beka, Adrian con uno de Koen, y con una excusa mal dicha, se separaron –las chicas fueron seguidas por Demi, quien aún no había terminado de saber leer las miradas entre los otros pero su intuición la incitaba a ponerse en marcha–.

–Pero, ¿se puede saber qué os pasa? –Beka, en su encanto continuo, no esperó un instante nada más estaba junto a sus dos amigas para ponerse a la defensiva.

En su favor se ha de alegar que ninguna de las otras dos eran muy sutiles, pues se les notaba desde lejos el plan conspiranoico que se traían entre manos.

Más aún Carla, a quien sabía leer tras años de amistad como la palma de su mano–.

Ve directo al grano, Carla. Sé que algo tienes en mente.

Esta misma lanzó un par de miradas a Demi, ligeramente alterada.

Entendía a la perfección el plan que habían elaborado en segundos Adrian y ella, pero era a su vez una flaqueza, pues iba a tener que dejar en claro sus sentimientos ante la chica de la coleta, que cada vez que la miraba con ese brillo inocente, no paraba de enviar cosquilleos a su corazón.

Los sacrificios que hacía una por sus amistades.

–Adrian me contó que hay un problema con las habitaciones –explicó, aguantando un bufido.

¿Por qué el argumento elegido tenía que ser tan cliché y típico?

Problema de habitaciones, ya claro, y ella se encontraría en un jacuzzi al día siguiente a Lindsey Lohan–.

Hay dos habitaciones con cama matrimonial y una con cama individual.

Así que uno de nosotros debe dormir solo.

–¿Eso es un problema?

–¡Es un gran problema! ¡¿Verdad, Demi?!

La recién nombrada no pudo contenerse, sobresaltada por un instante al recibir tal apelación con dicho énfasis, cuando su cuerpo dio un pequeño salto sobre sus pies.

–Eeeeh… ¿Sí? –Ante la mirada de súplica de Carla aclaró su garganta con rapidez y comenzó a asentir en variadas ocasiones con la cabeza, forzando una seria expresión que no mostrara que no entendía lo que sucedía–. Quiero decir que sí, claro que es un gran problema. Grandísimo. Como el Skyline.

–¿¡Ves!? –puntualizó Carla. Debería abrazar a Demi más tarde.

No es como si ello fuera a ser más vergonzoso de lo que iba a suceder a continuación–: Así que me preguntaba una cosa…

Querida amiga mía, sabes que por ti haría cualquier cosa, ¿verdad?

Iría a la luna a pegarme con alienígenas que tratasen de dejarme embarazada si eso te salvase, ¿lo sabes, cierto?

–Eres una exagerada. Creo que esa maratón de Alien no te ha hecho ningún bien.

Carla continuó hablando como si se hubiera vuelto sorda, táctica que tenía realmente bien desarrollada:

–Me estaba preguntando, entonces, si tú harías lo mismo.

–Aquí llegaba. El fin de su enamoramiento secreto.

El fin de sus fantasías hasta que un día, al despertar, la vida creyera que Carla y Demi eran las protagonistas de una película romántica ñoña donde se enamoraban sin remedio.

Más le valía a Beka aprovechar esta oportunidad y dejar de pelear con Koen, o Carla se pondría a cazar a idiotas como hobbie este verano–: Quiero poder estar con Demi, ya sabes…

Hacernos más cercanas, y esas cosas. Si duermo en la misma habitación que ella, podremos conocernos mejor.

Sé que íbamos a compartir habitación las tres, pero… ¿Por favor?

Ya está.

Ya lo había hecho.

Qué bajuno tener que usar a Demi para sus planes. Exponer su amor sincero de tal forma, como si quisiera solamente compartir cama con ella.

Si Dios decidía castigarla, no se pasaría al budismo –muy al pesar de su abuela Miyong–, sino que aceptaría su castigo divino con entereza. O, bueno, toda la poca confianza que pudiera almacenar entre lagrimones.

–A mí también me gustaría. –Aquellas mismas palabras tímidas hicieron que todas se callasen al instante.

La portadora de ellas, sorprendida de haber dicho aquello en voz alta y no en su mente.

La rubia, simplemente creyendo que debía ser una broma de mal gusto al verse convertida en una tercera rueda en sus vacaciones.

La otra, a quien iban dirigidas más que a Beka aquellas palabras, creyó haber crecido alas a su espalda.

Demi…

¡Demi quería compartir habitación con Carla! ¡Su castigo divino no existía! ¡Toma en la cara, Buda!

No, tenía que controlarse.

–¿Ves…? Demi… Demi quiere lo mismo. –Maldita sea, lo que costaba mantener la compostura en aquel instante en vez de saltar encima de Demi como un animal hambriento. Tenía que forzarse a hablar entre temblores–. ¿No te… molesta… Beks?

La Noster, acallada, contemplaba a ambas chicas sonrojadas, que aunque hacían aquello (o así era al principio al menos) por ella, no paraban de mirarse la una a la otra con un deje muy notorio de fascinación. Terminó soltando un cargado suspiro a la par que sus ojos se alzaban al techo del hotel.

–Está bien. –Sabía que rendirse era su mejor opción. ¿Qué mal iba a hacerle terminar siendo la que durmiera sola? Ninguno. No realmente. Se sentiría la peor amiga del planeta si acababa con la forma en que esas dos se estaban mirando–. Me iré a la otra habitación sola.

–En realidad…

Antes de seguir con ello, seguro que os pica la curiosidad y queréis saber lo que están hablando a su vez, cerca del ascensor del hotel, Adrian y Koen.

Bien, no difiere mucho de lo que está pasando con las tres chicas, pero sí que hay mayor lujo de detalle que dejará saber qué planes tenían los pillos de Carla y Adrian al inicio, este último siendo el que hablaba al peli moreno:

–¿Puedo pedirte un favor?

–No.

–¡Pero si aún no he dicho nada! –Aún seguía sin comprender por qué Koen, su fiel y leal hasta la muerte, hombre al que volvería su caballero principal en la Mesa Redonda, rechazaba cada vez que le pedía su ayuda la propuesta de forma directa, sin dejarle ni acabar la idea–.

Me haces daño… ¿No hemos tenido esta conversación antes? Así que esto es lo que llaman deja vu .

–Estás fumado, ¿no? –preguntó directamente Koen, cruzando los brazos sobre su pecho mientras descansaba su espalda sobre la pared–. Venga, seré majo porque estamos de vacaciones y te escucharé. –Mentía, siempre oiría las tonterías que tenía por decirle, sin importar lo que fuera.

–No, no lo estoy. Que iba a conducir, no soy tan irresponsable. El día en que tengáis algo de fe en mí, echaré inversiones en la bolsa y seguro que me volveré multimillonario.

Koen carcajeó.

–Ambos sabemos que no estás preparado para la vida de lujos, te pega más la del ermitaño.

–Cierto. –Recordando al fin su propósito, notando desde lejos que, por la razón que fuera, Demi y Carla habían comenzado a echar feromonas rosadas llenas de purpurina a su alrededor, seguramente porque el plan estaba funcionando, decidió lanzar su parte y probar suerte–: Tengo cagalera.

…

–¿Qué?

–Que me cago encima, macho. No hay mucho misterio en lo que acabo de decir, ¿no?

Lo que sea –añadió al ver al otro abrir los labios para replicar.

Si le detenía, se le iría aquel fuego que se avivaba de vez en cuando en su mente, en su imaginación–, sé que íbamos a compartir habitación, pero creo que mejor me pillo la habitación con cama individual.

Sí, hay una de cama individual. Me voy a estar cagando toda la noche, los dos lo sabemos, ¿acaso quieres sufrir en sueños con el olor? Sé que no.

–¿Y qué planeas que hagamos? Que vaya a dormir solo en una habitación para dos, mientras las chicas se aplastan para compartir la suya, cuando ya de por sí Beka me odia, no ayudará mucho a que crean que no soy un capullo integral.

–Lo he hablado con las chicas antes. –Continuó, buscando la forma de no dar margen a Koen de réplica.

Obviamente, no había hablado con nadie, porque no había tenido tiempo realmente para ello.

Pero ese detalle no debía saberlo Koen, ¿no?

–. Beka dice que para ayudar a Demi y Carla, no le importa ser la que comparta habitación.

Ninguno quedaría solo, realmente. Yo estaría acompañado de mis truños.

–Qué desagradable eres a veces… –Koen tuvo que sopesar la información.

No la del estreñimiento de su amigo, realmente aquello no le importaba.

Sino la parte de que Rebeka Noster, mujer que odia que le rompan los planes, que se raparía la cabeza y haría un ritual satánico en sacrificio de su pelo perdido antes de tener que compartir espacio ni oxígeno con Koen, sería la primera en decir que no le importaría hacer exactamente todo aquello–. ¿Estás seguro?

–Tan seguro como lo estoy de que el kiwi no es un pájaro, solo una fruta.