Bajo el cielo de Harlow Creek (Harlow Creek 1) CAPÍTULO 12
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CAPÍTULO 12

Enero en Harlow Creek era el mes en que el mundo se quedaba quieto.

La nieve del invierno había enterrado los caminos de tierra y convertido los pastos en extensiones blancas y silenciosas que al amanecer tenían esa luz de antes del día que Adaia había tardado años en aprender a querer.

El trabajo en el rancho cambiaba de ritmo: menos paseo, más establo; menos sol, más luz artificial; menos movimiento y más paciencia.

Y más tiempo para pensar en cosas que el resto del año enterraba bajo el cansancio.

El cinco de enero llegó Lucas Crane.

Adaia lo supo porque lo vio aparcado frente al diner cuando fue a buscar el desayuno, un hombre parecido a Oliver pero más joven y con el pelo más largo y un abrigo que no era suficiente para Michigan en enero. Estaba mirando el teléfono con el ceño fruncido.

Lo supo que era Lucas porque lo había visto una vez en una foto en el móvil de Oliver, cuando este le estaba mostrando una imagen de las marcas de los postes y la foto de Lucas apareció en el carrete sin querer.

—¿Lucas Crane? —dijo.

El joven levantó la vista.

—Sí.

—Soy Adaia Voss. Conozco a tu hermano.

Lucas Crane tenía veintisiete años y los ojos de su hermano, aunque en él había algo más inquieto, más en movimiento. Sonrió con facilidad, sin la contención de Oliver.

—¿Tú eres la del rancho?

—Trabajo en el rancho Kellerman, sí.

—Oliver me ha hablado de ti.

Adaia archivó eso.

—¿Cuándo llegaste?

—Anoche. Pero Ollie no sabe que estoy aquí todavía.

—¿Por qué?

Lucas miró el diner.

—Porque si le aviso llama a mamá y se convierte en una cosa. Prefiero aparecer.

—Tu hermano no va a estar contento con eso.

—Mi hermano nunca está contento cuando aparezco sin avisar. Pero tampoco está contento cuando le aviso. —Se encogió de hombros—. Me resulta más fácil pedir perdón que permiso.

Adaia lo miró un momento.

—¿Tienes dónde quedarte?

—La pensión de los Patterson tiene habitaciones.

—Sí. Es cara para lo que es pero está caliente.

Lucas metió las manos en los bolsillos del abrigo insuficiente.

—Oye. ¿Tú crees que Ollie se alegrará de verme?

Era una pregunta que Adaia no esperaba, y precisamente por eso le dio más crédito del habitual.

—Creo que le complicas la vida —dijo—. Y creo que eso no significa que no se alegre.

Lucas asintió.

—Bien dicho.

Oliver lo supo a las dos de la tarde, cuando Lucas apareció en la oficina del sheriff con café para los dos y esa sonrisa de quien llega sabiendo que ha hecho algo que no debería.

Adaia lo supo porque Dotty se lo contó esa tarde, y Dotty lo supo porque el hijo de los Patterson le llamó en cuanto vio a Lucas entrar en la oficina.

Lo que pasó dentro de la oficina no lo supo nadie directamente. Pero Oliver apareció en el rancho a las cinco de la tarde con una expresión que era difícil de leer y le preguntó a Adaia si podían hablar.

—¿Pasa algo con la investigación?

—No. —Pausa—. Lucas está aquí.

—Lo sé. Lo vi esta mañana.

Oliver la miró.

—¿Y no me avisaste?

—No soy yo quien debe avisarte.

—¿Qué te dijo?

—Que prefería aparecer que pedir permiso.

Oliver exhaló. Apoyó los brazos en la cerca del potrero y miró a los caballos durante un momento.

—Es difícil estar enfadado con él —dijo.

—Lo sé.

—¿Cómo lo sabes?

Adaia se apoyó en la cerca a su lado.

—Porque lo vi y tardé cinco minutos en no estar enfadada con él, y ni siquiera soy su hermana.

Eso arrancó algo parecido a una risa de Oliver, breve y genuina.

—¿Cuánto tiempo se queda? —preguntó Adaia.

—No lo sabe. Lucas nunca sabe cuánto tiempo se queda.

—¿Necesita trabajo?

Oliver la miró.

—¿Por qué?

—Porque Bram siempre necesita manos en enero para el almacén. No es trabajo de lujo, pero es trabajo.

—No voy a pedirte eso.

—No te lo pido yo. Te lo ofrezco. —Una pausa—. Puedo hablar con Bram si quieres.

Oliver miró la nieve en los pastos. Luego miró a Adaia.

—¿Por qué harías eso?

—Porque estás mirando los campos con cara de alguien que no sabe qué hacer con su hermano y eso lo entiendo.

—¿Lo entiendes?

—No tengo hermanos. Pero entiendo llegar a un sitio sin saber del todo qué buscas.

Oliver guardó silencio un momento.

—Habla con Bram —dijo.

Lucas Crane empezó a trabajar en el almacén del rancho Kellerman el siete de enero. Bram lo miró durante un minuto y le dijo que empezaba al día siguiente a las seis. Lucas llegó a las cinco cincuenta y cinco.

—Algo sí le pegaste —le dijo Adaia a Oliver cuando se lo contó.

—Cuando quiere algo, es puntual. El problema es que no siempre quiere lo correcto.

—¿Qué quiere ahora?

Oliver miró hacia donde Lucas estaba moviendo sacos de grano con Rhett.

—Creo que quiere estar aquí un rato. —Una pausa—. No sé qué le pasó, pero algo le pasó.

—¿Le has preguntado?

—No todavía.

—Pregúntale.

—Adaia.

—Oliver. —Lo miró—. A veces la gente necesita que le pregunten para poder contar.

Él la miró.

—¿Eso también lo sabes por experiencia propia?

Adaia no respondió. Pero tampoco negó.