Capitulo 6
Bajo la superficie
No sabía en qué momento había vuelto a mi habitación.
Simplemente sentía como si mi cuerpo actuara solo.
Mi corazón apenas se había calmado.
Era porque había invadido mi espacio personal. Eso era todo.
¿No tenía sentido común o qué?
Me irritaba.
No quería seguir pensando.
Solo quería dormir.
Cerré los ojos con fuerza, intentando ignorar la sensación incómoda que todavía persistía en mi pecho.
La luz del sol comenzó a molestarme y terminó sacándome del sueño.
Me sentía cansado. Hacía mucho que no dormía de forma tan ligera.
Me senté al borde de la cama, mirando hacia la nada.
En ese momento, la puerta de mi habitación se abrió.
Era Dean.
—Vaya... Pensé que tendría que despertarte.
—Vamos, date una ducha y baja a desayunar.
Solo asentí. El sueño todavía me tenía un poco aturdido.
Bajé las escaleras.
Dean y Lucian estaban sirviendo el desayuno.
—Entonces, ¿tienes trabajo este fin de semana? —preguntó mi hermano mientras servía café.
—Realmente no. Adelanté bastante esta semana —respondió Lucian mientras lo ayudaba a acomodar la mesa.
—¿Y qué hay de esa clienta que me contaste?
—Estoy a punto de poner un cartel en la puerta que diga: «Cerrado por refacción».
Mi hermano soltó una risa baja.
No sabía bien de qué hablaban, así que simplemente me senté a la mesa.
No quería ver a Lucian en ese momento, así que lo ignoré.
Pero él no hizo lo mismo conmigo.
Sentí su mirada fija sobre mí.
—Vaya... Luces fatal.
Y por culpa de quién será, pensé.
—No dormí bien —contesté brevemente.
En ese momento, su celular sonó.
La expresión que hasta hacía un momento parecía relajada se tensó apenas vio el número en la pantalla. Sus labios perdieron la leve curva que tenían y permaneció inmóvil durante un segundo antes de ponerse de pie.
Tomó el celular y salió afuera.
Desde la ventana de la cocina todavía alcanzaba a verlo. No pretendía espiarlo... pero tampoco fui capaz de apartar la vista.
Atendió la llamada y bajó la cabeza.
Varias preguntas aparecieron de inmediato en mi mente.
¿Quién lo estaba llamando a esa hora?
¿Quién era capaz de hacer que pusiera esa expresión?
No tenía ningún motivo para preocuparme. Ni siquiera era asunto mío.
Aun así, una incomodidad extraña comenzó a instalarse en mi.
Miré a mi hermano antes de preguntarle:
—Dean... No lo malinterpretes, pero ¿por qué él está realmente aquí?
—No parece el tipo de persona que no puede permitirse un departamento.
Dean me miró unos segundos antes de responder.
—Hay preguntas que deberías hacerle directamente a él.
Fruncí levemente el ceño.
—¿Eso significa que hay algo que no sé?
—Solo... Ten un poco de tacto, ¿quieres?
♦
El café logró despertarme un poco.
Fuimos en el auto de Dean a la tienda. Era un lugar grande, no muy lejos de casa. Solíamos hacer allí las compras del mes.
Por suerte, Lucian se había quedado en casa. Necesitaba un pequeño respiro.
—Hace mucho que no hablamos —dijo Dean mientras caminábamos por los pasillos buscando qué llevar—. ¿Cómo vas con la universidad?
Tomó una caja de cereal antes de continuar.
—Siempre fuiste muy dedicado con el estudio, pero aún me preocupa que hayas elegido hacer dos carreras. ¿Piensas quedarte con alguna?
—Estoy bien. Ya te lo dije. Aunque me anoté en todas las materias del semestre de Informática, en Arte solo tomé unas pocas.
—Aun así... Creo que es demasiado, Kai.
—Me ayuda a mantener la mente ocupada.
—Ya veo...
La expresión de Dean seguía luciendo preocupada.
—Dean... Con respecto al dinero... Podría posponer Arte para más adelante y buscar un trabajo de medio tiempo.
Ya habían pasado tres años desde el fallecimiento de nuestros padres. Dean, con solo 26 años, había sido el sostén de la casa desde entonces
No podía evitar preocuparme por eso. Por el pago de mi universidad. Por las cuentas. Por el día a día.
Dean me miró y me dedicó una sonrisa cálida.
—No te preocupes por eso. Ayer hablé con los abogados. Dentro de poco podremos poner en venta la casa de campo que nos dejó papá. Con eso podremos cubrir tu universidad y varias cuentas más.
Escuchar eso me dio algo de alivio.
—Bien, creo que ya tenemos todo lo de la lista. Volvamos a casa.
Dean manejaba de regreso cuando preguntó, sin apartar la vista del camino:
—¿Tienes planes para hoy?
—Sí... Iremos a una fiesta con Tom. Es la despedida de una amiga suya.
—¿Puedes ir a buscarme luego?
—Claro, no hay problema.
—¿Irá también Erin?
No pude evitar reír.
—No. Sabes que ella no es de salir de noche. Prefiere ir a librerías, cenar o, tal vez, al cine. Además, no se lleva bien con Tom.
—¿Es así? ¿Pasó algo?
—No realmente. Simplemente no le agrada.
—Bueno... A veces es mejor no insistir. ¿Y qué hay de Tom?
—Bueno, no lo conozco desde hace tantos años como a Erin, pero es muy popular y realmente es una persona atenta. Nunca lo vi en una relación seria.
Dean me observó un segundo antes de volver a hablar.
—¿Y qué hay de ti? Vamos, soy tu hermano. Puedes contarme.
No sé por qué, pero no pude sostenerle la mirada.
Miré hacia otro lado.
—Yo... No estoy saliendo con nadie.
Dean permaneció en silencio un instante y no volvió a insistir.
♦
El día transcurrió sin demasiadas novedades.
Hasta el anochecer, cuando Tom me envió un mensaje:
«Estoy afuera».
Bajé las escaleras y me despedí de Dean.
—Luego envíame la dirección —dijo en voz alta mientras yo salía por la puerta principal.
—¡Bien!
Tom estaba estacionado afuera en su Mustang negro.
En el asiento del conductor revisaba el celular con expresión distraída mientras la música sonaba baja dentro del auto.
Abrí la puerta del acompañante y subí.
—Hola, Kai. ¿Cómo has estado?
Puso el motor en marcha y nos alejamos calle abajo.
—Esperando que llegara el sábado... ¿Y tú?
Tom soltó una pequeña risa.
—Así se habla. Un poco de diversión no viene mal, te lo dije.
No es que estuviera ansioso por ir a la fiesta. Solo quería... alejarme un poco.
—Claro... —contesté sin más.
—¿Cómo te fue esta semana? Tendrás examen con el profesor Heins pronto, ¿verdad?
—¿Cómo lo sa...?
Me interrumpió antes de que terminara.
—Concéntrate en el material obligatorio. Siempre saca las preguntas de ahí. No divagues demasiado.
Lo miré un segundo.
—Bien... Gracias.
Estábamos llegando a la fiesta y no pude evitar sentirme inquieto de repente.
—Tom... ¿De verdad está bien que venga contigo? Esta vez no conozco a nadie.
—Me conoces a mí y eso es suficiente.
Dijo guiñándome un ojo antes de reír.
—Solo bromeo. Conocerme a mí es prácticamente conocer a todos, ¿no?
—Claro... Tú siempre tan popular —me burlé un poco.
Estacionamos frente a la casa.
Era una casa grande de dos pisos, con un amplio patio delantero. El vecindario parecía estar compuesto por casas de gente adinerada.
La música se escuchaba fuerte incluso desde afuera.
Chicos y chicas conversaban en la entrada con bebidas en la mano. Todo parecía demasiado animado.
Tom apagó el motor y me miró con esa expresión relajada de siempre.
—Kai... Solo diviértete, ¿sí?
Asentí apenas.
—Busca alguna chica que te guste y ve a hablarle. No tienes que comprometerte ni nada.
Sonrió de lado.
—Vamos, Kai... No me digas que viniste a una fiesta solo para quedarte mirando.
Soltó una risa baja antes de añadir:
—Las chicas de aquí no buscan precisamente conversaciones profundas. Relájate. Solo quieren divertirse igual que nosotros.
Sentí que Tom deslizaba algo dentro del bolsillo de mi chaqueta.
Pensé en revisar qué había puesto allí, pero el comentario me había dejado tan incómodo que preferí ignorarlo.
Cuando abrí la boca para decir algo, Tom ya había bajado del auto.
Y simplemente lo seguí.
Tom pasó un brazo por mis hombros y entramos a la casa.
Adentro había mucha gente.
A un lado de la sala, varios chicos estaban sentados mirando las pantallas de sus celulares.
Del otro lado, una pareja se besaba en el sillón sin preocuparse demasiado por quienes los rodeaban.
Y más al fondo...
Bueno, algunos definitivamente estaban más que ebrios.
Tres chicos, en particular, se abrazaban entre ellos. No sabía si por el entusiasmo del momento o porque intentaban mantenerse en pie usando al otro como apoyo.
—¡Este año vamos a ganar el campeonato! —gritó uno antes de arrojar su vaso al suelo.
—¡Vivan los Toros! —respondió el chico a su lado, apenas capaz de mantenerse derecho.
El tercero simplemente asentía con expresión perdida.
La escena era tan ridícula que terminé soltando una risa.
Tom me miró divertido.
—Parece que empezaron a beber desde temprano. No llegarán despiertos a la madrugada.
Nos reímos.
Entonces varias miradas se enfocaron en Tom.
Como siempre solía pasar.
Un grupo de chicos se acercó enseguida.
—¡Tom! ¡Nuestro buen amigo al fin llegó!
—¡Pasen, pasen!
Todos parecían genuinamente contentos de verlo.
—Hola, chicos. ¿Cómo están? —saludó Tom con naturalidad—. Parece una fiesta bastante cálida.
Luego señaló hacia mí.
—Él es mi amigo Kai. Sean amables con él.
Tom soltó el brazo de mis hombros y me dio una pequeña palmada, como animándome a integrarme.
En ese momento, una chica se acercó con un par de bebidas en las manos.
—Ey, Tom. ¿Cómo has estado?
Detrás de ella había otras chicas observándola, claramente molestas porque se les había adelantado.
Tom sonrió apenas al verla.
—Jules... Te ves increíble esta noche. No me habría perdido esto por nada.
La sonrisa de la chica apareció de inmediato.
—¿Ah, sí? Te extrañé.
Se inclinó un poco hacia él.
—¿Qué tal si hablamos en algún lugar donde la música no esté tan fuerte?
Tom me miró y volvió a darme una palmada en el hombro.
—Volveré en un rato. Intenta mezclarte un poco.
Segundos después, desapareció escaleras arriba junto a ella.
Vaya... Definitivamente no le costaba ligar.
Si lo pensaba bien, Tom tenía demasiados puntos a favor.
Era alto, atractivo, con una presencia difícil de ignorar. Y además estaba su carisma.
No era extraño que la gente se sintiera atraída hacia él.
Intenté mezclarme entre los demás.
Los chicos que se habían acercado el otro día en la universidad para invitarnos a la fiesta me reconocieron enseguida y me ofrecieron algo de beber.
—Kai, ¿verdad?