34. Liam #2
—¿Tu mujer? —repite Charlie, con voz cargada de veneno—.
Pues quizá deberías llevarla con correa, para que aprenda cuál es su sitio, Sullivan.
Que haya jodido a alguien con años de experiencia en este mundo porque es incapaz de entender una broma demuestra que no va a durar ni una puta temporada en la liga.
Se la van a comer viva. Aunque a lo mejor también le comen algo más y puedo mirar mientras.
La rabia me nubla la vista.
Ya no lo veo a él, sino a Piper.
Vuelvo a aquella noche en Texas cuando la vi llorando en el pasillo, con los hombros temblorosos y la cabeza entre las manos. El aspecto que tenía, como si fuera muy pequeña y estuviera totalmente derrotada.
Piper no sabe que la vi. No sabe que busqué a su compañero de trabajo (el simpático) y le pregunté qué había pasado. No sabe que lo acompañé a Recursos Humanos y que me senté a su lado mientras repetía todas y cada una de las palabras que este pedazo de mierda había dicho sobre ella.
En la vida me había cabreado tanto.
Y verlo delante de mí ahora mismo, escuchar cómo intenta que la culpa parezca de ella…
Sería capaz de quemar el mundo entero en este instante.
Actúo antes de pensar, suelto la botella de agua y agarro a Charlie por el cuello. Es fácil levantarlo, y lo arrastro hasta un pasillo que hay detrás de la barra antes de que la gente se dé cuenta de que nos hemos ido.
—¿Te importaría repetirme eso? —Me acerco a él hasta que pego mi pecho al suyo para poder ver el miedo en sus ojos.
Lo miro desde arriba, utilizando mi estatura para elevarme sobre él y asegurarme de que sepa a la perfección con quién se las está viendo—.
Y mírame a los ojos cuando lo hagas esta vez.
Charlie traga saliva.
—Pu-pues…
—Repítelo. —Le pongo la mano en la garganta. Nunca he participado en una pelea en la pista, pero eso sería coser y cantar—. Dilo bien alto y pronunciándolo todo bien, que yo te oiga.
—Oye, Liam, tranquilo, colega —dice Maverick a mi espalda—. Vamos a calmarnos un segundo.
—Ese mierda no se merece ni un segundo. —Miro por encima del hombro para fulminar con la mirada a mi capitán—.
¿Sabes lo que dijo de Piper? Le dijo a su colega que podrían follársela entre los dos encima de su mesa.
Que solo tenía que desabrocharse la camisa para que le diera más tiempo en directo.
Se jactó de que era intocable por todo el poder que tenía.
¿Cuánto poder tienes ahora, gilipollas de los cojones?
—Le aprieto con más fuerza la garganta. Podría matarlo si quisiera.
No haría falta gran cosa, y me tienta muchísimo la idea de hacerle daño de la misma manera que él se lo hizo a ella.
—Liam. —Maverick me da un tirón del hombro—. Suéltalo. No merece la pena.
«Pero ella sí la merece», pienso.
Sé que Piper no querría que me enfrentara a este capullo. Sé que querría que me alejara. Sé que querría que lo dejase tranquilo y que demostrara ser mejor que él.
Joder.
Me importa de verdad lo que piensa de mí.
—Cabrón. —Suelto a Charlie y retrocedo un paso—. Como vuelvas a dirigirle la palabra, acabo contigo. Y lo haré con una sonrisa en la cara.
Charlie nos mira a uno y a otro. No titubea ni un solo segundo antes de salir corriendo por el pasillo. Casi ha llegado a la esquina cuando Maverick extiende un brazo, mirándolo de reojo.
—Espera un segundo, Charlie —dice mi capitán.
Corre hacia él y, cuando ya está cerca, echa el puño hacia atrás.
Suelta una carcajada y luego le da un puñetazo tan fuerte en la cara que el otro se tambalea.
Le brota sangre de la nariz y suelta un gemido de dolor—.
Eso es por hablar mal de mi amiga. Piper forma parte del equipo.
Como vuelvas a hacerlo, no seré tan amable.
—Creía que no merecía la pena —mascullo mientras el imbécil se aleja corriendo con las manos en la nariz—. Mírate, llevándote toda la puta gloria.
—No merecía la pena que tú le dieras un puñetazo. Es demasiado personal para ti y lo habrías matado. Para mí solo es un mierda de tío. Y necesito de verdad a mi portero mañana.
—No tenías por qué hacerlo.
—Sí, tenía que hacerlo. Tú me cubriste las espaldas cuando nos enfrentamos al exnovio de Emmy durante el partido que jugamos contra él. Ahora me toca a mí.
—Gracias, tío.
—No me des las gracias todavía. ¿A qué cojones ha venido el comentario ese de «mi mujer»?
Me froto la nuca. Me invade la tensión y no sé qué decir. Hemos mantenido en secreto que nos casamos desde que volvimos de Las Vegas. Por nuestra forma de interactuar en el estadio, nadie diría que estábamos casados.
A menos que me preguntaran dónde guardo mi anillo barato. Cuando no estoy jugando, lo tengo en la cartera, detrás de una foto familiar.
Cuando juego, me lo engancho en los cordones y lo escondo en el patín. Me da la sensación de que Piper está siendo mi amuleto de la suerte esta temporada y quiero llevarla a todas partes conmigo.
—Fue en Las Vegas. Estábamos borrachos. Ella lo aprovecha para poder usar mi seguro médico y tratarse las migrañas —le explico sin entrar en muchos detalles, y Maverick emite un suave murmullo de asentimiento, como si no fuera lo más loco que ha oído en la vida.
—¿Matrimonio de conveniencia? Me encanta ese tropo.
—¿Qué coño es un tropo?
—En serio, tienes que ir al club de lectura algún día. —Me mira con seriedad—. Sientes algo por ella, ¿verdad?
Resoplo y niego con la cabeza.
—Somos amigos.
—Amigos. Claro. Por eso has estado a punto de reventarle la cabeza a un tío por hablar mal de ella.
—He estado a punto de reventarle la cabeza a un tío porque trata a las mujeres como si fueran una mierda y ya es hora de que alguien lo trate así.
—Claro. Seguro. No te creo. —Maverick sonríe y me da una palmada en un hombro—. Pero te guardo el secreto, tío.