Bajo control (D. C. Stars 2) 54. Piper #2
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54. Piper #2

—Hola, tortolitos. —Ethan me levanta de encima de Liam metiéndome los brazos por debajo de las axilas—. Dejad ya las muestras públicas de afecto. Hay niños cerca.

Grant ocupa mi lugar, saltando sobre el pecho de Liam, y Maverick y Hudson lo siguen. Me río cuando Ethan empieza a patinar conmigo por el hielo, levantándome los brazos.

—Dime que nunca te irás, Pip —bromea.

—Nunca me iré, Don Facilón.

—¿Ni cuando el portero te cabree?

—Ni cuando el portero me cabree.

—Vale, bien. ¿Y si te vuelves a casar sin querer en Las Vegas? Por cierto, todavía no me creo que nos lo ocultarais, sois muy ladinos.

—En ese caso, tampoco me iré. —Sonrío y cierro los ojos—. Vais a tener que aguantarme a largo plazo, Richardson. Todos vais a tener que aguantarme.

—Genial. Contigo esto es más divertido.

Damos una vuelta completa al estadio y disfruto de la celebración.

Los aficionados siguen en sus asientos, aplaudiendo y chocando los cinco.

El personal del estadio extiende una alfombra para que el comisionado de la liga pueda acceder al hielo.

Bernie está agitando una mano frenéticamente, y sé que tengo que coger el micrófono y ponerme delante de la cámara.

—Bájame, Ethan. Tengo que terminar mi trabajo como vosotros habéis terminado el vuestro —le digo, y él me deja junto a los integrantes del equipo que se han agrupado cerca del centro de la pista—. Gracias por el paseo.

—Cuando quieras divertirte de verdad, ya sabes mi número. —Ethan me guiña un ojo y se aleja persiguiendo a Riley, detrás del trofeo.

—Como te vuelva a poner un dedo encima, lo mato —dice Liam con severidad. Me entrega el micrófono y mira a Ethan con el ceño fruncido—. Alguien tiene que ponerle una correa.

—No sé yo si llegará ese día. ¡Maverick! —exclamo, buscando al capitán—. Ven a hablar conmigo, por favor.

—Está hablando para la ESPN —dice Hudson, que señala los grandes auriculares que lleva Maverick—. ¿A quién quieres en su lugar?

—Apártate, Hayes —dice Liam, que le da un empujón—. Quiero hablar con mi mujer delante de las cámaras.

—¿Quieres que te entreviste?

—¿Por qué no? La última vez salió bien. Puedo fingir que me lo estoy pasando de maravilla durante dos minutos.

—¿Seguro? Hudson estará encantado.

—Me quedaré aquí al lado de apoyo por si se mete en problemas con la Comisión Federal de Comunicaciones —bromea Hudson, y Bernie me avisa de que queda un minuto.

—No digas palabrotas —le advierto a Liam con severidad, y él pone los ojos en blanco.

—Fue solo una vez, se me escapó —me asegura—. ¿Tendré que seguir pagando mucho tiempo más por mis delitos, pequeñaja?

—Mucho. —Le tiro del cuello y acerco su boca a la mía—. Quizá para siempre.

—Parece que tendré que volver a delinquir. Solo para asegurarme de que puedo tenerte cerca.

—Te juro que como…

—Cinco segundos —dice Bernie, y sonrío a la cámara.

—Seguimos en el United Airlines Arena y estoy aquí con Liam Sullivan, que tal vez haya protagonizado la jugada del año en los últimos segundos del encuentro de esta noche con una parada que le ha dado la victoria a su equipo. Liam, ¿qué pasó por tu mente en ese momento?

—No podía dejar que Miller me hiciera sombra —contesta, agachándose para hablar por el micrófono. Me rodea la cintura con el brazo y me acerca a él—. Gibbons hizo un tiro increíble y yo estaba en el lugar adecuado en el momento adecuado.

—¿Qué es lo primero que vas a hacer para celebrarlo?

—No lo sé. ¿Tú qué crees? —Me mira—. ¿Nos comemos unas hamburguesas con patatas fritas?

¿Nos vamos de viaje a Europa el resto del verano?

¿Vamos a Disney World como hacen los chicos de la NBA y la NFL?

O nos quedamos en el sofá con Pico. Estoy seguro de que me van a doler los isquiotibiales durante mucho tiempo después de esta noche.

Me pongo roja cuando me incluye. Aunque nuestros amigos sepan lo de nuestra relación, el mundo exterior no lo sabe.

Supongo que ahora sí.

—Creo que a Pico le gustaría mucho —logro decir—. ¿Algún comentario sobre el gol de Maverick que nos ha dado la victoria?

—Ese tío es un pu… chulo insoportable. —Liam sonríe, y lo miro con los ojos entrecerrados—. Pero se lo merecía. Ya era hora de que el trofeo volviera a Washington D. C.

—Gracias, Liam, y enhorabuena por la victoria. —Miro a la cámara, pero noto que él me está observando—. Le devuelvo la conexión a Bradley, que analizará todas las estadísticas del partido de esta noche. No os vayáis.

Bernie me da el visto bueno y me guardo el micrófono en el bolsillo trasero.

—Casi te la cuelo, ¿verdad? —dice Liam, besándome en la cabeza—. Quería ver si estabas atenta.

—No volverás a ponerte en la vida delante de una cámara.

—Vaya por Dios, ¿cómo voy a sobrevivir?

Le doy un empujón en un brazo, y él me levanta y me lleva patinando hacia el banquillo de castigo.

—Bájame —le digo entre risas—. ¿Qué vas a hacerme?

—Castigarte por ese golpe tan fuerte. Eso significa que tengo superioridad numérica, pequeñaja.

—¿Y se puede saber cómo vas a aprovecharla?

—No lo sé. A lo mejor te pido que te cases conmigo de verdad.

O que te mudes a vivir conmigo para poder verte cada mañana.

O te quiero hasta que te hartes de mí y me supliques que te deje en paz.

Y sabes que me gusta mucho que me supliques.

—Abre la caja de penalización y me sienta dentro.

Se agacha delante de mí y sonríe—. ¿Quieres quedarte conmigo para averiguarlo?

—Sí —susurro mientras la opresión que siento en el pecho aumenta cuando nuestras miradas se encuentran. Cuando me coge la mano y me besa la palma antes de colocársela en la mejilla—. Creo que me gustaría mucho.

—Vale. —Me da una palmada en una rodilla—. Esto solo acaba de empezar, rayo de sol.