Bajo el mismo techo contigo Capitulo 13 #3
38%

Capitulo 13 #3

Y, poco a poco, aquella presión insoportable en mi pecho comenzó a disminuir.

Como si el simple hecho de estar allí... fuera suficiente para mantenerme a salvo por un momento.

Ninguno de los dos habló durante el camino.

Pero el silencio entre nosotros ya no se sentía frío.

Viajamos durante más de una hora hasta llegar a una zona turística que bordeaba el río de la ciudad.

Lucian disminuyó la velocidad lentamente hasta detener la motocicleta cerca de la costanera.

El sonido del agua y el viento llenaban el ambiente.

Al bajar, observé alrededor.

Las luces de los pequeños restaurantes y cafeterías iluminaban suavemente el paseo, mientras algunas personas caminaban cerca de la orilla.

Caminamos bordeando el río en silencio.

No me di cuenta hasta varios minutos después de que Lucian todavía sostenía mi mano.

Sentí calor subir lentamente a mi rostro.

Iba a decir algo, pero él se detuvo de pronto y me miró.

—Espera aquí. Iré a comprar algo.

Antes de que pudiera responder, se dirigió hacia uno de los pequeños puestos de comida cerca de la costanera.

Las luces cálidas del lugar iluminaban suavemente su silueta mientras hablaba con el vendedor.

Regresó poco después llevando una bolsa de papel y dos bebidas calientes.

—Debes probar esto —dijo mientras tomaba asiento a mi lado—. Es el mejor puesto de aquí.

Nos sentamos en un banco frente al río.

El sonido del agua y las luces reflejadas sobre la superficie hacían que todo se sintiera extrañamente tranquilo.

Lucian dejó una bebida frente a mí y luego abrió la bolsa.

Dentro había brochetas de carne cubiertas con una salsa espesa y brillante.

El aroma era increíble.

La carne todavía humeaba y la salsa tenía un olor ligeramente dulce que hizo que mi estómago reaccionara de inmediato.

Lucian soltó una pequeña risa al notar mi expresión.

—Te dije que era bueno.

Una sonrisa escapó de mis labios.

—Es realmente bueno.

Lucian me observó apenas de reojo antes de dar otro mordisco.

—Aun así, no le hace justicia a la receta de mi madre. Algún día le diré que la prepare para ti.

Parpadeé, sorprendido.

—¿Tu madre?

—Así es. Es chef profesional.

Lo miré unos segundos en silencio.

Que Lucian me contara algo personal sin que yo tuviera que preguntarlo hacía que mi pecho se sintiera extrañamente cálido.

—¿Y tu padre?

La expresión de Lucian cambió apenas.

Dirigió la vista hacia el río antes de responder.

—Nunca lo conocí.

El viento movió suavemente su cabello oscuro.

—Nunca quiso saber nada de nosotros. Creo que para él solo fue un romance pasajero... pero no para ella.

Su voz sonó tranquila.

Demasiado tranquila.

Como si hubiera aprendido a convivir con ese dolor hacía mucho tiempo.

—Tuvo que luchar sola durante años.

Guardó silencio un momento antes de añadir:

—Yo no quiero convertirme en alguien como él.

Sus ojos volvieron hacia mí.

Mi respiración se volvió un poco más lenta.

Lucian bajó la mirada hacia sus manos.

—Cuando pude empezar a trabajar, lo hice para ayudarla. Así pudo especializarse y convertirse en una chef reconocida.

Por la forma en que hablaba de ella... era evidente cuánto la admiraba.

No pude evitar sonreír un poco.

—Me gustaría probar su comida algún día.

Lo dije sin pensarlo demasiado.

Lucian levantó apenas la mirada hacia mí.

Luego observó su reloj.

Y finalmente volvió a verme.

—Lo diré de una manera diferente.

Hubo una pequeña pausa.

—Feliz cumpleaños, Kai.

Sus labios se curvaron apenas.

—Gracias por haber nacido.

Sentí que algo cálido se expandía lentamente dentro de mi pecho.

Sus palabras me tomaron completamente por sorpresa.

Lucian apartó la vista apenas, como si no estuviera acostumbrado a decir cosas así.

Luego metió una mano en el bolsillo de su pantalón.

—Dejé tu otro regalo en el despacho de tu padre. Es algo relacionado con tu arte.

Sacó un pequeño objeto metálico y lo dejó en mis manos.

—Pero quería darte algo más personal.

Bajé la mirada.

Era una brújula antigua.

El metal lucía desgastado por el tiempo, pero estaba cuidadosamente conservada.

La sostuve con delicadeza entre mis dedos.

—Se ve muy especial...

Lucian sonrió apenas.

—Lo es. Aunque técnicamente solo sirve para apuntar al norte.

Solté una pequeña risa nasal.

—Era de mi abuelo —continuó—. Él se la dio a mi madre cuando las cosas se volvieron demasiado difíciles... para que pudiera encontrar el camino otra vez.

Sus ojos bajaron lentamente hacia la brújula.

—Y después ella me la dio a mí.

Lo miré de inmediato.

—Lucian... esto es muy importante. ¿De verdad estás seguro?

Él sostuvo mi mirada sin vacilar.

—Quiero que la tengas.

Bajé nuevamente la vista hacia la aguja de la brújula.

Levanté la vista.

Y entonces hablé sin pensarlo demasiado:

—Está apuntando hacia ti.

El silencio cayó entre nosotros de golpe.

El ruido del río.

Las conversaciones lejanas.

El viento.

Todo pareció desvanecerse por un instante.

Entonces Lucian sonrió.

Pero no era la sonrisa tranquila o contenida que solía mostrar.

Era distinta.

Real.

Sincera.

Y verla hizo que mi corazón latiera con tanta fuerza que casi dolía.

Porque en ese momento...

ya no pude seguir negándolo.

Había caído completamente por él.