Bajo control (D. C. Stars 2) 12. Piper
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12. Piper

Piper

A lguien más quiere vino? ¿O queso y galletitas saladas?

—Maven, ¿quieres hacer el favor de sentarte? Llevas una hora sin parar, y eso sin contar lo que te haya llevado preparar esta pedazo de cena. —Lexi le da un tirón del brazo y la sienta en el sofá—. Podemos servirnos las bebidas nosotras solas.

—Perdón. —Maven se ríe y bebe un sorbo de agua—. Sabéis que me encanta recibir invitados, y es la primera vez que viene gente a la casa nueva.

—A mí también me encantaría recibir visitas si viviera aquí. —Le echo un vistazo al salón y admiro la decoración, los muebles, las paredes recién pintadas y las ventanas con vistas a un terreno de más de una hectárea, sin vecinos cerca—. No me puedo creer que lo hayáis construido todo desde cero.

—Me encanta. Siempre he vivido en pisos y estoy muy emocionada por tener jardín. Y porche. Y una calle con árboles. —Maven suspira, feliz y satisfecha—. Es un sueño hecho realidad.

—Es precioso. Merece la pena conducir hasta aquí. —Emmy se acurruca y apoya la barbilla en las rodillas—. Me encantaría vivir en un sitio como este a las afueras de la ciudad. Con espacio para un huerto con árboles frutales, hortalizas y terreno para construir una pista de hielo.

—¿Maverick y tú no estáis buscando casa? —le pregunta Maven—. Creía que habíais ido a ver una el mes pasado.

—Sí, pero cuando conseguimos pasar más de una noche juntos en casa, sin estar agotados por partidos, lo último que nos apetece es hablar de barrios o comunidades de propietarios. Es como todo lo demás que hacemos: ya llegará cuando le toque y, hasta entonces, la vida es buena —explica Emmy.

—Estoy enamorada de vuestra relación —suspira Lexi—. Me hace muy feliz.

—Tuve que soportar a un montón de ex de mierda hasta dar con Maverick, pero mereció la pena.

Después de mi última ruptura, me convencí de que estaba contenta estando sola, de que era lo que quería y de que sería más feliz sin un hombre.

Pero cuando estoy con él, me doy cuenta de lo poco que me gusta estar sola en realidad.

A veces me asusta lo mucho que lo quiero, porque ¿qué pasa si un día decide que se ha cansado de mí?

Hace falta valor para confiar en que alguien no va a romperte el corazón.

—Cuando se da cuenta de lo que ha dicho al cabo de un segundo, abre la boca, horrorizada—.

Mierda. Lo siento, Piper. No quería decir…

—Sé que no era tu intención. —La rodeo con el brazo y apoyo la cabeza en su hombro—. Maverick no es Steven. Que lo mío acabara mal no significa que tú no puedas ser feliz.

—Vamos a hablar de otra cosa.

—¿Como de la vida sexual de Piper? ¿Has tenido suerte en Craigslist? —bromea Lexi.

—¿Qué? —consigo articular—. No. Para nada. No hay nada que contar.

—Mientes fatal —dice Maven entrecerrando los ojos—. Ocultas algo.

—Ay, vale —gimo, a sabiendas de que al final acabarán sonsacándomelo—. Pues… mmm, tengo novedades sobre ese tema de querer mejorar en el sexo.

—Por fin —dice Lexi mientras coge la botella de chardonnay y se sirve una copa—. Esto es de lo que deberíamos haber estado hablando toda la noche.

—Antes de nada, tenéis que prometerme que lo que diga no saldrá de aquí. No podéis preguntarme nada sobre el tema si no estamos a puerta cerrada. No podéis contárselo a nadie del equipo. Es algo muy privado y muy personal.

Ha pasado casi una semana desde que le propuse a Liam mi idea.

El equipo ha jugado tres partidos, dos fuera y uno en casa, así que sé que ha estado ocupado, pero no me ha dado una respuesta aún y me estoy volviendo loca.

Dar el paso fue difícil, pero debo prepararme para el posible rechazo.

Él mismo lo dijo: no sale con nadie durante la temporada. Y aunque sé que lo nuestro no es una historia de amor ni nada tan profundo, tendremos que invertir tiempo. Es posible que no salga bien pedirle a alguien tan entregado a su trabajo que pase horas lejos de lo que le apasiona.

—Ahí va —Maven, que está en el sofá enfrente de mí, se mueve hasta colocarse en el borde—. Esto es serio, ¿no?

—Mucho —respondo—. Necesito que todas lo juréis por el código de las chicas.

—Lo juramos —dice Lexi, y Maven y Emmy se suman.

Respiro hondo y bebo un sorbo de vino de mi copa.

—Cuando estuvimos en el bar en Edmonton, pasó una cosa.

—Ya no aguanto más estar en otro equipo. Me pierdo todas las cosas emocionantes —protesta Emmy—. Por favor, dime que pasaste una noche de sexo salvaje con algún canadiense guapo. ¿No se supone que existe una postura que consiste en ponerse encima de un toro mecánico?

—Si crees que ahí es donde va a acabar esta historia, te vas a llevar un buen chasco. No hubo guarrerías en toros mecánicos, pero sí me lancé a hacer algo que me cuesta mucho y le conté a alguien que me sentía muy poco inspirada en la cama antes de pedirle ayuda —confieso.

—¿Quién es «alguien»? —me pregunta Lexi—. ¿Se puede saber a quién se lo pediste? ¿Es famoso? ¿Por eso te muestras tan reservada?

—Es Liam —suelto, y las tres me miran boquiabiertas—. Le conté lo de Steven, le dije que casi no lo hacíamos y… Ay, Dios. Le dije que no estoy segura de que un hombre pueda provocarme un orgasmo. No me lo puedo creer.

—Vamos a retroceder un poco. ¿Cómo cojones acabaste contándole todo eso? ¿Qué te dijo? ¿Te ha dicho que sí? —me pregunta Emmy, aunque no tengo respuesta para todo.

—Pasó sin más. Y luego le dije que a lo mejor sí que me gustan los jugadoras de hockey y va y me suelta que ya sé dónde encontrarlo.

Así que me planté en su casa y se lo propuse.

Le pregunté que si podía ser mi entrenador y ahora estoy en el limbo mientras espero a que decida si es una buena idea o no.

—Y con entrenador te refieres a…

—Sexo y todo lo que conlleva.

—¿Dijo que sí? —me pregunta Maven.

—Que no, todavía no, y me muero de la vergüenza. Ha pasado una semana. No me ha dicho ni mu. Ni siquiera me mira, y sé que la respuesta va a ser no. ¿Por qué si no iba a tardar tanto en decirme algo?

—¿Podemos fingir por un momento que dice que sí? Vamos a imaginar una realidad en la que accede a ayudarte. —Lexi sonríe—. Te vas a acostar con Liam.

—Este es un espacio seguro, así que sé que no vais a juzgarme.

Quiero mucho a mi marido. —Maven deja el vaso de agua en la mesa.

Se cruje los nudillos y se ríe—. Pero Liam me da curiosidad.

Siempre he pensado que sería el mejor del equipo en la cama.

A lo mejor un poquito alocado. Y que a lo mejor sería un poco bruto, pero cuidadoso.

Tiene pinta de darle mucha importancia al consentimiento y eso me pone un montón.

Y no me parece un tío egoísta, no sé si me explico.

—Cariño, todas sabemos a lo que te refieres —dice Lexi.

—Creo que por eso acudí a él —admito en voz baja—.

Es un poco arisco y resulta imposible conocerlo, pero sé que me cuidaría.

Sé que estaría a salvo con él. No me verá como una conquista más ni seré un nombre más en su lista.

No fardará de ello con los demás chicos del equipo.

Y siempre ha sido un hombre decidido; pensé que no pararía hasta conseguir el éxito al cien por cien conmigo.

Aunque no quiero contarles a las chicas que no he sido capaz de dejar de pensar en él desde que estuve en su piso, es la realidad. Vuelvo una y otra vez al momento en el que me acorraló contra la pared y me habló con voz áspera. Aún recuerdo cómo le ardió la mirada cuando le conté mi propuesta.

Liam Sullivan no ha abandonado mis pensamientos, y hay una parte de mí que daría lo que fuera por sentir sus manos en mi cuerpo. Por descubrir a qué sabe, qué sonidos hace. Cómo de meticuloso y cuidadoso sería en la cama, y si es tan bueno como asegura.

Ya sé la respuesta y eso solo hace que lo necesite aún más.

—Pero esto no es ninguna tontería, Piper. ¿Vais a empezar a salir? ¿Se lo vais a contar al equipo? —pregunta Maven, la voz de la razón que mis pensamientos sesgados necesitan.

—No. Vamos a fingir que estamos saliendo para ir a la boda de su hermana, pero no habrá una relación romántica, solo física.

Y yo no quiero decirle nada al equipo. No quiero que cambie la forma en la que me ven porque me acueste con alguien o no.

He trabajado muchísimo para llegar adonde estoy y no quiero tirarlo todo por la borda.

—No te tratarían de forma diferente —me asegura Emmy—.

Mira lo mío con Mav. Estábamos juntos cuando yo formaba parte del equipo y a nadie le importaba.

Se alegraron por nosotros y no dejaban de darme la turra preguntándome cuándo iba a darles una sobrina o un sobrino.

Como Liam empiece a pasearse por ahí con una sonrisa en la cara, harán preguntas.

—Bien visto. ¿Y él va a acostarse con otras? —me pregunta Maven—. ¿O tú con otros?

—No. Sería una relación exclusiva.

—Tienes que decirnos qué te responde —dice Lexi.

—No voy a hacerme ilusiones. De hecho, ya me estoy despidiendo de la idea. No pasa nada. No estoy pillada por él hasta las trancas. Quizá… —Mi móvil vibra sobre la mesa, interrumpiéndome. Lo cojo y veo que es un mensaje de Liam—. Mierda. Es él.

Deslizo el pulgar por la pantalla, preparándome para lo que está por venir.

Liam

En mi casa. El viernes a las 6 de la tarde

Esto es un sí a lo que te pregunté?

Liam

Sí

Genial. Pues nos vemos entonces!

Me tiemblan las manos mientras miro fijamente el teléfono. No me llega ninguna respuesta, y no sé por qué espero que me envíe otro mensaje. Al fin y al cabo se trata de Liam, un hombre de pocas palabras y menos emociones.

Un hombre que acaba de aceptar ser mi entrenador sexual.

Hostia puta.

—Ha dicho que sí —digo—. Madre mía. Que voy a acostarme con Liam.

—¡Toma ya! —exclama Lexi—. Nuestra chica va a echar un polvo.

—¿Puedes contar todos los detalles? —me pregunta Maven—. Vendería mi riñón izquierdo por saber cómo es en la cama.

—Es un hombre reservado. No estaría bien contar cosas de su vida personal —replico.

—Bueno, vale. No necesitamos todo, pero tendrás que contarnos algo —insiste Lexi.

—Usaremos la escena de Schmidt en New Girl para averiguar cómo la tiene de grande —propone Emmy—. Es justo, ¿no?

—Acepto la escena de New Girl —digo, y ellas aplauden.

Vuelvo a leer dos veces más el mensaje de Liam. Es seco. Directo al grano y sin andarse con rodeos. No puedo contener la sonrisa, porque es cien por cien él.

No soy de las que mandan dos mensajes seguidos, pero solo por esta vez decido ceder y decirle lo que pienso.

Por cierto, estoy contenta

Aparecen tres puntos y luego desaparecen. Su repuesta tarda dos minutos en llegar y, cuando lo hace, sonrío de oreja a oreja.

No puedo evitarlo.

Liam

Y yo