VI
Jensen
A mí, que nunca me había interesado ninguna mujer.
La urgencia de ponerme en contacto con ella me ha atravesado el pecho, aun sabiendo que puede ser un peligro para los dos.
Le he dejado una nota y un teléfono desechable. Cuando lo ha encendido el único mensaje que le he mandado ha sido para recriminarle por su cita.
Su respuesta me ha dejado nervioso. ¿Qué es esa mierda de que quiere que Eric la toque? Si pretendía darme celos, lo ha conseguido.
Joder, espero que esté de coña. Tengo ganas de decirle que, cuando la vea, le daré unos azotes por eso. Sé que está enfadada. Lo entiendo. Decido dejar un último mensaje, con una promesa por la que no obtengo respuesta .
Solo espero solucionar todo pronto y volver junto a ella. Aún tengo su olor grabado en la memoria.
Con esa sensación oprimiéndome el pecho, marco el número de Viktor. Necesito consejo.
—Ey, brat , por aquí todo en orden.
—Buenas noches, Viktor. Esta noche no llamo por trabajo —le indico, incómodo, jugueteando con mi corbata.
—¿En qué puedo ayudarte, hermano? —responde.
—Necesito que me aconsejes qué hacer con Leyla hasta que pueda volver a verla. Nunca he tenido novia. No sé qué somos… ni qué hacer cuando una mujer se enfada conmigo.
Hago una pausa. No suelo abrirme así, ni siquiera con él.
—Tengo la urgencia de seguir conociéndola. No puedo dejarla escapar.
Al otro lado de la línea, Viktor guarda silencio. Se oye una risa lejana, es Milos, otro de mis hombres.
Unos segundos después, parece alejarse. Su voz llega de nuevo a mis oídos.
—Puedes enviarle flores o bombones, a todas las mujeres les gusta eso —contesta Viktor, aunque su tono no suena del todo convencido.
—Tiene que ser algo especial. Algo que no levante las sospechas de Eric. Que no parezca que viene de mi parte —replico—. Bastante tenemos con que sepa que la estáis vigilando.
—Veré lo que puedo hacer. Te iré informando, ahora descansa.
—Confío en ti. Hablamos pronto.
La línea se corta .
Me quedo mirando el teléfono unos segundos, pensando en si sería buena idea volver ahora. Estar con ella sería lo que necesita…, pero no puedo arriesgarme. No todavía.
Tendrá que fiarse de mí. Todo esto lo hago para mantenerla a salvo.
Ya tiene bastante con estar en el punto de mira de ese cabrón. Sé perfectamente de lo que es capaz. Eric es peor que mi padre.
Suelto un suspiro. No me queda otra que confiar en Viktor y seguir jugando en la distancia.
Por ahora.