Bajo el cielo de Isis (Diosas del Nilo 1) 48
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Lola

Ver en la pantalla frente a mí como el avión se aleja poco a poco de Egipto en el mapa y se aproxima cada vez más a mi pequeño apartamento resulta doloroso.

¿Qué haré ahora con todos los libros y los trastos que invaden mi salón?

Decido pensarlo mañana. Esta noche iré directa a casa de mi abuela.

Necesito sus abrazos y sus consejos para poder recomponer los trozos de mí que se han perdido en este viaje.

Deseo con todas mis fuerzas que esos sueños, visiones, o lo que quiera que sea que me atormenta, a partir de ahora desaparezcan para siempre.

Se enciende la luz que indica que tenemos que abrocharnos los cinturones, y por megafonía anuncian que estamos preparándonos para aterrizar en el aeropuerto de Manises.

—Ya estamos llegando —comenta Patri, que acaba de apartarse el antifaz de los ojos y observa la pantalla, al igual que yo.

Asiento con la cabeza y me giro hacia la ventanilla para evitar que vea la lágrima que se me ha escapado.

—Cuqui, ¿sabes una cosa? No sabemos si esto es el final de la historia. Dale tiempo. Es muy rarito todo lo que le has contado, y, con un par de sangrías encima y pelos de loca…, ¿qué querías? ¿Que creyera todo lo que le estabas contando?

La miro con los ojos muy abiertos, secándome la lágrima con el puño de la sudadera. Carmen, que está a su lado, asida con fuerza a los reposabrazos, le da un manotazo.

—¿Qué pelos de loca ni qué ocho cuartos? Ese tío es tonto, como todos los demás, y punto.

—Tú, siempre igual. A ver, que porque un par de ellos te hayan salido rana no significa que todos sean iguales.

—Lo dice la que encuentra a su príncipe azul en cada esquina.

—Cuqui, si quieres, le pido a Farid su teléfono —me dice Patri, ignorando la pulla de Carmen.

—¿Para qué? ¿Qué podría contarle que no sonara igual de extraño que anoche? Además, ha sido él quien se ha ido sin tan siquiera despedirse. Por mucho que me duela, tengo que pasar página. Esta aventura termina aquí. Mañana mismo empiezo a buscar trabajo.

—Podemos apuntarnos también al fitboxing . Está súper de moda, y eso de pegar puñetazos tiene que descargar mogollón.

Asiento con la cabeza mientras, por la ventanilla, veo como el avión cada vez está más cerca de tocar tierra.