Baile Anual de Mascaras (Máscaras y sombras 1) XXVIII
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XXVIII

Jensen

Queda menos de un mes para el baile. Las chicas han ido con Dante a Atrani para ver cómo va todo en Le Sirenuse .

Han dicho que pasarían la mañana entre vestidos y trajes.

De paso, recogerían lo nuestro también. Leyla y Aria necesitaban un respiro, y yo agradezco tener a Dante lejos por unas horas.

Es un momento serio. No necesito sus elocuencias ni sus bromas ahora.

Se han llevado una docena de hombres, que se distribuirán más tarde por la isla para cubrir los puntos estratégicos. Mientras tanto, aquí estamos los tres: Viktor, Luca y yo, reunidos alrededor de la mesa del salón.

—No tenemos un maldito plano de la mansión —gruñe Viktor, golpeando el borde de la mesa con el dedo índice—. Y sin eso, entrar y salir se complica demasiado.

Me cruzo de brazos.

—Necesitamos dibujarlo, aunque solo sea aproximado.

Entonces Luca levanta la cabeza del cuaderno en el que había estado garabateando distraídamente .

—Podría intentarlo yo.

Viktor arquea una ceja.

—¿Tú sabes dibujar?

Luca deja que una media sonrisa le curve los labios, sin apartar la mirada del papel.

—Hay muchas cosas de mí que no sabéis.

Toma el bolígrafo y empieza a trazar líneas rápidas mientras yo describo cada rincón que recuerdo.

—La entrada principal está aquí —señalo un arco ancho en el centro del papel—. Los invitados llegarán por el camino empedrado, es lo bastante largo como para que los guardias puedan escanear cada coche antes de que llegue al umbral.

El trazo se desplaza hacia la izquierda.

—Aquí hay un ala lateral. Antes era galería de arte, techos altos, ventanas estrechas. Mal lugar para escapar, buen lugar para caer en una trampa.

Dibuja un rectángulo más grande a la derecha.

—El salón principal. Tiene dos pisos, con balcones arriba. Desde allí se controla todo lo que pasa abajo. Está hecho para vigilar.

Viktor asiente con el ceño fruncido.

—¿Y las salidas secundarias?

Luca agarra el bolígrafo y dibuja una línea que serpentea hacia la parte trasera.

—Pasillo de servicio, detrás de las cocinas. Conduce a una puerta que da directo a los jardines. —Su voz baja un tono—. Si algo sale mal, esa es nuestra mejor vía de escape.

Me inclino sobre el papel, siguiendo cada trazo. La mansión ya no es un recuerdo vago en mi cabeza: es un tablero de guerra.

—No está mal —murmuro, sorprendido de lo detallado que resulta todo—. Pero aún falta algo.

Luca levanta la vista, con ese brillo desafiante en los ojos.

—¿El qué?

Cruzo los brazos, dejándole claro que hablo en serio.

—Las debilidades. Los puntos ciegos. Siempre los hay. —Hago una pausa y clavo la mirada en él—. Hay una habitación en lo alto de la casa, siempre cerrada con llave. Luca, tú irás a averiguar qué esconden mientras el resto mantenemos la atención abajo.

—Recuerdo que dijiste que había una ventana que daba al patio, en los baños de abajo —rompe el silencio Viktor con voz grave—. En caso de tener que huir, me parece una buena forma.

Luca asiente, marcando otra línea rápida en el papel.

—Es estrecha, pero alguien ágil podría pasar, quizá las chicas —digo.

Viktor no sonríe. Su mirada se queda fija en el dibujo.

—Me preocupa que piensen igual que nosotros. Si estas salidas existen, ellos las conocen mejor que nadie. Podrían cogerlas al salir.

Apoyo los nudillos sobre la mesa, inclinándome hacia el mapa improvisado.

—Por eso hay que adelantarse. Si vemos algo raro serán las primeras en salir.

Luca deja el bolígrafo y se recuesta en la silla. Me mira sorprendido.

—Está claro que lo has pensado más de lo que aparentas —señala, casi divertido—. Empiezo a pensar que eres más obsesivo de lo que dejas ver.

No le respondo. Quizá tenga razón. Nunca pensé que recordaría tantos detalles de esa casa. Las pocas veces que he estado allí fueron fugaces, pero aun así… algo se me quedó grabado.

Muevo el dedo por el dibujo de Luca, hasta la parte superior del salón principal.

—Aquí —indico con voz firme—. Cada vez que he estado allí he tenido la sensación de que alguien observaba desde arriba. No lo vi, pero lo sentí. Como si hubiera un maldito fantasma en esa casa.

Viktor me lanza una mirada seria.

—¿Crees que vive alguien allí ?

—No lo sé —respondo—. Mi instinto nunca me ha fallado. Y si hay alguien vigilando desde las alturas, significa que ese será el verdadero punto débil…

Luca frunce el ceño, tamborileando los dedos sobre la mesa.

—Entonces me aseguraré de registrar bien la parte de arriba.

Me cruzo de brazos, dejando que el silencio pese en el aire. Afuera, ellas estarán riendo, probándose vestidos. Eso me deja más tranquilo.

Y en mi cabeza solo hay una idea clara: no pienso dejar que les pase nada. Ellas serán nuestra prioridad.