Capitulo 13
Hacia ti
En los siguientes días no pude descansar correctamente.
No había visto a Tom en absoluto.
Y Lucian... parecía distante.
Cada mañana se iba antes de que yo despertara. Cuando bajaba, su taza de café ya estaba vacía y el silencio de la casa volvía a sentirse demasiado grande.
Esa mañana descendí las escaleras todavía adormecido, frotándome los ojos.
Para mi sorpresa, Dean seguía en la cocina.
—Buenos días... Pensé que ya estarías en el trabajo.
—Ven. Desayuna conmigo.
Dejó dos tazas sobre la mesa antes de tomar asiento frente a mí.
El aroma del café recién hecho llenaba la cocina. Cálido... extrañamente reconfortante.
—Me cambiaron el horario solo por hoy —explicó—. Tengo que ir otra vez a la sede central. Solo serán unas horas. Volveré por la noche.
Asentí en silencio mientras tomaba la taza entre mis manos.
Dean me observó unos segundos antes de sonreír apenas.
—Dejaré tu regalo de cumpleaños en mi habitación. Pero solo puedes abrirlo cuando regrese. ¿Puedo confiar en ti?
Soltó una risa baja después de decirlo.
No pude evitar sonreír también.
—No soy un niño esperando un regalo de Navidad, ¿sabes?
Lo dije en tono burlón, aunque tenía que admitirlo...
Sí estaba curioso.
♦
Ese día tenía una exposición en el taller de pintura por la tarde.
Tomé el lienzo en el que había estado trabajando durante las últimas semanas.
A pesar del cansancio acumulado, me sentía un poco animado por ello.
Había logrado terminarlo a tiempo.
Observé la pintura unos segundos antes de cubrirla con cuidado.
Tal vez no era perfecta.
Pero era una de las pocas cosas que realmente había querido terminar.
Salí hacia la universidad.
Cuando estaba terminando de preparar todo, tiré accidentalmente una fotografía de la repisa.
Me agaché para recogerla, pero al verla no pude apartar la mirada de inmediato.
Los recuerdos me golpearon de repente.
Era una fotografía de Bill y mía en uno de sus cumpleaños.
Nos habíamos conocido durante el segundo año de secundaria.
Al principio no nos llevábamos bien.
Discutíamos por todo.
Él podía ser increíblemente obstinado y yo... tal vez nunca había sabido expresarme demasiado bien.
Hasta que un profesor nos obligó a trabajar juntos en un proyecto escolar.
Y entonces descubrí que Bill no era exactamente como aparentaba ser.
Después de eso nos volvimos amigos.
Aún no entendía por qué las cosas entre nosotros se habían vuelto así.
En ese momento, mi celular sonó.
Era un mensaje de Tom.
“¿Podemos hablar hoy después de la primera clase?”
Me quedé mirando la pantalla unos segundos antes de responder.
“Está bien.”
Guardé el teléfono, tomé mis cosas y salí hacia la universidad.
♦
La primera clase había terminado.
Caminaba junto a Erin por los pasillos, camino al patio exterior.
—Aún faltan las clases de la tarde y ya estoy exhausta —se quejó, dejando caer la cabeza hacia atrás—. Kai, ¿qué vas a hacer para tu cumpleaños? ¿Qué tal si vamos al cine?
La miré, arqueando una ceja.
—Eso suena más como una salida para ti que para mí.
Ella hizo un gesto dramático, mirándome con esos ojos lastimeros que solía usar cada vez que quería convencerme de algo.
No pude evitar reír.
—Bien, bien... pero no mañana. Dean ya hizo planes. Aunque todavía no quiere decirme cuáles son.
—¡Genial! Entonces espérame allí —dijo, señalando las mesas del patio—. Iré por algo para tomar. Yo invito.
Asentí distraídamente.
Tenía demasiadas cosas en la cabeza.
Mientras giraba en el pasillo, choqué accidentalmente con alguien.
Mis apuntes y algunas hojas cayeron al suelo.
—Lo siento... no vi por dónde iba.
Me agaché de inmediato para recoger todo, pero otra persona hizo lo mismo frente a mí.
—Está bien. Te ayudo.
Su voz hizo que me quedara inmóvil por un segundo.
Levanté la mirada lentamente.
Era Bill.
Él me ayudó a recoger mis cosas y luego se puso de pie, dispuesto a marcharse.
Como si fuéramos completos desconocidos.
Supongo que habíamos llegado a ese punto.
No pude soportarlo.
—Bill, espera.
Se detuvo en seco.
Giró apenas la cabeza para mirarme, aunque no parecía demasiado interesado en lo que yo tuviera que decir.
Tal vez esta vez debía ser yo quien diera el primer paso.
—¿Cómo has estado? —pregunté, intentando sonar casual.
Bill desvió la mirada hacia un lado antes de responder.
—Bien. Acabo de salir de una clase.
Y entonces el silencio volvió a instalarse entre nosotros.
Incómodo.
Tan distinto a como solía ser antes.
Durante un momento no supe qué decir.
Ni siquiera estaba seguro de si él realmente quería seguir hablando conmigo.
Parecía que el que debía sostener la conversación era yo.
—¿Y qué tal tus clases? Tengo algunos conocidos en tercer año de Literatura y Letras. Tal vez podría pedirles sus apuntes si los necesitas... De hecho, tengo una conocida que...
Bill me interrumpió antes de que pudiera terminar.
—Detente, Kai. No hagas esto.
Fruncí levemente el ceño.
—¿Hacer qué?
—Esto —repitió con cansancio—. Intentar actuar como si nada hubiera pasado. Solo lo haces más incómodo.
Sus palabras me dejaron completamente descolocado.
—No estoy fingiendo —repliqué al instante.
Bill soltó una risa breve, sin humor.
—¿No lo haces? Mejor olvídalo, ¿sí?
Intentó seguir caminando, pero algo dentro de mí se tensó de golpe.
—¿Por qué eres así? Eres un obstinado.
Él estaba a punto de irse, pero al escucharme se detuvo.
Luego se dio vuelta lentamente.
Su expresión había cambiado.
Más fría.
Más dura de lo que recordaba.
—¿De verdad yo soy el problema?
Sentí un nudo incómodo en el estómago.
—¿Qué se supone que significa eso?
Bill sostuvo mi mirada unos segundos.
—En serio no tienes idea... ¿verdad?
Por primera vez desde que lo había visto, su voz sonó realmente herida.
—El cumpleaños de Lilith... la última fiesta a la que fuimos fue mi límite.
Bill me sostuvo la mirada con dureza.
—Te advertí muchas veces sobre tu amigo. Pero tú nunca escuchas... o simplemente no quieres verlo. Eres tan ciego como el resto.
Sus palabras cayeron pesadas entre nosotros.
Sentí algo incómodo revolverse dentro de mí.
—Ten cuidado con lo que dices sobre Tom.
No pude evitar que mi tono sonara como una advertencia.
Bill guardó silencio un segundo.
Y cuando volvió a hablar, su voz sonó más cansada que molesta.
—¿Esa es tu respuesta?
De pronto me sentí ofuscado.
La frustración acumulada durante semanas terminó escapándose de golpe.
—¡Él estuvo para mí cuando...!
Mi voz salió más alta de lo que pretendía.
Bill me interrumpió enseguida.
—Yo también estuve.
Eso me hizo callar.
Su mirada... estaba herida.
No furiosa.
Herida.
—Yo también estuve ahí para ti cuando pasó lo de tus padres —continuó, más bajo—. Solo que para ti nunca fue suficiente.
Sentí un vacío incómodo abrirse en mi pecho.
—Preferiste el camino fácil. Ir a fiestas con ese sujeto. Dejar que te llenara la cabeza con todo lo que querías escuchar.
Apreté los puños sin darme cuenta.
—Él no es real, Kai. Solo alguien que trae problemas.
Mi mandíbula se tensó de inmediato.
Bill soltó una risa amarga.
—¿Sabes qué? Ya no necesito seguir con esta mierda.
Retrocedió un paso.
—No vuelvas a buscarme.
Y entonces se fue.
Así, sin más.
Dejándome inmóvil en medio del pasillo... con las palabras atoradas en la garganta.
Me quedé completamente absorto en sus palabras.
Como si algo dentro de mí todavía intentara alcanzarlo incluso después de que se hubiera ido.
De pronto, escuché mi nombre a lo lejos.
—¿Kai?
Parpadeé varias veces antes de volver en mí.
Erin estaba frente a mí.
Una de sus manos sostenía suavemente mi mejilla.
No me había dado cuenta de que mi respiración estaba agitada.
Ella no dijo nada al principio.
Solo me rodeó con los brazos en un abrazo breve.
Cálido.
—Kai... solo respira.
Cerré los ojos un momento.
Y, de alguna forma, logré calmarme solo con su presencia.
Erin se apartó apenas y levantó el vaso que llevaba en la mano.
—Toma. Es tu bebida favorita.
Intentó sonreír con naturalidad, aunque podía notar la preocupación en sus ojos.
No sabía cuánto había escuchado de la conversación con Bill.
Pero probablemente había sido suficiente.
Erin siempre había sido demasiado buena leyéndome.
Entonces su mirada se desvió hacia otro lado.
Seguí la dirección de sus ojos.
Tom se acercaba por el pasillo.
Llevaba las manos en los bolsillos y esa expresión tranquila que parecía no cambiar nunca.
—Kai... te veo a la salida. Volvemos juntos, ¿sí? Tengo otra clase ahora.
Asentí lentamente.
—Está bien.
Tom se acercó a mí.
Apoyó una mano sobre mi hombro y me observó con atención.
Su mirada parecía intrigada.
—¿Todo está bien?
Solo asentí.
No confiaba demasiado en mi voz en ese momento.
—¿Podemos hablar? Solo será un momento.
Dudé unos segundos antes de responder.
—Está bien.
Fuimos hasta una mesa algo apartada del patio exterior.
Parecía que realmente no quería que nadie nos interrumpiera.
Tom tomó asiento frente a mí con tranquilidad, apoyando los brazos sobre la mesa.
Luego suspiró apenas.
—Kai... siento mucho lo que pasó ese día.
Desvié la mirada casi por reflejo.
Las palabras de Bill seguían dando vueltas en mi cabeza.
—Estoy bien...
—No, no lo estás.
Su tono fue suave.
—Nunca haría algo para que te lastimaran. Créeme.
Lo miré nuevamente.
Por primera vez desde que lo conocía, Tom parecía realmente agotado.
—Las cosas se me salieron de las manos —continuó—. No pensé que terminaría así.
Fruncí levemente el ceño.
—¿A qué te refieres? ¿Quiénes eran esos sujetos?
Tom permaneció en silencio unos segundos antes de responder.
—Usureros. Prestamistas.
Una sonrisa amarga apareció en su rostro.
—Mi padre está quebrado.
Parpadeé, sorprendido.
—Tom... ¿qué pasó?
Él soltó una risa baja, sin humor.
—Una inversión salió mal. Ahora tenemos demasiadas deudas. Y yo... terminé metiéndome con las personas equivocadas.
Sus dedos se tensaron ligeramente sobre la mesa.
—Me dejé engañar. Sus intereses son absurdos.
No pude evitar preocuparme.
—¿Por qué no dijiste nada?
Tom levantó la mirada lentamente.
—Porque no quería cargar a otros con mis problemas.
Sonrió apenas.
Una sonrisa cansada.