27. Liam
Liam
I ncluso desde el otro extremo del club, soy incapaz de apartar los ojos de Piper.
No he podido dejar de mirarla desde que entró con una minifalda y unas botas altas.
Juraría que la música se detuvo cuando cruzó la puerta con el pelo suelto y el escote y las mejillas relucientes por el iluminador.
El maquillaje refleja las luces estroboscópicas cada pocos minutos y desvía mi atención de las conversaciones que intento mantener.
—¿Estás bien? —Hudson chasquea los dedos delante de mi cara, y parpadeo. Aparto la mirada de ella, que está en la pista de baile, con los brazos por encima de la cabeza y las caderas moviéndose al ritmo de la música junto a Lexi—. Tienes la mirada perdida.
—Lo siento. Me ha parecido reconocer a alguien. —Bebo un sorbo de cerveza y me limpio la boca—. ¿No bebes?
—Alguien tiene que llevarnos a la capilla y luego de vuelta al hotel —contesta por encima de la música atronadora, y asiento—. Ni de coña voy a confiar en Everett o Richardson para que encuentren el camino.
—Sería un juego divertido, la verdad. Oye, ¿cómo te va con esa chica de la gala? ¿Alisha? ¿Eliza?
—Casi aciertas, era Alyssa. Cortamos. Me dijo que estaba siendo un pesado.
En cuanto me distancié un poco para darle espacio, dejó de devolverme las llamadas.
Dejó de querer quedar conmigo. —Se encoge de hombros, pero se nota que está decepcionado y que intenta disimular—. Supongo que no era mi destino.
Me inclino hacia él para que pueda oírme mientras le digo:
—Ya la encontrarás.
—Gracias, tío. Voy a por agua. ¿Quieres algo?
—No. Me termino esto y luego me doy una vuelta.
Hudson asiente y se va a la barra, aunque se para un segundo para disculparse con una mujer de pelo largo y castaño por chocar con ella y luego desaparece entre la multitud. Ni siquiera tengo un segundo de respiro, porque Grant lo reemplaza a mi lado.
—Portero —dice, arrastrando la lengua, mucho más borracho que los demás—. Tómate un chupito conmigo.
—¿Eres capaz de mantenerte de pie?
—Shhh. ¿Quién necesita mantenerse de pie cuando alguien puede llevarme? —Levanta la botella de vodka que tiene en la mano y me da un golpecito en la barbilla—. Abre la boca, grandullón.
Sé que la única forma de deshacerme de él es complacerlo, así que me agacho. Abro la boca y me bebo el generosísimo trago que me echa en la boca.
—Y ni siquiera es de los buenos.
—¡Es que Maverick ha comprado todas las botellas buenas! —grita antes de alejarse para molestar a otro compañero de equipo—. Búscalo a él.
Pongo los ojos en blanco y busco a mi capitán entre la multitud. Lo veo en una mesa en la sección VIP, con Emmy y Piper a cada lado. Debe de estar agotada de tanto bailar. Me acabo la cerveza, dejo la botella en el extremo de la barra con un montón de otras vacías y echo a andar hacia ellos.
—Aquí está mi chico. —Maverick se sube por encima de Emmy para abrazarme—. Trae el culo para acá. Vamos a hacer una cata de chupitos.
—¿Cómo que una cata de chupitos?
—Ya sabes, chupitos de diferentes tipos. —Emmy coloca cinco vasitos en fila—. No puedes negarte. Soy la novia y quiero que te unas.
—La madre que te parió, Emerson Hartwell. —Miro a Piper—. ¿Quieres compartir el banco, pequeñaja?
—Claro. —Le da una palmadita al espacio que tiene al lado y me siento. Tengo el muslo pegado al suyo, pero no se aparta—. Me estaba preguntando dónde te habías metido.
—¿Me has estado buscando? —le pregunto al oído por encima del ruido, y se encoge de hombros.
—Es posible. —Le relampaguean los ojos y coge dos vasos antes de darme uno—. Por Liam. El poseedor del récord de la NHL por el mayor número de paradas en un partido.
Refunfuño por el brindis y la atención, pero me bebo el chupito de un tirón.
—Este sí es de los buenos.
—Fantástico, ¿verdad? Tequila de primera calidad. Entra muy bien. —Maverick nos invita a tomarnos el siguiente chupito como si fuera un vendedor de alcohol—. Ahora el vodka.
—Este es por Maverick y Emmy —brinda Piper—. Por una vida llena de felicidad.
Seguimos bebiendo y durante los diez minutos siguientes acabo tomándome más chupitos que en los últimos cinco años. Dejo el último vaso y me recuesto en el asiento, con el alcohol ya haciendo efecto. Lo siento en la sangre, en la cabeza, en los bordes de mi visión, que empieza a ser borrosa.
Hace mucho tiempo que no me emborracho.
Sé cuándo parar de beber. Conozco mis límites y sé cuándo estoy a punto de sobrepasarlos. Me doy cuenta de que estoy empezando a achisparme, y que no tardaré en pasar a estar borracho, pero esta noche creo que voy a disfrutarlo.
—No sabía que aguantabas el alcohol tan mal. —Piper me da un golpecito en la rodilla—. Te has sonrojado.
—¿Quieres que veamos quién puede beber más, Mitchell?
—¿Qué se lleva el ganador?
—¿Qué quieres?
—A ti. —Se echa el pelo hacia atrás y sonríe—. ¿Qué te parece?
Me tienta la idea de besarla ahora mismo.
Emmy y Maverick están en su propio mundo. Podría decirles que estoy entrando en combustión espontánea y ni siquiera me mirarían. La única que me mira es Piper.
Me gusta tener su atención. Me gusta saber que me está mirando. Me gusta que se acerque a mí y tamborilee con los dedos en mi muslo.
Joder, qué guapa es.
¿Siempre ha sido tan guapa? Creo que sí.
Por eso me he pasado cuatro años mirándola. Porque es guapísima.
Mierda. Estoy más borracho de lo que pensaba.
—¿Quieres bailar?
—¿Sabes bailar? —me pregunta.
Echo un vistazo hacia la pista de baile. Hay cientos de personas, todas moviéndose a su manera. Algunas están dando saltos. Otras tienen los brazos en alto. Otras mueven las caderas.
Fuera de la pista de hielo soy un pato mareado. Soy incapaz de encontrar el ritmo aunque me vaya la vida en ello, pero no voy a dejar que eso me impida tocarla esta noche.
—Seguro que puedo aprender —contesto y cojo la botella de tequila que hay en medio de la mesa—. ¿Quieres otro chupito antes de que salgamos ahí fuera y hagamos el ridículo por mi culpa?
—Sí, seguramente me vendrá bien —responde al tiempo que coge la botella y desenrosca el tapón—. Pero no quiero desperdiciar un vaso.
Levanto una ceja.
—¿Qué se te ha ocurrido?
—Abre la boca —contesta con una voz ronca que no le había oído antes, y abro la boca de golpe. Noto el respingo que me da la polla dentro de los vaqueros. Piper se levanta y le pongo una mano en una cadera para ayudarla a mantener el equilibrio—. Qué chico más obediente eres, Liam.
Me arde la piel cuando me desliza los dedos por la mandíbula y la barba. No estoy seguro de haber estado tan excitado en público antes, y no sabía que me ponía que me elogiaran.
Estoy tan cachondo, tan nervioso por no saber lo que va a hacer, que solo atino a mirarla con deseo.
—Eres muy listo. —Apoya la botella contra mis labios y la inclina, llenándome la boca de tequila—. ¿Qué puedes hacer para pasar el alcohol de tu boca a la mía?
Tiro de ella hasta que se me sienta en el regazo, hasta que se le sube la falda por los muslos y puedo tocarle la piel desnuda.
Sin apartar los ojos de ella, le sujeto la barbilla y le echo la cabeza hacia atrás.
Ella se retuerce y deja escapar un suave gemido cuando me inclino hacia delante y le muerdo el labio inferior.
Entreabre los labios, y la agarro de la nuca mientras le vierto el tequila en la boca.
—Trágatelo —le susurro cuando puedo volver a hablar—. Igual que hiciste con mi semen. —La pasión le ilumina los ojos, y no desvía la mirada a la vez que se le mueve la garganta y saca la lengua para enseñarme que tiene la boca vacía—. Muy bien.
Se baja de mi regazo y se pone de pie. Me tomo mi tiempo mientras la recorro con la mirada de abajo arriba y me doy cuenta de que tiene los pezones duros y las mejillas ruborizadas. Me percato de que lleva la falda un poco torcida.
«Está preciosa».
Me tiende la mano y la acepto para entrelazar nuestros dedos y dejar que me saque del reservado. Estaba en lo cierto: Maverick y Emmy ni siquiera levantan la mirada cuando nos alejamos, con el suelo un poco inestable bajo mis pies.
Suponía que Piper me iba a llevar a la pista de baile; en cambio, se dirige hacia una zona en penumbra del club, lejos de mis compañeros de equipo y del ritmo machacón de la música. Una vez allí, se apoya en la pared, me rodea el cuello con los brazos y tira de mí hacia ella.
—¿No me habías dicho algo sobre una clase de exhibicionismo? —susurra, y miro a mi alrededor para ver lo que nos rodea.
En la penumbra casi no se nos ve, pero algo me dice que Piper desearía ser el centro de atención, y voy a seguirle el juego para darle lo que quiere.
—¿Quieres una? —le pregunto mientras le acaricio los brazos con los dedos y se los levanto por encima de la cabeza, sujetándolos con una mano—. ¿O es el alcohol el que habla?
—Estás más borracho que yo —replica, y sé que tiene razón.
Noto que mis inhibiciones se desvanecen. Mi capacidad para tomar decisiones se está esfumando y quiero tomar una antes de que se me olvide, antes de llegar al punto sin retorno.
Me inclino para apoderarme de su boca con un beso y siento su sonrisa contra mis labios. Gime cuando uso la lengua, los dientes, cuando le subo la mano libre por la cintura y me detengo en sus costillas.
A lo mejor he estado demasiado reprimido en el pasado. A lo mejor debería haberme dejado llevar un poco más, pero me alegro de no haberlo hecho.
Porque, de lo contrario, no podría tener esto, aquí y ahora, con ella.
No deseo a nadie más.
—Tócame, Liam —susurra al tiempo que vuelve la cabeza para que pueda besarle el cuello. Para que pueda pasarle la lengua por la garganta y verle bien el escote—. Por favor.
Deslizo la mano hasta la cinturilla de su falda. La bajo más hasta que se la pongo en el muslo y luego vuelvo a subir hacia las caderas. Meto los dedos por debajo de la tela y cuando subo un par de centímetros más, me la encuentro sin ropa interior, mojada y lista para mí.
—¿Estás sin bragas? ¿Y enrollándote conmigo en el rincón de un club donde cualquiera puede ver cómo te meto los dedos? Estoy empezando a creer que me necesitas una barbaridad, Piper. —Le mordisqueo la oreja y la penetro con dos dedos—. Porque es verdad, ¿a que sí?
—Sí. —Gime y echa la cabeza hacia atrás—. ¿Por qué nunca ha sido así antes?
—Porque no estabas conmigo. Estabas con uno que no tenía ni puta idea de lo que te gustaba ni de cómo hacer que te corrieras.
Seguro que él no sabía que cuando hago esto…
—digo mientras doblo los dedos y esbozo una sonrisa ufana al verla morderse el labio inferior para no gritar mi nombre—, te dan ganas de suplicar.
O que si hago esto… —sigo al tiempo que le suelto los brazos para acariciarle el clítoris con la otra mano, frotándoselo en círculos tal como le gusta—, terminarás corriéndote en mi mano.
—Liam —gime, con los ojos cerrados y la respiración agitada.
—Córrete, rayo de sol. Sabes que quieres —digo, y arrastro las palabras. No sé si es por el alcohol o por ella, pero me importa una mierda—. ¿Por mí?
Piper se tensa en torno a mis dedos. El orgasmo la asalta tan deprisa que casi no tengo tiempo de reaccionar. Le saco los dedos y la sujeto de modo que no se caiga al suelo. La abrazo contra mi pecho y la acaricio mientras se le escapa un gemido ahogado que me acaricia los oídos.
—Esto… —jadea— se te da demasiado bien.
—¿Qué pondrías en tu encuesta de satisfacción? —La beso en la frente y le aparto el pelo de la cara. Ella levanta la barbilla y me mira con los ojos nublados, pero también con una sonrisa complacida—. ¿Satisfactorio? ¿En la media?
—Bien. Diría que estás bien.
—Supongo que tendré que llevarte al baño e intentarlo de nuevo. —Le coloco bien la falda. Es posible que esté viendo doble; a lo mejor me han salido otro par de ojos—. ¿Estás bien?
—Creo que estoy volando.
—Creo que estás borracha.
—Creo que eres guapo. —Me toca la nariz—. Y creo que necesito otra copa.
—¿Quién necesita otra copa? —Grant aparece de la nada con otra botella de licor—. No te preocupes, Pip. Tengo contactos. Pero bebe rápido. ¡Ya casi es la hora de la boda!
Gruño y lo aparto de un empujón.
—Puto incordio.
Piper se echa a reír y se tambalea sin moverse del sitio.
—Esto es divertido. Vamos a divertirnos más, Sully. ¿Quieres divertirte conmigo?
A la mierda con ser responsable.
Cuesta mucho querer hacer algo inteligente cuando me está mirando así.
Satisfecha. Feliz. Guapísima a rabiar.
Me duele el pecho y me lo froto con la mano.
—Tú primero —digo sin saber cómo coño puede mejorar todavía más la noche.