Capitulo 22
Te encontré
Los pasillos de la universidad estaban tan transitados como de costumbre. Las primeras clases habían terminado y la mayoría de los estudiantes aprovechaba el descanso intermedio antes de volver a sus aulas.
Aun así, algo en el ambiente se sentía diferente. Más... pesado.
Erin me jaló suavemente del brazo mientras caminábamos hacia la cafetería.
—Kai... ¿No crees que pasa algo extraño?
Levanté la mirada con más atención.
Pequeños grupos se reunían por todas partes. Muchos estudiantes observaban las pantallas de sus teléfonos mientras susurraban entre ellos.
Fue entonces cuando vi a una compañera de nuestra clase acercándose en nuestra dirección.
—Ellie... disculpa. ¿Qué sucede?
Ella seguía mirando la pantalla de su celular hasta que levantó la vista hacia nosotros, sorprendida.
—¿Aún no lo saben?
Giró el teléfono para mostrárnoslo.
—Es Sarah... la estudiante que creían desaparecida. Encontraron su cuerpo hace unos días.
Erin se llevó una mano a la boca, intentando contener la impresión ante una noticia tan horrible.
Sentí un frío recorrerme el cuerpo.
Nadie esperaba algo así.
No pude evitar tomar el celular de Ellie y mirar la noticia con más atención.
—No puedo creer que algo así haya sucedido en nuestra ciudad...
Ellie asintió. Ella también parecía afectada por todo aquello.
—Yo tampoco. Por lo que leí, un senderista encontró el cuerpo en un bosque, a unos quince kilómetros de aquí.
Respiró hondo antes de bajar la mirada.
—Dicen que su madre sufrió un colapso y ahora está hospitalizada.
Erin apretó un poco más mi brazo.
En ese momento, la imagen de aquella mujer regresó a mi mente. Su mirada perdida. El cansancio acumulándose cada día más en su rostro... y, aun así, continuaba repartiendo folletos.
Sentí una presión en el pecho.
El regreso a casa fue casi en silencio. Erin y yo no conocíamos realmente a Sarah; apenas habíamos hablado con ella un par de veces por amigos en común. Pero la noticia seguía sintiéndose terrible.
Cuando llegué a casa, el caso ya ocupaba la televisión y todos los medios.
Dean estaba en la sala mirando las noticias. Me quedé de pie a su lado.
Todos los canales hablaban del caso.
La investigación parecía haberse reabierto.
Las especulaciones no dejaban de crecer y las críticas comenzaban a salir a flote. Muchos culpaban a las autoridades por haber desestimado el caso meses atrás, tratándolo como una simple fuga sin realizar una investigación exhaustiva.
De pronto, Dean se giró hacia mí.
—Kai... ¿Estás bien? ¿Conocías a la estudiante?
Negué suavemente.
—No realmente. Solo hablé con ella un par de veces. Aun así... esto es terrible.
Dean asintió con expresión seria.
—Me imagino.
Desvié la mirada hacia la televisión.
—La universidad decretó duelo. No tendré clases mañana.
—Bien...
Dean apagó el televisor poco después.
—Deja tus cosas. En unos minutos cenaremos. Lucian llegará más tarde; tenía que terminar algo en el taller.
Asentí antes de subir a mi habitación.
♥
Ya había terminado mis tareas, pero aun así permanecí sentado frente al escritorio unos minutos, intentando dejar atrás todo lo ocurrido durante el día.
Tomé el celular.
No había recibido mensajes de Tom. Tampoco lo había visto demasiado últimamente.
Las cosas que me había dicho la última vez...
Fruncí ligeramente el ceño.
Estaba diferente.
Tal vez lo mejor sería dejar que las cosas se enfriaran antes de volver a hablar con él.
En ese momento tomé la chaqueta que descansaba sobre el respaldo de la silla y llevé la mano al bolsillo.
El emblema metálico seguía allí.
Había olvidado dárselo.
Miré la hora.
Era casi medianoche.
Entonces escuché la puerta frente a mi habitación cerrarse.
¿Lucian ya había regresado?
Cada vez era más consciente de su presencia. Lo buscaba casi por instinto.
Me acerqué despacio a su puerta. No escuchaba ningún ruido.
Golpeé una vez.
Nadie respondió.
¿Había sido mi imaginación?
Abrí la puerta lentamente y entré.
La habitación parecía vacía. La tenue luz iluminaba apenas el interior.
Miré alrededor.
Lucian seguía manteniendo aquel cuarto demasiado simple. No había decoración ni objetos personales a la vista. Todo estaba impecablemente ordenado.
A los pies de la cama había varias prendas dobladas cuidadosamente.
Me senté un momento.
La habitación se sentía extrañamente grande en silencio.
No lo había visto en todo el día.
Bajé la mirada hacia la ropa entre mis manos y tomé una de las prendas con suavidad.
La acerqué un poco hacia mí.
Su aroma me envolvió lentamente.
Cerré los ojos por un instante.
¿Él... de verdad seguía en el taller?
No me sentía con derecho a preguntarlo.
Sentí una pequeña punzada en el pecho.
Una voz me sacó de mi trance.
—¿Acaso estás coleccionando mi ropa?
Levanté la mirada de inmediato.
Lucian estaba apoyado contra el marco de la puerta, observándome con una media sonrisa claramente provocadora.
Sentí el rostro arder.
Solté la prenda al instante y me puse de pie.
Él no esperó una respuesta. Simplemente avanzó hacia el interior de la habitación, deteniéndose a unos pasos de mí.
Parte de su ropa, sus brazos e incluso una de sus mejillas estaban manchados con rastros de grasa oscura de motor.
—Lo siento... Pensé que ya habías llegado.
—No pude regresar antes. Tuve que adelantar un poco de trabajo hoy.
Su ceja se arqueó ligeramente.
—¿Me estabas esperando?
A veces podía ser demasiado directo.
Dudé un segundo.
—Quería darte algo.
Extendí la mano hacia él.
—Lo conseguí en una tienda de antigüedades.
Lucian tomó el emblema y caminó un poco más hacia la luz para observarlo mejor.
Sus dedos recorrieron el metal con cuidado.
—Es un emblema original de Mercedes... de los años setenta, probablemente. Ya casi no se consiguen en buen estado.
Levantó la mirada hacia mí.
—Debió costarte encontrarlo.
En ese momento pude verlo.
Una sonrisa cálida, breve... pero completamente genuina.
—Gracias.
No pude responder.
Simplemente me quedé mirándolo.
Lucian volvió a bajar la vista hacia el emblema entre sus manos.
—Mañana es el concierto, ¿verdad?
Asentí levemente.
—Sí.
Él guardó el objeto con cuidado.
—Entonces volveré más temprano.
Escuchar eso hizo que algo dentro de mí se tensara suavemente.
¿Acaso había adelantado trabajo hoy para poder ir mañana conmigo al concierto?
Quise preguntarle, pero era mejor no pensar demasiado.
Porque, si de verdad lo había hecho... cada vez se volvía más difícil no hacerme ilusiones.
Dudé unos segundos antes de asentir otra vez.
—Está bien.
♥
Al día siguiente, tal como había prometido, Lucian llegó temprano.
Salimos en su auto. El concierto quedaba a pocos minutos de casa, lo cual fue bastante conveniente.
Escuchábamos música suave de aquella banda que, al parecer, a ambos nos había gustado.
—¿Qué tal van tus clases de arte? Aunque aún no entiendo cómo haces con dos carreras.
No pude evitar reír.
—Bien. Y solo... soy organizado. Y con arte... de hecho, todo está funcionando. Creo que logré ese avance que estaba buscando.
—Eso suena bien.
Dudé unos segundos antes de hablar otra vez.
—Habrá una exposición. Será el primer sábado del último mes del semestre, por la tarde.
Lucian apartó apenas la vista del camino durante un segundo.
—No lo sé... No tengo un traje elegante.
—No necesitas uno.
—No sé si podría apreciar esas obras. Soy más fan de Bach.
Fruncí el ceño de inmediato.
—Ese ni siquiera era un pintor. Era un compositor.
Lucian soltó una carcajada.
—Lo sé. Solo estaba bromeando contigo.
Desvié la mirada hacia la ventana.
—No tienes que ir si no quieres.
Mi voz salió más baja de lo que esperaba. No pude evitar que sonara como un reproche.
Hubo unos segundos de silencio.
—Kai.
Volví a mirarlo.
—Iré. Lo prometo.
Y cuando me di cuenta, ya habíamos llegado.
El teatro había sido adaptado para el concierto, aunque todavía conservaba parte de su estructura original.
Las luces tenues bañaban el lugar en tonos azulados y rojizos, mientras columnas de humo artificial se deslizaban lentamente cerca del escenario. El sonido de las conversaciones, las risas y la música de fondo se mezclaba en un murmullo constante que vibraba en el aire.
El escenario ocupaba casi todo el frente del recinto.
Al fondo había una barra larga repleta de personas apoyadas contra el mármol oscuro, sosteniendo vasos mientras esperaban el inicio del concierto.
La mayoría de la gente vestía de negro: camisetas de las bandas y chaquetas oscuras. Algunas banderas se levantaban entre la multitud cada vez que alguien reconocía una canción que sonaba de fondo.
Pero lo que más llamaba la atención era la enorme escalera ubicada a uno de los lados centrales del teatro.
Ancha, elegante y demasiado grande para pasar desapercibida.
Los escalones negros ascendían hacia un área VIP. Debajo de la estructura quedaba un espacio libre donde la iluminación apenas alcanzaba a entrar del todo, formando una especie de refugio oculto en medio del caos del concierto.
Y aunque el lugar estaba repleto de personas, aquella zona seguía relativamente despejada.
Pedimos una bebida ligera sin alcohol en la barra. La música estaba fuerte incluso antes de que comenzaran las presentaciones principales.
Las primeras bandas salieron al escenario poco después.
El sonido era sorprendentemente bueno. A Lucian también pareció agradarle.
Con el paso del tiempo, el teatro comenzó a llenarse cada vez más. Tal vez algunas de las bandas que tocarían más tarde atraían a muchos más seguidores.
Sin darme cuenta, Lucian y yo habíamos quedado relativamente cerca del escenario.
Las personas comenzaron a apretarse unas contra otras hasta que el espacio para moverse casi desapareció por completo.
El lugar se volvió más caluroso.
Había gente cantando al unísono, levantando banderas de las bandas y grabando con sus teléfonos mientras las luces recorrían el recinto entre el humo artificial.
El ambiente estaba demasiado encendido.
Entonces una nueva banda apareció en el escenario.
La reacción del público fue inmediata.