XXXIX
Jense n
El silencio de la casa me envuelve cuando, por fin, las habitaciones se cierran una a una. La cena ha transcurrido sorprendentemente tranquila, sin las miradas asesinas de Viktor hacia Lila, sin las pullas de Dante. Un espejismo de calma. Aunque Luca no ha dejado de observar a nuestra nueva amiga.
Me dejo caer en el sofá, apoyando la cabeza en el respaldo.
Mis manos tiemblan todavía cuando me cubro el rostro.
No puedo permitirme esto, lo sé. Pero cuando cierro los ojos, veo el humo, la oscuridad y a Leyla arrancada de mis manos.
A mi hermana a escasos pasos de nosotros y de pronto… desaparecida.
Un suspiro roto me traiciona.
—No deberías dejar que te vean así —escucho a lo lejos, eso me obliga a incorporarme.
Mia está en el marco de la puerta, con los platos vacíos de la cena aún en las manos. Sus ojos marrones parecen más vulnerables que antes.
—No es nada —gruño, pasándome una mano por la cara.
Ella deja los platos en la mesa y da un paso más cerca .
—Lo es. —Su voz se quiebra, como si hablara más para sí misma que para mí—. Sé lo que es sentir que lo has perdido todo.
No respondo. No quiero hablar. Pero no aparto la mirada.
Mia se muerde el labio, duda… y al fin susurra:
—Quiero ayudarte.
Me río sin humor.
—¿Ayudar? Hasta ahora solo hemos obtenido tu silencio.
Ella baja la vista, avergonzada, pero enseguida levanta el mentón.
—Tengo un contacto. Alguien que podría saber dónde está Eric… o al menos una de las propiedades que no os han mencionado. Estoy segura de que oculta lugares sin registrar, es más listo de lo que parece.
La tensión en mi pecho se afloja apenas un segundo.
—¿Por qué ahora? —Miro sus manos, nerviosas, entrelazándose—. ¿Por qué no lo dijiste antes?
Ella traga saliva, y sus ojos me buscan con una mezcla de culpa y miedo.
—Porque hablar de él… es como volver a estar bajo su sombra. Pero verte así, ver cómo te rompes por ellas…, no puedo seguir callando.
El silencio se alarga entre nosotros. Finalmente, asiento.
—Dame ese contacto. Si es verdad lo que dices… entonces podremos empezar a confiar en ti.
Mia asiente despacio, y por primera vez desde que la encontramos, parece que se quita un peso de encima.
—Antes necesito que me prometas que me llevaréis con vosotros. Sé que si alguien puede convencerlos eres tú —ruega, apoyando una mano suave sobre la mía. La aparto de golpe.
—Perdona. Solo intentaba… —murmura, con un rubor de vergüenza—. Llamaré a mi contacto personalmente. En cuanto sepa al go, te lo diré. Aunque deberías descansar. Nos hará falta toda la fuerza para encontrarlas.
—No puedo. —Mi voz es un susurro áspero—.
Cierro los ojos y las veo. A Viktor solo le importa Aria, y lo entiendo…
, pero yo… yo me quedo sin las dos. La chica a la que quiero y mi hermana.
—Me detengo un segundo, sin embargo, las palabras se escapan igual—.
Joder, la quiero y no se lo dije. Necesito que lo sepa.
Mia me mira, y hay una ternura extraña en sus ojos.
—Estoy segura de que ya lo sabe. Y tendrás la oportunidad de decírselo.
Ojalá creyera en sus palabras. Pero mientras subo la mirada hacia la ventana y el bosque oscuro que nos rodea, siento que el tiempo se me escapa.
Mia mantiene su mirada un instante más, luego recoge los platos con gesto nervioso.
—Buenas noches, Jensen —se despide antes de desaparecer por el pasillo.
El silencio regresa, más pesado que antes. Me quedo solo, con el eco de sus palabras golpeándome en la cabeza. «Estoy segura de que ya lo sabe». Ojalá pudiera creerlo.
Paso una mano por la nuca y me muevo hacia la mesa. El teléfono brilla en la penumbra, frío, como un recordatorio de lo que aún puedo hacer.
Dudo solo un segundo antes de marcar. Una voz cansada responde al otro lado, ronca por el sueño.
—Necesito que me ayudes —digo, y sueno más firme de lo que me siento—. Lo quiero todo preparado para nuestra vuelta. Te mando los detalles.
Un silencio corto, después una afirmación seca .
Dejo el móvil sobre la mesa y apoyo los codos en las rodillas. Mi corazón late con fuerza, no por miedo, sino por llegar demasiado tarde.
◆◆◆
La claridad gris del amanecer se filtra entre las cortinas raídas de la casa. El silencio se rompe con pasos, puertas que se abren y la madera crujiendo bajo las botas.
He debido de quedarme dormido en el sofá. Poco a poco todos van apareciendo en la sala, todavía con el cansancio en la mirada, pero con las armas ya listas. Nadie confía en nadie lo suficiente como para mostrarse débil.
Mia ya está allí, de pie junto a la mesa, las manos entrelazadas como si buscara coraje. Su cabello pelirrojo atrapa la primera luz del sol y la hace parecer más frágil de lo que realmente es.
—Necesitamos hablar. —Su petición silencia el murmullo bajo de la habitación.
Todos se giran hacia ella. Viktor, con el ceño fruncido; Luca, en tensión; Dante, con esa media sonrisa que oculta más de lo que enseña, y Lila, en silencio, como si ya supiera lo que viene.
Mia inspira hondo, sus ojos se clavan en mí solo un instante antes de recorrerlos a todos.
—Ayer os oculté información. Pero anoche, después de hablar con Jensen, hice una llamada.
Viktor da un paso hacia ella, un gruñido contenido en su garganta.
—Habla.
Ella traga saliva y sus dedos aferran el borde de la mesa.
—Eric… —Ese nombre suena como veneno en sus labios—. Eric no qu iere solo retenerlas. Su objetivo principal es casarse con Leyla. Y ella… ha accedido, con tal de que deje marchar a Aria.
El silencio estalla como un trueno.
Viktor golpea la mesa con el puño. Luca suelta una maldición. Dante deja escapar una risa incrédula, como si aquello fuera un mal chiste.
—¿Una boda? —murmura Luca con desprecio—. ¿Ese es su gran plan?
—¿La principessa ha accedido? —Dante ladea la cabeza, su tono juguetón cargado de crudeza—. Es una jodida suicida…, sabía que era digna de nuestro apellido.
Mia niega con la cabeza, sus ojos marrones se oscurecen, más decididos.
—No lo entendéis. Para él no es solo una boda. Es una forma de unión, de control. Una jugada que lleva tiempo planeando. Y si lo consigue… no solo la perderéis a ella. Perderéis el imperio Cagliari.
Mis nudillos se tensan hasta crujir. No necesito mirar a Viktor para saber lo que está pensando.
—No pienso permitirlo —escupo, mi voz firme, helada.
Mia asiente despacio, como si hubiese esperado esas palabras.
—Entonces tenemos que movernos. Y rápido.
El peso de la revelación cae sobre nosotros, clavándose como un ancla en el pecho. Ya no es solo un rescate. Es una carrera contra el tiempo.
—¿A qué estamos esperando? —Luca rompe el silencio, ya de pie, con las llaves del coche tintineando en su mano.
Viktor asiente, la furia encendida en sus ojos. Dante carga su arma sin perder la media sonrisa. Y Lila se recoge el pelo, pero no dice nada, solo mira de reojo a Mia con esa chispa que vuelve a encender las sospechas.
Me incorporo y agarro mi chaqueta.
—Nos movemos ya, ella se viene con nosotros. —Mi orden no admite réplica—. Si hay una boda en camino, la detendremos antes de que empiece.
En cuestión de minutos dejamos la casa atrás. El rugido del motor resuena entre los árboles, es un camino largo, espero llegar a tiempo.