Bajo control (D. C. Stars 2) 32. Piper
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32. Piper

Piper

Liam

Cómo estás, pequeñaja?

Como nueva. Gracias por haberme ayudado!

Liam

Me alegro. Nos vemos mañana temprano

Liam

*imagen*

A Pico le gustas más que yo

Bueno, obviamente. Estoy buenísima!

Liam

Ah, sí?

Cuidado, Sullivan. Dijiste que era tu mejor amiga

Liam

No me acuerdo

*imagen*

Ya tienes una foto de mi dedo corazón

Liam

Quieres otra clase esta noche?

He quedado para cenar con las chicas. La semana pasada les fallé y no quiero volver a hacerlo. Lo siento!

Mañana?

Liam

El domingo jugamos temprano. Lo dejamos para otro día?

Por supuesto

Sobre la próxima clase…

Liam

Dime

Estás libre esta tarde?

Liam

No. Tenemos voluntariado en el refugio de animales

Llévate a casa un amigo para Pico!

Liam

Me sacaría los ojos si lo intentara

Liam

No tenemos partido ni esta noche ni mañana. Qué vas a hacer?

Salir de compras con Lexi

necesito ropa para el viaje a España

Por qué cojones acabas de mandarme cinco mil dólares?

Liam

Porque puedo

Para que mi mujer se compre algo bonito

Hola

Liam

Hola, rayo de sol. Qué tal estás?

Es una tontería decir que te echo de menos?

COMO AMIGO

Liam

Sigues garabateando mi nombre en tu diario, a que sí?

Sí. Está rodeado de corazones por todas partes.

A lo mejor me lo tatúo en la muñeca

Liam

Estás obsesionada conmigo. Lo sabía

Espera. Cuál es tu segundo nombre?

Liam

Empieza por f

Follarín?

Liam

Qué original

Fortachón?

Liam

Caliente…

Llevamos varias semanas jugando al pilla-pilla

Liam

Lo sé. Tú la llevas ahora

Ven a mi casa. COMO AMIGA

—Estaba riquísimo. —Paso el tenedor por el plato, porque quiero disfrutar hasta de la última gota de salsa marinara del pollo a la parmesana que ha preparado Liam—. ¿Cómo has aprendido a cocinar tan bien?

—Por mi madre. —Deja una sartén sucia en el fregadero y sonríe—.

Siempre está en la cocina. Recuerdo la primera vez que me dejó cortar las zanahorias para la sopa de pollo y fideos.

Cocinar me resulta liberador. Quizá porque es como el hockey: preciso, exacto.

No puedes saltarte ningún paso. Así es como ha funcionado siempre mi cerebro.

—Si te obligaran a cocinar solo un plato durante el resto de tu vida, ¿cuál sería?

—Tortitas. Cenar algo que en teoría se come para desayunar está muy infravalorado.

—Me encantan las tortitas.

—La próxima vez que vengas, te las preparo.

—Esto sí que es un servicio de cinco estrellas.

Orgasmos. Comida. Fantástica cobertura sanitaria…

—Me río y giro en el taburete—. Ya tengo médico nuevo.

Por cierto, tenías razón sobre lo de usar tu nombre.

Me sentí un poco mal al decir que era la mujer de Liam Sullivan, pero ya es demasiado tarde para retractarme.

—Lo estás usando por una buena causa, no para entrar en un club ni nada por el estilo. —Tira una servilleta sucia a la basura—. También he preparado postre.

—Vaya. Un menú completo. —Salto del taburete de la isla y me acerco a él—. ¿Qué has hecho?

—Galletas con pepitas de chocolate. Siempre te comes un par extra a escondidas en las cenas del equipo… He pensado que deben de ser tus favoritas.

—Lo son. —Lo miro con una sonrisa—. A lo mejor al final eres tú el que está obsesionado conmigo, Sullivan.

—Considera esto una miniclase.

—Uy, cómo me gusta cuando te pones en plan profesor. Deberías comprarte unas gafas.

—¿Interpretar un papel concreto está en tu lista de cosas para explorar?

—¿Quizá? No me opondría.

—En ese caso, cállese, señorita Mitchell, a ver si aprende algo —replica con severidad, y me derrito del todo—.

Un hombre debería ser atento contigo tanto dentro como fuera de la cama.

Debería fijarse en las cosas que te gustan, en los sitios donde te gusta que te toquen, en la comida que te gusta comer. Son cosas sencillas, la verdad.

—¿Y si no se da cuenta de esas cosas?

—Significa que solo está interesado en el sexo y que no ve suficiente futuro contigo como para querer descubrir lo que te gusta y lo que no.

—Vaya. Vale. Eso es importante. ¿Qué más cosas tienes para enseñarme?

—Ya sabes lo que vamos a hacer esta noche.

El deseo le oscurece los ojos y entrelaza sus dedos con los míos. Me da un suave tirón mientras echa a andar hacia el pasillo, y lo sigo, con la respiración entrecortada y superficial.

Sabía que este momento iba a llegar. Lo he estado esperando.

He estado fantaseando al respecto, contando los segundos hasta que llegara, pero estoy muy nerviosa de todas maneras. Me estremezco cuando abre la puerta de su dormitorio y me conduce al interior.

Tenía razón cuando me dijo que el sexo es algo emocional, y tengo miedo. Miedo de no ser lo bastante buena para él. Miedo de que me compare con las otras mujeres con las que ha estado y de que ya no quiera saber nada de mí.

Miedo de que hagamos esto y luego deje de estar interesado.

Es cierto que se me da bien bromear, que disimulo lo que siento con sarcasmo o ingenio, pero detrás de esa fachada, estoy empezando a pensar que siento algo por él, algo real, y me aterra que este siguiente paso pueda cambiar las cosas entre nosotros.

Todavía estoy trabajando en mí misma.

Liam no busca nada serio.

Soy consciente, pero eso no disminuye la atracción que siento por él.

Al principio pensaba que me atraía porque era el primer hombre en prestarme atención en años, en escucharme e interesarse en lo que yo tenía que decir.

Sin embargo, con el tiempo, me estoy dando cuenta de que lo que me atrae es él.

El tío del supermercado no me dice nada. El del bar country, tampoco.

Liam es el que me hace sentir cosas, y esta noche voy a tenerlo tal y como lo he deseado desde el principio.

—Oye —dice al tiempo que me frota la cara interna de la muñeca. Levanto la mirada hacia él y lo descubro observándome, analizándome, atravesando las capas de protección en busca de mis partes más íntimas, y Dios, me duele el pecho—, ¿qué te pasa?

—Nada. —Sacudo la cabeza y sonrío—. Estoy bien. Hagámoslo.

—Piper, no te escondas de mí.

—Es una tontería. Se supone que debo ponerme de rodillas y chupártela. Y se supone que tú debes follarme. Así es como funciona este acuerdo, ¿no?

—No estamos obligados a hacer nada. Necesito que seas sincera conmigo y, ahora mismo, no lo estás siendo.

¡Joder con su perspicacia y su habilidad para entender a los demás!

Me acerco a su cama. El colchón se hunde bajo mi peso y suspiro.

—Estoy nerviosa. No por el aspecto físico, sino por el emocional.

Has sido muy bueno conmigo durante estos últimos meses.

Me has enseñado y has tenido mucha paciencia, y quiero que tú también te lo pases bien.

Quiero que lo disfrutes hasta el final, no quiero que sea algo unilateral.

Siempre me he sentido muy rechazada después del sexo, y eso ha hecho que piense que el problema lo tengo yo.

Así que creo que no voy a ser capaz de satisfacerte.

Se acerca a mí y se acuclilla entre mis piernas. Me rodea la cara con las palmas de las manos y me pasa los pulgares por las mejillas.

—Nunca te voy a rechazar —dice con tanta ternura que creo que estoy soñando—.

Nunca. Y quiero que sepas que disfruto de todo lo que hago contigo, Piper, ya sea cenar, cogerte de la mano o ver cómo te corres, aunque yo no haga lo mismo.

Lo voy a disfrutar, porque somos tú y yo, pero quiero que sepas que me basta con tenerte en mi órbita.

No necesito nada más. Olvídate del sexo.

De las mamadas. De todas las clases. Aunque nos vayamos a la cama en este instante, mañana seguiré pensando lo mismo de ti.

Sus palabras se abren camino en mi corazón hasta llegar a esa parte solitaria, triste y olvidada que creí que nunca recibiría atención. Se hacen un hueco en él y destierran el pasado, eliminan lo malo y me hacen creer en el mensaje que transmiten.

—Gracias —susurro, pero me parece insuficiente, una palabra poco digna de la mujer que Liam está ayudándome a construir, ladrillo a ladrillo, cada vez que estamos juntos.

Pronto me descubriré en un pedestal muy por encima de mi antiguo yo—.

Gracias por ser paciente conmigo. Quiero hacer esto, y quiero hacerlo contigo, Liam.

Se acerca y me quita la coleta con un temblor en las manos que antes no estaba. Me roza la nariz con la suya antes de darme un beso suave y tierno, como si yo fuera lo más valioso del mundo.

Espero que se ponga manos a la obra, pero no lo hace.

Sigue besándome, devorando mis labios, hasta que ya no puedo más.

Le agarro la camiseta y se la quito por la cabeza, tirándola a un lado y animándolo a seguir. Le deslizo las manos por la espalda desnuda y sonrío contra su boca cuando lo oigo sisear al sentir mis uñas a lo largo de la columna vertebral.

Me tumba de espaldas sobre el colchón y me recorre los muslos con las palmas de las manos, subiendo hasta llegar a la cintura de los vaqueros, donde empieza a juguetear con el botón.

—¿Bien? —me pregunta mientras desabrocha el botón plateado y baja la cremallera.

—Estupendamente —murmuro y levanto las caderas para que pueda bajarme los vaqueros.

Una vez que me los quita, me siento y me desprendo de la camiseta para quedarme solo con el conjunto de lencería que compré la otra tarde con Lexi.

Fue una adquisición impulsiva, porque quería que esta noche fuera especial, pero cuando Liam me recorre con la mirada desde el hueco de la garganta hasta el pequeño lunar que tengo al lado del ombligo, me doy cuenta de que podría haber aparecido con un saco y que él me habría mirado de la misma manera.

—¿Qué…? —Traga saliva y se le mueve la nuez mientras mira el encaje azul como si lo ofendiera. Como si quisiera hacerlo pedazos—. ¿Qué llevas puesto?

—Quería algo sexy, y…

Liam se arrastra sobre mí y coloca todo el peso de su cuerpo sobre el mío. El chándal que lleva hace bien poco por ocultar que la tiene muy dura.

—Eres la mujer más sexy que he visto en la vida.

No necesitas encaje para estar impresionante, pero, Piper, estás irresistible con él.

—Desliza los dedos hasta el tirante del sujetador, lo estira y luego lo suelta contra mi piel, tras lo cual lame la marca que ha dejado—.

Voy a acabar contigo esta noche, cariño.

Gimo y le rodeo la cintura con las piernas, acercándolo más a mí. Arqueo la espalda para poder alcanzar su boca y lo beso de nuevo mientras él me acaricia el pecho y me pasa un pulgar por el pezón, ya duro.

—No sabía cuál era tu color preferido —digo al tiempo que vuelvo la cabeza para que pueda besarme el cuello, para que pueda bajar por mi cuerpo. Su boca alcanza un pecho y me lo chupa por encima del encaje.

—Mi color preferido es el que lleves puesto. —Baja las dos copas del sujetador, dejándome los pechos al descubierto, y siento el frescor del aire de la habitación—. Negro. Rosa. Rojo. Azul. Cualquiera. —Sus enormes manos juntan mis pechos y gime—. Quiero follarme tus tetas.

—Fóllame a mí primero —lo reto, deslizando un brazo entre nosotros para poder acariciarlo por encima de los pantalones de chándal—. Las tetas después.

Me aparta el brazo para poder tocarme entre los muslos. En cuanto me roza con los nudillos, se le escapa un gemido.

—Joder. Ya estás empapada, ¿verdad?

Le agarro la muñeca y lo guío, ayudándolo a apartar las bragas.

—Desde la cena.

Me toca el clítoris con el pulgar y luego me penetra con un dedo, despacio y con suavidad.

—Debería haberte doblado sobre la encimera de la cocina y haberte follado allí mismo.

Disfruto del cuidado con el que me mete un segundo dedo y luego un tercero.

Es más fácil que cuando empezamos con todo esto.

Mi cuerpo se adapta a él y lo desea. Me siento al borde del orgasmo.

El placer me invade de forma repentina y sigilosa mientras le entierro los dedos en el pelo, sintiendo el éxtasis al alcance de la mano.

—Liam. Por favor. ¿Puedes…?

Curva los dedos en mi interior. Baja la cabeza para morderme un pecho y exploto.

La habitación da vueltas a mi alrededor. Veo estrellitas por todos lados y me froto contra él, deseando un poco más, necesitándolo.

—Puedes darme dos, ¿verdad? —me dice con la boca pegada a mi cuello, pellizcándome un pezón y arrancándome un grito—. Ahí está. Eres una puta preciosidad.

El segundo orgasmo no es tan potente, pero sí igual de maravilloso, y las oleadas me recorren el cuerpo mientras Liam ralentiza el ritmo de sus movimientos.

—Joder —susurro. Una gota de sudor me resbala por la frente y me la limpio con una mano—. Creo que estoy en la cima del mundo.

Engancha los dedos en mis bragas y me las quita para guardárselas en un bolsillo.

—Quítate el sujetador.

—¿Qué vas a hacer con ellas?

—Me las guardo para luego.

Eso hace que mi mente vaya a toda pastilla. Tanteo el cierre del sujetador hasta liberar mis pechos y me quedo desnuda sobre su cama, mirándolo.

—Quítate los pantalones.

Se aparta de mí para ponerse de pie y quitarse los pantalones de chándal y los calzoncillos.

—Qué mandona.

—¿Condones?

—Tengo una caja entera. Y, sí, brillan en la oscuridad.

Me echo a reír.

—¿En serio?

—Sí. —Liam se gira hacia la mesita de noche y abre un cajón—. Has dicho que estás en la cima del mundo. Pues ahora voy a mandarte a las estrellas, Piper.

—Otra novedad: condones especiales. —Lo veo sacar una caja y un tubo de plástico—. ¿Lubricante?

—Sí. Sé que no es tu primera vez, pero quería tenerlo a mano. Por si acaso.

—No sé qué estás diciendo. Soy una profesional. Me he acostado con un montón de gente.

Se pone un condón, y me apoyo en los codos, ansiosa por ver cada paso. Por aprender cómo le gusta hacer las cosas para poder ayudarlo la próxima vez.

Liam vuelve a subirse a la cama. Se abre paso entre mis muslos y me agarra una rodilla.

—¿Qué posiciones has probado?

—La del misionero.

—¿Te gustó?

—No estuvo mal.

—Vale, entonces no te encanta. Tomo nota. Vamos a hacer algo parecido que es más agradable, pero si no te gusta, dímelo y cambiamos. Ponme la pierna en la cadera. Así, muy bien.

Suelto el aire. Cierro los ojos y agarro las sábanas a mi alrededor.

—Estoy preparada.

Sé que no es mi primera vez, pero la expectación hace que me lo parezca, por la espera y la incertidumbre de cómo será y de cuánto me va a gustar con él.

Hago todo lo posible por mantenerme relajada. Por hundirme en la cama mientras me roza con la punta. Siseo cuando empuja para metérmela, porque la sensación es casi dolorosa, pero, al mismo tiempo, perfecta hasta un punto tan increíble que resulta imposible describirlo.

Gemimos a la vez cuando embiste con las caderas un poco y me la mete unos centímetros. Veo estrellitas tras los párpados cerrados, pero solo durante un momento, porque entonces Liam me agarra la barbilla.

—Piper —gruñe—. Abre los ojos y mírame mientras te follo.