19. Piper
Piper
Steven
Piper, te he mandado un montón de mensajes al correo. Vas a contestar a alguno?
No quiero tener que recurrir a mi abogado, pero al final tendré que hacerlo.
Puedes dedicarles cinco minutos de tu día tan poco ajetreado y leerlos?
Vas a ir mañana a casa de Maverick y Emmy para celebrar el día de Acción de Gracias?
Liam
Sí. Es mejor que cocinar para uno
Te gusta cocinar?
Liam
Sí. Pero no un pavo entero. Pico y yo no podemos comer tanto
He oído a algunos chicos decir que tienen chefs personales. Hudson se quejaba el otro día de que el suyo había dimitido. Tú no tienes?
Liam
No. La cocina es una buena forma de desconectar después de un largo día en la pista de hielo
Te gusta atravesar cosas con cuchillos, verdad?
Liam
Es una buena válvula de escape para la ira. Mejor atravesar cebollas que a alguien que me cabree
Oh, oh. Quién te ha cabreado?
Liam
Todo el mundo
Esta noche ha sido el gilipollas de Ethan Richardson. Ese chico tiene más energía de la que le conviene. Hemos tenido que patinar veinte vueltas más después del entrenamiento porque Grant y él no dejaban de hacer el payaso
Tienes veintinueve años y llamas «chico» a un compañero de equipo? Ok, boomer
Liam
Me siento como si tuviera cien
Cuándo es tu cumpleaños?
Liam
El 27 de junio. Y el tuyo?
El 19 de agosto
Liam
Alana intentará hacernos una carta astral para ver si somos compatibles. Dile que es una tontería y lo dejará
Jamás insultaría a una mujer aficionada a la astrología Vamos a llevarnos de vicio!
—¡Perdón por llegar tarde! —exclamo en el vestíbulo de la casa de Maverick y Emmy. Me quito los zapatos y sacudo mi abrigo con cuidado para que no se me caiga el postre—. ¡He traído tarta!
—¡Pip! —Ethan me levanta en brazos y me hace girar—. Por fin estás aquí.
—Sé que solo me saludas porque quieres comida.
—Culpable. —Me deja en el suelo—. Estamos en etapa de crecimiento. Sabes que no podemos estar diez minutos sin comer.
—Lo dices en serio, ¿verdad?
—Totalmente en serio, pero me alegro de que hayas venido. No es lo mismo si no estamos todos, y ya estaba preocupado por si te había pasado algo.
—Pues aquí estoy, vivita y coleando. —Le doy una palmada en un hombro y lo sigo por el pasillo—. Esta mañana no me encontraba bien. El último viaje me ha dejado hecha polvo.
—No ha sido el viaje, ha sido Dakota del Norte. Hacía un frío de cojones. —Me mira con una sonrisa por encima del hombro—. Aunque es mejor que Florida. Ese sitio es una pesadilla.
—Por lo menos hará calor cuando vayamos la semana que viene.
Doblamos la esquina para entrar en la cocina y los saludo a todos con la mano.
Está el equipo al completo, todos bebiendo y disfrutando de los aperitivos que hay en la isla.
Se oye la tele a todo volumen desde el salón, retransmitiendo el partido de los Titans, y ya me siento más animada porque estoy rodeada de mis personas preferidas.
—Hola, cari. —Lexi me besa en la mejilla y me ofrece un vaso de agua—. Feliz día de Acción de Gracias, calabacita.
—Feliz día de Acción de Gracias, Lex. —Dejo la tarta en la encimera y la abrazo con fuerza—. Madre mía, estás estupenda. ¿Cuántos días a la semana haces pilates?
—Seis. A mi salud mental le ha venido de maravilla durante estos últimos meses. Estoy agotada por tener que ir del estadio a las clases todas las tardes, pero últimamente me siento más positiva y centrada. Debe de estar funcionando.
—Me alegro mucho por ti. Tenemos que llevar al equipo a otra clase. La semana de agujetas mereció la pena solo por haberlos visto sufrir en las máquinas.
—Fue la leche. No hay nada como ver a un grupo de tíos hechos y derechos a punto de llorar. Sobre todo cuando tú has contribuido a su derrota. —Me sonríe—. Hoy estás radiante.
Me toco las mejillas, que tengo coloradas por haber venido andando con el frío que hace.
—Gracias. Es casi hipotermia.
—Me refiero a que pareces feliz. ¿Cuál es tu secreto?
—¿Estar divorciada y haberme librado de una mierda de relación? —bromeo—. No tengo ninguno, la verdad. El trabajo va bien. El equipo está jugando bien. Anoche me tiraron los tejos en el supermercado, así que diría que las cosas empiezan a mejorar.
—¡No me digas! ¿Era guapo?
—Sí. No era mi tipo, pero con lo mal que me fue con el último que creía que lo era, no voy a descartar nada. Lo he visto antes en el pasillo de las especias.
—¿Y no lo has saludado?
—Teniendo en cuenta que me paso la mitad del tiempo sintiéndome poca cosa, no estoy segura de tener el valor para interactuar con él. Pero tal vez debería intentarlo. Eso dice mi psicóloga.
—Así me gusta. —Me rodea con un brazo y me besa en la mejilla—. ¿Alguna noticia del capullo de tu ex?
—Sí, por desgracia. —Suspiro y apoyo la cabeza en su hombro—. Ayer me estuvo escribiendo por la mañana. Pasé de él. No me apetece remover la mierda, ¿sabes?
—Si quieres que desaparezca, solo tienes que decirlo. Conozco gente que puede encargarse del tema.
—¿Encargarse? ¿Estás hablando de un sicario o qué?
—Bueno, más o menos. Un amigo de un amigo es amigo de la hija del presidente, y su guardaespaldas es un francotirador profesional. Podría hacer que pareciera un accidente y nadie haría preguntas.
—Gracias por preocuparte por mí, pero creo que de momento voy a mantener a cero mi lista de asesinatos. —Echo un vistazo por la cocina y le sonrío a Connor, que le está ofreciendo uvas a Riley—. Sé que Maven está en el partido de los Titans, pero ¿se puede saber dónde está Emmy?
—Intentando evitar que Maverick se ponga un disfraz de pavo hinchable, pero de momento va perdiendo.
—Menudo espectáculo. —Me río y le doy un apretón en la cintura—. Voy a dar una vuelta. Ahora vuelvo.
Todos los chicos me saludan con sonrisas de oreja a oreja y besos en la coronilla.
Grant me incluye en un vídeo que está grabando para redes.
Hudson me distrae con una conversación sobre novelas románticas que dura un cuarto de hora.
Oigo que Ethan se queja de no sé qué puesto de perritos calientes del estadio e intento parecer interesada, pero acabo muy confundida.
Cuando por fin salgo de todo el caos, acabo en el comedor vacío y respiro hondo. Me masajeo las sienes porque siento el inicio de una migraña en la frente. Cuando levanto la mirada, me quedo sin aliento al ver lo que hay delante de mí.
—Vaya… —susurro.
En el centro de la estancia hay una larga mesa con velas encendidas. Está cubierta por una primorosa mantelería y en el centro han colocado un precioso ramo de caléndulas.
Estoy acostumbrada a que este sitio esté vacío y a que se use para jugar minipartidos de hockey durante las cenas del equipo.
Las paredes están marcadas por los golpes de los discos blandos que los chicos se lanzan unos a otros.
El tablero con las puntuaciones es una pizarra blanca situada junto a la puerta.
El pobre Hudson está en la parte baja de la clasificación.
—Estaba doblando las servilletas —dice Liam a mi espalda.
Me río y me doy media vuelta. Lo veo apoyado en la pared, mirándome.
—¡Venga ya!
—Es verdad. ¿Crees que alguno de esos idiotas es capaz de quedarse quieto el tiempo suficiente para hacerlo?
—No. Solo tú eres capaz, Liam.
—Feliz día de Acción de Gracias, Piper.
—Feliz día de Acción de Gracias. —Lo miro de arriba abajo y levanto una ceja—. ¿Qué son esos calcetines que llevas? ¿Eso es un extraterrestre?
—Menudo insulto. Es Pico.
—¡Ah! —Me acerco y veo que tienen la cara del gato estampada—. ¿Te los ha comprado él?
—¿Por qué crees que soy tan rico? No es porque sea un buen portero. Es porque mi gato tiene pulgares oponibles.
—Joder, me he equivocado de trabajo.
—Es un nicho muy lucrativo. —Liam se endereza y me supera en altura—. ¿Estás bien? Hace un segundo vi que te agarrabas la cabeza.
—Perfectamente. —Lo miro con una sonrisa alegre—. Llevo toda la mañana encontrándome mal. Agotada, ¿me entiendes? Me duele un poco la cabeza, pero de momento voy bien.
—¿Necesitas…?
—¡Aquí estás! —lo interrumpe Emmy al entrar en el comedor. Me abraza con fuerza—. Me preocupaba que estuvieras jugando a algún videojuego, porque soy consciente de lo mal que se te da el Call of Duty.
—No es mi fuerte.
Mira a Liam.
—Vamos a empezar a servir la comida dentro de nada. Sé que no te gustan los empujones, así que ya sabes.
—Te agradezco la ventaja.
Emmy me mira y luego observa a Liam de nuevo.
—¿Os estáis portando bien?
—Si por portarnos bien te refieres a admirar las servilletas que ha doblado Liam, pues sí, eso estamos haciendo —respondo—. Aunque ya sabes que poner la mesa a veces puede acabar en orgía.
—Mmm. —En ese momento se oye un estruendo procedente de la cocina y masculla un taco entre dientes—: ¡Joder! Sabía que no debíamos sacar los platos de verdad. Maverick y yo hemos apostado cuántos van a romperse esta noche.
—Dime qué número has elegido tú y me cargaré unos cuantos para que ganes. —Liam se mete las manos en los bolsillos de los vaqueros mientras echa un vistazo hacia la cocina—. ¿Quieres que te ayude?
—No hace falta, pero gracias. Me alegro de que los dos hayáis venido.
Cuando Emmy desaparece, miro a Liam con una sonrisa avergonzada.
—Puede que les haya contado a las chicas lo nuestro. La culpa la tuvo el vino. —Me tapo la cara con las manos para ocultar una expresión de «por favor, no me odies»—. De ahí esa insinuación tan poco sutil.
—Genial. Ahora Maverick va a empezar a darme la lata a todas horas.
Hago una mueca.
—Lo siento. No les conté detalles, solo les dije que te hice una propuesta.
—No pasa nada. Ya suponía que se lo dirías tarde o temprano. Son tus mejores amigas, y no estaría bien mantenerlo en secreto con ellas. Si Maverick dice algo, le doy para el pelo.
—Me gustaría verlo. Todas sabían que me apetecía explorar mi sexualidad, y habría sido imposible ocultarles por qué ando raro cuando por fin follemos. ¿Qué iba a decirles? ¿Que me duele el culo de montar en bicicleta?
Él resopla.
—No voy a cambiarte de sitio ningún órgano, Piper.