Bajo control (D. C. Stars 2) 43. Liam
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43. Liam

Liam

LOS REYES DEL DISCO

Maverick

Cómo va la boda de tu hermana, Papi Portero?

Grant-ioso

Te echamos de menos, Sully!

Don Facilón

Vuelve pronto a casa, papi!

Hudson

Me encanta tener a Pico aquí, portero. Creo que voy a adoptar a un gato

Grant-ioso

Claro que sí, obseso de los animales

Hudson

Por favor, no me llames así. La gente podría hacerse una idea equivocada

Maverick

A ver, cada cual tiene sus gustos, tío. Aquí no juzgamos a nadie

Grant-ioso

En serio? Pues Ethan subió anoche una foto mía con una polla en la mejilla y todos os reísteis de mí

Don Facilón

Tú te lo buscaste, colega. No te quedes frito en mi casa después de dos cervezas y no te dibujaré pitos en la cara

*Has abandonado el chat*

*Don Facilón te ha añadido al chat*

Grant-ioso

Jajaja! Me parto con el Papi Portero y sus intentos de huida

Hoy por los pitos en la cara

Me pregunto por qué intentará irse mañana

A Piper le pasa algo.

Lleva rara desde la cena posterior al ensayo de anoche.

Todas sus sonrisas son forzadas. Sus respuestas a las preguntas son breves. Y cuando me desperté esta mañana, estaba en el otro extremo de la cama.

Averiguar lo que está pasando por su cabeza me tiene desquiciado. Tengo un montón de mensajes sin responder y se me ha olvidado contestarle al entrenador sobre el entrenamiento de este fin de semana, porque estoy demasiado ocupado pensando qué habré hecho para cabrear a Piper.

La falta de respuesta hizo que el entrenador me llamara para echarme un sermón de diez minutos sobre responsabilidades y prioridades. Me dijo que soy un afortunado por tener unos días libres, pero que eso no significa que pueda dejar de lado todo lo que me espera en casa.

La bronca me dejó tocado, como si estuviera descuidando partes importantes de mi vida, y todavía sigo de bajón, aunque estoy en el pasillo, esperando la señal para acompañar a Alana al altar con mi padre.

—Oye —dice mi hermana, que me chasquea los dedos delante de la cara, y parpadeo—, ¿qué te pasa?

—Nada.

—¿Por eso llevas cinco minutos con el ceño fruncido?

—No estoy frunciendo el ceño.

—Estás mirando la pared como si te hubiera insultado.

Me paso la mano por el pelo y miro por encima del hombro. Mi padre está distraído, hablando con una de las damas de honor. Los invitados que han llegado a última hora se van sentando en las sillas dispuestas en varias filas, y sé que tengo unos minutos antes de que comience la ceremonia.

—Estoy frustrado —le digo, bajando la voz—. He cabreado a Piper.

—Vale, pues pídele perdón, mira qué fácil.

—Sería fácil si supiera qué coño he hecho para que se distancie de mí durante las últimas veinticuatro horas.

Y mientras intentaba averiguarlo, mi entrenador me ha echado la bronca por no estar pendiente del teléfono, mis compañeros de equipo me han dicho que les gusta más mi sustituto temporal que yo y he recordado que para mantener una relación se necesita mucha energía.

—¡Madre del amor hermoso! —Alana pone los ojos en blanco y se mira en el espejo que hay en el pasillo—.

A veces puedes ser muy egoísta, Liam. Es obvio que tus compañeros de equipo te están tomando el pelo porque no sabes aceptar una broma.

¿De verdad crees que quieren deshacerse de un tío que lleva años en el club y que ha llevado al equipo de una racha histórica de derrotas a estar a punto de ganar la Stanley Cup?

—A lo mejor están…

—Y no le cogiste el teléfono a tu entrenador, ¡vaya por Dios! —me desafía, arrollándome como una apisonadora—. Seguramente es la primera vez que ocurre y estás actuando como si fuera el fin del mundo.

—Es mi trabajo, Alana, y por lo que me pagan. No estamos hablando de un partidillo improvisado en el lago de al lado de casa. Estoy cuatro días fuera y parezco un novato incapaz de gestionar mis prioridades.

—Sé muy bien lo que estás haciendo. —Lani me sonríe—. Te estás saboteando a ti mismo.

Me froto la mandíbula. Odio que sus análisis me pongan nervioso.

—¿Qué coño significa eso?

—Es un tema del que hablo mucho con mi psicólogo.

—¿Vas al psicólogo?

Mi hermana levanta una ceja, desafiándome a hacer un comentario, pero mantengo la boca cerrada.

—¿Tú no?

—Muchos de mis compañeros de equipo van, sí. Me alegro de que les funcione y nunca me burlaría de ellos por buscar una válvula de escape para el estrés.

El hockey sobre hielo es un deporte brutal, joder, con tantos partidos fuera de casa y las burlas de los aficionados. Demasiadas noches lejos de tu hogar, solo. Puedes acabar jodido si no tienes cuidado, y a la liga le importa una mierda nuestra salud mental.

A esa gente solo le preocupa el dinero.

Les da exactamente igual que uno de sus jugadores estrella sufra una crisis nerviosa.

A lo mejor yo también debería hacer terapia con algún psicólogo.

—Vale. Explícamelo —le digo.

—Significa que haces cosas para bloquear tu éxito o que te impiden alcanzar tus objetivos.

—Ah, pues sí, lo hago. Por eso no salgo con mujeres. No salgo de marcha. Porque mi objetivo es ganar la Stanley Cup. Ser el mejor portero de la liga.

—No me refiero al hockey, tonto. Vas a cumplir los treinta.

Te quedan unos cuantos años más de carrera antes de que llegue alguien más joven y mejor y te quite el puesto.

¿Y entonces qué? Para ese momento, la mujer de tus sueños habrá sentado cabeza con alguien que no la hizo esperar ni la dejó en segundo lugar por detrás del hockey, y ¿dónde estarás tú? Solo.

—¿La mujer de mis sueños? Piper y yo…, lo nuestro es solo sexual. Nada más. No quiero una relación seria y no puedo ser el hombre que Piper necesita. El hombre que se merece. Necesita estabilidad. Un tío tranquilo que vuelva a casa todas las noches y bese el suelo por el que pisa.

—Eres un idiota y, por asqueroso que me parezca hablar de tu vida sexual, los dos sabemos que no es solo sexo.

—La música comienza a sonar en el salón de baile y Alana me da un empujón.

Entrelaza un brazo con el mío y el otro con el de mi padre, mientras las damas de honor echan a andar hacia el altar—.

Vas a perder a esa mujer y tú serás el único culpable.

El atardecer hace las veces de telón de fondo en el salón de baile, mientras nos acercamos a Harry, caminando entre las hileras de invitados. Recorro la multitud con la mirada, buscando a una rubia de metro sesenta, sin prestarle atención al arco de flores que tengo delante.

Encontrarla me resulta fácil.

Como siempre.

La descubro en la segunda hilera de sillas a la izquierda, con una sonrisa deslumbrante en la cara.

Ha juntado las manos delante del pecho, con los dedos entrelazados, e incluso desde aquí capto el brillo de la esperanza en sus ojos.

Veo que su mirada se desplaza de Alana a mí, y en ese momento su sonrisa cambia.

Sigue siendo dulce, pero ahora también es insegura, como si no supiera lo que quiere de mí, y eso me deja un regusto amargo en la lengua.

¿Podré soportar saber que sale con otros tíos? ¿Podré soportar verla enamorarse de otro?

Al fin y al cabo, somos amigos, y se supone que apoyo a mis amigos. Se supone que me alegro por ellos y los animo.

Sin embargo, me da por saco la simple idea de que esté con otro.

Alana tiene razón: para mí no es solo sexo.

Hace mucho tiempo que dejó de serlo.

Y como no me deje de gilipolleces y decida lo que quiero, acabaré perdiendo a Piper.

La fiesta posterior a la cena está muy animada.

La música suena a todo volumen desde los altavoces y salgo para descansar del ruido. La terraza está tranquila y vacía, y sonrío cuando oigo que alguien se me acerca por detrás.

—Nunca has sido sigilosa. —Miro por encima del hombro y le sonrío a mi madre—. ¿Se te ha olvidado cuando nos tomábamos un chocolate caliente en la cocina a medianoche después de que me despertaras con tus pasos?

—No tengo ni idea de lo qué hablas. —Mi madre sonríe y se acerca a mí—. ¿Qué haces aquí fuera?

—Necesitaba un minuto para respirar. Ya sabes cómo es Lani.

—El alma de todas las fiestas. Es una pena que tengas que volver a casa mañana. Casi no hemos podido pasar tiempo contigo.

—Ya. Y siento no haber podido ir a casa en Navidad. No debería pasar seis meses sin veros a papá y a ti, y no deberíais ser vosotros los que siempre venís a visitarme. Voy a solucionarlo, te lo prometo. Últimamente tengo muchas cosas entre manos.

—Así es la vida. A veces estás muy ocupado, pero al final todo se calma. —Mi madre me da un codazo y yo resoplo—. Piper es encantadora. ¿Se lo está pasando bien?

—Creo que sí. Mira cómo baila; yo diría que se lo está pasando en grande.

—Me alegra verte sonreír tanto, Li. Trabajas mucho y no descansas hasta que no llegas al final.

Sé que estás harto de que tu padre y yo te preguntemos por tu vida personal, pero quiero que sepas que no queremos que acabes en una situación en la que no seas feliz de verdad.

Ya sea el hockey, o una mujer, o un hombre, o solo, me da igual.

Solo queremos que hagas lo que sea mejor para ti.

—Si te digo la verdad, no sé qué es lo mejor para mí. Si dejo el hockey, ¿quién soy? ¿Un idiota antipático que se molesta con cualquier cosa? Qué horror.

—No. Li, eres un buen hombre con un gran corazón, y vales lo mismo dentro y fuera de la portería. El hockey siempre estará ahí, al contrario que los momentos importantes y las personas importantes. Piensa en todos los recuerdos que tu padre y tú os habéis perdido porque estabas fuera con tu equipo.

—Gracias por la charla. Hacía tiempo que no me hacían examen de conciencia. Me encanta.

—Mira que eres listillo. —Me tira de la oreja y me agacho para que me dé un beso en la mejilla—. Deberías volver dentro. Seguro que hay alguien que quiere verte.

—Yo no estaría tan seguro. Creo que la he cagado de alguna manera.

—Pues échale huevos y soluciónalo.

—Mamá, esa lengua.