Baile Anual de Mascaras (Máscaras y sombras 1) III
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III

Leyla

Los siguientes días me encerré en mí misma.

No paraba de pensar en aquella noche. Intenté investigar por mi cuenta, pero aquel hombre parecía no tener identidad.

Tras mucho pensarlo, decidí dejarlo todo atrás y, meses después, me mudé a Nueva Orleans.

Quería estar en la misma ciudad donde se había celebrado la fiesta. Quería que me encontrara.

Intenté hablar del tema con Lila en varias ocasiones y preguntarle por la invitación.

Pero no terminaba de fiarme de ella. No después de las palabras de aquel desconocido.

Los años de amistad se habían visto empañados por una nube de desconfianza.

Tenía demasiadas preguntas: sobre su identidad, sobre si había estado fingiendo todo el tiempo.

Y, sobre todo, no quería enfrentarme a la posibilidad de haber sido engañada.

En cuanto al palacio donde se había celebrado el baile, no había ni rastro de él. Ni en páginas web ni en revistas de cotilleo. Era como si nunca hubiera existido. Como si esa noche perteneciera a otra dimensión .

Empecé a buscar trabajo en la ciudad y, pocos meses después, me mudé. Sin dar explicaciones, sin mirar atrás.

Mi familia había muerto años antes en un accidente de coche. Pensé que así sería más fácil empezar de cero. Irme sin tener que echar de menos a nadie. Sin culpas. Sin arrepentimientos.

Por suerte, encontré trabajo en una empresa de desarrollo de aplicaciones de software , como gestora empresarial.

Había alquilado un pisito cerca del centro.

Me costó poco hacer amigos… al igual que enemigos.

Más bien uno en concreto: mi jefe, Jensen Walker.

El hombre más detestable, guapo y sexy del planeta.

Odiaba admitirlo, pero había algo en él que me recordaba al hombre de la máscara. La misma presencia. La misma forma de mirarme.

Me negaba a creer que fuese posible. No nos llevábamos bien, y menos después de que alguien me acusara de desvelar la relación con su secretaria. Aun así, bastaba con que nuestras miradas se cruzaran para que aquella noche volviera a mi mente sin permiso.

Vuelvo al presente, a la oficina en la que trabajo con él. A la presentación que llevo tiempo preparando.

—Preséntanos tu proyecto, Leyla. Veamos qué es lo que tienes —escucho decir a Jensen desde el otro lado de la sala, mirándome de manera inexpresiva.

Si las miradas matasen, ya estaría muerta. Pero no soy de las que se dejan amedrentar.

—Buenos días… —Me aclaro la garganta. No voy a permitir que nuestros tira y afloja pongan en peligro todo mi trabajo—.

Como sabéis, llevo tiempo desarrollando mi nuevo proyecto: Mystery, una app de citas irrastreable, pensada para personas con altos cargos que no quieran que sus datos ni sus conversaciones se vean comprometidas .

Hablo bajo la atenta mirada de mis compañeros. Aunque la suya es la más notable.

—Señorita Foster, la había subestimado. Buen trabajo. Hágame saber qué necesita para llevarla a cabo —dice, ladeando la cabeza mientras da suaves golpes con el dedo en la mesa. Hace una pausa antes de añadir—: ¿Cree usted en el amor, señorita Foster?

La pregunta me pilla desprevenida. Mis compañeros intercambian miradas sorprendidas y luego clavan los ojos en mí, esperando la respuesta.

—En mi opinión, todos merecemos un amor que nos consuma —afirmo, sintiendo cómo me sube el rubor por las mejillas—. ¿No le parece, señor Walker?

Sus labios se tensan un segundo antes de responder.

—No creo en el amor —reconoce al fin— . Tampoco creo que exista eso que usted busca.

Su mirada se oscurece, como si hubiera tocado algo que prefiere mantener encerrado.

—Yo creo firmemente en que todos merecemos un amor así —repito. Hago una breve pausa antes de agregar—: Aunque, insisto, la respuesta no debería ser de su incumbencia. Si me permite he terminado mi presentación.

Recojo mis cosas de la mesa sin apartar los ojos de los suyos y salgo de la sala.

Camino rápido por el pasillo hasta encerrarme en mi despacho. Tengo el corazón a mil por hora.

Intento procesar lo que acaba de pasar. Ha sido osado por parte de Jensen hablarme así delante de todos mis compañeros. Inapropiado. Innecesario.

Y aun así…

Ha despertado algo en mí que hacía mucho que no sentía.

Unos minutos más tarde alguien llama a la puerta de mi despacho.

Antes de que pueda responder, esta se abre y deja paso a Eric, el CEO de la empresa y mejor amigo de mi jefe.

Es igual de atractivo que Jensen, aunque es rubio y un poco más alto.

Uno de los hombres más influyentes en el mundo de la tecnología.

—Buenos días, Leyla —saluda entrando sin pedir permiso—. Vengo a hablarte del proyecto que acabas de presentar.

Mi estómago se contrae.

—Siento decirte que no podrá ver la luz. Es una idea interesante, pero tiene demasiadas fallas y no podemos permitirnos el riesgo.

—¿Hay algo que pueda hacer para que lo reconsideres? —pregunto, alzando una ceja, incrédula.

Eric sonríe con aire despreocupado, como si no acabara de dinamitar semanas de trabajo.

—Lo siento, cielo… —Da una palmada y se frota las manos—. Cambiando de tema, aún no me has contestado a mi propuesta de cenar conmigo esta noche.

La sonrisa que me dedica no tiene nada que ver con negocios.

Me quedo mirándolo un instante, valorando si aceptar o no.

Sé perfectamente que puedo sacar información de provecho.

Estoy enfadada por lo del proyecto, pero quizá esta sea la forma de convencerlo.

Es bien sabido en la empresa que Eric pertenece al mundo de la mafia.

Tiene muchos contactos, o eso murmuran mis compañeros.

—Por supuesto, estaré lista a las ocho —respondo con más prisa de la que debería.

Quizá con mucha más de la que debería. Pero él sonríe satisfecho .

—Perfecto, florecilla. Pasaré a por ti, mándame los detalles.

—Primero cielo y ahora florecilla… Cuidado, Eric, no vaya a pensar que te gusto —le sugiero con una sonrisa pícara.

Si jugar a su juego hace que pueda conseguir lo que necesito, lo haré.

—No me tientes, ricura —contesta guiñándome un ojo—. Aunque ya veo que tienes más de un pretendiente.

Sale de la oficina dejándome con más preguntas de las que tenía.

Antes de llegar a casa ya tengo un correo en la bandeja de entrada con la hora y el lugar de la cena.

◆◆◆

Un sedán negro viene a buscarme a la hora acordada. Eric me espera fuera del restaurante. Sus ojos se iluminan en cuanto me ve. Lleva un traje que le queda como un guante; yo he optado por un vestido negro, sencillo y elegante. No necesito impresionarle.

—Buenas noches, esta noche estás preciosa —afirma Eric, antes de besar el dorso de mi mano.

Me rodea por la cintura y me guía hacia el interior.

—Buenas noches, tú tampoco estás nada mal —respondo, dejando que me lleve hasta la mesa.

El restaurante está en pleno centro de la cuidad. Nada más entrar, la música jazz envuelve el ambiente y lo hace íntimo.

Nos sentamos uno frente al otro, junto a la ventana.

—Cuidado con lo que dices, no vaya a pensar que te gusto —bromea, repitiendo exactamente las mismas palabras que he usado antes en mi despacho.

—Más quisieras… —contesto, y apoyo la espalda en la silla con media sonrisa .

De pronto, una sensación incómoda me recorre la nuca. Como si alguien me observara. Miro a mi alrededor con disimulo, pero no veo ninguna cara conocida. Nadie que parezca prestarnos atención.

Seguro que no son más que imaginaciones mías.

—Leyla, querida… —La voz de Eric llega lejana y me arrastra al presente—. Quería invitarte a cenar esta noche porque me gustas. Quería pedírtelo desde el primer día, aunque no imaginé que eso me traería problemas.

—¿Problemas de qué tipo? —pregunto, llevándome la copa a los labios.

—No pensé que invitar a cenar a la protegida de Jensen acabaría provocando una pelea entre amigos. —Se inclina un poco hacia mí—. Dime…, si tuvieses que elegir, ¿con quién te quedarías?

Me atraganto ligeramente con el vino.

—¿Protegida? Yo diría más bien enemiga —aseguro poniendo los ojos en blanco.

Eric sonríe, como si supiera algo que yo no.

—Para ser su enemiga, ha insistido bastante en que tu proyecto salga adelante. —Se encoge de hombros—. También ha dicho algo sobre que no debería invitarte a cenar…, pero no le he prestado demasiada atención.

—Estoy bastante confundida. No me gustaría ser el motivo de vuestra pelea. Tampoco creo que tenga que ver conmigo. Como ya te he dicho hace un rato, no nos llevamos bien.

—Hablemos de ti entonces —propone, alzando la copa— . Y que gane el mejor.

Su cristal choca suavemente contra el mío.

No entiendo a qué está jugando, así que prefiero cambiar de tema cuanto antes .

—No hay mucho que contar, vine a esta ciudad para cambiar de aires y crecer profesionalmente. Mis padres murieron hace unos años. Y la única amiga que tenía… ya no es alguien en quien confíe.

Eric cambia de postura al escucharme. Me apresuro a buscar otro tema de conversación. No quiero hablar de Lila.

—Y ¿qué hay de ti? —pregunto, cruzándome de brazos—. Un hombre tan poderoso como tú tendrá mejores cosas que hacer que invitar a cenar a una chica cualquiera.

—Para mí no eres cualquiera. —Su mirada se oscurece y baja el tono de voz—. Tienes algo especial, Leyla. Me gustas. Y, además —recalca, y una sonrisa se dibuja en sus labios—, pelearme con mi amigo por la misma mujer me la pone dura.

—Lo creeré cuando lo vea —respondo, siguiéndole el juego, aunque por dentro solo quiera marcharme.

—Tú pide y verás, florecilla.

Pongo los ojos en blanco ante el ridículo mote.

—Cuéntame tus secretos más oscuros y quizá te crea —le pido, y le sostengo la mirada, retándolo.

—Si te contase mis secretos saldrías corriendo.

Un escalofrío me recorre la columna vertebral. No le tengo miedo. Aun así, sé que tengo que tener cuidado con él.

—Ponme a prueba —digo, curiosa por saber hasta dónde puede llegar esta conversación.

Eric echa un vistazo al reloj y suspira.

—Leyla, querida, creo que eso lo dejaremos para la siguiente cita, si es que sigues queriendo tener una. Ahora tengo una reunión importante y debo irme.

—Justo cuando se ponía interesante, qué pena. ¿No será que estás huyendo de mí? Aun así, tomo nota de esa segunda cita .

No habrá segunda cita. Aunque él no lo sabe.

Eric se inclina y me besa la mejilla antes de alejarse. Lo observo hasta que desaparece por la puerta del restaurante.

Al menos el mismo coche me llevará de vuelta a casa. Cuando salgo del restaurante ya ha oscurecido. Vivo cerca, pero la sensación de seguir siendo observada no desaparece.

Me hubiera gustado sacar más información. La próxima vez tendré que insistir más…, aunque, en realidad, había venido pensando en tener una única cita y así será. Y, aun así, ahora estoy más intrigada que antes.

Si es cierto que tanto Jensen como Eric están interesados en mí, voy a tener que jugar muy bien mis cartas.

Miro por el retrovisor mientras pienso en la conversación. Un coche parece seguirnos de cerca. Estoy casi segura de haberlo visto aparcado frente al restaurante.

El trayecto se me hace eterno. Cuando por fin llegamos, bajo del coche con rapidez y cierro la puerta tras de mí. Subo casi corriendo, echo la llave y me apoyo un segundo contra la puerta, intentando calmar la respiración.

Me acerco a la ventana sin encender la luz y aparto ligeramente la cortina.

Allí está.

El coche gris con los cristales tintados permanece detenido frente al edificio. Siento un escalofrío. Entrecierro los ojos, intentando distinguir algo más, y entonces me parece ver una silueta en el asiento trasero…, alguien me observa desde las sombras.

Me aparto de golpe con el corazón a mil por hora.

Enciendo la luz y, cuando vuelvo a mirar, el coche ya no está .

Quizá solo hayan sido imaginaciones mías. Pero no puedo quitarme de la cabeza la sensación de que, durante unos segundos, alguien me estaba mirando.