14. Piper #2
Cuando creo que va a pasar al otro pecho, me sorprende al besarme de nuevo. Es un beso intenso, apasionado, y casi se dobla sobre mí para acercarse más. No sé dónde acabo yo y empieza él, solo que esto me parece perfecto.
Levanto las caderas, porque una necesidad irrefrenable me recorre entera y me atenaza la columna vertebral. Liam presiona el pulgar contra la parte delantera de mis bragas, acariciándome el clítoris sin dejar de besarme, y estallo.
Me tiembla todo el cuerpo mientras me elevo, inundada por una sensación desconocida pero bienvenida al mismo tiempo. Liam me provoca otro orgasmo mientras traza un círculo lento y tortuoso con el pulgar sobre el clítoris.
—Córrete en condiciones, Piper —me susurra—. Eres tan buena que te lo mereces.
No sé cuánto tardo en recuperarme. ¿Cinco minutos? ¿Cinco años? Cuando por fin dejan de temblarme las piernas y se me ralentiza la respiración, abro un ojo y me lo encuentro mirándome fijamente.
—Hola —susurro con timidez y observo con un asombro feliz que aparece el asomo de una sonrisa en la comisura derecha de sus labios—. Me temo que estoy muerta.
Desliza una mano hacia abajo por mi pierna y me besa la rodilla.
—¿Vas a atormentarme desde el más allá, Mitchell?
—Creo que sí. Tú tienes la culpa de que me sienta así.
—Y ¿cómo te sientes?
—Ni siquiera sé si puedo hilar dos frases ¿y me preguntas cómo me siento?
—Es la oportunidad perfecta para la encuesta de satisfacción. Lo tienes fresco en la cabeza.
Se me escapa una carcajada.
—¿De verdad quieres que haga una encuesta de satisfacción?
—Me parece que me lo prometiste.
—Ha quedado muy claro cómo lo has hecho. Me he corrido en tu sofá.
—Mmm —murmura Liam—. Pues sí. ¿Qué te ha gustado?
Empiezan a arderme las mejillas por esa pregunta tan directa.
—¿Va a hacer una sesión de control al final de cada clase?
—Si eso te ayuda a averiguar lo que te ha funcionado y lo que no, podríamos hacerlo. No vas a herir mis sentimientos.
—¿No te sentirías mal si no me corriera?
—No. Nos tomaríamos un descanso y lo intentaríamos de nuevo. Y si no terminaras, tampoco pasaría nada.
—¿Hay que correrse siempre? He follado más veces de las que he tenido un orgasmo. No me cuadran las cuentas.
—No es un requisito, pero un hombre siempre debería intentar que su chica termine. Nosotros lo conseguimos con nada, así que no deberíamos ser la prioridad.
—Ah. —Mi sonrisa se desvanece—. Entonces, cuando estemos juntos, ¿siempre voy yo primero?
—Siempre. —Me mira y frunce el ceño—. ¿Estás bien?
—Sí. Estoy descubriendo todo lo que me he perdido, y es humillante.
Tengo treinta y dos años. Incluso he estado casada, por el amor de Dios, y no sé cómo funciona un orgasmo.
Liam, mi ex solo consiguió que me corriera cinco veces en diez años.
Nada más. Lo excusé y ahora creo que fue porque no me encontraba atractiva, porque no quería perder el tiempo enseñándome y porque yo era mala en la cama.
Él tenía experiencia antes de conocerme, así que sé que no es culpa suya.
—No hagas eso —dice Liam con fiereza—. No te culpes por que él fuera un puto desastre.
Solo he tardado diez minutos en descubrir que te gusta que te chupe las tetas.
No hace falta tener un título en anatomía para saber qué excita a una mujer, y eso me deja claro que era un vago. Que era un capullo y un puto egoísta.
—Eso es porque tú eres un dios del sexo. —Respiro hondo, porque la conversación y las dulces oleadas de placer me han dejado sin aliento—. Eres una anomalía.
Él suelta una carcajada y me toca la rodilla.
—Eso lo dices porque sigues tocada por el orgasmo. Habla con sinceridad, Mitchell.
—Me ha resultado agradable besarte. Y lo que has hecho con la lengua.
—«Agradable» —repite. Se pasa el pulgar por el labio inferior y frunce el ceño, como si estuviera enfadado con el mundo—. El tiempo es agradable. Una ducha caliente es agradable. No quiero que mi forma de tocarte sea «agradable». Quiero que sea una puta locura.
—Ha estado bien —digo sin pensar—. Genial. Ha sido el mejor beso que me han dado en la vida.
—¿Y qué me dices de donde te he tocado? ¿Me he pasado?
—Eso también me ha gustado mucho. —Voy bajando la voz mientras intento hacer acopio de valor y procesar que el hombre que tengo delante está poniéndome bien el vestido, alisando la tela con las manos y mirándome con una expresión esperanzada que hace que el corazón me dé un vuelco—.
Me ha gustado mucho cuando… —Trago saliva y me llevo una mano al pecho—. Cuando me has tocado aquí.
Hace un gesto con la cabeza y se sienta sobre los talones.
—Bien. Lo volveré a hacer la próxima vez. ¿Hay algo que no te haya gustado?
«Que no me metieras los dedos. Que no haya podido tocarte. Que no deje de imaginarme tu polla y de preguntarme si sabría qué hacer con ella».
—Me ha gustado todo.
—Me estás subiendo el ego.
—Cuatro años de clausura y no has perdido el talento. Te mereces un premio. Quizá alguna estrella.
—Me basta que te corras como premio, pero siempre me ha motivado el refuerzo positivo. ¿Qué has aprendido esta noche?
—No me había dado cuenta de que me ibas a hacer un examen. —Suelto una carcajada nerviosa—. Mmm, supongo que mis pechos son más sensibles de lo que creía. Nunca me imaginé que me iba a gustar que me acariciaras con la boca.
—¿Te da asco mi boca, pequeñaja? Di la verdad.
—Claro que no, no es eso. Sé cómo funciona la anatomía, pero siempre supuse que Steven no me tocaba por ninguna parte porque no me gustaría.
—¿Te tocas las tetas cuando te masturbas?
—No, pero voy a empezar a hacerlo. —Me arden las mejillas, y carraspeo—.
¿Quieres que…? —Dejo la frase en el aire y lo miro.
Su erección es más que evidente detrás de la delgada tela de los pantalones cortos, y no puedo apartar la mirada.
No puedo dejar de fantasear con tocarlo y hacer que él pierda la cabeza—. ¿Quieres que te eche una mano?
—No sabes lo mucho que quiero aceptar esa oferta. —Liam echa la cabeza hacia atrás. Se le estiran los tendones del cuello mientras mira al techo y flexiona la mano a un lado—. Pero vamos a dejarlo para la próxima vez.
—¿Así que habrá una próxima vez?
Me siento embriagada por las secuelas de sus caricias, tan cuidadosas y atentas. Eufórica por lo poderosa que me siento. Desorientada por descubrir por fin lo que se siente al estar con alguien que también quiere estar contigo.
Sin embargo, lo más importante es que me siento viva, como si hubiera despertado de un letargo de tristeza y dolor. Por primera vez desde hace muchísimo tiempo, estoy viendo destellos de mí misma, de ese yo que desapareció hace demasiado tiempo, y me gusta lo que veo.
—Eso ha sido la pretemporada, Piper. La temporada es larga, con muchos partidos.
Muchos entrenamientos. —Liam me acaricia la mejilla con los dedos, y suspiro por el contacto.
Una vez, y ya lo ansío. Soy una planta y él es el sol, y su calor me enloquece.
Me coge la barbilla con los dedos, y le apoyo la mano en el brazo, atraída hacia él como por un imán—. Tú y yo nos lo vamos a pasar muy bien.
—Siempre me ha gustado pasármelo bien, y tengo la sensación de que me he estado perdiendo muchas cosas durante mucho tiempo. —Suspiro, y es una exhalación salvaje que me sacude los pulmones—. ¿Puedo pedirte un beso antes de irme o es muy de… novios? No quiero cruzar la línea.
—No estás cruzando ninguna línea. —Se le iluminan los ojos y se inclina hacia delante hasta dejar la boca a pocos centímetros de la mía. Luego captura mis labios con un beso suave y lento—. ¿Me escribes cuando llegues a casa?
—¿Te preocupa mi bienestar? Eso va más allá de la cama, Sullivan.
—Puede que sí, pero lo voy a hacer de todos modos. Te he dicho que te iba a tratar bien, y esta es la lección número uno. Siempre debes mandarle un mensaje a tu proveedor de orgasmos cuando llegues a casa para que sepa que estás bien. Y quizá también una foto de tus tetas.
Suelto una carcajada, ligera y libre.
—Me lo apunto.
—Bien. La semana que viene habrá examen.
—¿En serio? A lo mejor puedes traer los condones que brillan en la oscuridad y yo me pongo lencería a juego. Así veremos quién ilumina más.
—Sería divertido. —Me da otro beso en la frente antes de que me separe de él. Me levanto y estiro los brazos por encima de la cabeza, con una agradable sensación por todo el cuerpo—. Lo digo en serio, Piper —insiste—. Avísame cuando llegues a casa.
¿Esto es lo que se siente cuando alguien te cuida?
Si Liam es capaz de demostrarme tanto afecto después de solo una noche juntos, ¿cómo me tratará el hombre de mis sueños? ¿Se enorgullecerá de que lo vean conmigo en público? ¿Me besará como si no hubiera un mañana delante de una multitud?
Liam me está dejando claro que hay hombres buenos en el mundo y, por primera vez en mucho tiempo, tengo esperanza.
—Lo haré. Lo prometo. —Le dedico un saludo militar, me aseguro de que no voy a enseñarle nada a nadie en el pasillo y me dirijo a la puerta—. Buenas noches, Liam.
Él no dice nada más mientras me alejo a toda prisa, pero puedo sentir la intensidad de su mirada sobre mí incluso después de haberme marchado.