Capitulo 8
En otra parte
Era tarde por la noche y aún seguía repasando en mi habitación los últimos temas de la currícula para el examen de mañana.
De pronto, mi celular vibró.
Era un mensaje de un número desconocido.
“ Hola Kai, soy Lucy. ¿ Cómo has estado?. ¿ Estas libre mañana?”
Era la chica que había conocido en la fiesta a la que fui con Tom. Parecía agradable.
Tal vez salir con Lucy no era una mala idea.
Quizá eso me ayudaría a despejar la cabeza.
Al día siguiente solo tenía el examen por la mañana y, después de eso, estaría libre, así que quedamos en encontrarnos más tarde.
Por alguna extraña razón, una sensación de culpa rondaba mi cabeza.
No tenía sentido.
♦
Caminaba junto a Erin hacia la salida del campus después de rendir el examen.
—¿Cómo te fue en la fiesta?
—No sé si contarte... Es tu castigo por no venir.
—¡Vamos, no seas cruel! Sabes que ese ambiente no es lo mío. Te habría pedido que nos fuéramos temprano a comer una buena hamburguesa o algo así.
Ambos soltamos una risa baja.
—No seas escandalosa.
—Entonces dime...
—No pasó nada. Solo tomé un poco y hablé con varios amigos de Tom. No estuvo mal.
De repente, la imagen de Tom sujetando del brazo a aquella chica apareció en mi mente.
—Si no fue nada, entonces ¿por qué pones esa cara?
Intenté apartar esos pensamientos.
Permanecimos en silencio hasta que ella volvió a hablar.
—Entonces... ¿vas a abandonarme por otra mujer?
La miré de reojo.
—Siempre tan dramática.
Solté una risa.
—Oye... ¿te pusiste lo primero que encontraste?
Bajé la mirada hacia mi ropa.
—¿De verdad? —continuó—. Pensé que pondrías más esmero en lo que usas si la situación era tan importante como una primera cita.
—¿Qué tiene de malo mi ropa?
Ella sonrió, divertida.
—Dame tu mano.
—No —respondí de inmediato.
—¿Acaso tienes miedo?
—Tú... me das escalofríos.
No pude evitar burlarme de ella.
♦
Me encontré con Lucy después de eso.
Quería ir a una exposición de un artista local, así que terminé acompañándola.
Era algún tipo de arte con figuras en movimiento, luces y estructuras mecánicas.
No era realmente mi estilo, aunque admito que algunas piezas eran interesantes.
Lucy, en cambio, parecía completamente cautivada por las obras.
Después fuimos a tomar un café.
—Entonces, Kai... ¿ya sabes qué obra vas a presentar a fin de semestre?
Me quedé pensativo unos segundos.
—Yo... aún no lo sé. Todavía estoy buscando inspiración.
—Créeme, llegará cuando menos lo esperes. Hasta una simple canción podría detonar algo en ti... o una persona.
Terminó la frase arqueando una ceja.
No supe en qué momento mi mente volvió a distraerse.
Cuando reaccioné, Lucy me estaba llamando.
—¿Kai? Te fuiste de nuevo —dijo entre risas.
—Lo siento. No fue mi intención.
—No hay problema.
Me levanté de inmediato.
—Iré al baño un segundo. Ya regreso.
Entré al baño de la cafetería y me lavé el rostro.
Tal vez... no había dormido lo suficiente.
Cuando salí, observé desde el otro extremo de la cafetería la mesa donde ella seguía sentada.
Algo en mi pecho se sintió pesado.
Lucy era agradable. Divertida.
Pero, por alguna razón, no era la persona que quería encontrar esperándome.
Más tarde caminamos hacia la parada de autobús que ella tomaba para regresar.
—Kai, gracias por acompañarme hoy.
Sonrió con suavidad.
—Llevaba tiempo esperando esta exposición.
La miré de reojo.
—No hay problema.
Ella se detuvo y extendió su mano.
—¿Qué te parece si seguimos solo como amigos?
Me quedé mirándola, un poco perplejo.
—Tú no estuviste realmente aquí hoy.
Rio con suavidad.
—No estoy enojada. Puedo entenderlo.
Le dediqué una sonrisa amable y estreché su mano.
—Bien.
♦
Tom pasó por casa después de eso.
Estalló en carcajadas cuando le conté lo de Lucy.
—Lo siento, Kai, no quise reírme, pero eso suena a un desastre.
—No lo fue realmente.
—Bien, como tú digas. Pero te lo he dicho varias veces: no tienes que comprometerte, solo déjate llevar.
Tomé un sorbo de mi bebida mientras lo escuchaba.
—Habrá una reunión en casa de Jessie esta noche. Seremos pocos... y habrá chicas lindas.
Su tono fue claramente insinuante.
Antes de que pudiera responder, se inclinó hacia mí.
Sentí su cercanía demasiado rápido.
Tomó mi rostro entre sus dedos, obligándome a mirarlo.
—Solo diles que no tienes experiencia. Eso las vuelve locas.
Su pulgar rozó mi mejilla con una familiaridad que me tensó.
—Usa ese rostro bonito.
Su mano permaneció allí un segundo más de lo necesario.
Una incomodidad difícil de explicar me recorrió el cuerpo.
Aparté su mano con firmeza.
Él volvió a estallar en risas.
—Tonto.
Se levantó de la silla y dejó su bebida sobre mi escritorio.
—Debo irme. Te envío un mensaje esta noche.
Cerré la puerta detrás de él y solté el aire que había estado conteniendo.
♦
Había terminado de lavar la vajilla de la cena.
Tomé asiento en la mesa de la cocina mientras observaba a Lucian preparar algo sobre la estufa.
Preguntó de repente:
—¿Cómo te fue en el examen?
No pensé que lo recordaría.
—Creo que estuvo bien. Me darán la calificación en unos días.
—Genial.
Continuó con lo que estaba haciendo durante unos segundos antes de volver a hablar.
—¿Cómo te gustan las palomitas? ¿Dulces o saladas?
—Dulces.
—Bien. Te dejaré elegir solo por tu esfuerzo de hoy.
Se giró hacia mí con un bol lleno.
—Prueba.
Tomé un puñado y lo llevé a mi boca.
Sabían deliciosas.
Había algo diferente.
Lo miré con curiosidad.
Pareció adivinar mi pregunta.
—Les añadí esencia de vainilla.
Volví a mirar el bol.
—Por momentos eres un fastidio... pero otras veces pareces saber cuidar de alguien.
En el instante en que terminé de hablar, me quedé rígido.
Lo había dicho en voz alta.
Lo miré de inmediato.
Lucian estalló en una carcajada.
—Viniendo de ti, eso suena casi como un cumplido.
Luego abrió el refrigerador y sacó unas bebidas.
—Te quedas a ver el partido con nosotros, ¿verdad?
Mi celular vibró.
Era Tom.
Leí el mensaje en silencio.
Alcé la mirada.
Dean estaba sentado en el sofá, atento al televisor.
Lucian caminaba en esa dirección.
Lo observé con detenimiento.
Quería quedarme.
Tom no volvió a responder después de eso.
Tomé asiento en el sofá junto a ellos.
No era fanático del béisbol, pero compartir un momento en casa de esa manera resultaba extrañamente reconfortante.
Mi día había sido largo.
Agotador.
Mis párpados comenzaron a pesar sin que lo notara.
Poco a poco, mi cuerpo terminó por relajarse por completo.
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que cerré los ojos.
De pronto, la almohada bajo mi cabeza me pareció un poco incómoda.
Moví una mano lentamente, intentando acomodarla.
Se sentía suave.
Cálida.
Mis dedos rozaron una superficie cubierta por tela.
Debajo había calor.
Y algo firme.
Deslicé la mano apenas, todavía atrapado entre el sueño y la vigilia.
Entonces, aquello bajo mis dedos se estremeció levemente.
Me quedé inmóvil.
¿Se había estremecido?
Abrí los ojos de golpe.
Una voz me arrancó del adormecimiento.
—Si ya terminaste de tocar, deberías subir a tu habitación.
Me incorporé de inmediato, todavía aturdido.
Tardé un segundo en entender lo que estaba pasando.
Había estado durmiendo sobre el regazo de Lucian.
Dean ya no estaba por ningún lado.
Miré a Lucian.
Él no me observaba de frente.
No parecía molesto.
Más bien...
¿Estaba avergonzado?
—Lo siento... No fue mi intención.
Sin esperar respuesta, salí casi corriendo escaleras arriba.
Cerré la puerta de mi habitación y apoyé la espalda contra ella.
Mi corazón seguía latiendo demasiado rápido.
Llevé una mano a mi rostro, todavía sintiendo el calor acumulado en mis mejillas.
Había sido un accidente.
Me repetí esas palabras varias veces.
Deslicé mi cuerpo lentamente hasta quedar sentado en el suelo.
Cerré los ojos con fuerza.
Necesitaba dejar de pensar en él.
Y eso era precisamente lo que no podía hacer.