VIII
Jensen
Mi móvil no ha parado de sonar desde que he llegado, pero he decidido ignorarlo…, hasta que el nombre de mi hermana aparece en pantalla.
—Sabes que estoy muy ocupado en estos momentos, Aria. Más te vale que sea importante.
Al otro lado, solo oigo sollozos.
—Deberías saber que tu hombre casi mata a Leyla —susurra con rabia contenida—. Pero la próxima vez si quieres no te llamo y mando a Viktor directamente a por él —contesta tajante.
Mis fosas nasales se dilatan. Aprieto el puño y golpeo lo primero que encuentro a mi alcance.
—Será mejor que le pases el teléfono a tu prometido —gruño—. Y que me explique qué cojones acabo de escuchar.
Estoy empezando a perder el control. Como ese imbécil le haya tocado un solo pelo, lo mato con mis propias manos.
Aria le pasa el teléfono a Viktor.
— Brat , llevo toda la mañana intentando contactar contigo. Ayer Leyla llegó en estado de shock . Hoy Aria ha podido hablar con ella. Jay intentó atacarla después de que le enseñara unas fotos de sus padres.
—Entiendo —respondo con una calma que no siento—. ¿Dónde está ahora ese malnacido?
Si mis hombres no lo han encontrado, van a empezar a rodar cabezas.
—En Mountain Avenue. Está todo listo para tu llegada. Yo me quedo aquí vigilando a las chicas.
Se lo agradezco antes de colgar la llamada. Preferiría que viniera conmigo, pero allí hace más falta.
Conduzco tan rápido como me permite el coche.
El almacén se alza ante mí, anodino por fuera. Dentro es donde impartimos justicia. Al fondo, está él, atado a una silla.
Jay mantiene la mirada fija en mí con una sonrisa.
Sabe de lo que soy capaz… y aun así no tiene miedo.
Bien.
Aprieto los puños y estiro el cuello antes de acercarme.
—Jay, Jay, Jay… —pronuncio su nombre, rodeando la silla en la que está sentado—. ¿No te han dicho que las mujeres de los demás no se tocan?
Es lo que pregunto a la vez que suelto una de sus manos y se la corto.
En otra ocasión me gustaría hacerlo sufrir, pero quiero ir a ver a mi chica lo antes posible.
Un alarido de dolor estalla en mis oídos, no pensaba hacer esto tan pronto, aunque que me mire con arrogancia después de lo que ha intentado, hace que mi paciencia se agote.
Debería ir más despacio. Hacer que sufra. En otro momento lo disfrutaría…, pero mi cabeza está en otro sitio. Con ella.
Niego con la cabeza. Da igual cuánto tarde, morirá después de todo.
—Si supieras la que nos viene encima la matarías tú mismo — escupe entre jadeos—. En cuanto vi esa foto, lo supe.
Baja la cabeza… y vuelve a levantarla, sonriendo a pesar del dolor.
—Tarde o temprano, todos sabrán quién es. Y vendrán a por ella.
—¿De qué cojones estás hablando? —pregunto, agarrándolo del pelo y echando su cabeza hacia atrás para obligarle a mirarme.
—No lo sabes… —vacila, agarrándose el muñón como puede—. Pensé que tu rivalidad con Eric era por ella. Después de todo, intentará que sea su prometida algún día. —Vuelve a reír, esta vez más alto.
—No tengo paciencia para tus juegos. Explícame de qué estás hablando —insisto, esta vez clavándole la navaja en el esternón.
Su risa se transforma en gorgoteo. La sangre brota por su boca.
—La heredera de los Grimaldi está viva —consigue decir tras jadear de dolor.
El aire se me queda atrapado en los pulmones.
Vuelvo a clavar mi navaja en él. Ya he sacado la información que necesitaba.
Cuando salgo del almacén sé que en unas horas estará muerto. Cojo el coche y me dirijo al apartamento de Leyla. Rebusco hasta encontrar la caja con la foto.
Ahí están: Tatiana Grimaldi, hija del jefe de la mafia. Y Paolo, hijo del cocinero.
Huyeron cuando se supo del embarazo. Nadie logró encontrarlos hasta que, años después, murieron en un accidente de coche.
Paso las manos por mi pelo. Según la noticia, iban acompañados de su hija.
Joder.
No puedo dejar que nadie se entere o estará en peligro. Me dirijo a la cocina, abro el gas, enciendo una cerilla y dejo que el piso arda en llamas.
Consigo salir de allí sin ser visto. Cojo el teléfono del bolsillo y deslizo el dedo por la pantalla hasta dar con el número de mi padre.
Tres tonos después, consigo hablar con él.
—Padre, es hora de que cubras mi puesto. Encárgate de mantener lejos a Eric y de todo lo que consideres necesario.
Al otro lado de la línea no hay respuesta.
—Haré un pequeño viaje para ver a mamá. Cuando vuelva, estaré preparado para mi ascenso.
El silencio se prolonga unos segundos más de lo normal.
—No creí que llegara este momento —dice finalmente—. Sabía que algún día entrarías en razón. Tómate los días que necesites, haré unas llamadas.
La llamada se corta. Me quedo el resto de la mañana haciendo gestiones. Cerrando asuntos, eliminando cabos sueltos. No quiero que nadie se entere de lo de Jay. Ni de lo del incendio del piso.
Conduzco hasta casa de mi hermana. Cuando llego, Aria me abre la puerta sin decir una sola palabra. Me hace pasar, me abraza con fuerza… y señala las escaleras con un leve gesto de cabeza.
Está arriba.
— Zhizn’ moya —la llamo cerrando la puerta tras de mí.
Me siento a un lado de la cama. Repta hasta mí y se sube a mis piernas. Empieza besándome la comisura de los labios mientras las lágrimas recorren su rostro. Intento apartarla, pero me lo impide.
—Lo necesito —susurra.
Se frota contra mí, poniéndomela dura. Consigue deshacerse de la ropa, haciéndome perder la cabeza. Meto un dedo entre nosotros para explorarla, notando lo húmeda y lista que está para mí.
—Joder…, no sabes lo mucho que te he echado de menos —le digo mirándola a los ojos.
—Yo también. Ahora compensa tu ausencia follándome.
Me acaricia por encima de la ropa. Me quito la camiseta sin dejar de besarla y me bajo los pantalones lo justo para liberar mi erección.
No quiero moverla, quiero sentir su piel suave contra la mía.
Se roza contra la punta de mi pene, jadeando al deslizarse sobre ella una y otra vez.
Entra en mí despacio. Siento como sus paredes se estrechan contra mí arrancándonos un gemido compartido.
—Tomo la píldora y quiero notarte —confiesa, ruborizándose al ver mi expresión.
Con un movimiento la tumbo sobre la cama y en el proceso dejo caer los pantalones al suelo.
Me coloco sobre ella; nuestros cuerpos se amoldan perfectamente el uno al otro.
Yo me meto uno de sus pezones en la boca y succiono.
Están duros como una piedra, voy alternando del uno al otro haciéndola suspirar.
Bajo mi mano hasta ella para rozar con mi glande su entrada, está tan mojada que se desliza sola, muevo mi mano de arriba abajo, pasando por su culo.
Algún día , pienso . Vuelvo a meter mi dureza dentro de ella, haciendo que un gemido silencioso salga de su boca.
Mi chica sucia no quiere hacer ruido. Paso mis manos por sus pechos mientras doy duras estocadas, coge una de ellas para que tape su boca y luego las suyas se agarran fuerte a mi espalda.
Yo hago un esfuerzo al sacarla para darnos la vuelta, dejando que ella me domine.
Abre mucho los ojos al darse cuenta, pero posa sus manos sobre mi pecho y comienza a cabalgarme suavemente haciendo círculos con sus caderas.
Podría morir ahora mismo y no me importaría.
La agarro de las caderas pidiendo más, se sujeta más fuerte a mi pecho y comienza a moverse de arriba abajo, se le escapan algunos gemidos fuertes mientras la ayudo a aguantar el ritmo con mis manos.
Noto que está a punto, mete un dedo entre los dos y se masajea el clítoris mientras sus tetas suben y bajan al igual que su cuerpo.
Yo siento que voy a explotar en cualquier momento.
Es duro, rápido, pero es lo que ambos necesitamos en este momento.
Vuelvo a darle la vuelta quedando encima suyo, la agarro por el cuello con fuerza, follándola hasta que no puedo más.
Pone los ojos en blanco al correrse poco después, y sin bajar el ritmo me corro dentro de ella.
Es la primera vez que lo hago, lo que hace que un instinto animal me recorra por dentro.
La beso en los labios antes de tumbarme a su lado. Cuando me pasa el papel que tiene al lado, me tomo mi tiempo en limpiarla, viendo como mi semen sale de ella, y después lo hago yo.
—Túmbate, enseguida vuelvo —le pido, y la beso.
—¿También vas a abandonarme esta vez? ¿Vas a mandarme flores cutres y solo vas a volver cuando esté en peligro? —pregunta rodando los ojos. Se tumba de lado y me da la espalda.
—No hagas eso, nena, tenía asuntos importantes que resolver, pero ya estoy aquí. Ese cabronazo ya no va a volver a tocarte nunca más.
—¿Qué le has hecho? —insiste, volteando la cabeza en mi dirección.
—Ya te dije que nadie toca lo que es mío. Y mucho menos a ti. Ahora deja de decir tonterías. Estás a salvo. Intenta dormir algo. Voy a hablar con Aria. Espero que estés preparada para la segunda ronda cuando suba.
Le doy un beso en los labios y salgo de la habitación.
Encuentro a Aria en la cocina, tapándose los oídos con cara de querer vomitar.
—No seas dramática. Viktor y tú hacéis más ruido —le señalo.
—Ya era hora de que aparecieras —responde riendo—. Gina ha llamado. No sabía si podía contarle lo de Leyla. —Me despeina y me da un beso en la mejilla.
—Aria, necesito contarte algo, siéntate. —Pongo cara seria y ella asiente—. Como sabrás, Jay ya no será un problema para nosotros, pero vendrán otros. —Hago una breve pausa—. Leyla es una Grimaldi.
Su rostro palidece un segundo.
Se remueve en el asiento, mirándome a los ojos sin saber qué decir.
—La protegeremos. He visto cómo es, no es como ellos —asegura recomponiéndose, sabía que iba a apoyarme en esto.
—Necesito que no digas nada por ahora. He reservado el jet para ir a ver a madre. Nos vendrá bien.
—Avisaré a Viktor. Tengo maletas que preparar. —Se levanta del sofá, la agarro del brazo y la hago girar hasta mí.
—Déjalo. Yo le aviso. Llévate a Leyla de compras. Utilizad mi tarjeta. Ya sabes cómo es Gina —le pido mientras saco el móvil de la chaqueta, mi hermana asiente subiendo las escaleras.
◆◆◆
Las chicas pasan la tarde fuera mientras Viktor y yo repasamos el plan. Envío a Eric la renuncia de Leyla, haciéndole saber que ha tenido problemas en la ciudad y se vuelve a casa. La respuesta no tarda en llegar dándole las gracias por su tiempo y trabajo en la empresa.
Aria y Leyla entran llenas de bolsas. Me fijo en mi chica, tan perfecta como siempre. Se acerca a mí y me besa delante de mi hermana. Creo que es la primera vez que me ve así con alguien, espero su reacción, en cambio se limita a hacer una broma al respecto.
—Será mejor que esta noche me ponga tapones.
Aria ríe a carcajadas, y Leyla le da un codazo haciendo que se ría aún más.
—Siento que no esté Viktor aquí para que veamos quién hace más ruido. —Rueda los ojos ante mi respuesta y desaparece escaleras arriba.
—¿Quieres ver lo que llevo debajo del vestido que he comprado? —pregunta Leyla invitándome a seguirla.
Leyla se quita el vestido nuevo y aparece bajo él un conjunto que me devuelve a la primera noche que la vi.
Es perfecta. Tiene unos pechos turgentes, sus pezones son de un tono rosado. Su cuerpo luce unas curvas perfectas y mis manos se amoldan a ellas perfectamente.
Me chupo los dedos y los meto a través del encaje negro sin dejar de mirarla.
Inserto primero un dedo observando cómo se le escapa un suspiro por la boca, después meto otro.
La beso antes de que se le escape el segundo suspiro.
Los saco para metérmelos en la boca y probar su sabor, antes de bajar la mano y masajear su clítoris lentamente.
Ella se agarra a mi hombro y con la otra mano se tapa la boca para amortiguar sus gemidos.
Yo saco uno de sus pechos del sujetador y lo pellizco con ganas.
Lo chupo y lo muerdo mientras de su boca escapan gemidos cada vez más intensos.
Retiro los dedos de su interior y esta vez los llevo hasta su boca, dejando que pruebe su propio sabor.
Podría pasarme la vida escuchando sus gemidos, son mi sonido favorito. Está intentando no hacer ruido y la ayudo besándola para acallarlos .
—Espera, quiero hacer una cosa.
Leyla baja poco a poco hasta desabrocharme el cinturón.
Toca mi erección a través del pantalón, relamiéndose los labios, y me los baja junto con la ropa interior para sacarme el miembro.
Comienza chupando el glande con la lengua, juega con él, escupe sobre él y succiona hasta llegar a la base de mi pene, dando pequeños lametones en el proceso.
Me está volviendo loco. Pero necesito más, la agarro del pelo, cogiéndolo con una mano, y ella asiente dejándome marcar el ritmo.
—Joder, nena, sigue así —suplico casi en un susurro.
Sus ojos se humedecen y noto como aguanta las arcadas cuando se la meto hasta el fondo, tirando fuerte del pelo hacia atrás.
Saco mi erección de su boca, dejándola respirar para después metérsela de nuevo sin previo aviso, arrancándonos a los dos un gemido.
Baja la mano que tenía en mi pierna hasta su humedad y empieza a tocarse a la vez que se atraganta.
Puedo sentir los gemidos que salen de su garganta contra mi polla, siento que voy a correrme por lo que la subo hasta mí, coloca una de sus piernas sobre la cama abriéndose para mí.
La penetro en esta nueva posición masajeando sus tetas en el proceso.
Con la otra mano agarro su cintura meciéndola al ritmo.
Sus jadeos son más intensos y esta vez no hace nada para acallarlos.
Espero que mañana Aria no la incomode con ninguno de sus comentarios.
No paro hasta derramarme dentro de ella, llenándola con mi semen. Le ayudo a bajar la pierna, y al ver cómo le cae por las piernas el líquido, con un dedo lo recojo volviendo a metérselo dentro. Sus ojos se oscurecen por el deseo. La tumbo en la cama para limpiarla y beso su frente.
Cuando termino, apago la luz y me tumbo junto a ella.
Ella pone su cabeza encima de mi pecho y nuestros latidos se acompasan.
Se queda dormida antes que yo, lo noto en la manera en la que su respiración se vuelve lenta.
Se siente bien tenerla entre mis brazos, pero me pregunto qué pasará cuando hablemos del verdadero motivo por el que Jay la atacó.