26. Piper
Piper
N o puedo llegar a las gradas para preguntarle a mi mejor amiga por su boda sorpresa porque el resto del equipo entra corriendo en el túnel con una nevera portátil llena de Gatorade y una botella de champán.
Adivino lo que va a pasar antes de que el pobre Liam se dé cuenta y cuando se da media vuelta, le echan el cubo de líquido naranja por la cabeza.
Espero con curiosidad por ver cómo va a reaccionar. Me sorprende cuando se limpia los ojos y suelta una carcajada. Eso anima a los chicos, que estallan en vítores.
—¡La hostia, Sully! —grita Maverick—. Ha sido una pasada.
¡Eres el puto amo de las porterías! —Le da un beso a Liam en una mejilla, y se me escapa una risilla cuando lo veo poner los ojos en blanco—.
Un partido increíble. El mayor número de paradas de la historia de la NHL.
Una victoria que nos pone en la cima de la Conferencia Este. Menudo subidón, coño.
—Cuatro minutos y estamos, Miller —le digo, y me hace un saludo militar.
—Deja de manosearme. —Liam se lo quita de encima de un empujón, pero veo la sonrisa que intenta ocultar sin éxito—. He hecho mi trabajo. Ya está.
Dios, me encanta verlo así, tan feliz. Irradiando alegría mientras lo rodean las personas que lo apoyan. El amor por el deporte y los chicos que lo han ayudado a llegar hasta aquí.
Liam se entrega de corazón a todo lo que hace, y presenciar que tanto trabajo da sus frutos me llena de un orgullo inmenso.
Me encanta alegrarme por mis amigos y, ahora mismo, estoy loca de felicidad por él y por todo lo que ha logrado.
—Has hecho mucho más que tu trabajo. —Riley le echa un brazo por encima de un hombro—. Eres uno de los mejores de todos los tiempos.
—¡Hora de celebrarlo! —Grant se quita el casco y lo lanza contra la pared.
Me recuerdo que tengo que recogerlo del suelo después de la entrevista con Maverick para dárselo a uno de los aficionados que espera fuera del túnel.
Hay un grupo reunido, con la esperanza de conseguir algo de los chicos, y me encanta alegrarle la noche a alguien—.
Vamos a calentar motores en un club antes de la boda, luego nos vamos a ver cómo un par de tortolitos intercambian votos, ¡y después nos vamos a quemar la ciudad al Strip!
El vuelo de mañana es por la tarde, así que podemos estar de juerga toda la noche.
—Como aparezcas borracho en el avión, el entrenador te comerá vivo —le advierte Ryan.
—Solo se vive una vez, Seymour. Me importa una mierda.
—¿Al Strip? ¿En serio? Creía que iríamos a una capilla para la boda y luego a tomarnos unas cervezas —dice Liam—, no a un club de música electrónica.
—Tío… —Hudson le pone a Liam una mano en el pecho—. Ya sabes que yo nunca soy de los que animan a que nos emborrachemos, pero tienes que participar en todas las actividades. Tenemos un huevo de cosas que celebrar.
—Vale. —Liam se quita la camiseta, me mira a los ojos y me la lanza—. Pero solo si Everett paga. Ya no tiene sueldo de novato y por fin se puede permitir invitarnos a algo en condiciones.
—¡Joder, sí! —Grant levanta un puño—. Te voy a comprar una botella en la sección VIP del club en el que acabemos.
Liam se abre paso a empujones hacia los vestuarios.
—Me arrepiento de todo.
—¿Listo, capi? —pregunto, y Maverick se acerca a mí.
Le hago un gesto a Bernie, el cámara, para que se acerque, y lo veo levantar un dedo, advirtiéndome de que nos queda un minuto antes de salir al aire, así que asiento—.
No puedo creer que te vayas a casar —digo por lo bajo, y él sonríe de oreja a oreja.
—Yo tampoco. Todavía espero que algún día Emmy entre en razón y se dé cuenta de que puede encontrar a alguien muchísimo mejor que yo.
—Suelta una carcajada y adopta una expresión emocionada—.
La quiero con locura. La he visto hace seis minutos, pero ya la echo de menos.
No me imagino pasar el resto de mi vida sin ella.
Estábamos dando un paseo antes de venir al estadio y la miré y le dije que quería que nos casáramos hoy mismo.
Emmy pensó que estaba de coña, así que me metí en una tienda de regalos que había en una esquina y compré dos anillos cutres, la llevé a la oficina donde solicitas el certificado de matrimonio, pedí uno y aquí estamos. A pocas horas de casarnos.
Es difícil no emocionarse al oír la pasión que rebosan sus palabras, la profunda alegría que Emmy le brinda y el hecho de que sin ella Maverick estaría incompleto. Nunca he creído mucho en las almas gemelas, pero estos dos estaban destinados el uno para el otro.
Era a esto a lo que me refería cuando hablaba con Liam la otra noche. En cada vida, en cada realidad, en cada versión de su historia, Maverick va a elegir a Emmy. Ella es la única, la prioridad, el objetivo.
La dueña de su corazón.
Si Emmy desapareciera mañana, él arrasaría medio mundo para encontrarla. Y, si no la encontrara, preferiría marcharse antes de seguir adelante sin ella.
Siento una punzada en el alma porque, aunque me alegro muchísimo por ellos, también siento mucha envidia. Deseo con desesperación lo que ellos tienen, pero al mismo tiempo me aterra la idea de intentarlo de nuevo y fracasar… otra vez.
¿Podré aprender a confiar? ¿A tener fe? ¿A creer que merezco amor y que soy suficiente?
—¿No quieres una celebración grande? —le pregunto, desterrando mi confusión interior—. Con lo que te gusta ser el centro de atención.
—La quiero y quiero casarme con ella esta noche. Me importa una mierda la celebración, y a ella también.
Se me llenan los ojos de lágrimas y me las seco.
—Me alegro mucho por los dos. Gracias por querer a mi mejor amiga como se merece.
—Diez segundos —dice Bernie, y me abanico la cara.
—Contrólate, Piper —bromea Maverick, alborotándome el pelo—. Tenemos que demostrar un poco de profesionalidad.
Me echo a reír cuando conectamos en directo, sosteniendo en alto el micrófono.
—Muchísimas gracias, Bradley. Estoy aquí con Maverick Miller después de una emocionante victoria en el tiempo reglamentario contra los Las Vegas Lightning, en la que Liam Sullivan ha batido el récord de la NHL de paradas en un partido.
¿Qué tipo de crecimiento está experimentando el equipo en este momento y cómo os ayuda esto a largo plazo?
—Vamos a por todas. Obviamente, todos queríamos ganar la Stanley Cup el año pasado y no fuimos capaces de hacerlo.
Sin embargo, puede que perderla fuera lo mejor que nos ha pasado.
Nos hemos visto obligados a madurar, a dejar de tomarnos las derrotas como algo personal y a averiguar cómo podemos mejorar gracias a ellas.
No somos el mismo equipo de la temporada pasada y, si conseguimos mantener esta inercia, creo que en junio disfrutaremos de una posición estupenda.
—No podemos hablar de esta noche sin mencionar la actuación de Liam. Habéis jugado juntos durante años. ¿Cómo ha sido verlo hacer la parada número setenta y uno?
—Dios. —Maverick se pasa la mano por el pelo húmedo y sonríe—.
Sully es una bestia. Cuando hay una victoria en juego, no quiero a otro defendiendo mi portería.
Juego con el corazón. No se regodea. No se convierte en el protagonista.
Es un tío de pu… puñetera madre, y verlo hacer historia ha sido increíble.
—Una última pregunta, Maverick. Vais a entrar en el nuevo año con el mejor récord de la Conferencia Este y el segundo mejor de la liga. ¿Qué confianza os da eso de cara a los cuatro partidos fuera de casa que tenéis a principios de enero?
—El trabajo no ha terminado —contesta—. Los récords no significan nada ahora mismo. Nos gusta la química que tenemos entre nosotros, pero hasta que no levantemos la copa por encima de nuestras cabezas, todavía nos queda mucho que hacer.
—Gracias, Mav. Disfruta de la noche —le digo, y Bernie apaga la cámara—. Sabes que me repatea hacer este tipo de preguntas, pero es lo que los aficionados quieren oír.
—No pasa nada, Pip. Haces algunas de mis preguntas preferidas. —Se quita la camiseta y me la da—. Te vienes con nosotros, ¿verdad?
—No me lo perdería por nada del mundo.
—Bien. —Sonríe y se aleja hacia el vestuario—. Tengo que ducharme antes de ver a mi chica. ¡Nos vemos en el autobús!
Me despido con la mano y empiezo a recoger todas las cosas que los chicos han ido dejando. Añado guantes y jerséis a mi montón, además del casco de Grant. Pesa bastante, y sé que estoy a punto de hacer muy felices a unos cuantos niños.
—Es mi parte preferida de la noche —dice Lexi, que me quita parte de la carga—. Un día de estos tenemos que conseguir que los chicos vuelvan a salir y firmen todo después de terminar el análisis del partido con el entrenador. No me importaría que apestara menos, eso sí. Es que es asqueroso.
—Maverick y Hudson firman cosas de vez en cuando.
Se escabullen y, cuando vuelven al autobús, dicen que han ido al baño.
—Veo a un niño esperando junto a la barandilla.
Tiene el cuerpo inclinado hacia el túnel, con la mano extendida y una expresión esperanzada en la cara.
Me acerco a él y le pongo un par de guantes en las manos—. Aquí tienes, colega.
—Gracias. —Pone los ojos como platos—. Me encantan los Stars. De mayor quiero ser portero como Sully.
—Seguro que serás estupendo. ¿Vives en Las Vegas?
—No. En Maryland. Mi madre ha venido por trabajo y he venido con ella. Vi que jugaban los Stars y le supliqué que me trajera al estadio. Siempre vamos a los partidos en Washington.
—Tenemos un campamento de verano infantil, y Liam va a participar. Deberías apuntarte. —Me las apaño para meterme una mano en el bolsillo y sacar una de mis tarjetas de visita—. Dale esto a tu madre y dile que me mande un mensaje de texto si tiene alguna duda, ¿vale?
—Vale. —El niño asiente, y creo que podría estar a punto de echarse a llorar—. Muchísimas gracias.
—Muchísimas de nada.
Me acerco a la pista y veo a una niña pequeña con un jersey rosa de los Stars. Reconozco la camiseta de Emmy de cuando estaba en el equipo, una edición especial que los de publicidad hicieron por el día de los Enamorados, y me voy directa hacia ella.
—Hola —digo al tiempo que me agacho para estar a la misma altura—, ¿cómo te llamas?
La mujer que está a su lado coge a la niña en brazos y le acaricia el pelo.
—Vas a tener que hablar despacio para que pueda leerte los labios. Es sorda.
—¡Ah! —Me pongo de pie y suelto las cosas para dejar las manos libres.
«Hola —digo signando—. ¿Cómo te llamas?».
La niña mira a su madre, que sonríe y asiente. Usa las manos para deletrear despacio.
«Lucy».
«Hola, Lucy. —La saludo con la mano—. Me llamo Piper. ¿Te gusta el hockey?».
—Quiere jugar en la NHL algún día, como Emerson Hartwell —explica su madre, que habla y signa al mismo tiempo.
«Emmy es una de mis mejores amigas. Es un sueño muy bonito. Toma. —Me agacho y rebusco entre los jerséis hasta encontrar la que busco—. Es de Maverick Miller. Emmy y él son muy amigos, y le encantaría que te lo quedaras».
Lucy se lleva la camiseta al pecho y sonríe.
—¿Cuándo aprendiste la lengua de signos? No mucha gente la conoce —dice la mujer.
—Mi primo es sordo. Crecí signando.
—Muchas gracias por parar y dedicarnos un poco de tiempo. Le has alegrado el año.
—No hay de qué. —Miro a Lucy con una sonrisa.
«Si alguna vez pasas por D. C., tienes que venir a un partido, ¿vale? Veré si Emmy también puede ir».
«Vale. —Lucy me devuelve la sonrisa—. Gracias».
—Me llamo Madeline —dice la mujer.
—Piper. Encantada de conocerte.
—Nos encantaría ir a D. C., pero no estoy segura de que podamos hacerlo. Soy chef en un restaurante aquí en Las Vegas y, como madre soltera, no tengo mucho tiempo para viajar. Pero gracias por la invitación.
—No tiene fecha de caducidad. Seréis bienvenidas cuando queráis. —Sonrío y le entrego una de mis últimas tarjetas de visita.
«Adiós, Lucy. Ha sido un placer conocerte».
Reparto el resto de la equipación de los jugadores entre los aficionados que esperan y cuando regreso al túnel, estoy agotada.
—Necesito una ducha —dice Lexi—. Huelo a tío sudado.
—Es asqueroso. —Meto las manos bajo un dispensador de desinfectante y me las froto en un intento por quitarme parte de la peste—. Vas a salir esta noche, ¿verdad?
—Pues claro que voy a salir esta noche. Me he traído un vestido precioso. ¿Qué te vas a poner tú?
—He metido algunos vestidos y faldas en la maleta. Nada apropiado para una boda, pero veré si puedo encontrar algo.
—Esa es la ventaja de una boda en Las Vegas. No hace falta emperifollarse. —Lexi se echa a reír—. Hola, Liam. Buen partido el de esta noche. Has estado increíble.
Él la saluda con un gesto con la cabeza y una gota de agua procedente del pelo mojado por la reciente ducha le cae por la frente.
—Gracias.
Lexi nos mira a los dos y luego clava sus ojos en mi y me regala una sonrisa pícara.
—Os dejo un minuto a solas.
Cuando desaparece, le sonrío a Liam.
—¿Qué pasa?
—Se te dan bien los niños.
—¿De verdad?
—Sí. He estado viéndote repartir las cosas. Tu forma de signar… —dice, ladeando la cabeza—. Es preciosa.
—Ah. Gracias. Estoy un poco oxidada, pero intento ver vídeos en YouTube para mantenerme al día. Nunca se sabe cuándo lo vas a necesitar, como acabas de ver con Lucy. —Me encojo de hombros—. Si con esto consigo que alguien se sienta incluido y cómodo, quiero ser capaz de hacerlo.
—¿Quieres tener hijos?
—Mmm. —Aprieto los labios—. La verdad es que no estoy segura. Me gustan los niños, pero no tengo claro si quiero ser madre. Todavía estoy aprendiendo a confiar en la gente, y eso requeriría mucha confianza.
—Es comprensible.
—¿Tú quieres tener hijos?
—Sí. Creo que sí. Me veo siendo padre. —Se mete las manos en los bolsillos de los pantalones—. Pero eso todavía queda lejos.
—¿Has venido para preguntarme sobre mi futuro como madre?
—No. —Liam resopla—. He venido para idear un plan de escape para que podamos escabullirnos esta noche y no tener que quedarnos en un club hasta las cuatro de la madrugada. Es posible que me muera si sigo despierto cuando salga el sol.
—Nadie se dará cuenta si nos vamos. Podemos decir que tengo hambre y nos largamos.
—Me gusta cómo funciona tu cerebro.
—Gracias. —Sonrío—. Lexi y yo vamos a arreglarnos juntas, así que seguramente nos reuniremos con vosotros en el club. Todavía tengo que buscar a Emmy y echarle una buena bronca. ¿Nos vemos luego?
—Me parece bien.
—Resérvame un baile, Sullivan —le digo, y me rozo con él al pasar antes de echar a andar hacia el autobús del equipo—. Me voy a llevar una decepción si no consigo unos minutos a solas contigo en algún rincón oscuro.
—¿Quieres otra clase, rayo de sol? ¿Esta vez sobre exhibicionismo?
—Puede. —Le doy un golpecito en el pecho y me alejo tranquilamente—. Tendrás que averiguarlo.