Bajo control (D. C. Stars 2) 43. Liam #2
78%

43. Liam #2

Mi madre pone los ojos en blanco y hace todo lo posible por empujarme hacia la puerta. Vuelvo al salón de baile, donde la música sigue sonando a todo trapo y la fiesta está en pleno apogeo. Miro a mi alrededor hasta que localizo a Piper de pie junto a la barra, con una copa en la mano.

Me abro paso entre un grupo de primos lejanos y acabo hablando más de la cuenta con mi tía abuela. Cuando por fin consigo liberarme, mi energía social está agotada y solo quiero irme a la cama.

—Hola —le digo a Piper, y ella me sonríe.

—Hola. Me preguntaba dónde te habías metido. Pensé que te habías ido.

—Alana me sacaría de la habitación de un tirón de orejas si me fuera sin despedirme. —Señalo su copa con la barbilla—. ¿Te gusta lo que estás bebiendo? ¿Quieres otra?

—Tranquilo. Solo es agua con gas y lima.

—¿No te apetece emborracharte, Mitchell?

—No cuando mañana tenemos un vuelo transatlántico. —Disimula un bostezo con la mano y echa los hombros hacia atrás—. Pero creo que no me queda mucha energía.

—A mí tampoco. —La música cambia a una canción lenta, una balada romántica que seguro que Alana tardó horas en elegir—. Aunque parece que el universo nos está diciendo que bailemos.

—¿En serio? —Piper esboza una sonrisa y suelta la copa—. No querría yo decepcionar al universo.

Le ofrezco una mano y ella entrelaza nuestros dedos. Su tacto es cálido y firme mientras la llevo a la pista de baile. Le pongo las manos en la cintura y ella me rodea el cuello con los brazos. Empezamos a movernos con naturalidad al ritmo de la música.

—¿Te lo estás pasando bien? —le pregunto al oído, y ella asiente.

—Sí. Nunca me había planteado casarme en el extranjero, pero es la mejor opción. Quizá la próxima vez.

—Cuéntame cómo te pidió matrimonio don Capullo.

—¿Cómo? —exclama ella riéndose—. ¿Así es como llamas a Steven?

—Mmm… Tengo una agenda llena de apodos y los demás no son tan bonitos, pequeñaja.

—Tendrás que decírmelos todos luego. —Suspira antes de continuar—: Me lo pidió en un evento de trabajo con quinientas personas presentes.

Yo no conocía a nadie. Me llevó al escenario, soltó cuatro frases sobre lo mucho que me quería, hincó una rodilla en el suelo y me enseñó el anillo.

Yo también lo quería, pero la presión de que tanta gente me estuviera mirando me sentó fatal.

—Te resultó horroroso que lo hiciera así, ¿verdad?

—Sí. Fue una pesadilla. Si alguna vez vuelvo a comprometerme, quiero que sea un momento íntimo. Privado. En uno de mis lugares preferidos, como el estadio o a orillas del Potomac un día de primavera. Me gustaría pensar que el hombre que me pida matrimonio me conoce lo suficiente.

—Siento que no fuese así en Las Vegas. Seguro que te lo pedí a gritos cuando estábamos borrachos.

—Supongo que yo te contesté también a gritos, porque sin duda te lo merecías.

Ahora soy yo quien se ríe mientras le apoyo la barbilla en la cabeza.

—¿Va todo bien?

—¿Esa es otra de tus preguntas existenciales?

—Me refería a nosotros, Piper. ¿He hecho algo que te molestara?

—No. Necesitaba tiempo para reflexionar sobre un par de cosas. Pero estoy bien.

—¿Seguro?

Sonríe contra mi camisa, y la abrazo con más fuerza.

—Seguro.

Sé que no se ha ido a ningún sitio, pero echaba de menos tenerla entre mis brazos, la forma en la que me rodea con los suyos y me acaricia la espalda con las manos.

Echaba de menos su risa, sus sonrisas, sus sonrojos cuando bromeo con ella.

Dios.

La echaba de menos a ella.

No me gusta el mundo sin Piper Mitchell.

La canción termina y ponen un temazo pop del que no me sé la letra. Nos separamos y carraspeo.

—¿Quieres subir a la habitación? —le pregunto—. Seguro que podemos irnos ya porque han cortado la tarta y todo eso.

—Solo si nos despedimos de Alana primero. A tu hermana le caigo bien y no quiero que se enfade conmigo porque pretendes escabullirte sin que nadie se dé cuenta.

—Joder. Intentaba evitar las despedidas, que van a durar una hora. Esto va a ser difícil. ¿Seguro que no te importa?

—Pues claro que no. Es lo que tienes que hacer. —Me coge de la mano y atravesamos la pista de baile.

Varios miembros de mi familia nos detienen para hablar, así que tardamos un rato en llegar hasta los novios.

—Piper —dice Alana con voz de borracha, soltando la cintura de Harry para poder abrazarla—, eres guapísima.

—Vaya. —Piper se ríe y le da una palmada en el hombro a mi hermana antes de apartarse—. Alguien ha bebido mucho esta noche.

—Estoy intentando que se vaya a la cama, pero dice que no puede ser la primera en abandonar la fiesta. —Harry menea la cabeza y suspira—. Vamos a estar aquí toda la noche.

—Voy a echarte un cable, tío. Lani, Piper y yo nos vamos. Ya no serás la primera en irte.

—¿Os vais? —pregunta Alana con un puchero y mirándome enfadada—. Pero es que nunca nos vemos.

—Lo sé. Pero nuestro avión sale temprano porque tengo que estar en el estadio pasado mañana. No es culpa mía, sino de la NHL.

—¡Que le den a la NHL! —exclama mi hermana, y Piper entierra la cara en mi camisa para disimular la carcajada—. ¿Ya habéis hablado?

—No —respondo con sequedad—. Porque todo está bien.

—Oooh. —Se lleva las manos al pecho—. Eres feliz. Yo soy feliz. Todos somos felices. ¿Verdad que sí, Harry? Los Clutterbuck son muy felices.

—Te ha tocado el gordo con ese apellido… —le digo a mi cuñado.

—Es un puto horror, ¿verdad? Oye, espero que sigas haciendo una buena temporada. Lani y yo intentaremos ir a algún partido en abril.

—Avísame. Os conseguiré entradas. —Miro a mi hermana y le tiendo los brazos—. Ven aquí, borracha.

—Te quiero, Li —dice ella—. No te olvides de lo que hemos hablado, o te doy una paliza.

—No se me olvidará. Pero mejor nos callamos antes de que se te escape algo que no debes decir. —Le doy un beso en la cabeza y se la entrego a su marido—. Tus amenazas significan mucho para mí.

Después de que Alana se eche a llorar, escapamos y salimos al silencioso vestíbulo, de camino a los ascensores.

—¿Así estaba yo cuando me emborraché aquella noche hace un par de años en Canadá? ¿Cuando me metiste en la cama?

—Ajá.

—¿Y no acabaste desquiciado?

—No.

—¿En serio? —Piper me mira—. Supongo que ibas en serio cuando me dijiste que me tolerabas.

—Sí. —Nuestras miradas se cruzan y siento como si me hubieran metido la mano en el pecho y me hubieran arrancado el corazón—. Iba en serio con todo.