Bajo el mismo techo contigo Capitulo 2
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Capitulo 2

La habitación frente a la mía

Mi hermano y Lucian entraban a casa cuando me despedía de Erin.

—Luego me cuentas... Quiero saberlo todo, Kai —dijo ella entre risas antes de alejarse calle abajo.

Entré a la casa y, sin saber muy bien por qué, fui directo a la cocina.

Él no estaba ahí.

—¿Cómo te fue hoy? —preguntó Dean mientras sacaba algunas cosas del refrigerador.

—Bien... Nada nuevo.

—Supongo que eso es bueno.

Cerró la puerta del refrigerador y dejó varios ingredientes sobre la mesada.

—Ve a dejar tus cosas. Anoche era muy tarde cuando llegó Lucian. ¿Podrías mostrarle la casa mientras preparo la cena?

Era una pregunta, pero sonó más a una orden.

Suspiré apenas.

—Claro.

Subí las escaleras con mi mochila colgando de un hombro. Apenas entré en mi habitación, dejé todo sobre la silla junto al escritorio.

Me recosté solo unos minutos en la cama y cerré los ojos, intentando dejar atrás lo que había sido el día.

Las clases.

Bill...

Erin molestándome sin parar.

Y, de alguna forma, también Lucian.

Bufé para mí mismo antes de incorporarme.

Ridículo. Apenas lo conocía.

Volví a bajar unos minutos después.

Lucian acababa de salir del baño cuando me crucé con él en el pasillo.

Se había duchado.

El cabello oscuro todavía estaba húmedo y algunas gotas resbalaban por su cuello antes de perderse bajo la camiseta negra que llevaba puesta.

Ropa limpia.

Simple.

Pero en él todo parecía verse demasiado bien sin esfuerzo.

—Ven, Dean quiere que te haga un tour.

Lucian levantó apenas una ceja.

—¿Un tour?

—Sí, ya sabes... para que no termines abriendo puertas equivocadas en mitad de la noche. Qué tal si abres la puerta de un ropero y terminas en otro sitio.

Una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios.

—¿Eso ya te pasó?

Solté una risa baja.

—Solo que a la inversa y terminé aquí.

Por momentos sentía que podía bromear con él.

Era extraño.

—Es una casa grande —añadió mientras caminábamos por el pasillo del piso de arriba.

—Así es, hay varios cuartos.

Metí las manos en los bolsillos mientras avanzábamos despacio.

—Es una herencia. Era de mis abuelos maternos. Mis padres la refaccionaron hace años.

Lucian observó alrededor con más atención.

—Ya conoces la planta baja. Aquí está mi habitación... y la de Dean es aquella.

Señalé la puerta más cercana a las escaleras.

—Él se queda ahí porque suele irse más temprano en la mañana. No le gusta despertar al resto.

Tenemos un altillo por si necesitas guardar algunas cosas.

—Ya veo... —dijo simplemente.

Me detuve frente a otra puerta.

—Puedes quedarte con la habitación que está frente a la mía. Es más amplia y tiene baño privado.

Lucian dejó el bolso junto a la pared antes de mirarme otra vez.

—Gracias por dejarme quedarme aquí.

Había algo distinto en su voz esta vez.

Más serio.

Me apoyé contra el marco de la puerta, intentando parecer relajado.

—No fue idea mía. Puedes agradecerle a Dean.

Lucian giró apenas la cabeza hacia mí.

—Aun así, tú aceptaste.

Abrí la boca para responder, pero no salió nada de inmediato.

Por suerte, él habló antes.

—¿Y qué hay del resto de los cuartos?

Su tono volvió a ser más ligero.

Caminé con él hasta la siguiente puerta y la abrí.

—Era el estudio de mi padre.

La habitación olía apenas a pintura vieja y madera. Había cuadros apoyados contra las paredes, pinceles dentro de frascos y varios caballetes con obras a medio terminar. La ventana daba al patio trasero y la luz del atardecer entraba directamente sobre los lienzos.

Lucian avanzó despacio por la habitación. Observó cada cuadro con detenimiento, como si realmente intentara entenderlos.

—¿Son las pinturas de tu padre?

—Sí. De hecho, seguro ya lo sabes... Era un artista reconocido.

Lucian se detuvo frente a uno de los cuadros más grandes.

—Entiendo por qué... Sus obras logran transmitir lo que plasmó en ellas.

Lo miré un segundo.

—Gracias.

Sus palabras me reconfortaron más de lo que esperaba.

—¿Y esta? —preguntó, señalando una pintura apoyada contra la pared, todavía incompleta.

Sentí un leve calor subir por mi nuca.

—Oh... Esa es mía.

Lucian me miró con un interés distinto.

—¿También estudias arte en paralelo a tu carrera? Suena a que estás bastante ocupado.

Me encogí de hombros.

—Pinto de vez en cuando. Nada serio.

Él volvió a observar el cuadro.

—A mí me gustaría verla terminada.

Sonreí apenas.

—Solo si pagas por ella.

La risa baja que soltó llenó la habitación por un instante.

Salimos nuevamente al pasillo.

Me giré hacia la última puerta del fondo.

—Esa era la habitación de mis padres.

No abrí la puerta.

Solo me quedé mirando la perilla.

Mi pecho se apretó, como siempre que pensaba en ellos.

El silencio se volvió demasiado pesado, demasiado rápido.

Creo que Lucian notó el cambio en mi expresión, porque habló unos segundos después.

—Creo que Dean debe estar esperándonos.

No preguntó nada más.

No insistió.

Y, de alguna forma, agradecí eso más de lo que debería.

♦

La cena fue simple.

Nada muy elaborado.

Aun así, Dean cocinaba delicioso.

La mayor parte del tiempo, él y Lucian hablaron sobre trabajo. Sobre clientes, horarios y algunas historias que claramente venían de años de conocerse.

Podía notar la confianza entre ellos.

Mi hermano rara vez se relajaba así con alguien.

Dean normalmente mantenía cierta distancia incluso con sus amigos más cercanos, pero con Lucian era diferente. Las conversaciones fluían con naturalidad, como si estuvieran acostumbrados a compartir silencios y bromas desde hacía mucho tiempo.

Por momentos me descubrí observándolos más de la cuenta.

Lucian levantó la mirada hacia nosotros después de terminar su comida.

—Estuvo delicioso. ¿Qué tal si mañana preparo yo la cena?

No pude evitar arquear una ceja.

—Suena bien —dijo Dean enseguida.

Luego señaló el fregadero con dramatismo exagerado.

—Bien, aquí hay una regla. Y también va para ti, Lucian.

Su tono divertido me hizo soltar una pequeña risa antes siquiera de escucharlo terminar.

—Quien cocina no lava los platos.

Lucian y yo nos reímos al mismo tiempo.

—Suena justo —dijo él.

—Entonces, ¿mañana cocinas tú? —pregunté, intentando sonar casual mientras miraba a Lucian—. Espero que no intoxiques a nadie.

Él sostuvo mi mirada unos segundos.

—Creo que sobrevivirás.

La conversación continuó un rato más entre bromas y comentarios sueltos. Yo participé menos de lo normal, más ocupado intentando entender por qué el ambiente se sentía tan distinto desde que Lucian había llegado.

Tal vez era solo la costumbre de vivir únicamente con Dean desde hacía tres años.

O tal vez no

♦

Esa noche me desperté de madrugada.

Me moría de sed.

Bajé hasta la cocina y parecía que no era el único que no podía dormir.

Lucian estaba sentado en la mesa de la cocina con un vaso medio lleno en la mano.

No reparé mucho en él. Caminé hasta el refrigerador y tomé una bebida fría.

Pregunté, aún de espaldas a él:

—¿Aún despierto?

Oí el tono de su voz.

Fue bajo.

—Solo disfrutando del silencio un momento.

Me giré hacia él.

Su mirada estaba en otro sitio.

Por alguna razón, el ánimo que había mostrado en la cena ya no estaba ahí.

Mi boca fue más rápida que mi mente.

De pronto pregunté, sin pensar demasiado:

—Espero que la razón de tu insomnio no sea la causa por la cual estás aquí con nosotros.

Su entrecejo se frunció de repente por unos segundos y luego volvió a relajar su expresión.

Sus dedos se tensaron apenas alrededor del vaso.

Se levantó, aún sin mirarme.

—Buenas noches.

Y se retiró escaleras arriba.

Pasé una mano sobre mi nuca.

A veces podía ser indiscreto.

Fui un idiota.