Capitulo 28
Por ti
Nuevamente vestía la misma ropa con la que había ingresado aquel día.
Estaba arrugada y me quedaba un poco más suelta que antes.
Vincent me había explicado que mi móvil seguiría bajo custodia policial hasta nuevo aviso.
Cuando crucé aquella puerta, la luz del sol me golpeó de lleno.
Sentí su intensidad de una forma casi dolorosa, como si mis ojos hubieran olvidado cómo era el mundo exterior.
Parpadeé varias veces hasta que mi visión logró enfocarse.
Entonces lo vi.
Dean estaba a unos pasos de la entrada.
Mis pasos comenzaron a acelerarse.
Luego eché a correr hacia él.
Dean me rodeó con los brazos en cuanto llegué a su lado.
Su abrazo se sentía cálido.
Hogar.
Escuché su voz quebrarse junto a mi oído.
—Vamos a casa.
Nunca había estado tan feliz de volver a nuestro hogar.
Al llegar, solo estábamos nosotros dos.
Vincent me había explicado que, por el momento, lo mejor era no recibir visitas para no complicar el caso.
Dean también me advirtió que evitara las redes sociales y las noticias.
Aun así, el abogado había logrado impedir que mi imagen se hiciera pública.
Eso no significaba que los rumores hubieran desaparecido.
Solo que, por ahora, mi rostro seguía fuera de ellos.
Dean apoyó una mano sobre mi hombro.
Su contacto, cálido y familiar, alivió parte del peso que aún cargaba.
—Ve a cambiarte.
Hizo una pausa.
—Haré tu plato favorito.
Subí las escaleras despacio.
♥
Mi habitación estaba exactamente como la había dejado.
Aunque mi cama era lo más cómodo que podía recordar en días, aun así no lograba conciliar el sueño.
Me levanté y comencé a caminar de un lado a otro.
Cuando me di cuenta, ya estaba frente a la puerta de la habitación de Lucian.
Me quedé allí unos segundos.
Después, abrí la puerta.
Entré despacio.
Muchas de sus cosas seguían allí. Su ropa, algunos libros, objetos dispersos que aún conservaban su presencia.
Me recosté sobre su cama.
El aroma de él, aunque tenue, todavía persistía entre las sábanas.
Me envolvió por completo.
Solo entonces mi cuerpo dejó de resistirse.
Y, por primera vez desde mi arresto, caí en un sueño profundo.
♥
Sentí a alguien sentarse junto a mí.
Abrí los ojos.
Era Dean.
—¿Cómo estás? Has dormido más de doce horas seguidas.
Me incorporé apenas.
—Siento como si aún necesitara seguir descansando.
Dean rio suavemente.
—Probablemente lo necesites.
Lo miré durante unos segundos.
Había una pregunta que llevaba rondándome la cabeza desde que había despertado.
—Dean... ¿cuándo podré ver a Lucian?
Su sonrisa se desvaneció casi de inmediato.
Evitó mi mirada.
Hubo un silencio incómodo.
—¿Por qué no está aquí?
Dean tardó un instante en responder.
—Vamos, levántate un momento. Preparé algo para comer. El abogado llegará pronto.
Aquello no era una respuesta.
Sabía que, por indicación de Vincent, no debía tener contacto con nadie por el momento.
Pero la forma en que Dean evitó responder me hizo sentir un nudo en el estómago.
Por alguna razón, tuve la sensación de que había algo más.
No insistí.
Todavía.
♥
Vincent llegó poco después.
Tomamos asiento en la sala mientras Dean servía café.
Vincent observó la casa desde donde estaba sentado.
—Linda casa.
Por un momento, me pareció casi gracioso.
Era como si aquella cortesía no terminara de encajar con él.
Luego dejó la taza sobre la mesa.
—Bien. Hablemos de lo importante.
Su expresión se endureció ligeramente.
—La fiscalía aún no ha retirado los cargos. Sigues siendo sospechoso formalmente, aunque estés fuera de custodia.
Mi cuerpo volvió a tensarse.
—Cumple al pie de la letra las condiciones que te impusieron para permanecer en libertad.
Asentí en silencio.
—¿La policía podría contactarme nuevamente?
Vincent asintió.
—Podrían hacerlo. En ese caso, me llamas de inmediato y no hables con ellos sin mi presencia.
Hizo una pausa.
—Y nada de redes sociales. Nada de entrevistas. No publiques nada relacionado con el caso.
Dean intervino enseguida.
—No se preocupe. Estaré pendiente de eso.
Solté un suspiro profundo.
Dean miró a Vincent con seriedad.
—¿Cuánto tiempo tenemos antes de que la fiscalía decida cómo proceder?
Vincent entrelazó las manos sobre sus piernas.
—No hay un plazo exacto. Pueden avanzar rápido si consideran que tienen evidencia suficiente o tomarse semanas para fortalecer el caso.
Su mirada se mantuvo firme.
—Pero, si deciden avanzar formalmente, estaremos preparados.
Asentí, aunque el peso en mi pecho no disminuyó.
Un leve dolor de cabeza comenzó a pulsar en mis sienes.
Clavé la mirada en Vincent.
—¿Hay alguna pista que pueda aclarar mi caso?
Dean y Vincent intercambiaron una mirada breve.
Fue tan rápida que quizá habría pasado desapercibida en otro momento.
Pero yo estaba demasiado atento.
Vincent se acomodó en el asiento, ahora más erguido.
—Estamos revisando información que podría contradecir puntos importantes de la cronología de la fiscalía.
No pude evitar preguntar de inmediato.
—¿Esa información es realmente sólida?
Vincent no apartó la mirada de mí.
—Es prometedora. Pero en esta etapa no me interesa una teoría convincente; me interesa evidencia que pueda sostenerse ante un tribunal.
Tragué saliva.
—¿De dónde salió?
Esta vez, el silencio duró un poco más.
—Por ahora, no puedo decirte.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué?
Vincent mantuvo la calma.
—Porque revelar ciertos detalles demasiado pronto podría perjudicar la defensa.
Me recosté ligeramente contra el respaldo.
—Entonces sí saben algo.
Vincent no lo negó.
—Sabemos que vale la pena seguir esa línea de investigación.
No parecía dispuesto a decir más.
El silencio que siguió fue pesado.
Demasiado pesado.
Después de que el abogado se marchó, seguí a Dean hasta la cocina.
Mientras lo ayudaba a lavar la vajilla, la pregunta que había evitado durante todo el día volvió a mi mente.
—Dean... ¿cómo conseguiste el dinero para la fianza?
Dean, que estaba a mi lado, se giró apenas hacia mí y me dedicó una pequeña sonrisa.
—Pedí un préstamo.
Después apartó la mirada y continuó lavando, como si la conversación hubiera terminado.
Observé su expresión.
Algo no encajaba.
—¿Eso fue suficiente?
Dean dejó el plato que tenía entre las manos antes de responder.
—Kai, no deberías preocuparte por eso ahora.
Su voz fue suave, pero firme.
—Solo debes concentrarte en mantenerte fuerte.
No insistí.
Pero aquella respuesta no consiguió tranquilizarme.
Al contrario.
Me dejó con la sensación de que Dean estaba ocultándome algo.
♥
Los días pasaron.
Y Dean no volvió a tocar el tema del dinero.
Yo, en cambio, intenté refugiarme en el arte.
Pasaba horas en el estudio, escuchando música en el viejo tocadiscos, aferrándome a aquella rutina como si pudiera mantenerme a flote.
Pero los recuerdos comenzaron a invadirme.
La detención.
El frío metálico de las esposas en mis muñecas.
Las miradas.
El señalamiento.
La impotencia.
Sentí cómo mi respiración se agitaba.
Tomé el pincel.
Mis trazos fueron rápidos, bruscos, casi violentos.
El lienzo comenzó a llenarse de manchas oscuras y líneas desordenadas. Los colores se mezclaban unos sobre otros, como si intentara arrancar de allí todo lo que no podía decir en voz alta.
Me hundí por completo en ello.
Cada pincelada parecía liberar un poco de la presión que llevaba acumulada en el pecho.
Cuando terminé, solté el pincel.
El silencio me golpeó de lleno.
Contemplé el lienzo durante unos segundos.
No parecía una pintura.
Parecía una herida abierta.
Las piernas me fallaron.
Caí de rodillas frente al cuadro y me cubrí la boca con ambas manos, conteniendo a duras penas el grito que amenazaba con escapar de mi garganta.
No sabía cuánto tiempo permanecí allí.
Solo sabía que todavía tenía miedo.
♥
Vincent nos visitó nuevamente.
Había pasado más de una semana.
Tomó asiento frente a mí y entrelazó las manos sobre sus rodillas.
—Las cosas han cambiado.
Sentí que mi cuerpo se tensaba.
—¿Qué ocurrió?
Vincent sostuvo mi mirada.
—La evidencia que la fiscalía tenía contra ti acaba de debilitarse considerablemente.
Sentí que dejaba de respirar por un segundo.
—¿Cómo?
—Apareció un testigo cuya declaración contradice puntos clave de la acusación.
Mi garganta se secó.
—¿Un testigo?
—Sí.
Vincent hizo una pausa.
—Su testimonio, sumado a nueva evidencia, afecta seriamente la cronología que la fiscalía estaba utilizando para vincularte con el crimen.
Tragué con dificultad.
—¿Eso significa que ya no me consideran sospechoso?
Vincent negó lentamente.
—La investigación sigue abierta. Pero ya no eres el centro de su teoría como lo eras antes.
Sentí que una pequeña parte de la presión sobre mi pecho comenzaba a ceder.
—¿Quién fue?
Hubo una breve pausa.
—Por ahora, esa información es confidencial.
Fruncí el ceño.
—¿Confidencial... incluso para mí?
—Sí.
Su respuesta fue inmediata y firme.
Una mezcla de frustración e incredulidad me atravesó.
—¿Cómo se supone que no pregunte quién me ayudó?
Vincent mantuvo la compostura.
—Porque en este momento, Kai, lo importante es proteger la evidencia y a las personas que están colaborando con nosotros.
Se inclinó apenas hacia delante.
—Cuanto menos sepan las personas involucradas, menos posibilidades habrá de que alguien interfiera.
Apreté la mandíbula.
—¿Entonces puedo volver a hacer mi vida?
Vincent negó ligeramente con la cabeza.
—No del todo.
Hizo una pausa.
—Mi consejo es que permanezcas en casa por ahora. Evita la exposición pública, no hables del caso con terceros y sé prudente con las personas que dejas entrar.
—¿Puedo recibir visitas?
—Sí. Pero solo de personas de confianza.
Me puse de pie de inmediato.
La felicidad apenas me cabía en el pecho.
Dean me envolvió en un abrazo fuerte, casi sofocante.
Aún entre sus brazos, alcé la mirada hacia Vincent.
—Muchas gracias, señor Crowe.
Mi voz se quebró ligeramente.
—De verdad.
Él respondió con una leve sonrisa de lado.
—Era mi trabajo, muchacho.
Hizo una pausa.
—Ahora solo tienes que hacer tu parte y mantenerte fuera de problemas.
Luego dejó escapar un breve suspiro.
—Bien, debo retirarme.
Dean palmeó mi hombro.
—Acompáñalo a la salida, Kai. Enseguida regreso.
Después subió las escaleras.
Vincent y yo nos dirigimos hacia la puerta principal.
Al llegar al umbral, Vincent alzó la vista hacia el cielo y volvió a suspirar.
—Al fin podré pegar un ojo esta noche.
Se acomodó el saco con evidente cansancio.
—Espero no tener que ver a ese chico otra vez. Me arrastró de un lado a otro sin parar.
Me detuve.
—¿Ese chico?
Vincent pareció darse cuenta demasiado tarde de lo que acababa de decir.
Continuó hablando, casi como si hablara consigo mismo.
—Nunca había recibido tanta presión para trabajar. Al menos obtuve una buena motocicleta de colección como parte del pago.
Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.
Lo sujeté suavemente de la manga antes de que pudiera avanzar.
—¿A quién se refiere?
Mi voz salió más débil de lo que esperaba.
Vincent me miró.
—Usted... ¿habla de Lucian?
Sus cejas se crisparon apenas.
Por un instante, pareció arrepentirse de haber hablado.
Luego suspiró.
—Solo oír su nombre vuelve a estresarme.
Retiró con suavidad su brazo de mi agarre.
—Bien, Kai. Nos mantendremos en contacto.
Su tono volvió a ser el de siempre: sobrio, profesional.
—Llámame si alguien intenta contactarte por este caso.
Se marchó después de eso.
Me quedé inmóvil en la entrada, observando cómo se alejaba.
Procesando lo que acababa de oír.
La motocicleta.
La presión.
El abogado.
Todo encajaba de repente.
Mis piernas parecían haber perdido toda su fuerza.
Aun así, subí las escaleras con prisa, casi tropezando.
Cuando entré en la habitación, Dean estaba de pie junto a la cama, con el celular aún en la mano. Parecía haber terminado de hablar con alguien.
Mi voz salió más alta de lo que pretendía.
—Dean... ¿cómo conseguiste realmente el dinero de la fianza?
Di un paso hacia él.
—Por favor. Dime la verdad.
Dean me observó en silencio durante unos segundos.
Luego bajó la mirada, como si ya no pudiera sostener la mía.
Su voz fue apenas un murmullo.
—Intenté adelantar la venta de la casa de campo que papá nos dejó, pero fue imposible.
Hizo una pausa.
—Pedí un préstamo en el banco.
Apretó las manos.
—No fue suficiente.
Sentí que mi pecho comenzaba a tensarse.
Dean apretó la mandíbula.
Sus ojos parecieron humedecerse.
—Lucian cubrió el resto.
El mundo a mi alrededor pareció detenerse.
No dije nada.
No podía.
Dean tragó con dificultad antes de continuar.
—Vendió sus pertenencias.
Cada palabra cayó sobre mí como un golpe.
—Su motocicleta... su auto... prácticamente todo lo que tenía.
Sentí que me faltaba el aire.
—¿Vendió su motocicleta?
Dean asintió.
—Sí.
Miré hacia el suelo.
La imagen de aquella moto cruzó por mi mente.
Recordé lo importante que era para él.
Recordé cuánto cuidaba cada una de sus cosas.
Y ahora las había vendido.
Por mí.
Dean finalmente alzó la mirada.
Había dolor en sus ojos.
—Él tampoco se detuvo ahí.
Su voz se quebró apenas.
—También consiguió al abogado.
Mis labios se separaron, pero ninguna palabra salió.
Todo aquello que había ocurrido mientras yo estaba encerrado.
Lucian había estado moviéndose en silencio para ayudarme.
—Vincent Crowe es uno de los mejores abogados penales.
Dean bajó la mirada una vez más.
—Lucian no quería que lo supieras.
Me quedé completamente inmóvil.
Por primera vez desde que había salido de prisión, sentí que no podía respirar por una razón diferente.
Sus palabras quedaron como un eco en mi mente.