Capitulo 20
El eco de un corazón
Esa mañana me desperté temprano y bajé las escaleras. Dean ya se había ido al trabajo y Lucian estaba en la cocina, tomando café.
Me detuve unos segundos antes de hablar.
—¿Podría... pedirte que me lleves a clases?
No sabía si insistir tanto en acercarme a él era buena idea. Pero quería acortar cada distancia entre nosotros. Quería estar más... cerca. Porque cada momento con él comenzaba a ser valioso.
Lucian levantó la mirada hacia mí. Parecía ligeramente curioso.
—Es la primera vez que me lo pides.
No esperó una respuesta. Curvó los labios antes de volver a tomar su taza.
—Bien. Desayuna algo y salimos.
♥
—¿Vamos hoy en tu auto por algo en particular? —pregunté mientras avanzábamos camino a la universidad.
—Necesito ir a buscar unos repuestos para el taller después. El auto es más conveniente para eso.
—Ya veo...
Lucian apartó la vista de la carretera por un instante.
—¿Querías venir en la motocicleta?
Lo pensé unos segundos. Era cierto que me gustaba la sensación de ir en ella: el viento, la velocidad, la cercanía inevitable entre ambos, pero...
—No. Está bien así... De esta forma podemos hablar.
En cuanto las palabras salieron de mi boca, sentí un ligero calor subir por mi rostro. Aun así, no me arrepentía de haberlo dicho.
Él me miró de reojo.
—¿Acaso tienes fiebre otra vez? Sueles ser bastante arisco por las mañanas.
Luego dejó escapar una risa burlona.
Lo miré de golpe y terminé ahogándome con mi propia saliva, comenzando a toser.
Eso solo hizo que se riera más fuerte.
—Lo siento... No quise burlarme.
Todavía conteniendo la risa, volvió a hablar.
—Es solo que siento que ese gato está bajando solo del tejado. ¿Debería empezar a alimentarlo ahora?
Fruncí el ceño de inmediato.
—Intentaba ser amable contigo. No tienes remedio.
Lo fulminé con la mirada.
—Lo siento, lo siento —dijo mientras intentaba dejar de reír.
Para entonces, ya habíamos llegado.
Estacionó cerca de la entrada, pero no me bajé enseguida.
Lucian exhaló lentamente.
Creo que notó la expresión conflictuada en mi rostro, porque cuando volvió a hablar, su tono fue mucho más suave.
—¿Cómo estás? ¿Aún duele?
Señaló mi rostro.
Mi expresión se relajó un poco.
—Estoy bien... Ya no duele.
—Eso es bueno.
Hubo un pequeño silencio antes de que preguntara:
—¿Necesitas que vuelva por ti en la tarde?
Negué con la cabeza.
—Está bien. Volveré por mi cuenta. No te preocupes.
Abrí la puerta y estaba por bajar cuando Lucian habló otra vez.
—Kai... La próxima vez podemos ir a un lugar donde nada vuele hacia tu rostro.
Su comentario sonó a broma, pero al mismo tiempo no lo era.
Y la expresión cálida en su rostro terminó tomándome por sorpresa.
«La próxima vez».
No pude evitar quedarme atrapado en esas palabras.
—Kai...
Me llamó suavemente de nuevo. Tenía esa sonrisa que lograba agitar mi corazón.
—Que tengas un buen día.
Solo asentí antes de bajar del auto. Sentía el calor en mis mejillas.
♥
Caminaba por el campus junto a Erin después de la clase de la mañana.
—Entonces... tu cita no estuvo tan mal, ¿eh? —dijo, alzando ambas cejas.
Ignoré por completo ese gesto.
—Supongo que no...
—Oye, ¿por qué siempre terminamos hablando de mi? ¿Qué hay de tu vida?
Ella soltó un suspiro dramático.
—Yo... todavía sigo esperando a Mr. Darcy.
La miré confundido.
—¿Y quién se supone que es?
Erin se echó a reír.
—Alguien que solo existe en mis fantasías.
—Eres rara...
Ella golpeó mi hombro suavemente.
—No cambies de tema. ¿A dónde irán la próxima vez?
Dudé unos segundos.
—No lo sé...
En ese momento, Erin se sobresaltó al ver algo cerca de nosotros.
—Kai, mira esto.
Arrancó un panfleto de una cartelera cercana y me lo mostró.
Tomé el papel entre mis manos.
Era un concierto de bandas universitarias de rock.
—Esto es genial. ¿Por qué no van?
No pude evitar sonreír un poco mientras observaba la fecha del evento.
—Parece interesante...
Erin me miró con una sonrisa demasiado evidente.
—Kai... ¿estás seguro de que él no sabe lo que sientes?
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿De qué hablas?
—Si sigues siendo tan obvio, va a descubrirlo antes de que puedas declararte.
Después de decir eso, comenzó a reírse de mí.
Sabía que estaba bromeando... pero, al mismo tiempo, tal vez tenía razón.
No sabía cuánto tiempo más podría seguir ocultando lo que sentía por Lucian sin terminar siendo completamente sincero con él.
—Ya que no respondes, creo que es algo que deberías pensar, Kai.
Solté un pequeño suspiro.
—Oye, cambiando de tema... ¿Has hablado otra vez con Bill? Las cosas entre ustedes quedaron bastante agitadas.
No pude evitar tensarme un poco.
—Aún no... Creo que debería dejar que el asunto se enfríe primero. Dijo algunas cosas que todavía me tienen confundido.
Erin asintió lentamente.
—Tal vez tengas razón... pero no dejes pasar demasiado tiempo.
Sin darnos cuenta, habíamos regresado hasta la entrada principal del campus.
Erin revisó la hora en su teléfono.
—Creo que ya es hora de tu clase de arte. Yo debo ir a la biblioteca con unas compañeras.
Asentí levemente.
Entonces, algo llamó nuestra atención al mismo tiempo.
A unos cuantos metros de distancia estaba la madre de Sarah.
Como todos los días, repartía folletos con la fotografía de su hija desaparecida.
Cada vez se la veía más cansada... más distante de todo lo que ocurría a su alrededor. Como si solo pudiera seguir mirando hacia algún lugar lejano donde todavía esperaba encontrarla.
Erin sujetó mi brazo con suavidad.
Siempre que veía a esa mujer, parecía sentirse mal por ella.
De pronto, un móvil policial se detuvo frente al lugar donde repartía los volantes.
—Kai... ¿qué crees que sucede? —preguntó Erin en voz baja—. ¿Alguien llamó a la policía? Ella no está molestando a nadie...
Observé la escena en silencio.
Dos oficiales se acercaron a la mujer y parecieron decirle algo.
La madre de Sarah lucía confundida. Miraba a los oficiales para luego perder la vista en otras direcciones.
Parecía totalmente absorta. Uno de los oficiales la tomó del brazo con suavidad y la ayudó a subir al vehículo.
El móvil se alejó poco después.
—Yo... no lo sé —murmuré, todavía consternado.
Erin bajó la mirada. La conocía bien y había tristeza en su rostro después de ver aquello.
—Nos vemos, Kai.
Erin se marchó poco después.
Aún seguía pensando en aquella escena cuando el teléfono vibró dentro de mi bolsillo.
Me sorprendió ver el número en la pantalla.
Era Arya.
—Kai, cuánto tiempo. ¿Puedes hablar?
—Sí. De hecho, estaba por entrar a clases.
—Bien, entonces seré breve. Las fotografías que tomaste para la publicidad del café fueron un éxito. Una amiga que tiene un local cerca vio el trabajo y quiere que también le tomes algunas fotos. ¿Qué dices?
No pude evitar sentirme un poco animado al escuchar eso.
—Suena genial. Podría pasar hoy por la tarde.
—Perfecto. Entonces te enviaré los detalles por mensaje.
—Está bien.
—Nos vemos, Kai. Sabía que aceptarías.
La llamada terminó poco después.
♥
Cuando entré al salón, la profesora ya estaba acomodando algunos materiales sobre una de las mesas.
—Bien, antes de comenzar —dijo mientras se apoyaba contra el escritorio—. Durante las últimas semanas hemos trabajado bastante teoría sobre arte abstracto, composición y expresión emocional.
Algunos estudiantes soltaron pequeños suspiros de cansancio, provocando que ella sonriera.
—Así que hoy haremos algo diferente. Nada de reglas estrictas ni análisis técnicos.
La profesora señaló los lienzos en blanco repartidos por el aula.
—Quiero que pinten algo espontáneo. Lo primero que venga a su mente. No será calificado, así que intenten relajarse y simplemente expresarse.
Algunos comenzaron a murmurar entre ellos mientras buscaban materiales.
Observé el lienzo vacío frente a mí por unos segundos, sin estar completamente seguro de qué debía pintar.
Respiré hondo.
Me coloqué los auriculares y dejé que una música suave llenara mis oídos.
Cerré los ojos unos segundos.
Y entonces... él apareció en mi mente sin que pudiera evitarlo.
Todas las veces que lo había sentido cerca.
Miré la paleta de colores frente a mí, pero mi mente ya estaba en otro lugar.
Los recuerdos comenzaron a aparecer lentamente.
Mis trazos sobre el lienzo fueron suaves.
Los colores comenzaron a mezclarse casi por sí solos.
Nunca me había resultado tan sencillo pintar.
Mi mente regresó a aquella noche en particular.
Mi mano apoyada sobre su pecho.
Sintiendo el latido constante de su corazón.
Tan cerca...
Cuando me di cuenta, ya había terminado.
—Esto es... muy bueno, Kai.
Me sobresalté ligeramente.
No había notado que la profesora estaba de pie a mi lado, observando el lienzo.
—Tus trazos, los tonos... incluso la mezcla de colores cálidos que usaste.
Sus ojos volvieron a la pintura.
—Realmente puedo sentir algo al verla. Hay calidez.
Guardé silencio unos segundos.
—¿Cómo la llamarás?
La respuesta salió de mis labios antes siquiera de pensarlo.
—Latido.
La profesora sonrió levemente.
—Al fin puedo ver tu potencial, Kai. Te felicito. Estás comenzando a expresar a través
de tus pinturas
Bajé la mirada hacia la pintura una vez más.
—Buen avance...
Sonreí sin querer.
Tal vez la profesora tenía razón.
Sin darme cuenta, había dejado mi corazón sobre aquella tela.