Capitulo 14
Anhelo
Esa mañana, Dean me despertó temprano.
Todavía estaba somnoliento. Habíamos regresado tarde la noche anterior con Lucian.
—¡Feliz cumpleaños, dormilón! —dijo, entrando en mi habitación sin siquiera tocar la puerta.
Se abalanzó sobre mí y comenzó a despeinarme.
—Dean... gracias, pero... ¿qué hora es? —murmuré, intentando abrir los ojos.
—Las siete.
—¿Qué? Es demasiado temprano...
Volví a cubrirme con las mantas, pero él insistió.
—Vamos, levántate. Se va a hacer tarde. Ya empaqué tus cosas. Solo baja.
Fruncí el ceño, todavía medio dormido.
—¿Mis cosas? ¿Adónde vamos?
Dean sonrió de inmediato.
—Es una sorpresa. Lo descubrirás en el camino.
Estaba agotado, pero aun así terminé levantándome.
Después de cambiarme y arreglarme un poco, bajé las escaleras.
Afuera, el auto de Dean ya estaba encendido.
Él esperaba en el asiento del conductor, golpeando suavemente el volante al ritmo de la música.
Caminé hacia el vehículo y estaba a punto de subir al asiento del copiloto cuando Lucian apareció de repente.
—Si no te molesta, iré adelante. Me mareo atrás —dijo, guiñándome un ojo.
Claramente estaba mintiendo.
Subí al asiento trasero.
—Bien... parece que será un día despejado —comentó Dean mientras tomaba la calle cuesta abajo.
Lucian sacó unos bocadillos y los compartió con nosotros.
Pude sentir su mirada.
Me estaba observando a través del espejo retrovisor.
No pude evitar sentirme un poco incómodo.
—¿Sabe bien?
Desvié la vista hacia la ventana.
—Sí... gracias.
Ya no sabía cómo comportarme frente a él.
El viaje se sentía relajante.
Simplemente avanzar por la ruta, escuchando música agradable. Dean y yo teníamos gustos bastante similares, así que el ambiente era tranquilo.
Lucian y Dean conversaban mientras yo simplemente los escuchaba desde atrás.
—¿El viaje estuvo complicado anoche?
—Ni que lo digas... La carretera estaba cerrada. Creo que hubo un accidente. Tuve que detenerme en un motel y pasar la noche allí.
—Suena terrible.
—Dean, cuando todo se acomode... ¿piensas cambiar tu auto? Tengo un Chevrolet Camaro de 1969 esperándote en el taller. Lo armé desde cero. Te haré un descuento.
—¿Hablas en serio?
Dean sonó inmediatamente emocionado.
—Sería estupendo. Amo ese modelo. No pensé que lo recordarías.
—Lo mantendré apartado para ti. No hay problema.
No pude evitar relajarme mientras los escuchaba hablar y, en algún momento, terminé quedándome dormido mientras observaba el paisaje por la ventana.
♦
Sentí que alguien me tocaba suavemente el hombro.
—Kai, despierta. Hemos llegado.
Abrí los ojos lentamente.
El sol estaba más alto y el calor comenzaba a sentirse.
Cuando logré enfocar bien la vista, descubrí que estábamos frente al río.
Era una pequeña zona turística dedicada a la pesca.
Bajé del auto. El día estaba cálido, el cielo completamente despejado y el agua avanzaba tranquila, casi inmóvil.
Lucian se encontraba junto a la orilla, preparando las cañas de pescar.
—Dean... esto es perfecto. Gracias.
—Sabía que te gustaría. Siento no haber podido llegar anoche.
—No te preocupes. Lo entiendo. Además... no estuvo mal.
Cuando me di cuenta, ya estaba sonriendo mientras desviaba la mirada hacia otro lado.
Dean me observó unos segundos.
—Tú... luces diferente. Hace tiempo no te veía con esa expresión. ¿Acaso sucedió algo?
No pude evitar sentirme avergonzado.
—No pasó nada.
Él siguió mirándome durante un momento antes de sonreír levemente.
—Bueno... me alegra este cambio. Te ves mejor.
Palmeó mi hombro y luego fue junto a Lucian para ayudarlo a descargar las cosas.
El día transcurría de forma perfecta.
El lugar era tranquilo.
Más arriba, cerca de la carretera, había algunos puestos de comida y tiendas de artículos de pesca. También había algunas familias pasando el día.
Nosotros habíamos elegido una zona más apartada. Nos gustaba tener nuestro propio espacio e intimidad.
Para el mediodía ya habíamos pescado lo suficiente.
Lucian preparó parte de lo que habíamos atrapado junto con una mezcla de verduras, improvisando un almuerzo mucho mejor de lo que esperaba.
Todo estaba exquisito.
—Creo que olvidé el café —dijo Dean de repente.
—Ahora que lo mencionas, sería perfecto tomar uno —comentó Lucian.
Miré hacia la carretera.
—Creo que vi una tienda un poco más arriba.
—Aunque queda lejos para ir caminando.
Dean se puso de pie inmediatamente.
—Iré en el auto, entonces. Ya regreso.
Caminó hasta el vehículo, pero cuando intentó encenderlo, el motor no respondió.
Lucian soltó una pequeña risa.
Se levantó y caminó hacia él.
—Menos mal que siempre viajo con algunas herramientas.
—Creo que está celoso. Hablaste de ese Chevrolet Camaro frente a él.
Ambos rieron.
Dean abrió el capó y Lucian comenzó a revisar el motor con tranquilidad, evaluando un par de cosas antes de ponerse manos a la obra.
Mientras Lucian revisaba el auto, Dean estaba a su lado ayudándolo... o, al menos, intentándolo.
La escena era un poco cómica. Ni siquiera parecía saber qué herramientas le estaba pidiendo.
No pude evitar reírme por lo bajo.
Ellos hablaban entre murmullos.
Aunque Dean intentaba mantener la voz baja, desde donde estaba todavía podía escucharlos.
—Vi a Arya el otro día. Ella... se veía bien. Distinta.
Al oír su nombre, no pude evitar tensarme.
Mi mirada se dirigió de inmediato hacia Lucian.
Su expresión permaneció tranquila.
—Eso es bueno...
Dean lo interrumpió antes de que pudiera agregar algo más.
—¿Y tú cómo lo llevas?
Lucian le dedicó una leve sonrisa mientras volvía a inclinarse sobre el motor.
—Ya sabes cómo fue todo. Durante el último tiempo intentamos que funcionara, pero creo que ambos ya habíamos empezado a alejarnos. Era el paso que nos faltaba. Estoy en paz con eso. Siento que finalmente puedo seguir adelante.
—Suena bien. Me alegro por ti.
Dean le dio unas palmadas suaves en el hombro.
Lucian no tardó demasiado en hacerlo funcionar otra vez.
Aun así, terminó ensuciándose las manos, los brazos y parte de la camiseta con grasa.
—Gajes del oficio —dijo con una leve sonrisa.
Después de eso, Dean se fue hacia la tienda.
Lucian se acercó a mí y tomó asiento sobre la manta donde me encontraba sentado, a la orilla del río.
—El sol se siente cálido hoy.
Lo dijo sin mirarme.
Luego se recostó, cerrando los ojos con tranquilidad.
No pude evitar observarlo con detenimiento.
Se veía en calma... completamente distinto al caos que provocaba dentro de mí cada vez que estaba cerca.
Aparté la mirada hacia el río.
—Tú... te has ensuciado un poco.
Lucian se incorporó apenas y se observó a sí mismo.
—Tienes razón. Debería lavarme.
Se acercó a la orilla frente a nosotros y comenzó a limpiarse los brazos con el agua cristalina.
—Estuve viendo algunos departamentos más cerca del trabajo.
Su comentario me tomó por sorpresa.
Mis manos se tensaron de inmediato.
Lo miré fijamente.
—Tú... no tienes que irte. Puedes quedarte un poco más...
Las palabras abandonaron mis labios antes de que pudiera detenerlas. Simplemente salieron.
Lucian giró apenas el rostro hacia mí.
—¿Eso significa que vivir conmigo se volvió aceptable?
Una sonrisa ladeada apareció en sus labios.
—¿Será que acaso piensas subirme el alquiler?
Lo miré incrédulo.
—Yo no dije eso.
Él soltó una carcajada y, de repente, comenzó a salpicarme con agua.
—¿Acaso eres un niño?
Su risa resultó contagiosa.
Me levanté y comencé a salpicarlo a él también.
—Bien, bien... me rindo.
—Tú fuiste quien empezó.
Me di vuelta para volver a la manta, pero, de pronto, sentí cómo me alzaba como si yo no pesara nada.
Caímos otra vez sobre la manta.
De verdad parecíamos dos niños forcejeando mientras reíamos cerca del río.
Lucian no dejaba de reír.
Pero para mí, la situación comenzó a cambiar.
Estaba demasiado cerca.
Por momentos, el espacio entre nosotros desaparecía por completo.
Cada parte de mi cuerpo que tocaba ardía bajo su contacto.
Mi corazón latía con fuerza, descontrolado.
Ya no podía soportarlo.
—Lucian... espera.
De pronto, quedé debajo de él.
Una de sus piernas rozó el lado interior de mi muslo y mi cuerpo se estremeció por completo.
Lucian dejó de reír.
Su mirada se fijó en mí.
Era una expresión suave... tranquila.
Nuestras respiraciones agitadas se mezclaban en el pequeño espacio que quedaba entre nosotros.
El roce de su cuerpo hizo que volviera a temblar.
Lo tomé apenas de los hombros para apartarlo.
Mis manos temblaban.
Mi cuerpo había reaccionado.
No podía seguir mirándolo.
Si nuestras miradas volvían a encontrarse, temía descubrir que lo había entendido todo.
¿Qué haría si se hubiera dado cuenta?
¿Cómo volvería a verlo a la cara después de esto?
Desvié la vista de inmediato.
Entonces escuché el sonido del auto de Dean estacionando cerca.
Quería huir.
Al segundo siguiente, Lucian se incorporó apenas.
Tomó la manta y me envolvió con ella.
—Ve a cambiarte al auto. Vas a enfermarte.
—El clima está cambiando.
Me levanté de inmediato y corrí hacia el auto.
¿Acaso no se había dado cuenta?
¿O simplemente había decidido fingir que no?
Me cambié la ropa lo más rápido que pude.
Cuando finalmente logré calmarme un poco, bajé otra vez.
Dean estaba junto a la mesa improvisada, acomodando algunas cosas.
—Tu café se está enfriando.
Levanté la vista hacia él.
—Tómalo. Enseguida empacamos para regresar.
—Bien.
Tomé la taza entre mis manos y desvié la mirada hacia el río.
Lucian seguía cerca de la orilla, guardando algunas herramientas como si nada hubiera ocurrido.
♦
El viaje de regreso fue tranquilo, acompañado por música suave.
Llegamos al anochecer.
Fui directamente a mi habitación para desempacar.
Después me recosté sobre la cama, pensando en el día... en todo lo que había pasado.
Ya era tarde, pero todavía no podía conciliar el sueño.
Me sentía inquieto.
Bajé las escaleras y fui hacia la cocina.
Lucian estaba allí.
—¿Aún despierto?
—Yo... no podía dormir. ¿Y tú?
—Tenía un poco de hambre. Estoy preparando algo ligero.
Giró apenas el rostro hacia mí.
—¿Quieres?
—No, está bien.
—Entonces, ¿qué tal un té? Tal vez te ayude a dormir.
Dejó una taza frente a mí.
—Gracias.
Tomé la taza caliente entre mis manos y me senté.
El vapor del té subía lentamente.
Observé a Lucian moverse por la cocina, de espaldas a mí.
La luz tenue apenas rozaba su silueta.
Y aun así... no podía apartar la vista.
Había algo en esos momentos simples que me desarmaba por completo.
El sonido suave de los utensilios.
Su respiración tranquila.
Mi pecho se apretó con una calidez extraña.
Quería quedarme así un poco más.
Solo eso.
Aunque, en el fondo, sabía que no era verdad.
Porque cada vez era más difícil conformarme con tan poco.
¿Esta codicia... estaba bien?
Entonces sentí una presencia.
Giré apenas el rostro.
Dean estaba apoyado contra el marco de la puerta.
Nos miramos en silencio.
Y, en ese instante, lo entendí.
Mi corazón pareció detenerse.
Había visto demasiado.
No mis palabras.
No mis gestos.
Sino la forma en que lo miraba.
Había sido descuidado.