Bajo el mismo techo contigo Capitulo 29
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Capitulo 29

La verdad detrás del silencio

Las semanas pasaban y el tiempo cambiaba.

Las hojas de los árboles se habían tornado marrones y caían al suelo. El clima se volvía cada vez más frío.

Volví a mencionar el tema del dinero con Dean.

Le sugerí que, con el dinero de la venta de la casa de campo, debíamos devolver al menos una parte de lo que le debíamos a Lucian.

Sin embargo, Dean se negó.

Afirmó que lo haríamos, pero que ese dinero debía destinarse a mis estudios. Usarlo para otra cosa, según él, sería arruinar mi futuro.

No discutí.

Aunque seguía sintiendo que teníamos una deuda con Lucian que no podía ignorar.

Dormir en la habitación de Lucian se había vuelto parte de mi rutina.

Su aroma casi había desaparecido de las sábanas. Aun así, cada noche me acostaba allí, aferrándome a ese espacio como si pudiera acortar la distancia que nos separaba.

Cuanto más tiempo pasaba, más insoportable se volvía la espera.

Necesitaba que todo terminara.

Necesitaba volver a verlo.

Una mañana me desperté más tarde de lo normal.

Bajé las escaleras.

Había dos tazas de café sobre la mesa de la sala.

Parecía que alguien había estado de visita.

Dean seguía sentado en el sofá.

Me observó con atención, como si al principio dudara de qué decir.

Luego habló con firmeza.

—Kai, ven. Siéntate.

Hizo una breve pausa.

—Debemos hablar.

Me senté a su lado en silencio.

Dean mantuvo la mirada fija en el café durante unos segundos.

—El señor Crowe estuvo aquí hace un momento.

Mi mano se tensó sobre el sofá.

—¿Por qué esta vez no estuve presente?

Dean suspiró.

—Quería que te enteraras primero por mí.

Fruncí el ceño.

—¿Qué sucede?

Dean apoyó una mano sobre mi hombro.

—El caso contra ti fue cerrado.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

—¿Qué?

—Encontraron al verdadero responsable de la muerte de Sarah.

Hizo una breve pausa.

—Fue Tom.

Mi cuerpo pareció ser atravesado por un frío helado.

Mis manos comenzaron a temblar.

—Eso... eso no puede ser...

—Kai...

La voz de Dean se volvió más suave.

—Lo siento.

Tomé su mano con fuerza.

Las palabras salían torpes, apenas audibles.

—Dean...

—No tengo todos los detalles todavía, pero las pruebas fueron concluyentes.

—¿Están seguros?

—Sí.

Dean bajó la mirada.

—Y hay algo más.

Sentí un nudo en el estómago.

—Descubrieron que Sarah no fue la única víctima.

Mi respiración se volvió más pesada.

—Otra joven denunció haber sido abusada después de una fiesta. La investigación también terminó señalando a Tom como responsable.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—Además, la investigación lo relacionó con las sustancias que circulaban en esas fiestas. Al parecer, todo estaba conectado.

Dean respiró hondo antes de volver a mirarme.

—No busques respuestas en los medios. Espera a que Vincent pueda explicártelo todo con calma. Ya has pasado demasiado. No quiero que tengas que enterarte del resto por titulares o rumores.

Mi respiración se volvió irregular y mi visión comenzó a nublarse.

Las imágenes de todo el tiempo que pasé con Tom atravesaron mi mente.

Sus bromas.

Las fiestas.

Las conversaciones.

Las veces que había confiado en él.

Últimamente había sido errático, sí.

Pero no siempre había sido así.

O tal vez...

Tal vez yo simplemente no había querido verlas.

—Kai... respira más despacio.

Dean me abrazó de inmediato.

Me aferré a él mientras intentaba recuperar el control.

Pero la calma era engañosa.

Por fuera había dejado de temblar.

Por dentro, sentía que algo se había quebrado de forma irreversible.

Todos esos momentos compartidos con Tom comenzaron a verse distintos en mi mente.

Como si cada recuerdo hubiera quedado contaminado por una verdad que nunca quise ver.

Dean se apartó apenas para mirarme.

—Sé que creías que, una vez que el caso se cerrara, podrías retomar tu rutina, pero...

Hizo una breve pausa, como si escogiera con cuidado sus palabras.

—El abogado recomienda que esperes un poco más. Aunque tu identidad se mantuvo oculta al principio, ahora podrías ser señalado como un amigo cercano de Tom y la prensa podría buscarte.

Su mano apretó la mía con suavidad.

—Ten un poco más de paciencia, ¿sí?

Asentí.

Todavía no estaba preparado para procesar todo aquello.

♥

Los días siguieron pasando, pero no lograba apartar a Tom de mi cabeza.

Me encontraba en el estudio cuando escuché sonar el timbre de la puerta principal.

Los pinceles cayeron de mis manos.

Sabía que ahora tenía permitido recibir visitas.

Mi corazón se aceleró.

Tal vez...

Tal vez era él.

Bajé las escaleras casi corriendo.

Apenas abrí la puerta, alguien se abalanzó sobre mí en un abrazo tan intenso que casi me hizo perder el equilibrio.

—¡Kai! ¡Te extrañé tanto!

Era Erin.

No era quien esperaba.

Pero, aun así, su presencia me llenó de alivio.

Me aferré a su abrazo.

Cuando por fin me soltó, alcé la mirada.

Había alguien más de pie en la entrada.

Bill.

Por un instante, ninguno de los dos dijo nada.

Bill fue el primero en apartar la mirada.

Los dejé entrar junto a Erin.

Unos minutos después, nos encontrábamos en mi habitación.

Erin estaba casi recostada sobre mi cama, completamente relajada, como solía estar.

En cambio, Bill permanecía sentado en una silla, con una rigidez que delataba lo incómodo que se sentía.

Dejé unos aperitivos y bebidas sobre la pequeña mesa.

—Aquí tienen. Pueden servirse.

Bill no respondió.

Por momentos parecía esquivar mi mirada.

Erin, en cambio, se incorporó de inmediato al ver la comida.

—Gracias, Kai. Extrañaba las cosas deliciosas que siempre preparan.

Solté una pequeña risa.

Durante unos minutos, solo se escucharon los envoltorios y el sonido de Erin comiendo.

Hasta que el silencio comenzó a volverse incómodo.

De pronto, aún con la boca llena, Erin nos observó a ambos.

Y soltó, sin ningún preámbulo:

—Bill fue quien testificó a tu favor.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué?

Bill se puso de pie de golpe.

—¡Erin!

Ella bajó la mirada hacia su plato.

—¿Qué? Solo quería terminar con este silencio incómodo.

Se encogió de hombros.

—Además, parecía que ninguno de los dos iba a dar el primer paso.

Bill exhaló profundamente y volvió a sentarse.

Esta vez no apartó la mirada de mí.

—Kai, lo siento.

Su voz sonó más baja.

—No tendrías que haber pasado por todo esto si yo no hubiera sido tan obstinado... y tan prejuicioso.

Lo interrumpí de inmediato.

—¿A qué te refieres?

Bill guardó silencio durante unos segundos.

—Esa noche... la fiesta en la que Sarah desapareció... yo te encontré inconsciente en el patio.

Sentí un nudo en el estómago.

—Solo fui porque unos amigos insistieron.

Bajó la mirada antes de continuar.

—Te observé esa noche desde lejos.

Hizo una pausa.

—Y algo no me cuadraba.

Fruncí el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Te había visto tomar antes.

Su voz se volvió más cuidadosa.

—Pero aquella noche no parecías simplemente ebrio.

Lo miré fijamente.

—Estabas desorientado. Te costaba mantenerte en pie, pero no te comportabas como alguien que simplemente había bebido demasiado.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

—Yo... no recuerdo mucho de esa noche.

Bill asintió.

—Lo sé.

Sus manos se cerraron sobre sus rodillas.

—Por eso pensé que algo no estaba bien.

Hizo una breve pausa.

—Yo sabía que Tom consumía sustancias.

Bajó la mirada.

—Pensé que quizá te había convencido de seguir ese camino.

Sentí una presión en el pecho.

Bill continuó:

—Tiempo después reconocí a los sujetos a los que Tom solía comprarles. Los había visto vender con frecuencia cerca del negocio de mi madre.

Se quedó en silencio unos segundos.

—Y cuando te encontré aquella noche, estaba enojado contigo.

Su voz se quebró ligeramente.

—Me había dejado llevar por mis prejuicios.

Levantó la mirada.

—Pensé que era asunto tuyo.

Tragó saliva.

—Aun así, no podía dejarte allí.

Sentí que algo se apretaba dentro de mi pecho.

—Te llevé a tu casa.

Mi respiración se detuvo.

—¿Fuiste tú?

Bill asintió lentamente.

—Sí.

—¿Por qué no se lo dijiste a la policía?

Bill bajó la mirada.

Erin, que había estado callada hasta ese momento, interrumpió:

—Kai... Bill no sabía que te habían detenido. Tu abogado y Dean lograron mantener tu identidad ajena a los medios.

Me quedé pensando en eso unos segundos, hasta que Bill dio un paso más cerca de mí.

—Cuando me enteré de que te habían arrestado, pensé que quizá había llegado demasiado tarde.

Sus ojos se humedecieron.

—La verdad es que tenía miedo de acercarme. No sabía qué podía pasarme si terminaba involucrado en una investigación de homicidio.

Lo observé en silencio.

Finalmente, Bill continuó:

—Cuando tu abogado se puso en contacto conmigo, decidí que no podía seguir callado.

Tragó saliva.

—Así que le conté todo.

Sentí que mi respiración se detenía.

—¿Y cómo pudieron comprobarlo?

—Las cámaras de una estación de servicio registraron mi auto cuando te llevaba a casa. Esos registros coincidían con la hora en que desapareció Sarah.

Todo comenzaba a encajar.

—Bill...

Él sostuvo mi mirada.

—Lo siento.

Su voz se volvió más firme.

—Debí ser un mejor amigo para ti. En cambio, dejé que ese sujeto te alejara... y permití que mis prejuicios pesaran más que lo que realmente sabía de ti.

Negué lentamente con la cabeza.

—No... no es tu culpa.

Tragué con dificultad.

—Yo también tomé malas decisiones.

Bajé la mirada.

—Me dejé engañar.

Hubo un breve silencio.

De pronto, un recuerdo me golpeó con la fuerza de un relámpago.

Vi a Tom sosteniendo un vaso de plástico.

Sin pensar, se lo arrebaté de las manos y bebí un largo sorbo.

Su reacción fue inmediata. Me quitó el vaso con brusquedad, como si acabara de cometer un error.

Frunció el ceño.

—Eso no es para ti.

La escena desapareció tan rápido como había llegado.

Abrí los ojos de golpe.

Mi corazón comenzó a latir con violencia.

¿Había algo en aquella bebida?

No podía asegurarlo.

Pero era el primer recuerdo claro que lograba recuperar de esa noche.

—¿Qué ocurre? —preguntó Bill.

No respondí.

De pronto, escuché un sollozo.

Erin estaba llorando.

—Lo siento... estoy un poco sensible.

Los tres nos miramos.

Y, casi al mismo tiempo, comenzamos a reír.

Erin se secó las lágrimas.

—De ahora en adelante, no dejemos que nadie nos separe. ¿Está bien?

Sonreí.

—Deberías seguir comiendo.

Me burlé con suavidad.

Ella tomó otro aperitivo.

Durante unos segundos, el ambiente se sintió casi normal.

Pero una duda cruzó mi mente.

Miré a Bill.

—Bill... ¿acaso fue mi abogado quien te contactó primero?

Erin respondió antes de que él pudiera hablar.

—Yo...

Se encogió de hombros.

—Recordé aquella pelea que ustedes tuvieron en la universidad.

Bill la miró con cierta sorpresa.

—Pensé que tal vez Bill sabía algo, así que se lo conté a tu abogado —continuó Erin.

Bill asintió.

—Sí. Tu abogado se puso en contacto conmigo.

Su expresión cambió ligeramente.

—Pero yo estaba al otro lado del estado por una emergencia familiar.

Hizo una pausa.

—El amigo de tu hermano fue quien vino a buscarme.

Mi corazón dio un pequeño vuelco.

—¿El amigo de mi hermano?

Bill soltó una risa baja.

—Al principio estaba bastante reacio a venir.

Se pasó una mano por el cabello.

—Pero insistió tanto que pensé que, en cualquier momento, se pondría de rodillas con tal de que aceptara.

Se quedó inmóvil.

Su expresión cambió de golpe, como si recién fuera consciente de lo que acababa de decir.

—No... no es que realmente fuera a pedirle que lo hiciera.

Sentí que el corazón daba otro vuelco.

Un solo nombre se abrió paso en mi mente.

Levanté la mirada hacia Erin.

—¿Lucian?

Erin asintió.

Y durante unos segundos no pude decir nada.

Todo lo que había descubierto durante esas semanas comenzó a unirse en mi mente.

Dean había estado allí cada día, sosteniéndome cuando yo ya no podía hacerlo. Haciendo todo lo que estaba a su alcance por protegerme.

Y Lucian... Lucian había ido incluso más allá.

Aunque no pudiera verlo, nunca había dejado de luchar por mí.

Durante semanas me había repetido que solo esperaba el final del juicio.

Pero la verdad era otra.

Lo que realmente había esperado todo ese tiempo...

era volver a verlo.

Quería verlo.