Día de San Patricio #3
Jim quería interrogar al muchacho y entender las razones detrás de su comportamiento.
Lo habían dejado en la sala de interrogatorios, esperando a que se calmara.
Tras averiguar todo sobre el chico, además de su verdadero nombre, Jim y Dimitri regresaron a la sala.
Jim llevaba un botellín de agua en la mano para dársela al muchacho.
Cuando Jim y Dimitri entraron, Jim dejó el botellín de agua sobre la mesa y luego se plantó frente al chico, con los brazos cruzados y una expresión severa. Antes de que pudiera decir una palabra, el muchacho soltó con desparpajo:
—¿Esa agua es para que os deje mis huellas y mi ADN? —preguntó con una mezcla de sorna y falsa suspicacia.
Jim arqueó una ceja, entretenido por la actitud desafiante del chico.
—Podría ser —respondió con calma, encogiéndose de hombros.
El chico esbozó una media sonrisa, como si hubiera descubierto una artimaña brillante.
—Pues no pienso tocarla ni beber nada —declaró, cruzando los brazos con aire desafiante.
Jim se encogió de hombros con fingido desinterés.
—Allá tú —murmuró, dejando que el silencio hiciera su trabajo.
El muchacho frunció el ceño, sopesando la situación. Pese a su actitud desafiante, no podía ignorar la sensación de sequedad en la boca ni el cansancio acumulado. Pero si bebía, ¿no estaría cediendo terreno? Jim, por su parte, sabía que solo era cuestión de tiempo.
—Bien… Danny… —comenzó Jim, enfatizando su nombre para dejar claro que sabía quién era realmente—. Vamos a ahorrarnos el teatro. ¿Qué hiciste con el dinero de la cartera?
Le sostuvo la mirada, intentando meterle algo de miedo. El chico se encogió de hombros con fingida indiferencia.
—¿Qué dinero? No había…
Jim golpeó la mesa con los nudillos, interrumpiéndolo.
—Venga, no me tomes por tonto. Tú y yo sabemos que había una cantidad considerable de dinero en esa cartera. Así que no me vengas con cuentos.
El joven vaciló, tragó saliva y, tras unos segundos de silencio, estalló con frustración.
—¡Vale! ¡Me lo he gastado, tío! ¿Contento?
Jim suspiró con exagerada paciencia y apoyó las manos en la cintura.
—Pues tendrás que recuperarlo.
El chico arqueó una ceja y soltó una carcajada burlona.
—¿Tú estás loco, tío? ¿Cómo pretendes que haga eso? ¡Ya he dicho que me lo he gastado!
Jim esbozó una sonrisa ladeada.
—Haciendo servicios comunitarios hasta pagar la deuda… —dijo con la misma sorna. Y añadió, imitando su tono—: …tío.
El muchacho lo miró con incredulidad, pero Jim no había terminado.
—Y no solo eso… —continuó Jim, inclinándose ligeramente hacia él—.
Cuando hayas recuperado hasta el último centavo, yo mismo te llevaré a la casa de la señora a la que robaste, y se lo entregarás en persona.
Ah, y no olvides lo más importante: le pedirás perdón.
¿Me has entendido? —añadió con firmeza, observando atentamente al muchacho en busca de alguna señal de remordimiento.
El chico le sostuvo la mirada con descaro, desafiante, como si estuviera midiendo su autoridad.
Pero, tras unos segundos de tensa resistencia, terminó por bajar la cabeza con un gruñido de frustración, sin decir una palabra.
Jim intercambió una mirada con Dimitri, quien había estado observando toda la escena con los brazos cruzados.
Finalmente, se inició el proceso para que el joven cumpliera su castigo con los servicios comunitarios hasta resarcir su deuda. Tal vez, con suerte, esta sería la oportunidad que necesitaba para enderezar su camino.
Jim decidió entregarle personalmente el móvil a la Sra.
Farrell y Dimitri lo acompañó. No solo querían devolverle su teléfono, sino también explicarle lo que habían hecho con el muchacho: asignarle servicios comunitarios como parte de su castigo.
Además, Jim quería asegurarle que el chico saldaría su deuda hasta el último centavo.
Al llegar, sacó un sobre del interior de su chaqueta y se lo entregó con una sonrisa.
—Hemos recuperado su teléfono, y parece que está intacto —dijo en tono tranquilo.
La Sra. Farrell tomó el sobre con manos temblorosas, lo abrió y sacó el móvil. Sus ojos se iluminaron de alivio.
—¡Qué alegría! No saben cuánto significa para mí. Aquí tengo todos mis contactos y cosas importantes. Gracias, chicos, de verdad.
Jim y Dimitri intercambiaron una mirada y sonrieron. Sabían que lo más importante era devolverle la tranquilidad. Sin embargo, cuando Jim le explicó un poco más sobre el joven, la expresión de la Sra. Farrell cambió.
—Gracias por vuestra eficacia. ¡Os merecéis un ascenso!
—dijo con una risa ligera, pero luego suspiró y su tono se volvió más dulce—.
Pero dejemos que el muchacho siga su camino.
Espero que haya aprendido la lección. No necesito que me devuelva nada.
El dinero no es lo más importante… lo es el arrepentimiento.
Ojalá este sea un punto de inflexión para él.
Como era su costumbre, les ofreció pasar y tomar algo caliente antes de irse, pero ellos, con una sonrisa agradecida, rechazaron la invitación.
Seguían de servicio y aún tenían patrullas que hacer.
Con un gesto cordial, se despidieron, deseándole un buen día, y ella devolvió el saludo con calidez, observándolos alejarse con una expresión de gratitud.
[1] Luke Skywalker es el protagonista de la película La guerra de las galaxias.