Capitulo 23
Solo él
Me encontraba sentado en el suelo, con la cabeza hacia atrás, apoyada contra el colchón de la cama.
—Entonces eso fue lo que sucedió...
—¿Y planeas esconderte en mi casa? —preguntó Erin.
—¿Qué más puedo hacer?
—Me sorprende un poco que estés aquí. En otra ocasión irías a desahogarte a una fiesta con Tom.
Lo que Erin decía era cierto, o al menos así había sido hasta hacía poco. Pero todo había cambiado desde que Lucian llegó.
Lo pensé unos segundos.
—Bill y tú tenían razón. Ese estilo de vida... con gente que en realidad no conocía, era el camino fácil. Solo intentaba llenar un vacío.
Respiré profundamente.
—Ya no necesito eso.
Nos quedamos en silencio unos minutos.
—Kai... después de todo lo que me dices, no puedo creer que él te sea indiferente.
Cerré los ojos un momento.
—Tal vez confundí su amabilidad con algo más. Debe verme como un hermano pequeño al que cuidar.
Verbalizarlo hizo que sintiera una punzada aguda en el pecho.
Mis manos se tensaron sobre la alfombra.
—No puedo creer eso —dijo ella con firmeza.
La miré de repente.
—¿Qué estás haciendo?
Erin estaba acostada boca arriba, con las piernas completamente elevadas.
—Me ayuda a pensar.
No pude evitar reír.
Le lancé una almohada.
—¡Oye! Estoy pensando. Deberíamos armar un plan de ataque.
—No vamos a invadir ninguna frontera.
Ella rió.
—Ojalá pudiese leerle la mano...
—Otra vez con tus cosas.
—Acerté en todo, ¿no crees?
Ahora que lo pensaba con detenimiento, así había sido.
—Entonces diría que no. Me asusta la respuesta.
—¿Prefieres seguir en la agonía de no saber?
Suspiré sin responder.
—Te lo vuelvo a repetir, Kai. No creo que él no sienta algo por ti.
—¿Debería hacer un muñeco vudú y pincharle los ojos?
—Deja de decir tonterías.
Sabía que solo quería animarme.
—No podría odiarlo aunque quisiera.
♥
Erin insistió en acompañarme a casa esa tarde. Según ella, debía devolverle unos libros con urgencia. Algo en mí me decía que no era así.
La casa estaba en silencio. Parecía que Dean y Lucian aún no habían llegado.
—Kai, ¿tienes algo para comer?
—Acabamos de comer en tu casa.
—Sí, pero ustedes siempre tienen algo delicioso en el refrigerador.
Rió como siempre.
Puse los ojos en blanco.
—Bien, puedes habitar la cocina... o, más bien, atacarla mientras voy a buscar tus cosas.
La puerta de la habitación de Lucian estaba cerrada. Me detuve un momento frente a ella, en medio del pasillo.
No habíamos vuelto a hablar después de aquello.
No sabía cómo actuar frente a él ni qué debía decir.
Estar en casa... se sentía difícil. El aire parecía más denso.
Respiré hondo y entré en mi habitación.
Busqué los libros de Erin. Demoré más de la cuenta en encontrarlos; los tenía desde hacía tiempo y ya no recordaba dónde los había guardado.
Cuando por fin reuní todo, bajé las escaleras y fui hacia la cocina.
La imagen me tomó completamente por sorpresa.
Me quedé inmóvil, observando.
La puerta trasera de la cocina estaba abierta.
Lucian tenía una mirada intensa. Había ira en ella.
Sujetaba a Tom de la camiseta contra el marco de la puerta.
Tom lo observaba con la misma intensidad.
Miré alrededor de la cocina.
Erin no estaba por ningún lado.
Ninguno de los dos pareció notar mi presencia.
De repente, Lucian habló con voz elevada.
—Ya lárgate.
Lo soltó con un leve empujón hacia afuera de la casa.
Tom lo observó unos segundos antes de irse sin decir una sola palabra.
Cuando Lucian se giró, su expresión seguía siendo dura.
Me sentía extrañamente desconectado de la situación.
Nuestras miradas se cruzaron.
Mi mente reaccionó antes que mi razón. Hablé con más firmeza de la que pretendía.
—Sé que él no te agrada, pero no deberías echarlo de la casa de esa forma.
En el instante en que lo dije, sentí que me había equivocado.
Me pareció ver cómo su mirada se tensaba por un segundo, como si mi reacción no hubiera sido la que esperaba.
Luego apartó la vista y caminó hasta detenerse a mi lado.
—Ventila un poco antes de que llegue Dean. Apesta.
Y después se fue sin mirarme.
Solo entonces noté el olor extraño que impregnaba el ambiente. Pesado. Amargo.
Cuando me detuve a pensar, me di cuenta de que había sido un idiota.
Salí detrás de Lucian.
Pero, al llegar a la sala, escuché el ruido de un motor.
Abrí la puerta principal.
Lucian se alejaba a toda velocidad en la motocicleta.
Me quedé inmóvil unos segundos, observándolo desaparecer calle abajo.
¿Qué era lo que había sucedido?
Por más que esperé, Lucian no regresó esa noche.
♥
Al día siguiente tampoco vi a Erin en la universidad.
No había mensajes de Tom en mi móvil.
Le envié un mensaje a Erin.
“¿Te encuentras bien?”
Demoró un poco en responder.
“Debemos hablar. Ven luego de clases.”
Intenté llamarla cuando vi su mensaje, pero no respondió.
Salí de la universidad por la tarde y fui directo a su casa.
Cuando llegué, me encontré con su madre en la entrada.
—Kai, ¿cómo estás? ¿Vienes a ver a Erin?
—Buenas tardes, señora Hale. Sí... así es.
—Pasa, está en su habitación. Ha tenido fiebre todo el día.
—Debo hacer unas compras. Regreso en un momento.
Subí hasta su habitación.
Dormía profundamente.
Me senté a su lado sobre la cama.
Apoyé la mano en su mejilla. Seguía caliente.
Había un paño húmedo descansando sobre la mesa de noche.
Lo tomé y lo acomodé con cuidado sobre su frente.
Ella abrió lentamente los ojos.
—Kai...
—Tonta, estaba preocupado. ¿Por qué no me llamaste?
Me dedicó una pequeña sonrisa. Se veía agotada.
—Lo siento. Dormí todo el día.
—¿Cómo está Lucian? Debo agradecerle.
Sentí un nudo formarse en mi estómago.
—¿De qué hablas?
Ella me miró con cansancio.
—¿Él no te lo dijo?
Negué lentamente.
—Me defendió de Tom anoche. Por la expresión que tienes ahora, supongo que no sabes nada...
—Erin... por favor, dime qué sucedió.
Se incorporó con dificultad contra el respaldo de la cama.
—Anoche estaba en la cocina de tu casa buscando algo para comer mientras tú subías. Entonces escuché un ruido.
Desvió la mirada un instante antes de continuar.
—Cuando me giré, Tom estaba ahí. Mirándome. No sé cómo abrió la puerta trasera.
Tragué saliva.
—Su expresión no era la de siempre. Estaba... ido. Ya sabes a qué me refiero, Kai.
Sus dedos se aferraron ligeramente a las sábanas.
—Empezó a decir un montón de basura. Que yo no era buena para ti. Que nunca podría entenderte como él.
Soltó una pequeña risa sin humor.
—Y sabes que él nunca me agradó, así que no pude quedarme callada. Le dije que estaba delirando si creía que iba a alejarme de ti. Puede que también lo insultara un poco.
Por un momento pareció divertida, pero la expresión desapareció rápidamente de su rostro.
—Después comenzó a acercarse. Y... Kai, daba miedo.
Mi pecho se tensó.
—Me arrinconó contra la puerta y me sujetó del brazo. Estaba lista para golpearlo, pero cuando me tocó...
Su voz se apagó apenas un segundo.
—Sentí algo horrible. Me congelé.
La habitación quedó en silencio.
—Entonces apareció Lucian. Lo obligó a soltarme.
Bajó la mirada hacia sus manos.
—La sensación que Tom me dejó fue demasiado intensa. Solo quería irme de ahí.
En ese momento noté cómo se acariciaba el brazo distraídamente.
Lo sujeté con cuidado y bajé un poco la manga de su ropa.
Había marcas violáceas sobre su piel.
Por un instante, vi rojo.
Me puse de pie de inmediato.
Intenté salir de la habitación, pero Erin me sujetó desde atrás en un abrazo.
—¡Kai, espera! No te estoy contando esto para que vayas a pelear con él. Solo... aléjate de Tom, por favor.
Intenté respirar más lento.
Me aparté con suavidad y la abracé con fuerza.
—Lo sé... pero hay cosas que debo dejar claras con él. No te preocupes.
Después de eso, me fui.
Para entonces había caído la noche.
♥
La música sonaba tan fuerte que hacía vibrar las paredes de la casa.
Tom no respondía el celular. Aun así, sabía que estaría allí. Teníamos conocidos en común.
Aún no era medianoche y ya podía ver personas intentando mantenerse en pie, tambaleándose. Algunos discutían a los gritos por cosas sin sentido.
Entré en la casa.
Era un desorden.
No era el tipo de fiestas a las que solía ir con Tom. O, al menos, no las que él frecuentaba cuando estaba conmigo.
El aire estaba cargado de humo, alcohol derramado y algo más difícil de identificar.
Personas apoyadas contra las paredes reían sin motivo aparente. Otras parecían demasiado ausentes para notar lo que ocurría a su alrededor.
Subí las escaleras.
Al pasar frente a una habitación abierta, aparté la vista de inmediato.
Había parejas que parecían no preocuparse por quién pudiera verlas.
Toda la escena me revolvía el estómago.
Avancé por el pasillo de la planta alta.
Al final había un pequeño balcón que daba al patio trasero.
Había alguien allí.
—¿Qué haces aquí?
Lo soltó sin siquiera mirarme. Sostenía un cigarrillo entre los dedos y una botella en la otra mano.
—¿Dónde más podría encontrarte? No has aparecido por la universidad en días.
Se giró apenas.
Su rostro lucía cansado. Tenía los ojos enrojecidos.
—¿Vienes a defender el honor de la damisela?
Mi puño se tensó al instante.
—Estoy intentando contenerme, Tom. No me provoques.
Por fin se volvió completamente hacia mí.
Dejó la botella sobre la baranda y exhaló lentamente el humo del cigarrillo.
—Solo hazlo. Si eso te hace sentir mejor.
¿Acaso se lo estaba tomando a la ligera o realmente quería que lo golpeara?
Mi voz salió más alta de lo que pretendía.
—Cruzaste una línea. Erin es mi familia. No vuelvas a acercarte a ella.
Tom avanzó despacio hasta quedar a un solo paso de distancia.
Me observó unos segundos antes de hablar.
—¿Y qué hay de mí?
Sentí que algo se hundía en mi estómago.
—¿Qué soy para ti?
No retrocedí.
—¿De qué estás hablando?
—Sabes exactamente a qué me refiero.
Su mirada no se apartó de la mía.
—Tú me obligas a actuar de esta manera. Últimamente siempre eliges a otros antes que a mí. Corres detrás de ese sujeto... Todo estaba bien antes de que él apareciera. Nunca me habías apartado así.
Sabía que hablaba de Lucian.
Sentí un nudo formarse en la garganta.
—No hables de él.
Algo cambió en sus ojos.
—Él no corresponde a tus sentimientos, Kai.
Sus palabras me tomaron por sorpresa.
La seguridad con la que lo dijo me hizo sentir un escalofrío.
Por un instante no pude responder.
Tom continuó, esta vez con una voz más baja.
—Yo podría ser esa persona para ti.
Dio un paso más cerca.
—Si lo que buscas en él es eso...
Su mirada descendió apenas, recorriéndome de una forma que me revolvió el estómago.
—Yo también podría dártelo.
Entonces sujetó mi muñeca.
Lo aparté de inmediato.
—No.
La sorpresa cruzó su rostro.
Respiré hondo antes de hablar.
—No voy a poner en duda lo que sientes.
Por un instante, algo parecido a esperanza cruzó su expresión.
—Pero tus motivos están mal.
El cambio fue inmediato.
—Y para mí...
Tragué saliva.
—Siempre va a ser solo él.
Me di vuelta, dispuesto a marcharme.
Escuché una risa amarga detrás de mí.
—Llevas meses persiguiendo a alguien que ni siquiera es capaz de decirte que te quiere.
—¿Vas a esperarlo incluso si nunca se decide?
No me giré.
—Aun así lo esperaría.
Cerré los ojos un instante.
—El tiempo que haga falta.
El silencio se prolongó unos segundos.
—Ya no vuelvas a acercarte a mí ni a mi familia.
Me fui sin mirar atrás.
♥
Llegué muy tarde a casa esa noche. Simplemente necesitaba caminar y despejar mis pensamientos.
La casa estaba en silencio. Todas las luces estaban apagadas.
Tomé una ducha caliente y salí de nuevo al pasillo.
Mis pasos se dirigieron por sí solos hacia la puerta frente a mi habitación.
No sabía si tocar.
Me quedé allí unos minutos, con la mirada baja.
Pensando en qué decir.
De pronto, la puerta se abrió.
La poca luz que salía de la habitación apenas me iluminó.
—¿Estás bien?
Su tono fue bajo.
Elevé la mirada hasta encontrarme con la suya.
—Lucian...
No pensé que seguiría despierto a esa hora.
—Quería disculparme contigo. Debí haberte preguntado antes. De verdad lo siento. Confío en ti.
—Está bien.
—No... no lo estuvo. También decidí alejarme de Tom.
Todo mi cuerpo se tensó. Sentía el aire atrapado en mi pecho.
—Es bueno... si ahora ya lo sabes.
—No estoy enojado, Kai.
Lucian levantó la mano.
Sentí que iba a acariciar mi cabello, como siempre hacía.
Quería que lo hiciera.
Y, más que eso, quería que me abrazara como otras veces.
Pero se detuvo a mitad de camino.
Sus dedos quedaron suspendidos a pocos centímetros de mi cabello.
Como si luchara contra algo dentro de sí.
Retrocedió un paso, como si necesitara poner distancia entre nosotros.
Finalmente, cerró la mano lentamente.
Aun estando frente a mí, me sentí solo en ese pasillo.
Sentí mis ojos humedecerse.
Estar así con él comenzaba a doler.
Lucian pareció ver directamente dentro de mí.
Solo me devolvió una sonrisa cálida.
—Intenta descansar.
Bajó la mirada y volvió al interior de su habitación.
La puerta se cerró lentamente.
Me quedé inmóvil frente a ella.
Nunca una sonrisa había dolido tanto.
Sin decir una sola palabra, me estaba arrojando lejos.