Pista 16l #4
Jim permanecía en el café, atrapado en la incertidumbre, hasta que la televisión anunció que todos los pasajeros y tripulantes del vuelo HA4925 habían sido rescatados sin bajas ni heridos graves.
Un suspiro de alivio escapó de sus labios.
Entonces, entre las imágenes transmitidas, creyó distinguir a Lori en la distancia, ayudando a los pasajeros.
Parecía estar ilesa. Su corazón, antes oprimido por la angustia, se llenó de felicidad.
Eran las 21:40 en Nueva York cuando el sonido de su teléfono rompió el silencio. Jim, con el corazón acelerado, miró la pantalla y vio el nombre de Lori. La emoción y el temor se entrelazaron en su pecho mientras contestaba de inmediato. Un nudo en la garganta apenas le dejaba hablar.
—Cariño… —susurró Jim, su voz apenas un eco de la emoción contenida—. Te vi en las noticias… ¿Estás bien, mi vida?
—Jim, mi amor, estoy bien… Solo quiero verte —respondió Lori con lágrimas de felicidad en los ojos—.
Por un momento pensé que no volvería a verte…
Todo pasó tan rápido, tan de repente… Pero ya está, ya pasó.
—Intentó restarle importancia, aunque su voz aún temblaba con la emoción—.
Te lo contaré todo cuando nos veamos, cariño. ¡Menuda aventura!
Los dos rieron y lloraron al mismo tiempo, aliviados por haber superado el momento más difícil.
—¡Qué susto! Pero ahora sí puedo respirar tranquilo, mi amor.
Estoy a punto de terminar mi turno, y al fin podré dormir en paz sabiendo que pronto te veré.
—Jim soltó una risa nerviosa, aun asimilando lo ocurrido—.
Debiste pasar mucho miedo, cariño. Debes estar agotada.
Imagino que ahora os llevarán al hotel...
—Sí… miedo de no volver a verte, cielo. Pero ahora estamos celebrando nuestro rescate, nuestra vida, toda la tripulación…
Todo salió bien. —Lori suspiró, aliviada—.
Sí, enseguida nos trasladarán al hotel y podremos descansar, por fin.
Estoy contando las horas para verte el jueves por la mañana, a mi llegada, mi amor.
—Te quiero tanto, mi vida… —susurró Jim con el corazón en la garganta—. No veo el momento de volver a verte… y de hacerte mi esposa.
—Y yo, cariño. Pero el jueves está casi aquí, enseguida nos veremos. Dulces sueños, mi amor.
—Que descanses, preciosa —dijo Jim, con una sonrisa que no podía contener.
Se despidieron con un beso que, sin que ellos lo supieran, no pasó desapercibido para los compañeros de Lori, que aplaudieron felices al ver el gesto.
Jim, oyendo el ruido, no pudo evitar preguntar riendo, intuyendo algo.
—¿Qué está pasando ahí?
Lori, sonrojándose ligeramente, contestó entre risas.
—Son mis compañeros, que aplaudieron nuestro beso virtual….
Jim rio con ternura antes de despedirse:
—Adiós, mi vida. Descansa bien… Te amo. —Su voz estaba llena de alivio y felicidad.
—Tú también, cariño. Nos vemos el jueves por la mañana temprano. Yo también te quiero.
Tras un último beso al teléfono, colgaron.
Acto seguido, Lori llamó a sus padres. Si habían visto las noticias —y era casi seguro que sí— estarían muertos de preocupación. Y, en efecto, al oír su voz soltaron un suspiro de alivio, con el corazón aún encogido, pero ya deseando tenerla entre sus brazos.
—Papá, mamá, tranquilos —dijo ella con suavidad—. Todo ha quedado en un gran susto. Salimos todos ilesos.
Al otro lado, su madre apenas pudo contener las lágrimas.
—Ay, hija… cuando vimos las imágenes… solo pedíamos a Dios que estuvieras bien.
Su padre intervino con la voz quebrada, pero firme.
—Lo único que queremos es abrazarte. No sabes el miedo que pasamos.
—Yo también tengo muchas ganas de veros y abrazaros —respondió Lori, con un nudo en la garganta—. Os quiero mucho… —Hizo una breve pausa y, con una sonrisa que se notaba incluso en su voz, añadió—: ¡Nos vemos el jueves! Ya queda poquito….
—Cuídate mucho, hija —dijeron sus padres con ternura, justo antes de colgar.
Poco después llegó el transporte que llevaría a la tripulación al hotel.
Al ver acercarse el vehículo, una oleada de alivio recorrió al grupo, seguida de una espontánea ovación.
Los aplausos no solo celebraban el final de un día extenuante e inolvidable, sino también la fortuna de haber salido ilesos de una experiencia tan aterradora.
Algunos reían con nerviosismo, aun procesando lo sucedido, mientras otros simplemente cerraban los ojos, dejándose vencer por el cansancio.
La tensión empezaba a disiparse, dando paso a una sensación de gratitud y tranquilidad.
Por fin podrían descansar. Lori tenía su último vuelo de regreso al día siguiente, miércoles.
La salida estaba programada para las 21:50 desde Seattle, con una llegada prevista a Nueva York a las 6:00 de la mañana del jueves, hora local.
A pesar del agotamiento, la idea de volver a casa y reencontrarse con Jim le daba fuerzas para afrontar una última jornada en el aire.
Tras la transmisión del incidente a bordo, el FBI inició una investigación exhaustiva para determinar quién colocó la bomba en la aeronave y cómo logró burlar los protocolos de seguridad.
A pesar de los esfuerzos de los agentes asignados al caso, la investigación sigue en curso, y cada pista descubierta plantea más preguntas que respuestas… .
[7] En Seattle, Washington, durante el mes de diciembre, la puesta de sol ocurre alrededor de las 16:30.