IV
Jensen
He estado vigilándolos durante la cita.
Joder, ¿qué me está pasando?
Me estaba volviendo loco. Incluso había empezado a pensar que Leyla era mi chica misteriosa.
Mi zhizn’ moya . La he observado con atención: la forma en la que habla, en la que me provoca, en que no se deja intimidar.
Su repentino cambio de ciudad. El proyecto que está llevando a cabo. Todo tenía sentido en mi cabeza.
Y ese pequeño lunar junto al labio.
Desde que llegó he tenido la sensación de conocerla, de haberla tenido cerca. He intentado buscar información sobre ella, pero fue Eric quien la contrató y su expediente está bloqueado.
Alguien se ha tomado demasiadas molestias en borrar el rastro de mi chica.
Y justo entonces aparece Leyla.
Eric se había fijado en ella y él nunca es tan persistente con una mujer. Nunca. Pero con ella está siendo diferente. Como si supiera algo que yo no sé .
Hace semanas que dejé mi propia investigación de lado. Toda esta situación me había hecho vigilarla de cerca. Quizá demasiado cerca.
Ella cree que la odio.
No es cierto.
Sé perfectamente que fue mi padre quien inventó aquel rumor. Aun así, verla mirarme con desafío, con desconfianza…, despierta en mí un interés que es difícil de explicar.
Empiezo a pensar que no puedo fiarme de Eric. Al fin y al cabo, nuestra amistad siempre ha sido una cuestión de conveniencia. Le debía un favor por lo de mi hermana, y él no perdona las deudas.
Por desgracia, su repentino interés por Leyla me crispa los nervios. Intenté convencerle de que no invitara a Leyla a cenar. Pero en cuanto ha visto mi interés, ha ido directo a por ella.
Lo conozco demasiado bien como para saber que está tramando algo. Tal vez una guerra de poderes. O algo peor.
Lo que no entiendo es qué pinta ella en todo esto.
Necesito reunirme con mis socios. Avisarles de una posible amenaza. Mantener los ojos bien abiertos, porque con él nunca se sabe.
También necesito hablar con Leyla. Enterrar el hacha de guerra. Hacer que confíe en mí.
Y, sobre todo…, alejarla de Eric.
◆◆◆
No he podido dormir bien. Llevo toda la mañana encadenando reuniones, una tras otra, sin conseguir concentrarme. Cuando voy a buscar a Leyla, me doy cuenta de que hoy no ha venido a trabajar. Reviso el correo y veo que ha pedido días libres .
Durante un segundo me planteo pasar por su casa. Ver cómo está. Preguntarle por qué no ha venido. Aunque descarto la idea de inmediato.
Horas después, salgo del trabajo. Me subo al coche y conduzco sin rumbo fijo. Cuando me doy cuenta de dónde estoy, freno en seco.
Estoy frente a su casa.
Justo donde estuve anoche. Bajo su ventana.
Estoy completamente jodido.
Intento dar la vuelta sin ser visto, pero ya es tarde. Ella está junto al portal, con la mirada fija en el coche. Sus ojos se clavan en mí con una certeza que me golpea el pecho: sabe perfectamente que fui yo quien la siguió ayer.
Me bajo del coche sabiendo que no tengo alternativa.
—¿Se puede saber por qué me está siguiendo, señor Walker? —pregunta, con el ceño fruncido y la voz cargada de desconfianza.
Tengo unas ganas terribles de pasarle el dedo por la frente y borrar esa expresión.
—Señorita Foster, pasaba por la zona y entonces la he visto —afirmo con calma.
Ninguno cede en no llamarnos por el apellido, aunque ambos sabemos que lo odiamos.
—Claro. Y yo me lo creo —suelta, dejando a un lado las formalidades—. ¿Qué quieres? Aunque creo saberlo. Ahora soy tu protegida y debes cuidarme de los malos hombres como Eric. Pues métete esto en la cabeza: no necesito la protección de nadie.
Sin darme opción a responder, gira sobre sus talones y se dirige hacia la puerta del edificio.
Esta mujer va a acabar conmigo. Siempre me han atraído las mujeres fuertes, independientes, con carácter…, y ella es, sin duda, mi perdición .
Llego a su lado antes de que pueda entrar.
—Perdona, Foster —insisto, olvidándome de formalidades yo también—. No sé de qué me estás hablando.
Hago una pausa, para asegurarme de tener toda su atención.
—He venido para decirte que Mystery se hará realidad. Y que yo estaré personalmente en tu equipo —miento.
Muestra indiferencia. Como si en el fondo supiera que estoy mintiendo.
—Vaya —dice, cruzándose de brazos—. Dos hombres. Dos días seguidos. El mismo tema de conversación. Créeme cuando te digo que sé que mientes.
—Si me concedes unos minutos podemos hablarlo en profundidad —me obstino, más desesperado de lo que me gustaría admitir.
Sus ojos se oscurecen ante mis palabras, como si les hubiera dado un doble sentido que no pretendía… o quizá sí.
—Pensaba que me odiabas —responde—. Así que dime, ¿de qué querrías hablar conmigo? Ni siquiera estoy bien vista en la empresa. Ni ante tu padre.
Está enfadada, pero incluso así es jodidamente preciosa. Y no puedo dejar de pensar en una sola cosa.
Quiero besarla. Necesito hacerlo. Confirmar mis sospechas.
—Lo siento mucho, Leyla —me disculpo—. Sé que no fuiste tú. Ayer hice unas llamadas y me confirmaron que fue Vivian quien se lo contó a mi padre. He decidido despedirla. Y cuando vuelvas te pediré perdón públicamente.
Hago una pausa.
—Ni siquiera tuvimos relaciones —confieso, y me sorprende lo importante que me resulta que lo entienda.
—¿Se supone que eso arregla los meses de tormento que me has hecho pasar delante de todos en el trabajo? —replica—. No soy de las que se lo ponen fácil a los hombres, y créeme: tú no vas a ser el primero, por mucho que me pagues el salario.
Su expresión se relaja, pero el enfado sigue flotando en el aire.
—Haré todo lo que esté en mi mano para reparar el daño —digo—. Te daré un aumento si es lo que quieres.
Bajo la voz.
—¿Puedo pasar? Podemos hablar tranquilamente del proyecto.
—¿Qué te hace pensar que eso es lo que quiero hacer en mi día libre, Jensen? —pregunta—. Quizá me esté esperando alguien con quien follar esta noche.
Lo dice con un tono despreocupado…, pero noto cómo se tensa cuando mi expresión se vuelve más fría. Más oscura.
—¿Estás invitándome a hacerte mía esta noche o solo estás provocándome sin atenerte a las consecuencias? —murmuro—. Porque te aseguro que sería la mejor noche de tu vida.
No me doy cuenta de lo cerca que estamos hasta que la empujo poco a poco contra la pared. Su respiración acelerada hace que quiera seguir pegado a ella.
—Solo quería confirmar mis teorías… y mira por dónde creo que acabo de confirmarlas todas.
Pone dos dedos sobre mis ojos, obligándome a mirarla. Entonces posa sus labios sobre los míos, haciéndome abrir la boca para que su lengua se abra paso hasta encontrar la mía.
En cuanto me besa lo recuerdo todo. Ya he besado esos labios antes.
Rompo el beso despacio y la observo con atención, como si fuese la primera vez que la veo. Frunce el ceño, incómoda.
—No me creo que seas tú y no lo haya visto antes. Dijiste que me buscarías —lamenta, clavando un dedo en mi pecho.
La realidad me golpea de lleno. Es ella. Es demasiado real. Demasiado perfecta. Y eso me inquieta.
—Una noche. Meses soñando contigo. Con tus labios… —La miro, sin poder confiar totalmente en ella—. ¿Estás compinchada con Eric?
—¿Crees que dejaría toda mi vida y me mudaría a otra ciudad por alguien que no conozco por una especie de venganza? —se defiende, herida.
—Llevo meses buscándote. No he encontrado nada. Y de pronto cenas con Eric y… —Niego con la cabeza—. Es demasiado bueno para ser real.
—Yo también me alegro de verte… —resopla, poniendo los ojos en blanco para subir las escaleras.
No llega a dar el primer paso cuando la agarro del brazo y la hago girar hacia mí.
—Como vuelvas a poner los ojos en blanco tendré que castigarte —susurro—. Y esta vez no habrá testigos que te salven. Ven aquí.
La beso contra la pared, con hambre, sin miedo.
Subimos hasta su planta sin decir una palabra. Abre la puerta y vuelvo a besarla, más fuerte, más decidido. Ya pensaré en las consecuencias después.
Mi chica misteriosa.
Moya korolyeva.
Por fin está entre mis brazos… y no pienso arruinarlo pensando en nada má s.