34. Liam
Liam
LOS REYES DEL DISCO
Grant-ioso
Cuál es el código de vestimenta para esta noche?
Hudson
Traje y corbata. Lo que te pondrías para ir al estadio un día de partido
Grant-ioso
Entonces no puedo ponerme las crocs nuevas que me he comprado?
Riley
Las crocs son lo peor, Grant. Estás tirando el dinero
Grant-ioso
A mí me parecen chulas. Y a Don Facilón también
Hudson
No estoy seguro de que sea bueno que Ethan esté de acuerdo contigo
Maverick
El entrenador me ha dicho que os recuerde a todos que mañana tenemos partido. Esta noche habrá prensa, así que portaos bien
Y no podéis iros antes de que él haga su discurso
Esto va por Papi Portero
Y si consigo escaparme?
Maverick
No voy a quitarte el ojo de encima
Eso no ha sido un no
Piper
Vas al evento para abonados de esta noche?
Por desgracia, sí
Te juro que la temporada pasada no teníamos tantos eventos. Esto es lo que pasa cuando haces una encuesta a los aficionados y quieren que los jugadores sean más «accesibles»
Piper
Venga ya! Va a ser divertido, no?
Tendré que socializar con gente a la que le gusta decirme cómo debo hacer mi trabajo
Piper
Me aseguraré de pasarme a molestar a mi maridito
Me muero por ver cómo lo intentas, mujercita
Piper
A lo mejor te digo de qué manera podrías hacer mejor tu trabajo
Entro en un túnel. Pierdo cobertura
Piper
Qué capullo eres
Soy capaz de quejarme durante horas por tener que relacionarme con las personas como parte de mi trabajo, pero nunca me quejaré por firmarles autógrafos a los niños.
Me encanta escuchar sus historias preferidas y que me cuenten cómo se enamoraron del hockey. Me gusta que me digan que soy su portero favorito de la liga y saber en qué posición les gusta jugar.
Los Blackhawks eran unos matados cuando yo era pequeño. Eran el epítome de la mediocridad, pero eso no me impidió ser su fan. Estaba obsesionado con ellos. Escuchaba los partidos en la radio con mi padre y analizaba cada jugada explicando lo que haría yo si estuviera en la pista.
En aquel entonces no era muy hablador, pero cobraba vida cuando hablaba de hockey sobre hielo.
Cuando tenía ocho años, conocí a algunos de mis ídolos en un evento como este. Mis padres se pasaron todo el año ahorrando, renunciaron a los regalos de Navidad para ahorrar el dinero y comprar las entradas para la gala, y Alana se cabreó por no recibir la mansión Dreamhouse de Barbie que quería.
Todavía conservo las fotos firmadas por Kyle Calder y Jocelyn Thibault guardadas con celo en un armario de la casa de mis padres. Pasaron diez minutos conmigo y me dejaron contarles que yo también quería llegar a la NHL.
Su interacción conmigo me enseñó cómo deben comportarse los deportistas profesionales con los niños. No hay que meterles prisa. No hay que parecer aburrido. Hay que dejarlos dirigir la conversación, y cuando piden una foto, hay que sonreír como si fueras la persona más feliz del mundo.
Porque nadie sabe hasta dónde pueden llegar esos niños. Podrían ser el próximo Gretzky. Podrían ser el próximo Maverick Miller. Podrían ser yo mismamente, y eso es algo que ayuda a mantener los pies en la tierra.
—Gracias, señor Sullivan —dice un niño pequeño cuando le devuelvo su fotografía—. Espero que gane el Trofeo Vezina.
—No podría hacerlo sin mis compañeros de equipo. —Extiendo un brazo y sonrío cuando choca sus nudillos con los míos—. Pásatelo bien esta noche.
Sale corriendo con la foto apretada contra el pecho, y todavía me deja de piedra que la gente se preocupe por mí como jugador.
—¿Me puedes firmar una foto? —dice una voz detrás de mí, y cuando miro por encima del hombro, Piper me sonríe—. ¿Por favor?
—Ya que lo pides tan amablemente… —Aprieto los labios para evitar sonreír—. ¿Tienes alguna?
—Sí. La llevo conmigo a todas partes porque estoy obsesionada contigo y tal.
—Es normal. —Le doy una palmada al taburete que hay a mi lado—. Ven aquí. Voy a hacerte una firma personalizada.
—Así habla el jugador del año. —Se sube de un salto al taburete—. Parece que te lo estás pasando bien.
—Es por los niños. Por la próxima generación de jugadores y la gente que se gasta la paga para venir y verme jugar. Prefiero hablar con ellos que con los socios minoritarios del club.
—Hay que comerse a los ricos, ¿verdad? —Piper pone una fotografía sobre la barra, y me echo a reír—. ¿Te suena?
—¿Se puede saber de dónde la has sacado? —Es una foto mía en la universidad, alto y desgarbado. Antes de descubrir que comer proteínas me ayudaría a ganar músculo. Parezco una persona totalmente distinta en la portería, y meneo la cabeza por la mala postura de las rodillas—. Es una reliquia.
—He tenido que bucear mucho en internet. La Universidad de Wisconsin tiene unos programas académicos estupendos, pero no conservan muchas fotos de los antiguos equipos de hockey sobre hielo.
—Porque no vale la pena conservarlas.
—Yo diría que las fotos de la victoria en la Frozen Four sí merecen conservarse. Sobre todo cuando sale el gran Liam Sullivan. —Tamborilea con los dedos sobre la imagen en blanco y negro—. Una firma, por favor.
—Lo que sea por una fan. —Le quito el capuchón al rotulador permanente y la miro—. ¿Prefieres que te lo dedique de alguna forma en particular?
—No. Dale rienda suelta a tu imaginación, Sully.
Me lo pienso un segundo y empiezo a escribir, tras lo cual le devuelvo la foto.
—Ahí tienes. Puede que algún día valga algo.
—Podría valer algo ahora mismo. —Piper mira el mensaje y se ríe—. Es perfecto.
Para mi pequeñaja:
Te tolero.
Como amiga.
De Liam Sullivan
—Me alegro de que te guste. ¿Te lo estás pasando bien?
—Sí. —Se coloca un mechón de pelo detrás de la oreja y echa un vistazo a nuestro alrededor—. Ha venido bastante gente. Se me han acercado cinco personas para decirme que les gusta mucho la energía nueva que le doy al equipo, así que me ha subido el ánimo. ¿Sabes lo más increíble? Tres eran hombres.
—Mírate. Podrías ser la pieza clave para lograr alcanzar la paz mundial.
—A lo mejor. —Me da un golpecito en un costado con el codo y se pone de pie—. Tengo que hablar con más gente. Ha venido alguien del Washington Post y quiero presentarme.
—Ve a ser una mariposa social, rayo de sol. Yo seguiré escondiéndome en mi rincón.
—No te diviertas demasiado. —Me toca un hombro. Me mira con una sonrisa dulce, esa clase de sonrisa que siento en todo el cuerpo—. Estás muy guapo, por cierto. Deberías ponerte traje más a menudo.
—Me lo apunto. —Le doy un apretón rápido en el codo—. Pero solo para ti.
Se despide con un gesto y se aleja mientras yo cojo una botella de agua de la cubitera que hay a mi derecha para no quedarme embobado mirándole el culo.
—¿Cómo está Piper? —me pregunta Maverick, que se acerca.
—¿Qué? ¿Cómo voy a saber cómo está Piper?
—Pues… —Me mira parpadeando—. ¿Porque acabas de hablar con ella?
—Ah. —Me ajusto el cuello de la camisa y me encojo de hombros—. Está bien. Va a hacer una entrevista o no sé qué.
—Es buena en su trabajo, ¿verdad? —Se apoya en la barra y bebe un sorbo de agua—. Me alegro de que estés con nosotros esta noche. Sé que estas cosas no te van.
—No tenía alternativa. El entrenador me ha dicho que me dejaba en el banquillo si no aparecía.
—¿Ha recurrido a un ultimátum para que asistas a los eventos? Es un genio. Debería haberlo hecho hace años. Piensa en toda la diversión que te has perdido.
—Tenemos definiciones muy diferentes de la palabra «diversión».
—¡Venga ya! Hay sitios peores en los que podrías estar ahora mismo.
—Y hay sitios mucho mejores en los que podría estar.
—Oye —Maverick entrecierra los ojos y levanta la barbilla—, ¿ese no es Charlie? ¿El tío que antes retransmitía nuestros partidos? Me preguntaba qué habría sido de él.
Sigo su mirada y entrecierro los ojos cuando reconozco a Charlie Woolworth, el capullo integral que era el antiguo jefe de Piper, que viene derecho hacia nosotros.
Antes de que pueda intentar escapar, se pone a mi lado con una sonrisa engreída en esa cara presuntuosa, que tiene todas las papeletas para llevarse un puñetazo.
—Caballeros. —Charlie extiende un brazo y Maverick me mira con extrañeza antes de estrecharle la mano. Yo paso del gesto y bebo un buen sorbo de agua—. ¿Nos lo estamos pasando bien esta noche?
—No me puedo quejar. —Maverick se encoge de hombros—. ¿Dónde has estado, tío? Hace siglos que no te veo por el estadio. ¿Ha pasado algo?
—La verdadera pregunta es qué no ha pasado. —Charlie resopla y saca un billete de veinte de la cartera. Deja caer el billete nuevo en el bote de las propinas y pone los ojos en blanco—. Perdí el trabajo que he tenido durante años por un malentendido. Una putada, si te digo la verdad.
Cierro los dedos alrededor de la botella de agua. El plástico cruje por la presión, y me imagino que es su cuello. La rabia hace que me hierva la sangre, y me pregunto qué pinta tendría con mi puño en la cara. Me pregunto qué pinta tendría con un ojo morado y una mejilla magullada.
—¿Un malentendido? Corre el rumor de que habías encontrado trabajo en otro sitio —replica Maverick.
—No hay trabajo nuevo, y puedes echarle la culpa a Piper Mitchell. Esa zorra presentó una queja contra mí en Recursos Humanos. La…
Doy un puñetazo tan fuerte en la barra que todas las bebidas se sacuden. La gente que nos rodea se vuelve para mirarme, pero me importa una mierda.
Estoy demasiado ocupado fulminando a Charlie con la mirada, mientras sopeso cómo hacer que un asesinato parezca un accidente.
—Yo que tú tendría mucho cuidado con lo que vas a decir a continuación —le digo despacio, para que no quepa la posibilidad de que el imbécil me malinterprete—. Estás hablando de mi mujer.
A Maverick se le cae la botella de agua de las manos y suelta una exclamación.