Bajo control (D. C. Stars 2) 4. Liam
6%

4. Liam

Liam

LOS REYES DEL DISCO

Maverick

La liga nos ha jodido pero bien programando la mayoría de nuestros partidos los martes por la noche. No saben que tenemos tradiciones?

Hudson

Es como si no les importara tu vida personal

Maverick

Pues que yo sepa, no se trata solo de mi vida personal. La cena del equipo os concierne a todos, y no vamos a dejar de hacerla esta temporada. No cuando nuestro rendimiento ha mejorado desde que nos reunimos una vez a la semana fuera de la pista. Tendremos que pasarla a los lunes

Riley

Odio los lunes

Maverick

Dejarás de odiarlos cuando los pases conmigo Has visto qué suerte?

Hay alguna manera de salirme para siempre de un chat grupal?

Emmy

Si encuentras una, compártela

Grant-ioso

Anda, Emmy vuelve a estar en este grupo? No me jodas!

Supongo que tendremos que cambiar otra vez el nombre a Profesionales del Palo. Eso es inclusivo, no?

Emmy

Por mí no lo cambies, Grant. No entiendo por qué me seguís agregando al grupo si siempre me salgo. Lo odio. Ya no juego con vosotros. De hecho, ahora soy el enemigo

Maverick

Relájate, pelirroja. Antes de que puedas decir que eres el enemigo, tu equipo tendrá que ganar algunos partidos más. Cómo sienta ese 1-6 con el que habéis iniciado la temporada?

Emmy

Esta noche te vas al sofá

Grant-ioso

Oooh, Miller la ha cagado!

Riley

Buscaos una habitación, anda

Por el amor de dios, que alguien me bloquee, os lo pido por favor

Don Facilón

No serviría de nada, Papi. Siempre te encontraremos

Hudson

Usas frases así para ligar, Ethan?

No liga. Se pone perdido de babas y usa la mano derecha

Grant-ioso

Hostia. Por eso nunca te vas a ir del chat Siempre das donde más duele

Maverick

No lleguéis tarde mañana

Don Facilón

Llevaré perritos calientes para honrar a Dave’s Dogs. DEP, amigo

Hudson

No ha muerto

Don Facilón

Como si lo hubiera hecho. Los perritos calientes de los demás sitios del estadio son una mierda Los de Frank’s Franks son una puta basura

*Grant-ioso ha cambiado el nombre del chat a «Profesionales del Palo porque Reyes del Disco no es inclusivo. DEP Dave’s Dogs»*

Grant-ioso

Es larguillo, pero puede funcionar

Odio este chat

Emmy

Quieres que nos fuguemos juntos, Liam?

Sí

Maverick

Sabéis qué? Ni me ofende. Ojalá seáis muy felices juntos. Tenéis mi bendición

*Emmy Hartwell ha abandonado el chat*

*Has abandonado el chat*

—He traído ensalada. —Dejo el cuenco en la isla de la cocina del ático de Maverick y Emmy y me apoyo en la encimera—. Y el aliño.

Maverick sonríe y reajusta la mesa del bufet para hacerle sitio a la ensalada César.

—Me alegro de que hayas venido. ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?

Me encojo de hombros.

—No sé. Supongo que no me apetecía quedarme en casa.

—Sé que me echas de menos cuando no estamos juntos. —Me pellizca la mejilla y yo le aparto la mano—. ¿Estás bien? Parecías tenso durante el entrenamiento de esta mañana.

—Son los isquiotibiales. Tengo muchas cosas en la cabeza. No es nada grave —refunfuño, pensando en la llamada que he recibido de mi madre esta tarde.

Me regañó por no haberles hablado en absoluto de la mujer que va a ir conmigo a la boda de Alana y luego me interrogó durante media hora sobre una persona que no existe.

Ya he empezado a pensar en excusas para cuando aparezca solo.

La más creíble podría ser un pasaporte caducado, y estoy dispuesto a pagarle a alguien para que me haga un documento falso y así poder tenerlo todo cubierto.

—Mierda. ¿Todavía te molestan? Creía que ya te encontrabas mejor.

—Estoy bien.

—Ahora dilo sin poner cara de dolor.

—Que te den.

—Ese es mi chico. —Maverick vuelve a sonreír mientras abre el horno y saca una fuente de cristal que coloca sobre la vitrocerámica—. Me alegro de que no te me estés desmoronando, Sullivan.

—Ya te he dicho que estoy bien. —Cojo un plato de papel del montón y me acerco a la lasaña que ha preparado el chef personal de Hudson—. Gracias por obligarme a venir esta noche, por cierto. Sé que me quejo mucho, pero si tengo que pasar tiempo con gente, me alegro de que sea con vosotros.

—Vaya. —Me rodea la cintura con los brazos y pongo los ojos en blanco—. Es lo más bonito que me has dicho en la vida. Últimamente estás en racha, Papi Portero.

—Que no se te suba a ese melón de cabeza que tienes. —Me zafo y me acerco al puré de patatas que Grant ha preparado con su nueva batidora. No deja de pasarnos fotos suyas con delantal y gorro de chef, y me voy a reir como no esté bueno—. No se va a repetir.

—Aunque no se repita, lo voy a atesorar para siempre. ¡La cena está lista! —grita, y se produce una estampida—. No son sigilosos, ¿verdad?

—No. —Añado dos trozos de pollo a la parrilla y pan de ajo a mi plato y lo aparto todo para hacer sitio a una porción de pizza—. Panda de gamberros.

El ruido en la cocina aumenta diez decibelios cuando mis compañeros de equipo entran. Algunos han traído a sus parejas y otros han venido solos, pero están todos aquí y es un caos total.

Hay muchos empujones. Alguien lanza un tenedor que acaba chocando con la pared.

La mitad de un paquete de servilletas sale volando por los aires.

Hace tres años que dejamos de usar platos de verdad y nos pasamos a los de papel, porque cuando los chicos de los Stars andan cerca, las cosas tienden a romperse.

Sobre todo si hay comida de por medio.

—Hola, Liam. —Miro por encima del hombro y veo a Piper sonriéndome. Tiene una gran sonrisa y el jersey azul que lleva resalta el color de sus ojos—. Me alegro de verte vestido y en pie.

—Y yo me alegro de que no estés perdiendo los papeles por verme sin camiseta, Piper.

—Con ropa mejoras.

—Ya me lo imaginaba. ¿Cómo ha ido la castración?

—Ostras. —Ethan nos mira a los dos—. ¿Te va la castración, Pip?

—No. —Se ruboriza y se coloca un mechón de pelo rubio detrás de la oreja. Soy un imbécil por haberla hecho sentir incómoda—. Es una broma.

—No sabía que el Papi Portero fuera capaz de bromear, pero me gusta. —Ethan me da un codazo en las costillas—. Apártate, grandullón. Quiero salsa marinara y ocupas mucho espacio.

—Lo siento —refunfuño—. Ya me voy.

—Dime qué te parece el pollo —me dice Piper antes de que pueda llegar al salón. Levanta la barbilla y me mira con una tímida sonrisa—. Es la primera vez que uso la parrilla, aunque la tengo desde hace años, así que a lo mejor no está comestible.

Rodeo la isla y paso junto a mis compañeros de equipo.

—Si pillo salmonela, te enviaré la factura del hospital.

—No puedo permitirme pagarte una visita al hospital. Lo máximo que puedo hacer es llevarte agua y galletitas saladas.

Le doy un mordisco al pan de ajo.

—Me parece bien.

—Oye, siento haberos interrumpido a Lexi y a ti el otro día. Espero que no pienses que soy poco profesional.

—Estoy seguro de que, de todas las personas aquí presentes, tú eres la más profesional, pequeñaja —le digo al tiempo que Lexi le echa un brazo por encima de los hombros.

—Ya te digo —conviene Lexi antes de mirar a su amiga—. ¿Vas a ponerte esto mismo para tu cita de después?

—Sí. —Piper se pasa una mano por los vaqueros. Se le marca el escote cuando se coloca mejor el colgante que lleva al cuello. Tengo la sensación de que no debería mirarla tan fijamente, así que aparto la vista—. ¿Lo ves bien?

—Lo veo perfecto —le asegura Lexi, que chasquea los dedos—. Sullivan, tú eres hombre.

—¿Qué me ha delatado?

—¿Primeras impresiones de la ropa de Piper?

Aprieto el plato entre los dedos mientras la miro de arriba abajo.

Lleva la larga melena rubia un poco despeinada, y me pregunto si se ha pasado los dedos por el pelo antes de entrar en la cocina.

Esboza una suave sonrisa, casi como si tuviera un secreto.

Bajo la mirada a su top, que abraza la curva de sus tetas.

Los vaqueros que lleva puestos hacen que sus piernas parezcan más largas, y me sorprendo a mí mismo al no poder apartar la vista de la franja de piel entre el top y la cinturilla de los pantalones.

Piper Mitchell es un rayo de sol con forma humana, y debe de ser un puto agotamiento estar siempre tan contenta.

Hay algo en ella que me hace pensar que va a salvar el mundo o a morir en el intento. Me gusta un poquito desde que se me presentó con esa actitud tan alegre que tiene, pero siempre he mantenido las distancias.

En aquel entonces llevaba un brillante anillo en el dedo.

Y yo no buscaba distracciones.

Puede que ella ya no lleve un diamante en la mano, pero yo sigo sin buscar a alguien con quien ocupar mi tiempo.

Aun así, no puedo negar que es una puta preciosidad.

Y sé que no soy el único que piensa así.

He visto las miradas que le echan mis compañeros a Piper cuando va a los entrenamientos o se pone detrás de la mampara durante los partidos.

Sé que tontean con ella y que tratan de llamar su atención.

Jamás se pasarían de la raya, pero eso no significa que no la miren.

—La ropa es bonita —mascullo—. Va bien.

Lexi frunce el ceño.

—¿Que va bien? No queremos que vaya bien. Queremos que vaya hecha un pibonazo.

—No le hagas caso al gruñón este —tercia Ethan—. Estás buenísima, Pip. Si te apetece divertirte de verdad y dejar plantado al tío con el que hayas quedado luego, tienes mi número.

—Gracias, Ethan. La verdad es que no me van los jugadores de hockey, pero te agradezco la oferta —replica Piper entre risas—. Y gracias, Liam. Decir que mi ropa es bonita sigue siendo un cumplido, y me encantan los cumplidos.

—De nada —digo al salir de la cocina, y estoy a punto de chocarme con Emmy.

—¡Oye! —Ella me pone una mano en el centro del pecho—. Ojito, Sullivan.

—Perdona. Me he distraído.

—¿Por qué?

Me encojo de hombros.

—Por nada.

Se asoma a la cocina y ve el grupito, que sigue hablando después de que los haya dejado.

—Mmm —murmura—. No tires comida sobre mi alfombra nueva.

—Ni se me ocurriría.

—Si tienes ganas de marcha, tírala sobre el traje nuevo de Maverick. Está colgado en el dormitorio. No deja de hablar de él, y si lo vuelvo a oír hablando del dichoso «forro de terciopelo», me voy a poner a gritar.

Se me escapa una carcajada.