Capitulo extra 2
Lucian, detrás del silencio
Acababa de terminar la llamada cuando lo vi.
Dean estaba sentado en la sala de espera de la estación de policía.
Tenía los codos apoyados sobre las rodillas y el rostro hundido entre las manos.
Lo llamé.
—Dean.
Levantó la mirada.
Sus ojos estaban completamente aturdidos, como si apenas lograra comprender lo que estaba ocurriendo.
Me acerqué a él.
—Hablé con un conocido que es abogado —dije sin rodeos—. Me confirmó que necesitamos un penalista.
Saqué el teléfono y le mostré el contacto.
—Me recomendaron a alguien. Voy a ir a verlo ahora.
Dean permaneció en silencio, procesando mis palabras, así que continué.
—Mientras tanto, necesito que adelantes la parte administrativa.
Traté de ordenar las ideas con rapidez.
—Reúne toda la documentación de Kai. Sus documentos, cualquier certificado que ayude a demostrar que no tiene antecedentes, su historial académico... También necesitamos testigos de la fiesta, amigos cercanos que puedan declarar a su favor.
Hice una breve pausa antes de añadir:
—Si puedes, consigue también su computadora, su cámara de fotos o cualquier dispositivo que pueda contener información útil. Y debemos empezar a reunir fondos.
Dean se puso de pie lentamente, aunque seguía viéndose devastado.
Lo sujeté por los hombros.
Solo entonces logró mirarme directamente a los ojos.
—Está bien —murmuró con la voz quebrada—. Iré a conseguirlo.
Asentí.
No había tiempo que perder.
Solté sus hombros y salí de inmediato.
♦
El despacho del abogado irradiaba lujo por donde se lo mirara.
Los muebles, la decoración, incluso las obras colgadas en las paredes parecían valer una fortuna.
Había una estética sobria y refinada en aquel lugar, distinta de cualquier oficina que hubiera visto antes.
Esperé unos minutos en la sala hasta que la secretaria se acercó a mí.
—Señor Blake, el doctor Crowe ya puede recibirlo.
Asentí y la seguí.
Al entrar en su oficina, el olor a habano impregnó de inmediato el ambiente.
Un hombre de mediana edad, de cabello gris cuidadosamente peinado, me observaba desde detrás de un amplio escritorio de madera oscura.
Fue directo al punto apenas crucé la puerta.
—Señor Blake, seré sincero con usted.
Su voz era calmada, pero cortante.
—No me gusta que me hagan perder el tiempo. Para mí, el tiempo es dinero. Así que seré breve.
Me sostuvo la mirada unos segundos antes de continuar.
—Dígame, Lucian.
Tomé asiento frente a él.
El hombre exhaló lentamente.
—Solo acepté recibirlo porque fue recomendado por el señor Allan, un cliente habitual mío.
Hizo una pausa.
—Pero eso no significa que vaya a tomar su caso.
No aparté la mirada de él.
—Bien... se podría decir que logré entrar. Ya es un primer paso.
Crowe arqueó una ceja.
Luego se levantó de su asiento y caminó hasta el gran ventanal de la oficina.
Con las manos en los bolsillos, observó la ciudad en silencio durante unos segundos antes de volver a hablar.
—Estoy al tanto de este caso.
Su voz sonó tranquila, casi indiferente.
—Se ha vuelto mediático. Incluso entre mis colegas.
Hizo una breve pausa.
—Déjeme decirle algo, Lucian. Es un caso muy complejo.
Suspiró con pesadez.
—Desde el principio fue tratado como una simple fuga. La policía local manejó la escena de forma desastrosa.
Su expresión se endureció ligeramente.
—Y ahora estamos en plena temporada electoral.
Volvió a mirarme.
Esta vez, de forma directa.
—¿Entiende lo que quiero decir?
Sostuve su mirada, sin responder.
Crowe continuó:
—Su amigo no tiene suerte de su lado.
Su tono permaneció imperturbable.
—Van a querer cerrar este caso lo antes posible.
Hizo una pausa deliberada.
—Y para eso, necesitarán un culpable.
Al escuchar esas palabras, todo mi cuerpo se tensó.
Me levanté de la silla y di un paso al frente.
Sostuve su mirada sin vacilar.
—Él no lo hizo.
Crowe se quedó observándome en silencio.
Con detenimiento.
Como si intentara leer cada grieta detrás de mis palabras.
Finalmente, habló.
—Me gusta la determinación en tu mirada.
Hizo una pausa.
—Pero dígame... ¿apostaría su vida por esa certeza?
Respondí de inmediato, sin titubear.
—Lo haría.
Sus ojos se estrecharon apenas, evaluando mi respuesta.
Luego volvió a girarse hacia el ventanal.
—¿Qué hay de la Ducati Diavel V4 en la que vino?
Mi respiración se detuvo por una fracción de segundo.
—¿También la apostaría?
Sin apartar la mirada de él, saqué las llaves de mi bolsillo y se las lancé.
Crowe las atrapó en el aire con facilidad.
Por primera vez, una leve sonrisa cruzó su rostro.
—Mis honorarios son más caros que esto, muchacho.
Observó las llaves unos segundos antes de continuar.
—Y si le conceden fianza, necesitará todavía más dinero.
—Lo tendré listo.
Crowe exhaló lentamente.
—No recuerdo haber dicho que aceptaría el caso.
Hizo girar las llaves entre sus dedos.
—Reúna toda la información sobre el acusado.
Se giró para mirarme una vez más.
Su expresión había vuelto a endurecerse.
—Mañana iré a hablar con él.
Hizo una breve pausa.
—Después de eso, decidiré si tomo el caso.
♦
Al día siguiente, llegué a la casa de Dean junto a Crowe y Erin.
Crowe esperó en la sala mientras Erin y yo subíamos las escaleras.
Dean no estaba en su habitación.
Recorrimos el pasillo hasta encontrarlo sentado sobre la cama de Kai.
Sus ojos estaban enrojecidos.
Agotados.
—Dean... —lo llamé con suavidad.
Levantó la mirada hacia nosotros.
Pero no dijo nada.
Me acerqué y tomé asiento a su lado.
Entre sus manos sostenía un viejo juguete de Kai.
Lo observó en silencio unos segundos antes de hablar.
—No debí dejarlo ir a esas fiestas.
Su voz sonó apagada.
—Es solo que... a veces parece mucho más maduro para su edad. Siempre fue responsable. Sacaba buenas notas.
Sus dedos se cerraron con más fuerza alrededor del juguete.
—Pensé que necesitaba distraerse.
Negué suavemente.
—No había forma de saberlo, Dean.
Sus hombros temblaron.
Entonces finalmente se quebró.
—Debí preverlo... —soltó entre sollozos—. Soy su hermano mayor.
Su voz se rompió por completo.
—Debí cuidarlo mejor.
Respiró con dificultad.
—Siento que lo estoy perdiendo otra vez.
Pasé un brazo alrededor de sus hombros.
—Vamos a sacarlo de ahí, Dean.
Me miró con los ojos llenos de dolor.
—Debe estar aterrado.
Tragó saliva.
—A veces olvido lo joven que sigue siendo.
Llevé una mano a su mejilla, intentando calmarlo.
—Dean...
Sostuve su mirada.
—El señor Crowe aceptó el caso. Es el mejor abogado penalista.
Miré hacia la puerta.
—Nos está esperando abajo.
Sequé las lágrimas de su mejilla.
Luego me puse de pie y le tendí la mano.
—Vamos.
Los tres bajamos las escaleras.
Crowe se puso de pie apenas nos vio.
—Bien... tú debes ser el hermano de Kai, ¿verdad?
Dean asintió y ambos estrecharon las manos.
Tomamos asiento y lo escuchamos con atención.
Crowe fue directo al punto.
—Fue una decisión acertada que intervinieran antes de que continuara el interrogatorio.
Entrelazó las manos sobre su regazo antes de continuar.
—La policía ya tenía una narrativa construida. Con suficiente presión, podrían haber conseguido que dijera algo contradictorio o ambiguo... y usarlo en su contra.
Dean habló de repente.
—¿Cómo está Kai?
Su voz salió más frágil de lo que probablemente pretendía.
—¿Hay alguna posibilidad de que pueda verlo?
Crowe guardó silencio unos segundos.
A pesar de la frialdad que parecía caracterizarlo, esta vez, para mi sorpresa, fue cuidadoso con sus palabras.
—Está resistiendo.
Hizo una breve pausa.
—Voy a solicitar libertad bajo fianza. Por el momento, la fiscalía solo cuenta con evidencia circunstancial.
Suspiró.
—Pero necesitamos testigos que hablen a su favor.
Su mirada pasó de Dean a mí.
—Si logramos que le concedan la fianza, podría salir en pocos días. Tal vez en dos.
La expresión de Dean pareció relajarse apenas.
Entonces Erin, que hasta ese momento había permanecido en silencio, habló de repente.
Tomó mi mano y me miró.
—Lucian... debemos traer a Bill.
Luego miró a Dean y a Crowe.
—Bill era un amigo cercano de Kai. Lo escuché discutir con Kai en la universidad.
Frunció levemente el ceño, como si intentara recordar con precisión.
—Él estuvo en esa fiesta. Por lo que escuché... estoy segura de que sabe algo.
Dean se puso de pie de inmediato.
—Bien, iré por él.
Se giró hacia Erin.
—¿Sabes dónde vive?
Erin asintió, pero luego bajó la mirada.
—Sí... pero ahora no está en la ciudad.
Respiró hondo.
—Está en la costa sur.
Crowe intervino de inmediato.
—Eso significa más de dos días entre ida y vuelta.
Negó con la cabeza.
—Y con este clima, dudo que consigan un vuelo.
Las manos de Dean se tensaron.
Crowe volvió a hablar:
—Además, como responsable de Kai, usted no debería ausentarse.
Me puse de pie y busqué la mirada de Dean.
—Yo iré.
Hice una pausa.
—Lo traeré. Lo juro.
Vi cómo sus hombros se relajaban ligeramente.
Su respiración, que había comenzado a agitarse, se estabilizó poco a poco.
Crowe nos dejó poco después.
Dean se acercó a mí mientras guardaba algunas cosas en mi bolso.
—Lucian... pedí un préstamo, pero...
Su voz tembló.
—Con la cifra que estimó el abogado... puede que no sea suficiente.
Puse una mano sobre su hombro.
—Tendremos el dinero.
Sostuve su mirada.
—No te preocupes. Transferiré el resto a tu cuenta.
Dean asintió en silencio.
Tomé mi bolso y bajé las escaleras.
Erin me esperaba en el descanso.
—Lucian... Bill puede ser obstinado.
Sus dedos se entrelazaron con nerviosismo.
—Pero si le explicas la situación, ayudará a Kai. Lo sé.
—Lo entiendo.
Antes de seguir avanzando, no pude evitar mirar hacia arriba.
Hacia el lugar donde Dean se había quedado.
Erin siguió mi mirada.
Pareció entender de inmediato lo que pensaba.
—Ve.
Su voz sonó suave, pero firme.
—Yo cuidaré de él. No lo dejaré solo.
Escuchar esas palabras me permitió marcharme con un poco más de tranquilidad.
♦
Había recibido la llamada de Dean mientras aún viajábamos por carretera con Bill.
Kai finalmente había salido bajo fianza.
Mi cuerpo por fin pudo liberar parte de la tensión que había acumulado durante todo ese tiempo.
Ahora solo faltaba un paso más.
Tenía fe en que el testimonio de Bill sería clave.
Al llegar a la ciudad, fuimos directamente al despacho del abogado.
Dean ya nos esperaba allí.
Crowe, como parecía ser su costumbre, fue directo al punto.
—Entiendo que estés cansado por el viaje, muchacho, pero necesito que te concentres. Dime con detalle cuál era tu relación con Kai y qué viste esa noche.
Bill tomó asiento y, aunque visiblemente nervioso, comenzó a relatar el motivo de su distanciamiento con Kai y lo que había presenciado aquella noche.
Hubo un detalle en su relato que llamó mi atención.
Mencionó a unos vendedores de sustancias.
No pude evitar interrumpir.
—He visto a esos sujetos. Podría identificarlos si fuera necesario.
Crowe guardó silencio por un momento, analizándolo.
Luego de unos segundos, habló.
—Por ahora, lo más importante es demostrar la coartada de Kai.
Su mirada se posó en Bill.
—¿Recuerdas a qué hora lo encontraste?
—Sí... bastante bien —respondió tras pensarlo un instante—. Recuerdo la hora porque estaba hablando por teléfono cuando encontré a Kai inconsciente. Fue alrededor de la 1:40 a. m.
Hizo una pausa, tratando de ordenar sus recuerdos.
—También pasamos por una gasolinera.
Frunció el ceño de pronto, como si una idea acabara de cruzarle la mente.
—Esperen... estaba hablando con mi padre.
Crowe alzó la mirada de inmediato.
—¿Durante cuánto tiempo?
—No lo recuerdo con exactitud, pero lo llamé para avisarle que iba a llegar tarde. Le dije que estaba llevando a Kai a su casa.
El silencio que siguió fue breve, pero sentí cómo algo cambiaba en la expresión de Crowe.
Sus ojos se afilaron.
—Eso es importante.
Se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Muy importante.
Bill parpadeó, confundido.
—¿Por qué?
—Porque tu padre escuchó esa versión esa misma noche, mucho antes de que existiera una acusación formal contra Kai —explicó Crowe—. Eso vuelve tu declaración considerablemente más creíble.
Bill volvió a fruncir el ceño, claramente esforzándose por recordar más detalles.
—Creo que... también pagué con tarjeta en la gasolinera.
La expresión de Crowe cambió de inmediato.
—¿Estás seguro?
Bill asintió lentamente.
—Sí. No suelo llevar efectivo cuando viajo.
Una leve sonrisa apareció en el rostro de Crowe.
—Eso nos ayuda aún más.
Entrelazó las manos sobre el escritorio antes de continuar.
—Con el registro de la llamada, el testimonio de tu padre y ese movimiento bancario, podremos reconstruir tu recorrido con mucha más precisión.
♦
Cuando el caso finalmente comenzó a apuntar en otra dirección, no pude decir que me sorprendiera descubrir al verdadero responsable.
Pero para Kai... sabía que aquello sería otro golpe.
Dean volvió a llamarme días después.
Esta vez traía una noticia distinta.
Kai podía recibir visitas de personas cercanas.
Colgué apenas terminó de hablar.
Mi corazón latía con fuerza mientras tomaba mi abrigo, dispuesto a salir del taller de inmediato.
Quería verlo.
Lo había extrañado demasiado.
Llegué hasta la puerta, pero de pronto ya no pude moverme.
Toda la intensidad que me había impulsado hasta allí se convirtió en un peso insoportable.
El impulso del momento no me había dejado pensar con claridad.
Apreté con fuerza la chaqueta entre mis manos.
Y entonces ya no pude avanzar.
Mis dedos temblaban.
Tenía la mano sobre el picaporte.
Pero fui incapaz de abrir la puerta.