VII
Leyla
Me despierto por unos ligeros golpes en mi puerta. Todavía somnolienta, me levanto para ver quién es y me encuentro a uno de sus hombres con un ramo de flores y una bandeja de desayuno.
—Buenos días, señorita Leyla. Soy Viktor.
Antes de que pronuncie una sola palabra más, lo interrumpo.
—Si el señor Jensen quiere mi perdón, entonces quiero una extensión de su tarjeta… y un Mercedes G negro.
Sin darle tiempo a reaccionar, alargo el brazo, cojo las flores y el desayuno y cierro la puerta.
Malditos hombres.
Me doy una ducha tranquila antes de ir a trabajar y desayuno sin prisas. Al salir del piso, Viktor vuelve a estar allí, apoyado contra la pared.
—Aquí tiene su tarjeta —dice, tendiéndomela—. No compre nada demasiado ostentoso. No queremos levantar sospechas ante Eric.
—Me temo que ya es demasiado tarde —respondo—. Ayer os vio a ti y a tu compañero en el restaurante.
Se queda pensativo y suelta una pequeña maldición.
—Esta tarde la acompañaré a elegir un nuevo guardaespaldas. Uno que el señor Eric no conozca y que esté de nuestro lado.
—No necesito niñera… —Me detengo un instante, pensándolo mejor—. Aunque, bien pensado…, buscaremos a un hombre joven. Que no sea demasiado atractivo y que no parezca capaz de matar a cualquiera que se acerque a mí.
Lo observo con atención antes de añadir:
—Necesitamos que Eric crea que tengo un nuevo interés amoroso y desvíe su atención lejos de mí. Aún piensa que Jensen y yo estamos juntos, y no podemos permitirlo. Además, necesitaré una amiga. Si tenéis mujeres en el equipo, también quiero conocerlas.
Observo a Viktor para ver su reacción, asiente y me siento satisfecha con que esté de mi lado.
—Entendido, señorita Leyla. Organizaremos un encuentro casual en unos días. Él le pedirá una cita, así sabrá quién es. Quedarán un par de veces y, entonces, nosotros nos retiraremos para que pueda hacer su trabajo.
Saca el móvil y hace una llamada rápida.
—En cuanto a lo otro… —me tiende un papel—, vaya hoy sobre las cinco a esta dirección. No llegue tarde. Es importante que no la sigan. Confío en usted.
Se da la vuelta y desaparece escaleras abajo.
Me quedo mirando la dirección. Busco el lugar en el móvil y encuentro una ciudad a pocos kilómetros de aquí. Parece pequeña y encantadora.
El día en la oficina pasa rápido, tengo los nervios a flor de piel. Decido pedir permiso para salir antes, subo al coche y pongo rumbo a Gretna .
El aire me llena las fosas nasales del rico aroma que desprenden las magnolias en esta época del año, el sonido del jazz resuena en mis oídos y por primera vez en mucho tiempo me siento serena y protegida. Esta ciudad tiene un encanto cautivador.
Sin darme cuenta, he llegado a mi destino. Frente a mí hay un porche con barandilla blanca y un pequeño columpio. Un jardín lleno de flores y árboles. Vuelvo a comprobar la dirección. Es correcta.
Toco al timbre con cierta timidez, temiendo haberme equivocado.
La puerta se abre y aparece una mujer con unos ojos color verde esmeralda y una presencia magnética. Me sonríe con calidez y me invita a pasar.
—Tú debes de ser Leyla, soy Aria, la prometida de Viktor —se presenta, tendiéndome la mano—. Supongo que tendrás muchas preguntas. ¿Por qué no te sientas y charlamos un poco?
La sigo hasta un pequeño salón. La casa es pequeña, pero a mí me parece de lo más acogedora. Es diáfana. A un lado, se ven unas escaleras que imagino que conducen a las habitaciones.
—Siento importunarte en tu propia casa —contesto, tomando asiento.
—No tienes de qué preocuparte, parece que mi futuro marido es más listo de lo que pensaba.
¿Te gusta el vino? —Saca una botella y dos copas y las pone delante nuestro—.
Relájate y disfruta. Viktor se siente fatal por dejarme sola durante tanto tiempo.
Y, por lo que veo, las dos necesitamos una amiga.
Acepto la copa que me ofrece y brindamos.
—Tienes razón —afirmo sonriendo—. Además, es viernes por la noche y no tengo ningún plan.
—¿Qué te parece si pasas aquí el fin de semana, te enseño la ciudad y disfrutamos un poco de la normalidad ?
Asiento antes de que termine la pregunta, dando un pequeño sorbo.
Pasamos el resto del tiempo riendo y contando anécdotas divertidas sobre la universidad. Tengo la sensación de que vamos a ser grandes confidentes.
—Así que tú y Jensen… —Levanta una ceja, divertida—. Sabía que tarde o temprano llegaría alguien a su vida.
—¿Os conocéis de hace mucho? —pregunto.
—Quizá no debería decirte esto…, pero, siendo sincera, me alegra tener con quien hablarlo. Es mi hermano —confiesa tímidamente.
La miro sorprendida. No se parecen demasiado.
—Crecimos juntos, aunque no tengamos la misma madre. Es una historia que deberá contarte él. Además, estoy comprometida con su mejor amigo. —Me guiña un ojo y se sirve otra copa.
Intento asimilar la nueva información. No quiero presionarla, así que hago una broma al respecto.
—Que quede entre nosotras…, tú eres mucho más guapa.
Nos miramos y estallamos en carcajadas.
—Cuéntame algo que no sepa sobre él. Aparte de nuestros dos momentos de pasión y ese pequeño roce en la oficina, no hemos tenido la ocasión de conocernos mejor.
—Tendré que hablar con él. Me parece que no sabe lo que es una cita —bromea, y se ríe—.
Hablando en serio…, puede que no demuestre su amor, pero estuvo ahí cuando más lo necesité.
Sacó a Viktor de las calles y le dio un propósito.
Detrás de esa fachada que tiene ante el mundo hay un hombre con un corazón inmenso.
—Se nota que lo quieres —le digo cogiendo su mano—. Te prometo que, si lo nuestro va hacia adelante, haré sanar su corazón.
Nos fundimos en un abrazo y damos por terminada la noche.
Por primera vez en mucho tiempo me siento en casa. Y sé que mi futura cuñada va a ser mucho más que una simple confidente.
◆◆◆
A la mañana siguiente, una voz cantarina se cuela en mis oídos, y noto el peso de un cuerpo hundiéndose en mi cama.
—Buenos días. Despierta, perezosa, nos vamos de compras. Alguien me ha dicho que tenemos una black card sin límite de crédito y un chófer a nuestra entera disposición.
—¿Te han dicho alguna vez que tu voz por la mañana es algo irritante? —murmuro sin abrir los ojos.
—Probablemente. Pero esta noche hay una fiesta temática y no nos la podemos perder. Llevo demasiado tiempo encerrada en esta casa.
—Vale, tú ganas —gruño—. Además, será divertido ver la cara de tu hermano cuando gastemos dinero de esa tarjeta tan elegante.
Pasamos el día en el centro comercial, comprando sin mirar precios, sin límite. Entre las bolsas, dos outfits con temática cowboy destacan entre todo lo demás.
Al caer la noche llegamos a un bar inspirado en el salvaje oeste. Por debajo de la puerta se filtra el sonido de la música country .
Las puertas batientes están talladas con pequeños herrajes y, según vamos avanzando, puedo fijarme en la barra de madera llena de cerveza y chupitos de tequila, al fondo se vislumbra un toro mecánico saltando y girando para intentar tirar a su jinete.
La pista de baile es abierta y ya todo el mundo está bailando en línea.
Parece divertido, aunque con lo patosa que soy ni lo intento.
Un hombre corpulento se acerca a mí mirándome con cierta intensidad en la mirada, se mueve con gestos elegantes.
—Señorita Leyla, un placer conocerla. Soy Jay, su nuevo guardaespaldas… e interés amoroso. —El hombre mantiene las distancias, tiene el pelo negro y los ojos oscuros.
No parece peligroso. Eso ya es un punto a favor.
—Encantada de conocerte. Ella es mi amiga Aria. —Me giro hacia ella.
—Ya nos conocíamos —responde él—. Es la prometida de Viktor, encantada de volver a verla, señorita Walker.
—Déjate de formalidades, Jay, además ese no es mi apellido —le corrige Aria, abrazándolo brevemente—. ¿Qué tal está mi hermanito?
—No estoy seguro de cómo tengo que comportarme delante de la novia del jefe —admite—. No tengo noticias de él, solo un mensaje con las instrucciones sobre el nuevo encargo.
Entonces es cuando decido tomar la palabra.
Novia. Será imbécil. Tiene suerte de que su hermana sea un encanto.
—Si vamos a fingir tener una relación —intervengo—, tendremos que ser cercanos. Nada de «señorita». Y olvida las órdenes por ahora, de lo que te han ordenado, ya habrá tiempo de explicaciones.
El fin de semana termina con una nueva amiga… y un novio falso.
◆◆ ◆
Unas semanas después, todo el mundo en la oficina conoce a Jay. Eric ha dejado de prestarme atención y yo paso los fines de semana con Aria.
Mi «novio» ha creado una dinámica: me envía flores diarias al trabajo y, una vez por semana, vamos a un restaurante distinto. Nos dejamos ver bastante en público. Jay es educado, respetuoso y honesto. Podría hablar con él sobre cualquier tema.
Confío en que nunca me hará daño…, hasta este día.
Es viernes por la noche y estoy cansada, así que he llamado a Aria para disculparme por no ir a verla. Me ha dicho que me echará de menos y que espera verme pronto.
—Jay, ¿qué te parece si hoy pedimos comida a domicilio? Estoy cansada y no quiero conducir hasta Gretna.
—Lo que usted desee, señorita Leyla —responde—, ya sabe que estoy a sus órdenes.
Saca el teléfono y hace una llamada rápida mientras voy a mi habitación y cojo la caja con las fotos de mis padres. Hoy me siento especialmente nostálgica. Les echo muchísimo de menos y decido compartir un trocito de mí.
Me dejo caer en el sofá y abro la caja.
—Tatiana y Paolo Foster —murmuro, más para mí que para él—. La hija de un multimillonario y el de un cocinero que huyeron por amor.
Las palabras salen solas de mi boca. Jay se acerca y observa los rostros de mis padres.
—Se parece mucho a su madre. Seguro que estará muy orgullosa de usted .
—Murieron hace tres años, en un accidente de coche.
Mi madre recibió una llamada… y me pidió que hiciera la maleta.
Dijo que tenía una sorpresa para mí. Hicimos el viaje en silencio.
Llegamos a un edificio, subimos en ascensor y, al abrirse una puerta blanca, apareció un loft precioso.
Me dijo que lo había comprado para mí…, que fuera instalándome mientras iba a recoger unas cosas. Nunca más volvió.
Las lágrimas ruedan por mis mejillas al recordar que no pude despedirme de ellos.
Jay sostiene la foto en su mano unos segundos más. Percibo algo en su mirada que no llega a reflejarse del todo en su cara. Me la devuelve justo cuando llaman a la puerta.
Comemos en silencio.
—Si me disculpa…, mañana tengo que levantarme temprano y me gustaría descansar —me indica sin mirarme a los ojos.
—Claro. Buenas noches.
Desaparece rápidamente por la puerta al despedirme de él. No me preocupo por lo que pueda haber pasado. El recuerdo de mis padres me atormenta, por lo que decido meterme en la cama, sumiéndome en un sueño oscuro.
Siento cómo unas manos me acarician bajo las sábanas. Me dejo llevar por el momento, creyendo que Jensen ha vuelto.
En cuanto me doy la vuelta diviso a Jay intentando meterse en mi cama. Le doy un codazo e intento zafarme de él. Aprovecho para quitármelo de encima. Lleva una navaja y huele a alcohol. Estoy algo aturdida, pero tengo los sentidos puestos en lo que quiera que esté pasando.
Con el corazón a mil por hora consigo llegar a la cocina, coger el bolso y escapar a toda prisa.
Jay me sigue a pocos metros, tengo la ventaja de que va ebrio. Aun así, consigue agarrarme del pelo y susurrarme: Duhej të kishe vdekur me prindërit e tu. Deberías haber muerto con tus padres.
Le clavo las llaves en un ojo y corro sin mirar atrás.
Consigo subirme al coche. Me tiemblan las manos, pero arranco haciendo rugir con fuerza el motor y huyo lejos de allí. No tardo mucho en llegar a mi destino.
Toco a la puerta con las manos aún temblorosas. Viktor abre la puerta con el torso desnudo.
Me lanzo sobre él. Empiezo a temblar y me coge en volandas, llevándome hasta la cama donde duerme Aria.
—¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? —pregunta ella, desorientada.
No soy capaz de articular palabra. Las lágrimas brotan de mis ojos sin control. Mi respiración se vuelve débil y superficial.
Y entonces entro en estado de shock .