Feliz Navidad
Al llegar a Nueva York, Jim ya la estaba esperando con un enorme ramo de flores en mano, a la salida de la zona de desembarque.
El espectáculo amoroso estaba servido. Se abrazaron con una intensidad que parecía detener el tiempo, sellando el momento con un apasionado beso que hizo que los demás viajeros y tripulantes sintieran envidia.
Jim, incapaz de esperar ni un segundo más, la levantó en brazos como si fueran a cruzar el umbral de su nueva vida juntos.
La llevó así hasta su coche, mientras la multitud aplaudía su simpático gesto.
Lori reía entre felicidad y un toque de vergüenza, consciente de que eran el centro de todas las miradas.
Pero, sin importar lo que pensaran los demás, ese momento solo les pertenecía a ellos.
Ellos no hicieron la tradicional despedida de solteros propiamente dicha, pero, en su estilo, la disfrutaron a su manera.
Mientras adquirían y probaban sus atuendos para la boda, entre los descansos de los vuelos de Lori, y con la ayuda de su hermana gemela Lily y Nicky, la hermana de Jim, que la acompañaban en todo momento, organizaron una pequeña fiesta íntima entre ellas y algunas amigas cercanas.
En el ambiente festivo y navideño de la ciudad, iban de pub en pub , entre copas y risas, disfrutando de unas bebidas y creando su propia fiesta de despedida de soltera.
Aunque no fue la típica celebración ruidosa y bulliciosa, fue suficiente para ellas.
Un momento de alegría, amor y complicidad entre compras.
Mientras tanto, Dimitri, junto con Andy, el hermano pequeño de Jim, y algunos compañeros policías más, se habían encargado de organizar su propia versión de la despedida de soltero para Jim.
Después de sus jornadas de trabajo, se reunían para tomar unas cervezas y bromear entre amigos.
Nada sofisticado ni grandioso, pero una fiesta de camaradería que marcaba el cierre de su soltería.
Sin embargo, la verdadera despedida de solteros la hicieron Lori y Jim juntos, a su manera y sin seguir las convenciones.
Se escaparon a una cena romántica, disfrutaron de un paseo en carruaje por Central Park y se dejaron envolver por la magia de las luces navideñas que iluminaban la ciudad.
Fue una despedida más personal, más íntima.
Jim seguía el juego de conquistarla una vez más, mientras ella fingía desinterés, aunque sus sonrisas y miradas traicionaban la emoción que compartían.
Finalmente, terminaron su día especial en una elegante suite de hotel, donde, rodeados de lujo y romanticismo, consumaron su amor…
y con ello, el fin de la soltería. Un día que quedaría grabado en sus corazones, como el fin de una etapa y el inicio de otra nueva, juntos.
El viernes, es decir, al día siguiente, era Nochebuena, y tanto la familia O’Hara como la familia Kiloha se reunieron para celebrarlo juntas.
En cuanto Lori cruzó la puerta, todos se lanzaron a abrazarla, desbordados por la emoción y el alivio.
Daban gracias a Dios de que todo hubiera quedado en un susto y que ella estuviera de regreso, sana y salva.
Aquel día, al ver las noticias, el corazón se les encogió; no lograron respirar con tranquilidad hasta que supieron, por fin, que todos estaban a salvo.
La fiesta se celebró en la casa de los padres de Jim, donde se preparó una espléndida cena navideña, con el tradicional pavo, pudines y, por supuesto, las ricas y simpáticas galletas de jengibre en forma de muñeco, que todos esperaban.
El ambiente era relajado y familiar; no era necesario vestirse de forma muy formal, pero sí cómoda, por lo que casi todos se decantaron por suéteres, jerséis o camisas con motivos navideños, una tradición de los O’Hara que añadía un toque festivo y divertido al encuentro.
El salón estaba decorado con un enorme y brillante árbol de Navidad, cuyos adornos reflejaban la luz de las velas.
Debajo del árbol se amontonaban regalos para todos: para los que se habían portado bien y también para los que, de alguna manera, no habían sido tan perfectos.
Al final, nadie se iría sin un obsequio.
Los anfitriones, Conor y Selena, los padres de Jim, estaban acompañados de sus hijos: Andy, el más pequeño de los O’Hara, Nicky, la mediana, y, por supuesto, Jim.
Como invitados de honor estaba la familia Kiloha al completo: Vincent y Gwendolyn, los padres de Lori, quienes habían viajado desde Hawái para la boda, junto con Lily, la hermana gemela de Lori, para compartir esta noche tan especial.
Aunque no eran una multitud, la celebración resultó ser cálida y entrañable, evocando las Navidades tradicionales de antaño.
Cada uno aportó algo especial al evento: una botella de vino, alguna de champán, flores frescas, dulces típicos navideños; Gwen preparó unos dulces típicos hawaianos y Vince preparó su ponche hawaiano casero con cariño.
Antes de la cena, todos se tomaron de las manos alrededor de la mesa, en un gesto de unidad y gratitud.
Oraron y dieron gracias por las bendiciones recibidas durante el año, por el regreso seguro de Lori a casa, por la rica comida preparada con tanto cariño y por los futuros marido y mujer, cuya unión se celebraría al día siguiente, además de por las familias que ahora se entrelazaban.
Cantaron villancicos, jugaron a juegos familiares y rieron con los chistes, algunos de ellos bastante malos, que los chicos no dejaban de contar. La risa llena de cariño llenaba la casa, mientras las luces del árbol parpadeaban suavemente.
Para Jim y Lori, esta Navidad fue aún más especial, pues era la primera que compartían juntos, rodeados por sus seres queridos.
La calidez de la noche, el amor de sus familias y el simple hecho de estar juntos creaban una atmósfera mágica.
Cuando llegó el momento de despedirse, Jim y Lori sabían que ya no se verían hasta la tarde del día siguiente, el día de Navidad… el día de su boda.
Ya tenían todo listo y estaban emocionados…
¡y con los nervios a flor de piel! Sentían que estaban a punto de comenzar una nueva etapa en sus vidas, y la anticipación los envolvía con una mezcla de felicidad y emoción.
Dentro de un año, prometieron que la Navidad se celebraría en su propio hogar, como marido y mujer.
Y que nadie de los presentes podría faltar…
¡bajo amenaza de ser desheredados del ponche y las galletas!
Llegó el gran día: el día de Navidad. Todos esperaban nieve, pero la sorpresa fue que, en lugar de una nevada matutina, la nieve llegó justo al final de la celebración, cuando la fiesta estaba en su apogeo.
Mientras Lori y Jim partían de luna de miel, la nieve comenzó a caer suavemente como un regalo especial para sellar ese momento tan único.
El vestido de novia de Lori era un gran secreto, conocido solo por Gwen, su madre, Lily, su hermana gemela, y, por supuesto, ella misma. Ni siquiera Vince, su padre, tenía idea de cómo sería. La emoción en su rostro al verla en su vestido sería indescriptible.
Siguiendo la tradición, Lori llevaba algo viejo: sus zapatos, unos elegantes y cómodos tacones blancos que ya había usado en otras ocasiones y que, a diferencia de los nuevos, no le causarían molestias.
Algo nuevo, por supuesto, era su deslumbrante vestido de novia.
Lo prestado fueron los pendientes de su abuela paterna, Leilani Kiloha, un hermoso símbolo de la conexión con su familia y de la herencia que llevaba en su corazón.
Y, finalmente, algo azul: la liga, que no solo cumplía con la tradición, sino que se convertiría en un momento divertido y memorable durante la fiesta.
Sus damas de honor serían su hermana gemela, Lily, quien siempre había estado a su lado, y Nicky, la hermana de Jim, quien la apoyaba como si fuera su propia hermana. Todo estaba preparado para hacer de este día uno memorable, lleno de amor, risas y mucha emoción.
En cuanto al novio, Jim nunca se había sentido tan nervioso.
Con su característica elegancia, llevaba el eterno esmoquin negro, un clásico que nunca pasa de moda, acompañado de una impecable camisa blanca y una pajarita negra.
A su lado, como su «padrino», o, mejor dicho, su «mejor hombre», estaba su hermano pequeño, Andy, quien destacaba con su pajarita roja, una ligera variación que añadía un toque personal a su atuendo.
Dimitri, por supuesto, también estaría presente, pero, como era de esperar, no aparecería en ninguna foto.
¡Detestaba ser el centro de atención frente a la cámara!
Aunque su presencia y apoyo eran invaluables, él prefería mantenerse alejado de la lente y disfrutar de la celebración sin ser capturado en las fotos.
Pero…
…en lugar de simplemente contarles sobre la boda y todos sus detalles, ¿por qué no verlo en persona?