Baile Anual de Mascaras (Máscaras y sombras 1) II
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II

Jensen

Son una tapadera perfecta para que la empresa de mi padre cierre tratos e invierta dinero en algo que pueda ser «legal» sin que la gente haga demasiadas preguntas.

No puedo creer que Eric haya vuelto a convencerme de asistir a esta farsa.

—Vamos, Cagliari —dice dándome un codazo—. Relaja esa cara. Búscate alguna chica con la que divertirte esta noche. Yo ya he fichado a un par.

—No estoy de humor —respondo, seco.

Me apoyo en la barandilla del piso superior y dejo vagar la mirada por la pista de baile. Máscaras, vestidos caros, risas falsas. Lo de siempre.

Entonces la veo.

Está sola. Demasiado quieta para un lugar como este. Intenta esconderse tras la pantalla de su móvil, pero sus manos tiemblan. Parece no encajar. Está demasiado nerviosa y eso hace que algo en mi pecho se tense .

Cuando levanta la mirada y nuestros ojos se cruzan, siento una sacudida dentro de mí que no reconozco. La chispa de curiosidad me empuja a moverme.

Quiero conocerla. Necesito conocerla.

Quizá Eric tenga razón.

Bajo las escaleras sin apartar los ojos de ella.

De cerca es aún más llamativa. Tiene la piel clara, sus rasgos son suaves.

Lleva un vestido blanco que la hace brillar bajo la luz tenue.

Sus ojos son más oscuros que los míos, con destellos avellana.

Me observa al acercarme con una mezcla de cautela y desafío.

—¿Quieres algo? —cuestiona cuando estoy lo bastante cerca como para escucharla—. ¿No te han dicho nunca que es de mala educación acercarse así a una mujer?

Sonrío, divertido. No se deja intimidar. Me gusta.

Antes de que pueda responder, pone los ojos en blanco y se aleja. No quiero que lo haga. Sin pensarlo demasiado, alargo la mano y sujeto suavemente su brazo para detenerla.

Me inclino hacia su oído.

—¿Y a ti no te han dicho que podrías ser un poco más amable con los hombres que quieren ligar contigo?

Siento cómo se le eriza la piel.

—Supongo que solo con los que se lo ganan —afirma—. Y por ahora no es tu caso.

Interesante… Tiene algo que me llama la atención, es demasiado interesante como para dejarla escapar.

—¿Bailas? —le pregunto ofreciéndole la mano.

—No bailo con desconocidos.

—No dejaré de serlo si no lo haces .

Me agarra de la mano cuando la música cambia de golpe. Art Deco empieza a sonar por los altavoces, pero yo solo puedo pensar en su mano sobre la mía.

El contacto es eléctrico.

Baila con cautela al principio, aunque poco a poco se relaja entre mis brazos. Estamos lo bastante cerca como para que pueda percibir el olor de su perfume: es fresco, suave… y peligrosamente adictivo.

—Es tu primera vez aquí, ¿verdad? —murmuro, apoyando la mano en la parte descubierta de su espalda.

Asiente despacio y se muerde el labio.

—Si me dejas, puedo sacarte de aquí y enseñarte la parte divertida, puede que así me gane tu confianza —le ofrezco mientras nos mecemos suavemente al ritmo de la música.

No responde con palabras. Entrelaza sus dedos con los míos y da el primer paso hacia las escaleras. Tomo el control a partir de ahí y la guío hasta la habitación que tengo aquí.

Es de estilo victoriano, de la cama antigua cuelga un gran dosel de color granate, hay una cómoda que sirve de escritorio y en el lado derecho de la habitación descansa un gran espejo dorado.

—Dime, chica misteriosa. ¿Qué busca alguien como tú en un lugar como este? —inquiero con mi mano aún entrelazada a la suya.

—Necesitaba salir de la rutina. Mi amiga me convenció para venir con ella —responde, soltando mi mano para sentarse sobre la cama.

—¿Y dónde está ella ahora?

Su mirada se encuentra brevemente con la mía antes de contestar.

—Supongo que haciendo de las suyas, viviendo el momento. —Noto un toque de recelo en su voz.

—Por cómo lo dices parece que te gustaría ser más como ella —deduzco.

Quiero saberlo todo sobre esta mujer.

—Puede que sí o puede que no. —La respuesta que me da me deja más intrigado.

Me acerco despacio, sin tocarla aún.

—¿Siempre eres tan enigmática?

— Por lo general, no. Pero esta noche he venido a divertirme —dice con una media sonrisa nerviosa.

Alzo la mano y rozo su cuello con el dedo haciendo que su respiración se acelere.

—Puedo darte lo que necesitas, una noche que no puedas olvidar nunca, una noche de placer y lujuria…, solo tienes que pedirlo —aseguro—. La única regla es no quitarse la máscara.

Sus labios se entreabren.

—¿Y qué te hace pensar que es eso lo que quiero?

Agarro su mano para ponerla de pie y la acerco a mí para que note lo duro que estoy. Es guapa, aunque no pueda verla del todo, tiene un cuerpo de escándalo y su voz hace que me encienda aún más.

Sonrío, seguro de mí mismo.

—Porque, si no lo quisieras, ya te habrías ido.

—Le rozo el cuello con la barba haciendo que se le escape un jadeo—.

Y me apuesto lo que quieras a que si meto la mano debajo de tu vestido estarás mojada y lista para mí.

—Sus ojos se oscurecen en respuesta. Nuestros labios chocan con fiereza justo cuando bajo la mano hasta sus piernas.

—Acepto tu propuesta —afirma, separándose de mí casi sin respiración.

—¿Confías en mí?

Quiero que lo haga, que disfrute de esta experiencia tanto como yo.

—Sí —dice casi en un susurro .

—Entonces no te importará que haya gente viéndonos a través del espejo, ¿verdad?

Voy de farol, no dejaría que nadie la viese desnuda, pero quiero saber si estaría dispuesta.

En su mirada hay un leve rastro de inquietud. Parece librar una batalla en su cabeza, aunque queda clara la respuesta cuando veo cómo se baja los tirantes del vestido de manera sugerente. Resulta excitante verla, desnudándose para mí.

Estoy hipnotizado. No sé de dónde ha salido esta mujer, pero me niego a dejarla escapar.

Deja caer el vestido completamente al suelo, quedándose en ropa interior.

Me acerco a ella y bajo la mano por su cuerpo despacio, sin dejar de mirarla.

Meto dos dedos por debajo de las braguitas, la exploro despacio, haciendo que se le escape un delicioso gemido que capturo entre mis labios.

Con la mano que tengo libre le desato el sujetador y libero sus pechos.

Agarro uno de ellos para meterme el pezón en la boca, lo muerdo y lo chupo varias veces hasta que se pone duro.

La empujo sobre la cama entre jadeos, sin separarme de ella.

Ríe de nervios cuando le quito las braguitas despacio, lo que hace que me excite aún más al verla así de expuesta.

No dudo y le abro las piernas mientras bajo para recorrerle el cuerpo con los labios.

Dejo un río de besos a mi paso. Quiero deleitarme con ella, pero no puedo dejar de pensar en que quiero estar dentro de su coño mojado.

Está lista para mí. Libero mi erección a través del pantalón y empiezo a frotarla contra su clítoris.

Sus pequeños gemidos son música para mis oídos.

Está tan mojada que entraría a la perfección, pero estoy disfrutando tanto de este momento que quiero alargarlo un poco más.

Sigo restregando mi polla entre sus fluidos haciendo que pida más .

—Por favor… —me pide ,temblando debajo de mí.

—¿Por favor qué, zhizn’ moya ? —Sigo frotándome contra ella viendo que está tan excitada como yo.

—Haz que me corra. Te necesito dentro —me aclara de manera entrecortada.

Me separo un poco de ella para ponerme el condón y me mira jadeando mientras me lo enfundo.

Meto la punta despacio, deleitándome con sus expresiones.

Su boca forma una o haciendo que libere un gemido ahogado.

Necesito probar de nuevo su boca. La beso en los labios mientras me acomodo dentro de ella, dejando que se acostumbre a mi longitud.

Reprimo las ganas de follármela como un animal hasta que se corra.

Estar dentro de ella es tan placentero que quiero que dure lo máximo posible.

Empiezo con empellones suaves, de arriba abajo mientras me agarra por la espalda, marcándome con sus uñas.

Pide más rodeándome con las piernas. Y subo de intensidad cuando empieza a hacer círculos con su cadera.

Me vuelve loco la manera en la que me aprieta por dentro.

La agarro desde abajo hundiéndome más en ella, haciendo que grite de placer.

—Eres una chica muy sucia, ¿verdad? —Desde este ángulo la lleno entera. Me quedo unos minutos en esta posición hasta que por fin empiezo a moverme desesperadamente.

Mis palabras encienden algo en ella porque me agarra por los hombros, dejándome marca.

Estoy a punto de correrme. Me siento sobre la cama haciendo que los pantalones se me caigan al suelo, la instalo encima de mí llenándola de nuevo.

Esta postura me permite morderle el pezón mientras su clítoris recibe toda la atención de mi polla.

La sujeto por la cadera para llevar el ritmo.

Sé que está a punto por la forma en la que se arquea hacia mí .

Decido darle la vuelta poniéndola boca abajo, inmovilizo sus muñecas y le separo las piernas con mi rodilla.

La penetro de nuevo desde esta posición.

No dejo libres sus manos y muerde las sábanas mientras gime de placer.

Empieza a mover su culo de arriba abajo.

No sé qué cojones está haciendo, pero me está volviendo loco.

Si sigue así voy a correrme. Acelero el ritmo y ella lo hace conmigo, su culo rebota contra mi polla mientras aplasto su cabeza contra las sábanas.

Le doy lo que me pide hasta que llega al orgasmo.

Es tan intenso que retumba por toda la habitación.

El mío llega justo después del suyo, la manera en la que sus caderas se mecían contra mí alargando su placer ha sido mi fin.

Me quedo pegado a ella un poco más, intentando recuperarme del mejor polvo que he tenido en mucho tiempo.

Libero sus muñecas de mi agarre y la ayudo a girarse.

Cuando se queda boca arriba sus ojos se encuentran con los míos.

Hay algo en ellos, en la forma en la que brillan y en el color rojizo de su piel que enciende un instinto de posesión dentro de mí.

Esta chica misteriosa algún día va a ser mía.

Nos vestimos en silencio, intentando alargar el momento todo lo posible. Tengo el impulso de romper las reglas y preguntarle su nombre, pero no puedo. No quiero ponerla en peligro.

Cuando parece recuperar algo de compostura, me saca de mis pensamientos observando la habitación con fascinación.

—¿Es tuya? —pregunta, como si estuviera contemplando el sitio más bonito que haya visto nunca.

—No —respondo—. Es del padre de mi socio. La usamos para este tipo de fiestas.

—¿Y cómo surgió la idea?

No debería seguir hablando con ella sobre este mundo, sin embargo, quiero escucharla un poco más .

—Puede que esté mal contártelo —admito—, pero es una manera de que la gente como nosotros…, gente poderosa, tenga un sitio en el que hacer realidad sus fantasías más oscuras. Solo se accede con invitación. Así nos aseguramos de que nadie cuente lo que ha visto o vivido aquí.

—Si solo entra gente con invitación… ¿Cómo es posible que estemos nosotras aquí? —Se muerde el labio inferior. Luego mira la cama y sonríe, como si reviviera lo ocurrido.

Es curiosa. Demasiado para un lugar tan peligroso como este.

De pronto, su expresión cambia. Abre los ojos con preocupación.

—Mierda…, no he avisado a Lila. Aunque supongo que habrá encontrado algo mejor que hacer —dice, intentando restarle importancia.

Recuerdo haberla visto antes con Eric, así que intento tranquilizarla.

—No te preocupes. Está en buenas manos. Pero ten cuidado con ella. Si tiene una invitación para venir aquí, puede que no te lo haya contado todo sobre su vida —le advierto.

—¿Qué tipo de personas pueden conseguir invitación? —insiste.

—Tu amiga o su familia pueden pertenecer a alguna… organización. O quizá algún hombre con el que se relaciona la haya traído aquí.

Me acerco a ella y poso los dedos bajo su barbilla, obligándola a alzar el rostro.

—Ha sido un placer, zhizn’ moya . —Mi voz baja un tono—. Es una pena no poder saber quién eres. Si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias, no te dejaría escapar. Sabes demasiado bien como para no ser mía.

Deposito un beso lento en su mejilla, a modo de despedida.

—Es la segunda vez que me llamas así… —Sus ojos brillan cuando se acerca a mí—. Te creía más arrogante, búscame fuera y seré tuya —susurra contra mi oído.

— Vida mía —respondo, sujetándole el mentón—. Eso significa. Si es lo que quieres, te buscaré. Pero recuerda: ahora eres mía. Nadie más puede tocarte.

Pensándolo bien tiene razón, tiene que ser mía. Sello la promesa con un beso antes de irme.

Salgo primero de la habitación, sin mirar atrás, con un objetivo claro.

◆◆◆

Meses después, todavía no he logrado encontrarla. Quizá nunca lo haga… o quizá nuestros destinos estén a punto de volver a cr uzarse.