Bajo control (D. C. Stars 2) 38. Piper
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38. Piper

Piper

N o me puedo creer que te vayas de viaje con Liam. —Lexi dobla una de las camisetas que voy a llevarme y la tira a la maleta—. Ojalá supiera cómo es fuera de la pista de hielo.

—Ya lo has visto fuera de la pista de hielo. —Abro la app del tiempo en el móvil y frunzo el ceño al ver las temperaturas—. Creo que eres quien mejor lo conoce.

—Piper, yo le estiro los músculos de las piernas y él gruñe cuando le hago una pregunta. Eso no significa que lo conozca.

—A mí me parece genial. —Maven nos observa desde mi cama, con una mano sobre su creciente barriga y un tarro de pepinillos en la otra—. Os lo estáis pasando bien juntos, ¿verdad?

—Sí —admito, conteniendo una sonrisa—. Fenomenal.

—¿Y cuándo fue la última vez que te divertiste?

—Pues durante mi primer año de matrimonio con Steven, antes de que empezara a trabajar noventa horas a la semana. Cuando celebramos nuestro segundo aniversario, creo que llevaba meses sin sonreír.

—Te prometo que no iré a su casa a montar un escándalo, pero como alguna vez me lo encuentre por ahí, voy a dejarle claro lo que opino de él. —Lexi cruza los brazos por delante del pecho y frunce el ceño—. No pienso contenerme.

—Llámame para que pueda ayudarte. —Emmy arroja su móvil al colchón y estira los brazos por encima de la cabeza—. Él tuvo la culpa de que Piper y yo nos distanciáramos en la universidad.

—¿En serio? —pregunta Maven.

—Sí —contesto—. Se sentía intimidado por la carrera de Emmy y me dijo que no era una buena influencia. —Resoplo y añado un par de sandalias al equipaje—. Eso lo dijo el tío que se tiraba a su secretaria…

—Los hombres inseguros dan asco. Necesitamos más que no le tengan miedo al éxito de las mujeres.

Mira a Maverick. No lo han elegido para el equipo que va a jugar en la Copa de las Cuatro Naciones de hockey sobre hielo, pero a Emmy sí.

¿Está llorando por eso? No. Está haciendo camisetas con la cara de Emmy para llevarlas a los partidos.

—¿Que está haciendo qué? —exclama la aludida—. Dios. No sé si debería sentir vergüenza o emocionarme.

—Las dos cosas a la vez, seguramente. —Sonrío—. ¿Cómo os va después de la boda?

—La verdad es que no hemos cambiado mucho. Creo que la razón por la que funcionamos tan bien es porque estamos separados durante la temporada. Eso hace que el tiempo que pasamos juntos sea todavía más importante, ¿sabes? No quiero discutir con él si voy a estar fuera la noche siguiente.

—¿Y cuando os retiréis?

—Estoy tan enamorada de ese hombre que dará igual.

—Se ríe y juguetea con el solitario que lleva fuera de la pista de hielo—.

Parece algo muy tonto, pero antes de conocer a Maverick no quería sentar cabeza.

No quería tener hijos ni la familia numerosa que tengo, y estaba convencida de que ningún hombre me haría cambiar de opinión.

Ahora solo pienso en niños. Imaginarlo como padre me emociona, y sé que va a ser el mejor.

¿Es horrible tener que renunciar a mi carrera para crear esa vida?

Sí, un poco. Pero luego pienso en el futuro dentro de diez años y sé que no me importará.

Tendré todo lo que pueda desear. He conseguido lo que me propuse cuando me llamaron para jugar en la NHL: romper el techo de cristal para las mujeres en este deporte.

Fui la primera, pero no seré la última. Ya puedo descansar.

—¡Madre mía, Hartwell! ¿O eres Miller ahora? ¿Te has cambiado el apellido? —pregunta Lexi.

—No hasta que me retire. Lo quiero mucho, pero prefiero mi nombre en la espalda de la camiseta. No el suyo.

—Pues él se va a poner el tuyo. —Maven—. Ese hombre quiere que todo el mundo sepa que eres suya.

—No me opondría a eso. —Emmy me mira—. No deja de preguntarme por ti, Piper.

—¿Por qué? ¿Qué pasa conmigo?

—No lo sé. Mencionó algo sobre Liam, un secreto y un tropo literario preferido, creo. Y quiere saber si últimamente llevas puesto algo que no llevabas hace dos meses. No tengo ni idea de qué me habla.

—Dile que lleva una sonrisa porque es verdad. Mírala, está radiante —dice Lexi.

—Vale, ya está bien de halagos. No sé a qué se refiere Mav, Emmy. No llevo nada… —Cierro la boca de golpe al sentir el roce de la cadena sobre la piel. Toco la alianza escondida debajo de la ropa y me pongo como un tomate—. Ay, madre. —Las chicas me miran y disimulo cerrando la cremallera.

Liam y yo acordamos no decírselo a nadie.

No sé cómo se ha enterado Maverick, pero me sorprende que haya mantenido la boca cerrada delante de Emmy, la mujer a la que se lo cuenta todo.

—¿Qué pasa? —pregunta Maven.

—Nada. —Niego con la cabeza. No voy a traicionar la promesa que le hice a Liam, por más que me apetezca decirles a mis amigas lo que escondo debajo de la ropa—. Me he asustado de repente por el pasaporte, pero ya sé dónde está.

—Pagaría por verte gastarle esa broma a Liam cuando estés en el aeropuerto —replica Lexi con una sonrisa—. Seguro que le daba un ataque.

—Más o menos como a mí ahora mismo —digo, subiéndome al colchón para sentarme entre Emmy y Maven—.

Estoy nerviosa porque voy a conocer a su familia y no sé cómo debemos comportarnos cuando estemos con ellos.

Estoy nerviosa porque Liam y yo nos hemos acostado, y estoy nerviosa porque él me gusta muchísimo.

—¡Joder! No puedes soltar todo eso veinticuatro horas antes de irte del país. —Maven coge la almohada que tengo detrás de la cabeza y me golpea con ella—. ¿Te has acostado con él y nos lo cuentas ahora?

—¡He estado muy ocupada!

—¡Sí, tirándotelo! —exclama Lexi, y yo escondo la cara entre las manos.

—Sí, nos hemos acostado. Sí, es increíble en la cama. La verdad, no puedo compararlo con Steven. Lo de mi ex fue de risa.

—Detalles —dice Emmy—. Y no te dejes nada atrás.

Les hablo de nuestra primera vez y de la segunda.

No les digo nada del vídeo que grabamos, porque no quiero que los cotilleos lleguen a oídos de alguien que pueda burlarse de Liam.

Les explico lo bueno que es. Y que también es paciente y considerado, aunque dice unas guarrerías que me tienen loquita.

—Y ahora estamos llegando al final y estoy un poco triste.

—Me siento y me acerco las piernas al pecho—.

Sé que encontraré a otro hombre. No voy a estar sin pareja para siempre.

Pero luego me lo imagino acostándose con otra y…

No sé. No me hace gracia. Y es una locura, porque me ha dicho varias veces que no le interesa mantener una relación seria.

—Tampoco le interesaba a Maverick cuando lo conocí. Era un mujeriego de manual, y míralo ahora —replica Emmy—. Se pasa los viernes por la noche mandándome comparativas sobre cunas para recién nacidos, y ni siquiera estoy embarazada.

—Sí, pero Liam lo hace por su trabajo. Sabe lo rápido que cambian las cosas en este deporte y teme perder todo lo que tanto le ha costado conseguir si se distrae y el hockey deja de ser su único objetivo.

Lexi menea la cabeza y se estira a los pies de la cama.

—Pues demuéstrale que puede tener las dos cosas.

—¿Cómo lo hago?

—Bueno, parece que vas por el buen camino. Estáis juntos y él está jugando una temporada increíble. Y no sé lo que estaréis haciendo en la cama, pero como estiramiento le está sirviendo, porque pasa menos tiempo en la sala de fisioterapia que la temporada pasada.

—Sí, porque me aseguro de darle prioridad a sus isquiotibiales cuando nos acostamos —digo despacio, y todas se ríen—.

Respeto lo que quiere y lo que no quiere.

No estoy enamorada de él. Me gusta porque me presta atención y me trata bien.

Estoy segura de que si fuera al bar de la esquina y empezara a hablar con un tío allí, sentiría lo mismo.

—¿Y si no pasara eso? —pregunta Maven.

No lo sé.

No me he permitido pensar demasiado en el tema, porque ahora mismo estamos muy bien.

Nuestra relación es sencilla y divertida.

Basada en el sexo, sí, pero me he vuelto a enamorar de mí misma.

Soy feliz. Estoy bien de salud. Me acuesto con un hombre que me ayuda a sentirme como una reina, y nunca había tenido la confianza que tengo ahora en mí misma.

Gracias al aprendizaje, la exploración y su orientación, he encontrado mi voz dentro y fuera del dormitorio. He estado callada durante muchos años, pero ya no lo estoy.

Si le hubiera pedido a cualquier otro hombre que asumiera esta tarea, habría fracasado. Y yo habría renunciado debido a mi baja autoestima. Porque me sentiría juzgada o inadecuada.

Sin embargo, con Liam no es así.

Con él puedo volar.

—Supongo que tendré que probar y averiguarlo —contesto, manteniendo un tono de voz neutro—. ¿Qué vestidos me aconsejáis que me lleve? Tengo cuatro entre los que estaba intentando elegir.

—El rosa —responde Emmy. Maven y Lexi asienten, y yo me levanto del colchón—. Te quedará genial con tu pelo.

—Eso es lo que yo pensaba. —Lo añado a mi segunda maleta y señalo las otras opciones—. Necesito uno más. No vamos a estar allí mucho tiempo, pero no me apetece agobiarme porque no tengo nada que ponerme.

Me ayudan a decidir qué ropa llevarme. Después de hacer el equipaje y de asegurarme de que tengo el pasaporte, nos trasladamos al salón con unos cuencos de helado. Escucho las cosas que están pasando en sus vidas y me siento feliz, contenta y satisfecha.

Atravesaría los fuegos del infierno mil veces si eso significara encontrar a mis amigas al otro lado, y da igual con qué hombre termine, él siempre irá por detrás de las tres mujeres que me ayudaron a recomponerme.