Capitulo 25
La verdad que no recuerdo
Dos oficiales de policía estaban en la puerta.
Uno de ellos dio un paso al frente.
—Buenas tardes, señores.
—Estamos buscando a Kai Foster.
Por un momento, no pude reaccionar.
Dean habló primero.
—¿Por qué buscan a mi hermano? ¿Qué sucede?
Su tono fue firme.
—Solo necesitamos que nos acompañe a la estación para hacerle algunas preguntas sobre Sarah Henkins.
Al oír ese nombre, un escalofrío me recorrió la espalda.
Avancé hacia ellos, todavía sintiéndome en trance.
Dean me sujetó del brazo.
El oficial lo observó antes de responder.
—Puede seguirnos en su auto. No se preocupe, señor. Solo serán unas preguntas.
—Podrá recibir más información en el departamento.
Miré a Lucian antes de subir al auto con ellos.
—Iremos detrás de ti.
Su voz era serena.
Pero había tensión en su mirada.
♥
Cuando llegamos a la estación, nadie nos dio una explicación.
Un oficial me recibió y me pidió mi identificación.
Luego aguardamos en un pasillo largo.
Las puertas se abrían y cerraban. Los teléfonos sonaban constantemente. La gente iba y venía.
Había olor a café viejo en el ambiente.
Me recliné hacia adelante, apoyé los brazos sobre mis rodillas y apreté los puños con fuerza.
De pronto, Dean puso su mano sobre la mía.
Lo miré a los ojos.
Parecía a punto de decir algo cuando un oficial pronunció mi nombre desde una de las salas.
Entré junto al oficial.
Pero Dean y Lucian fueron detenidos en la puerta.
—Lo siento, señores. No pueden pasar.
Dean dio un paso al frente de inmediato.
—¿Por qué? Quiero estar presente.
El oficial mantuvo un tono amable.
—Lo siento. Necesitamos hablar con él en privado. Les avisaremos cuando hayamos terminado.
Dean me miró de repente.
Había una impotencia dolorosa en sus ojos.
Y entonces, la puerta se cerró frente a mí.
Lo último que vi antes de que se cerrara por completo fue a Lucian, inmóvil a unos pasos de distancia, mirándome en silencio, como si quisiera que entendiera que seguía ahí.
La sala era simple y fría.
Una mesa.
Tres sillas.
Paredes grises.
Nada más.
Aun así, el lugar resultaba sofocante.
El detective dejó una grabadora sobre la mesa y presionó un botón.
Una pequeña luz roja se encendió.
—Para el registro, indique su nombre completo y edad.
Tragué saliva.
—Kai Foster. Diecinueve años.
El detective asintió sin apartar la vista de mí.
—Bien, Kai.
Abrió una carpeta sobre el escritorio.
—Empecemos por algo simple. ¿Cómo conoció a Sarah Henkins?
—En una fiesta. Era de un conocido de la universidad.
—¿Qué tipo de relación tenía con ella?
—Ninguna, en realidad. Solo hablé con ella un par de veces en algunas fiestas.
El detective hizo una pequeña anotación.
—¿Se encontraba en la fiesta la noche en que Sarah fue vista por última vez?
—Sí.
—¿Qué recuerda de esa noche?
—No demasiado... Fue hace meses. Había mucha gente, música alta... Bebí un poco.
—¿Esa noche tuvo contacto o habló con ella?
—Recuerdo estar un poco mareado, así que salí al patio trasero. Ella estaba allí. Parecía tener frío, así que me acerqué y le presté mi chaqueta.
El detective levantó la mirada.
—¿Le prestó su chaqueta?
—Sí.
—¿Se la pidió de vuelta?
Negué con la cabeza.
—No. Me fui antes.
—¿Qué ocurrió después?
—Me dijo que necesitaba sentarse un momento porque tal vez había bebido demasiado. La acompañé hasta un banco en el patio y luego me alejé. No recuerdo haber visto a nadie más.
—¿Está seguro, Kai? Piénselo bien.
—No estoy seguro. Para entonces estaba bastante mareado. Recuerdo que intenté regresar adentro porque no me sentía bien.
El detective entrecerró ligeramente los ojos.
—¿Cuándo fue la última vez que vio a Sarah con vida?
Intenté recordar.
—Cuando me alejé de ella en el patio.
—¿La vio subir a algún vehículo?
—No.
—¿Alguien puede confirmar que usted regresó a la casa después de hablar con ella?
Fruncí el ceño.
—No lo sé.
El detective dejó el bolígrafo sobre la mesa.
—¿Cómo llegó a su casa esa noche?
Tragué saliva.
—No lo recuerdo.
El detective no apartó la mirada.
—¿Dónde estaba a la 1:30 a. m.?
—No lo recuerdo.
Bajó la mirada hacia la carpeta.
—Es curioso. Hace unos minutos recordó que salió al patio, habló con Sarah y luego intentó regresar a la casa. Pero ahora no recuerda dónde estaba unos minutos después.
Un sabor amargo me subió por la garganta.
Por un segundo, intenté aferrarme a algún recuerdo... pero solo encontré vacío.
—Yo... había tomado demasiado. No lo recuerdo.
El detective guardó silencio durante unos segundos.
Luego cambió ligeramente el tono.
—Kai... necesitamos tomarle una muestra de ADN.
Levanté la mirada.
—¿ADN?
—Solo le pasarán un hisopo por la mejilla. Es un procedimiento rápido. Necesitamos una muestra de referencia para compararla con el perfil genético que recuperamos durante la investigación.
Su voz era calmada.
Amable, incluso.
Pero eso no hizo que el nudo en mi estómago desapareciera.
Asentí.
—Está bien.
Solo quería irme de allí.
La habitación, que al principio me había parecido pequeña, ahora se sentía enorme.
La distancia entre la puerta y yo parecía interminable.
Todo ocurrió con rapidez después de eso.
Un hombre entró en la sala con el material para la toma de muestra. Apenas habló. Solo me pidió que abriera la boca y pasó el hisopo por el interior de mi mejilla.
El procedimiento duró menos de un minuto.
Cuando terminaron, el detective cerró la carpeta.
—Puede esperar en la sala junto a su familiar mientras realizamos la comparación.
Asentí en silencio.
Al menos ya no tendría que seguir respondiendo preguntas.
Eso bastaba para que el peso sobre mi pecho se aligerara un poco.
Intenté aferrarme a ese pequeño alivio.
Todo estaría bien.
Tenía que estarlo.
No había hecho nada.
Solo debía esperar.
Salí de la sala y me guiaron por el pasillo hasta donde estaban Dean y Lucian esperando.
Dean se apresuró a acercarse y me abrazó.
—¿Estás bien? Te veo un poco pálido.
Me aferré a él un segundo, como si eso me mantuviera en pie.
—Estoy bien... Me hicieron algunas preguntas.
Me senté en la silla junto a Dean.
Lucian estaba de pie a un lado.
Me miró y preguntó con cautela:
—Cuéntanos... ¿qué sucedió?
Les conté lo que recordaba de aquella noche y las preguntas que me habían hecho.
También les hablé de la chaqueta y de la muestra de ADN.
—Me dijeron que esperara los resultados.
Lucian frunció el ceño.
—¿Te preguntaron por tu chaqueta?
Asentí.
—Sí. Les dije que se la presté a Sarah en la fiesta.
Dean intercambió una mirada con Lucian.
—¿Y qué más preguntaron? —dijo Dean.
—Dónde estaba a la 1:30. Cómo llegué a casa. Si alguien podía confirmar que regresé a la fiesta...
Mi voz fue apagándose.
—No pude recordar nada.
Dean me apretó suavemente el hombro.
—Eso no significa que hayas hecho algo.
Quise creerle.
Miré el reloj de la pared.
Las agujas parecían avanzar demasiado despacio.
Lucian se apartó unos pasos y sacó su teléfono.
—Haré unas llamadas.
No explicó a quién.
Simplemente comenzó a hablar en voz baja.
Pasaron varios minutos.
Luego, más.
Dean intentó distraerme con pequeños comentarios, pero apenas podía escucharlo.
Cada vez que se abría una puerta al final del pasillo, levantaba la cabeza.
Esperaba que alguien apareciera con los resultados.
Esperaba que dijeran que todo estaba bien.
Una hora después, seguíamos allí.
Lucian continuaba hablando por teléfono, apartado de nosotros.
Yo miraba mis manos.
Había dejado de sentirlas.
—¿Crees que tardarán mucho más? —pregunté.
Dean me miró.
—No lo sé.
Intentó sonreír.
—Pero pronto podremos irnos.
Asentí.
Quise aferrarme a esas palabras.
Entonces, la puerta volvió a abrirse.
De golpe.
—Kai Foster. Necesitamos que nos acompañe nuevamente.
El aire pareció abandonar mis pulmones.
Intenté ponerme de pie, pero las piernas me temblaron.
Dean se levantó de inmediato.
Su mirada pasó por mi rostro y se detuvo apenas un segundo.
Fue suficiente.
Su expresión se endureció.
—Yo voy con él.
El detective negó con la cabeza.
—Lo siento. Debe entrar solo.
Dean no se movió.
—No.
Su voz fue baja.
Controlada.
Eso la hizo más intimidante.
—Ha estado aquí durante horas. Apenas puede mantenerse en pie y ustedes quieren seguir interrogándolo.
El detective mantuvo la calma.
—Solo serán unas preguntas más.
Dean dio un paso al frente.
—Entonces no responderá una sola pregunta más sin un abogado presente.
El silencio cayó entre ambos.
Dean no apartó la mirada.
—Si insisten en continuar ahora, yo entraré con él. De lo contrario, esperaremos a mi abogado.
Sus dedos rozaron mi brazo.
Un gesto pequeño.
Pero firme.
—Kai no vuelve a entrar solo.
El detective nos observó durante unos segundos.
Finalmente, se apartó.
—Está bien.
Volvimos a la sala de interrogatorio juntos.
Esta vez, algo había cambiado.
El aire se sentía más pesado que antes.
El detective se sentó frente a nosotros y abrió una carpeta sobre la mesa.
Deslizó unos papeles hacia adelante.
—Kai Foster...
Hizo una pausa breve.
Sentí que el estómago se me hundía.
Dean se tensó a mi lado.
El detective entrelazó los dedos.
—Ya tenemos el resultado de la comparación genética.
Sentí que el aire se detenía.
—El perfil obtenido de su muestra coincide con el material genético recuperado de la víctima.
Su chaqueta fue encontrada en la escena.
Dean no dijo nada.
Solo apretó la mandíbula.
—Y no tiene una coartada verificable para esa noche.
El silencio se estiró.
El detective me observó sin parpadear.
—Ayúdenos a entender qué pasó.
Su tono bajó un poco.
Menos pregunta.
Más presión.
—Porque ahora mismo, todo apunta a usted.
Me quedé inmóvil.
No podía procesar las palabras.
El detective fue todavía más directo.
—El material genético recuperado de la víctima coincide con el perfil de Kai Foster.
El silencio fue inmediato.
Sentí que el aire se volvía más pesado.
Mi garganta se cerró.
—No... Eso no...
Las palabras no salían bien.
Tragué saliva.
Miré a Dean, desesperado.
—Dean... Yo no lo hice.
El detective no apartó la vista.
El pecho se me apretó.
—Kai, no digas más nada —intervino Dean, firme.
Se inclinó apenas hacia adelante.
—Pediré un abogado.
El detective sostuvo su mirada unos segundos.
Luego se recostó en la silla.
—De acuerdo —dijo con calma—. El interrogatorio queda suspendido.
Tomó la carpeta y comenzó a reunir los documentos.
—A partir de este momento, no responderá ninguna otra pregunta hasta que esté presente su abogado.
Entonces miró hacia mí.
—Kai Foster, queda detenido como sospechoso en la investigación por la muerte de Sarah Henkins.
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
El oficial comenzó a leerme mis derechos.
—Tiene derecho a permanecer en silencio. Todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra...
Ya no podía escuchar lo que seguía.
Era como un eco lejano, distorsionado.
Mis manos temblaban.
No podía procesar lo que acababa de suceder.
Dos oficiales se acercaron.
Me levantaron de la silla.
Las esposas frías cerrándose sobre mis muñecas me hicieron reaccionar demasiado tarde.
Me sacaron de la sala.
—Dean...
Lo miré sin poder decir más.
—Kai, no digas nada más hasta que llegue el abogado —dijo él, firme.
Giré la cabeza.
Lucian venía hacia mí rápidamente.
Pero dos oficiales lo detuvieron antes de que pudiera acercarse.
Por un instante, nuestras miradas se encontraron.
No dijo nada.
Pero pude verlo.
La tensión en su rostro.
El miedo que intentaba ocultar.
El trayecto fue corto, pero no sentí el tiempo.
Me despojaron de mis pertenencias.
El sonido de objetos metálicos sobre una bandeja se mezclaba con voces que no terminaba de procesar.
Luego, un pasillo largo.
Luz blanca.
Puertas cerradas.
Hasta que se detuvieron frente a una celda.
La puerta se abrió con un chasquido seco.
El interior era pequeño.
Demasiado.
Una cama de estructura metálica contra la pared, con un colchón fino y desgastado, fijado como si no pudiera moverse.
En una esquina había un inodoro de acero sin ninguna privacidad, expuesto, frío.
Y una cámara en lo alto, parpadeando con una pequeña luz roja.
Las paredes eran claras, casi grises, pero no transmitían limpieza.
Solo desgaste.
Como si el lugar no hubiera sido pensado para ser habitado, sino para contener.
El silencio dentro era distinto al de afuera.
Más pesado.
La puerta se cerró detrás de mí.
Mi corazón empezó a latir sin control.
Sentía que cada vez me faltaba más el aire.
Mi visión se nubló.
Caí de rodillas sobre el piso frío, sin fuerzas para sostenerme.
Las lágrimas salieron sin control.
Estaba...
Solo.