Bajo el mismo techo contigo Capitulo 9
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Capitulo 9

No te vayas

Los días parecían pasar volando, absorbidos por la rutina diaria de la universidad.

Otra nota de Dean estaba pegada en la puerta del refrigerador.

“Tuve que hacer un viaje a la cede central. Volveré mañana por la tarde. Come adecuadamente. No vale cenar pizza. Dean”

Hacía mucho tiempo que no se ausentaba de casa. Desde lo de nuestros padres, había llegado a un acuerdo para quedarse fijo en la ciudad. Tal vez, con Lucian en casa, ya no se sentía tan inquieto al alejarse por trabajo.

Tomé mis cosas y salí.

El día transcurrió entre clases. Me sentía un poco más cansado de lo normal.

—Entonces, ¿cómo te fue en la cita?

Erin me sacó de mi trance durante el receso. El aula estaba medio llena. Las voces de los demás estudiantes se escuchaban bajas, de fondo.

Su mirada estaba cargada de curiosidad.

—Estuvo bien. Pero no resultó.

—¿Ah, sí? Podía presentirlo. Ahora dame tu mano.

—No te pagaré —bromeé.

—Nunca lo haces —respondió con una sonrisa divertida.

Entonces extendí la palma hacia ella.

Sabía que no iba a parar hasta que cediera.

Tomó mi mano y cerró los ojos por un instante.

—Veo que hay alguien especial cerca de ti.

Sentí un pequeño escalofrío recorrerme la espalda.

—Pero, por alguna razón, no estás dejando que entre en tu vida... ¿Quién es, Kai?

Retiré mi mano de inmediato.

—Tú estás mal. No hay nadie.

El timbre sonó en ese momento.

—Claro... salvado por la campana —dijo, arqueando una ceja.

Yo simplemente la ignoré. Nunca había deseado tanto que el señor Heins volviera tan pronto.

Me había puesto en contacto con Arya para pasar por su tienda de música esa tarde, después de clases. Terminaba de enviarle un mensaje mientras caminaba por los pasillos de la universidad en dirección a la salida.

Esta vez Erin no pudo acompañarme. Aunque, por un lado, era un alivio. A veces podía ser demasiado insistente.

—¡Kai!

Giré.

Era Tom. Se acercaba con una sonrisa iluminada, como siempre.

—Tom, ¿cómo estás?

—Un poco exhausto.

—Ey... mira lo que tengo para ti.

Sacó un libro de su mochila.

Era una edición especial de un artista que admiraba.

—¿Cómo lo conseguiste? Lo busqué en varias librerías.

—Un amigo lo tenía tirado en su cuarto. Se cambió de carrera y, cuando le hablé de ti, me dijo que te lo diera.

—¡Gracias! Esto es... realmente genial.

—Me alegra que te guste.

Guardó las manos en los bolsillos antes de volver a hablar.

—¿Ya te ibas? ¿Qué tal si vamos a beber algo con los chicos?

—Lo siento, Tom. Yo... quedé en ir al centro a tomar unas fotografías.

La expresión de Tom cambió ligeramente. Su sonrisa se desvaneció poco a poco y su mirada se volvió más seria de lo habitual.

—Kai... últimamente siento que te estás alejando un poco de mí. Es la segunda vez que me rechazas.

—No es eso... Realmente ya había quedado en esto.

Él era atento y, aun así, yo...

—El viernes, ¿qué tal si vamos? Iré sin falta. En serio.

Tom volvió a sonreír, como siempre.

—Está bien. Tomaré tu palabra.

♦

Una canción suave sonaba en el local mientras tomaba varias fotografías para la publicidad.

Era un poco melancólica y armoniosa al mismo tiempo. No pude evitar prestar atención a la letra.

Hablaba de un amor que se había distanciado, pero que, aun así, seguía intacto. Como si los sentimientos de esa persona nunca fueran a cambiar.

Ya había tomado suficientes fotografías, tanto del interior como de la fachada.

Miré hacia el mostrador.

Arya estaba sentada detrás de él.

Tenía la mirada perdida. Parecía un poco triste. Por momentos observaba la pantalla de su celular, como si estuviera esperando algo. Al siguiente instante, volvía a perderse en la distancia.

Me acerqué a ella, que aún seguía distraída.

—Creo que saqué los mejores ángulos posibles. Irá bien.

Me miró de repente. De verdad no había notado cuándo me acerqué.

—Lo siento, Kai. Eso es... genial.

—Me agrada la música que está sonando, pero... creo que es un poco triste. Tal vez no anime demasiado a la clientela —bromeé.

Ella cambió apenas la expresión y me dedicó una sonrisa que parecía sincera.

—No creo que ese sea el problema... Creo que la música puede llenar nuestros sentidos y llegar directo al corazón, logrando que lo que realmente sentimos salga a flote. Por eso amo tanto la música.

Bajó la mirada un instante antes de continuar.

—Es igual con el arte, ¿no crees? Cuando una obra logra transmitir algo... de verdad se vuelve especial.

Las palabras de Arya tenían mucho sentido. De hecho, eso era lo que más me estaba costando reflejar en mis pinturas.

No pude evitar sentirme un poco abatido.

De repente, apareció un leve dolor de cabeza.

—¿Kai? ¿Estás bien?

—Sí... solo un leve dolor de cabeza.

—Tal vez no comiste lo suficiente.

Eso me hizo reír un poco. Por un momento sonó igual que Dean.

—Te preparé un café.

—Gracias.

Arya era realmente amable.

Hablamos un poco de todo: arte, música y algunas cosas sin importancia. Me gustaba la perspectiva que tenía sobre las cosas. Además, podía ser divertida.

♦

Ya era el anochecer cuando llegué a casa.

El dolor de cabeza seguía latiendo detrás de mis ojos y mi cuerpo se sentía extrañamente pesado.

Tenía sed, así que fui directo a la cocina por algo para beber.

Lucian estaba preparando la cena.

Permanecía concentrado frente a la estufa.

—¿Cómo te fue? No demores mucho, ya casi está lista la cena.

—No tengo apetito.

—¿Comiste algo en el camino?

Iba a responder cuando su celular comenzó a sonar.

No pude evitar acercarme un poco más.

Y entonces la vi otra vez.

Esa expresión.

La misma que aquella vez.

Algo se tensó en mi pecho.

Lucian seguía sin mirarme.

En ese momento no podía pensar con claridad.

Solo quería que me viera.

Apagó la estufa, tomó el teléfono y soltó un simple:

—Ya regreso.

Estiré la mano y lo sujeté del brazo.

—No te vayas...

Mi voz apenas salió, pero fue suficiente para detenerlo.

Y entonces mi cuerpo cedió.

La fuerza abandonó mis piernas de golpe.

Todo se volvió negro por un instante.

Sentí unos brazos sosteniéndome antes de caer.

La voz de Lucian llegó lejana, distorsionada.

—¿Kai? ¿Qué sucede?

No tenía fuerzas para hablar ni para abrir los ojos.

Solo podía escuchar la voz de Lucian, difusa.

Sentí su mano sobre mi frente.

—Tú... estás ardiendo.

Después de eso, me cargó escaleras arriba.

Percibí la suavidad de las sábanas cuando me dejó sobre la cama, pero incluso eso dolía.

Todo mi cuerpo pesaba.

—¿Kai? ¿Me escuchas?

Logré abrir apenas un poco los ojos.

Y entonces la ansiedad volvió a apretarme el pecho.

Lucian se estaba alejando.

La imagen de aquella expresión mientras miraba la pantalla de su teléfono cruzó mi mente otra vez, confusa y desagradable.

Antes de que pudiera pensar demasiado, volví a sujetar la manga de su ropa.

—No te vayas...

Lucian se detuvo de inmediato.

—Voy a buscar medicamento. Ya regreso.

Solo después de escucharlo pude calmarme un poco.

Oí que decía algo más, pero las palabras ya no llegaban con claridad.

El cansancio terminó de arrastrarme por completo.

Y cerré los ojos.

Otra vez, ese aroma dulce invadió mis sentidos.

Y también aquel contacto cálido.

Me aferré a ello antes de hundirme lentamente en un sueño profundo.