Bajo el mismo techo contigo Capitulo 15
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Capitulo 15

Entre la luz y la mirada

Mi corazón pareció detenerse.

Mis manos temblaron tanto que solté la taza por descuido. Cayó sobre la mesa y derramó apenas un poco de la bebida.

El sonido hizo que me sobresaltara aún más.

Me levanté de inmediato y corrí escaleras arriba hasta mi habitación.

El aire en mis pulmones parecía no ser suficiente.

Dean me había visto.

Pensar en lo que podría decir me tensaba todavía más.

Permanecí varios minutos caminando de un lado a otro antes de escuchar unos pasos acercándose. Un momento después, Dean tocó la puerta.

—Kai... ¿podemos hablar?

No podía evitar la situación para siempre. Tal vez lo mejor era enfrentarla de una vez.

Abrí la puerta y caminé hasta la cama. Me senté sin ser capaz de mirarlo en ningún momento.

Dean entró y cerró la puerta detrás de él.

No habló de inmediato. Tal vez tampoco sabía qué decir ni cómo empezar.

Después de unos segundos, soltó un suspiro cansado.

—Kai... no estoy enojado contigo.

Mi cuerpo seguía completamente tenso.

Dean se acercó, acortando la distancia entre nosotros, y se sentó a mi lado.

Lo miré de reojo. Parecía observar mi habitación con detenimiento.

De pronto, volvió a hablar en un tono suave.

—A veces olvido cuánto has crecido. Aún recuerdo esta habitación empapelada de dinosaurios... y después tuviste aquella etapa de los astronautas.

Soltó una pequeña risa.

—Me pedías que te ayudara a armar naves espaciales con cartón, un poco de papel aluminio y las pinturas de papá.

Las palabras de Dean hicieron que pudiera relajarme apenas.

—Lo siento, Kai... No soy bueno para esto. Mamá definitivamente sabría qué decir...

Dean hizo una breve pausa antes de continuar.

—Pero no quiero que pases por esto solo. Sé que antes te gustaron las chicas... Tú... ¿estás confundido?

Mi voz sonó baja, pero aun así logré expresarlo.

—Yo... no estoy confundido. Es decir... al principio sí lo estaba, pero ahora ya no. No siento atracción por otros hombres.

—¿Qué quieres decir?

La pregunta de Dean llegó casi de inmediato.

Reuní el coraje suficiente para mirarlo de frente.

—Con él es diferente... Solo me siento así por él.

Mi respuesta pareció tomar a Dean por sorpresa. Desvió la mirada durante unos segundos, buscando algún otro punto de la habitación en el que fijar su atención.

Después de un silencio que se sintió eterno, apoyó una mano sobre mi hombro.

—Eres toda la familia que tengo, Kai. Nunca pienses que te desapruebo. No es así.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—No me interpondría entre tú y él.

Soltó un leve suspiro.

—No me malinterpretes... Es solo que no creo que él...

—Lo sé —respondí simplemente.

Dean bajó la mirada.

—Solo dime si tenerlo aquí se vuelve insoportable. Tú siempre estarás primero para mí. Ya sea que decidas ir tras él o no.

Sus palabras me hicieron dudar por un momento.

—Yo... no lo sé. Pero no quiero que se vaya todavía.

—Lo bueno es que eres guapo —soltó Dean de repente.

Ambos nos miramos por un instante.

Y entonces una carcajada terminó escapándose de los dos al mismo tiempo.

—Eres un tonto.

Dean se fue después de eso.

Me dejé caer sobre la cama.

Mi cuerpo se sentía ligero.

Aunque algo seguía rondando en mi mente.

Algo que Dean había señalado.

Aun si no tengo oportunidad...

¿Debería intentarlo?

¿Ir tras él?

Después de eso, el cansancio terminó por vencerme.

♦

Esa mañana me desperté temprano.

Era fin de semana.

Al prestar atención, noté un regalo sobre mi escritorio.

Al abrirlo, descubrí unos auriculares que llevaba tiempo buscando.

Había una nota junto a ellos.

La tomé entre mis dedos.

¿Qué es esto?

¿Acaso no la dejaría en el refrigerador como siempre?

Desdoblé el papel.

“Feliz cumpleaños. Espero que te guste.

Voy a salir.

No seré el tercer palo en la rueda.

Dean”

La vergüenza me subió hasta el rostro.

Me alisté y, antes de bajar, pasé por el estudio de papá.

Dentro había un caballete nuevo con un lienzo en blanco.

Un juego de pinturas y pinceles de primera calidad descansaba sobre la mesa.

Una voz me tomó por sorpresa.

—¿Te gusta? Pregunté en varias tiendas; me dijeron que era lo mejor.

Lucian estaba apoyado en el marco de la puerta, con dos tazas de café en las manos.

Una sonrisa apareció de inmediato en mi rostro.

—Es perfecto. Gracias.

Él se acercó un poco más.

—Te escuché despertar. ¿Quieres?

Tomé la taza y di un sorbo sin dejar de mirarlo.

Caminó por la habitación hasta detenerse junto a la ventana. Se quedó de espaldas a mí, mirando hacia afuera.

La luz cálida de la mañana delineaba su figura.

De pronto, giró apenas el rostro y me lanzó una mirada de lado.

El vaivén de la cortina blanca y translúcida cubría parcialmente su silueta por momentos... pero nunca su mirada.

Sentí que el corazón me temblaba.

—Tú... ¿tienes planes para hoy?

No sabía de dónde estaba sacando el valor, pero simplemente me lancé.

Pareció sorprendido por la pregunta. Tardó unos segundos en responder.

—Pensaba darle mantenimiento a la motocicleta, pero puedo hacerlo aquí. No necesito ir al taller.

Sus ojos permanecieron sobre mí unos segundos más.

—¿Tienes algo en mente?

Respiré hondo antes de responder.

—Quiero hacer un retrato de ti.

Él se quedó callado unos segundos.

Mi mano se tensó un poco alrededor de la taza.

—No me pedirás que me quite la ropa, ¿verdad?

Una risa burlona escapó de sus labios.

Sentí el calor subir hasta mi rostro. Me escondí parcialmente detrás del lienzo.

—¡Por supuesto que no!

—Solo bromeo.

Arqueó una ceja.

—Bien... Dime. ¿Cómo debería posar?

Lo miré nuevamente.

La luz de la mañana seguía envolviéndolo junto a la ventana, mientras la cortina se movía suavemente a su alrededor.

Y, aun así, lo único que podía ver era su mirada sobre mí.

—Tal como estás ahora es... perfecto.

Lucian no respondió enseguida.

Solo sostuvo mi mirada desde el otro lado de la habitación.

Y, por primera vez en mucho tiempo...

sentí que quería guardar ese momento para siempre.