Capitulo 7
Un lado de ti
Bajé un poco la ventanilla del auto. Necesitaba aire fresco para calmar el calor que todavía sentía en el rostro.
—¿Estás bien? Si tomaste mucho, esto te ayudará. Si no, te dolerá la cabeza más tarde.
Lucian me pasó una botella de agua fresca sin apartar la vista del camino.
Dudé un segundo, pero terminé aceptándola.
—Gracias.
En ese momento, su celular comenzó a sonar.
Lo miré de reojo.
Su expresión parecía tensa, aunque su tono seguía siendo amable.
—Buenas noches.
Hubo una breve pausa.
—Bien, lo entiendo, pero aun así no estoy en el taller. Puede acercarse durante la semana.
Silencio otra vez.
La persona del otro lado parecía estar agotando su paciencia.
Lucian apretó apenas la mandíbula antes de responder.
—Está bien. Estaré ahí en un momento.
Luego colgó.
Soltó un suspiro y me miró de lado por apenas un instante.
—¿Está bien si pasamos por el taller un momento?
Asentí.
—No hay problema.
Lucian cambió de rumbo y el auto tomó una avenida menos transitada.
Miré las luces de la ciudad pasar detrás de la ventanilla mientras sostenía la botella entre mis manos.
De repente, una canción comenzó a sonar en el auto.
El sonido suave de la guitarra llenó el silencio, acompañado por un ritmo lento y pesado.
La voz me resultaba conocida.
Entonces Lucian habló.
—¿Te agrada? Es otra canción de la banda que escuchabas.
—Suena bien.
Intenté concentrarme en la melodía.
La voz grave del cantante avanzaba despacio, casi arrastrando cada palabra. Había algo extraño en la canción. No era triste exactamente, pero transmitía esa sensación incómoda de alguien pensando demasiado en otra persona.
Como si estuviera atrapado en pensamientos que no debería tener.
Sentí una leve incomodidad al entender algunas frases sueltas.
Hablaba de noches largas, llamadas que nunca se hacían y pensamientos imposibles de ignorar.
De querer saber si la otra persona sentía lo mismo.
Mi garganta se tensó un poco.
Desvié la mirada hacia la ventanilla.
—¿El taller queda lejos?
—No. Unos diez minutos.
Asentí en silencio.
Las calles comenzaron a verse más vacías a medida que avanzábamos. Algunos negocios todavía tenían las luces encendidas, pero la mayoría ya estaba cerrando.
Después de unos minutos, el auto disminuyó la velocidad frente a un gran portón metálico iluminado por un cartel blanco.
El interior del taller era mucho más amplio de lo que imaginaba.
Las luces blancas iluminaban filas de vehículos impecables. Algunos parecían recién salidos de una exposición: deportivos de colores oscuros, autos antiguos con carrocerías brillantes y varios modelos que solo había visto en revistas o videos de internet.
El olor a pintura, metal y aceite llenaba el ambiente.
Mis pasos se hicieron más lentos sin darme cuenta mientras observaba alrededor.
Creo que Lucian notó mi curiosidad, porque habló apenas seguimos avanzando.
—Esos clásicos están aquí para algunos detalles. Son autos de exhibición.
Señaló una fila apartada donde varios vehículos antiguos descansaban bajo luces más suaves. Sus superficies reflejaban el techo del taller como espejos.
Luego hizo un gesto hacia la otra sección.
—El resto... La mayoría viene por reparación estética o modificaciones —bromeó.
Solté una pequeña risa.
Todo se veía costoso.
No era el típico taller ruidoso y desordenado que imaginaba.
—Esto es enorme —admití.
Lucian me miró de reojo.
—Te acostumbras después de un tiempo.
—¿Dónde aprendiste de mecánica?
—Mi tío era un gran fanático de los autos.
Aprendí lo básico de él cuando era pequeño.
Empecé desde abajo. Tenía un trabajo de medio tiempo en la secundaria, en un taller muy modesto.
Fue mi primer empleo. Apenas cubría algunos gastos, pero, más que nada, lo hacía por la experiencia. Nada profesional.
—Entonces... ¿cómo es que terminaste estudiando con Dean?
—Solo fue un semestre. En ese momento no veía la mecánica como una fuente estable de ingresos, pero tuve la suerte de conocer a mi compañero actual, Rob. Él me enseñó todo lo que sé ahora. Vi en ello una verdadera oportunidad.
—Suena genial.
Miré alrededor.
—¿Cuál es tu auto?
—Ven.
Nos dirigimos hacia otro sector del taller.
—Es ese Nissan Silvia S15 negro.
Levanté la vista y me quedé observándolo unos segundos.
—Me tomó un año restaurarlo desde cero.
—¿Ese es tuyo?
—¿Te decepciona?
Negué rápidamente con la cabeza.
—No, de hecho... es genial.
—No creas que solo me ensucio con el mío —dijo entre risas—. Hay autos clásicos que también debo armar y desarmar por completo, incluido el motor.
—Suena agotador.
—Lo es.
Lo dijo sin quejarse.
De hecho, había una pequeña sonrisa en su rostro que solo consiguió despertar más mi curiosidad.
Quería saber más de él.
La idea salió de mi boca antes de poder pensarlo demasiado.
—De verdad te gusta esto, ¿no?
Sus ojos recorrieron el taller, como si estuviera viendo cada auto por primera vez.
Luego, una sonrisa amplia apareció en su rostro.
Y yo me quedé completamente atrapado en ella.
Se veía distinto cuando sonreía así.
—Supongo que sí —respondió—. Me gusta arreglar cosas y entender cómo funcionan. Escuchar el motor rugir después de horas de trabajo... es fantástico.
Su voz sonó extrañamente sincera.
Como si hablara de algo importante para él.
Por un momento, olvidé incluso mirar alrededor.
Entonces, un timbre interrumpió el ambiente.
Ambos giramos hacia la entrada del taller.
Alguien estaba llamando desde la puerta.
Lucian caminó hacia la entrada.
Yo me quedé observando uno de los autos que había llamado mi atención desde que entramos.
Era un Ferrari clásico.
El capó estaba abierto y dejaba ver un motor impecable, demasiado limpio para un auto tan antiguo. Las piezas metálicas brillaban bajo las luces blancas del taller.
Me incliné apenas, curioso.
Entonces escuché la voz de una mujer.
Alcé la mirada.
Alguien venía junto a Lucian.
Solo pude verla bien cuando se acercaron más.
Llevaba un vestido rojo ajustado, con un escote pronunciado. Su cabello largo y castaño claro caía sobre sus hombros. Su andar era seguro, como si luciera orgullosa de todas las joyas que llevaba encima.
Parecía salir de una fiesta.
No entendía por qué alguien iría al taller vestida de esa forma a esas horas.
—Lucian... querido. Lamento haberte hecho venir tan tarde.
Su tono de voz me resultó irritante al instante.
Lucian y ella se detuvieron cerca del auto detrás del cual yo estaba.
—Señora Allan...
—No seas tan formal. Dime Debie.
—Señora Allan.
La voz de Lucian seguía sonando tranquila, pero aun así podía notar la distancia que marcaba.
—Como le expliqué hace un momento... su auto estará listo el lunes. No puedo hacer más por ahora. De verdad lo siento.
—Es una pena. Una amiga me dejó cerca porque tenía la confianza de que ya estaría listo. No tengo cómo volver.
Vi cómo se acercaba un poco más a él.
Ella lo llamó con un tono bajo.
—Lucian...
Hizo una breve pausa antes de seguir.
—Siempre has sido tan amable conmigo. Tengo la certeza de que sabes tratar a una dama como yo.
Se acercó un poco más a él y acarició lentamente su brazo.
Mi cuerpo se tensó.
—¿Sería una molestia si... pudieras llevarme?
Claramente era una excusa.
Lucian ni siquiera pareció dudar.
—Puede llevarse el auto de su esposo. Lo dejé listo esta misma tarde. Voy a llamarlo para avisarle.
—Yo...
Ella vaciló.
No pude evitar reírme por lo bajo.
Y entonces sentí que alguien me jalaba suavemente del brazo.
Antes de reaccionar, Lucian pasó un brazo sobre mis hombros y me acercó a él.
—Además, debo llevar a mi hermanito a casa. No se siente bien.
¿Acaso me estaba usando de escudo?
¿Y «hermanito»?
¿Así era como me veía?
Fruncí el ceño de inmediato.
La mujer pareció quedarse sin palabras.
Yo simplemente decidí ignorar la situación.
—Ya veo... Está bien. Pediré un taxi.
Después de eso, se marchó.
Esperé unos segundos antes de apartarme de Lucian.
—¿Quién quiere ser tu hermano?
Él solo se rio.
—Lo siento —dijo, todavía divertido—. Te compensaré, ¿sí?
Y, antes de que pudiera decir algo más, sentí su mano desordenando suavemente mi cabello.
Esta vez no me aparté.
Ni siquiera protesté.
Solo me quedé mirándolo unos segundos más de lo normal.
—Vayamos a casa antes de que te quedes dormido aquí.